martes, 31 de mayo de 2011

IOANA GRUIA

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El vuelo de los delfines
                                                                                                 A tía Chea, que vuela con los delfines
  
Emprendió despacio el descenso hasta el fondo del mar, que para su sorpresa pasaba del rosado al amarillo y luego a un verde pálido para desembocar en un azul cada vez más intenso, y recordó un poema que siempre quiso escribir, un poema dedicado a un bosque tropical submarino, multicolor, brillante, un poema cuyas palabras fueran precisamente así, tropicales, submarinas, multicolores, brillantes, palabras que enviaran su resplandor al cielo, a este cielo cubierto por un manto líquido y movedizo hacia el que se dirigen ahora los delfines en un vuelo a la vez majestuoso y alegre, un vuelo que mueve también a las caracolas y que más que un vuelo, parece la partitura de una sinfonía que una orquesta interpreta exclusivamente para ella, dejando escapar de vez en cuando un acorde hecho enteramente de agua, algas y mensajes secretos en botellas arrojadas al mar y descubiertas siglos después por exploradores intrépidos que conocen también el secreto y saben que el cielo es doble, que hay el cielo de los pájaros y el cielo de los peces, que el primero se refracta en el segundo y que por eso todos los peces, pero sobre todo los delfines, tienen algo de pájaro y que todos los pájaros tienen algo de pez, pero sobre todo de delfín y a ella le ha gustado siempre ser un poco pájaro y un poco pez pero sobre todo delfín, y ahora piensa que volar con los delfines hacia este cielo que pasa del rosado al amarillo y luego a un verde pálido para desembocar en un azul cada vez más intenso es lo mejor que le puede pasar, y que cuando vuelva a la tierra escribirá por fin aquel poema que de tanto anhelado parece un sueño en el que se adentra cada vez más en un bosque tropical submarino, multicolor, brillante, un poema que envía su resplandor al cielo doble, de los pájaros y de los peces, pero sobre todo de los delfines. 


* Ioana Gruia (Bucarest, 1978) es licenciada en Filología Hispánica y doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Granada, en la que trabajó como becaria de investigación y ahora imparte docencia. Fue contratada postdoctoral en la Universidad París VIII. Es autora de los siguientes libros: Otoño sin cuerpo (2003), poesía; Nighthawks (2008), premio de cuentos Federico García Lorca, y Eliot y la escritura del tiempo en la poesía española contemporánea (Visor, 2009).
 

* El cuadro, de Mercedes Luanco, se titula "Los delfines" (2000).

8 comentarios:

Ricardo Álamo dijo...

El vuelo de los delfines, el mundo brillante del fondo del océano, el arcoiris de colores, las referncias a lo tropical, casi hacen olvidar el drama con que se inicia este micro.
Hay muertes muy poéticas.

Rosana Alonso dijo...

Me gusta "la mirada" y cómo, como dice Ricardo, una mirada cambia la perspectiva y hasta el cariz de un suceso.


Un saludo cordial

asombrario dijo...

Aunque no comente prácticamente nunca, suelo estar bastante pendiente de este blog. Me he llevado una sorpresa más que agradable esta mañana al ver mencionadas a dos amigas a las que quiero tanto.
Abrazos para ellas, que les daré en persona a no mucho tardar, y para el autor, que una vez más demuestra su buen tino. ¡Bien hecho!
Juanito

Araceli Esteves dijo...

Es un texto hermoso, irradia ganas de vivir.

Jesus Esnaola dijo...

Me gusta mucho, Ioana, esta historia de asunciones, de sorpresas esperadas y casi deseadas, y me asombra el magnífico efecto conseguido de descenso sostenido, leve, lento, sin necesitar un sólo punto, con la dificultad que eso entraña.

Abrazos para los dos.

Pedro Herrero dijo...

Yo también destaco el aliento poético del texto, por encima de una narración que no avanza sino que asciende y desciende hacia un entorno simétrico multicolor. La mención que se hace de la partitura de una sinfonía la entiendo aplicada a la multitud de voces solistas que hacen acto de presencia con igual intensidad, desde la protagonista a los delfines, pasando por los exploradores que encuentran mensajes en las botellas nàufragas. Tantas voces y tantos ecos convierten el relato en un caleidoscopio sonoro, en cuya lectura apetece sumergirse.

Sandra Buenaventura dijo...

Me encanta!!!
Una sale especularizada!!!

Ada dijo...

Es un cuento de sueños, de promesas que cumplir. Es un reflejo que hace que las pupilas estallen en esa sinfonia de colores. Es luz, esa luz que se torna sombra, a ratos.
Quizá ese toque poético envuelto en recuerdos es lo que hace que permanezca mucho rato a nuestro lado.
Muy bello.