miércoles, 1 de diciembre de 2010

GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO, y 2

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"Verdadera brevedad"
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“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”… ¡qué desperdicio de términos, qué autor tan gárrulo! ¿Acaso hay necesidad de decir “cuando despertó”? Con sólo expresar “Despertó”, queda implicada la circunstancia temporal, inútilmente repetida por el adverbio. De manera que sería mejor: “Despertó. El dinosaurio todavía estaba ahí”. Aunque preferible, esta frase sigue malgastando vocablos. Por ejemplo: “todavía estaba”, ¿no es lo mismo que “permanecía”? Así, el famoso relato que hace gala de su falsa brevedad quedaría mejor escrito si sólo fuera así: “Despertó. El dinosaurio permanecía ahí”. Ahora bien, si permanecía, se supone que es en un sitio; es preciso no subestimar al lector. Esta vez es la circunstancia espacial en la que ociosamente redunda el adverbio, dilapidando los recursos lingüísticos. Así, el relato quedaría mucho mejor si dijera: “Despertó. El dinosaurio permanecía”. Ahora bien, que un dinosaurio permanezca es una situación trascendental, como para subordinarla al sueño del personaje. Ese es el hecho destacable, así no hubiera estado dormido (igual habría dado si indicara “Cuando regresó, el dinosaurio todavía estaba ahí”). De manera que basta con “El dinosaurio permanecía”, que es la esencia del cuento, en tres palabras y no en esas derrochadoras siete de las que tanto se ufana la tradición micro-cuentística. No obstante, para expresar lo justo, todavía sobran voces. Cuando algo se enuncia, se le supone permanencia —no otra cosa es el signo—, y sobre todo cuando cuenta con el peso otorgado por el sustantivo. De tal manera, cuando se dice “El dinosaurio”, se afirma que permanece. Y, finalmente, para qué especificar con ese artículo definido algo que se impone como un universal. En lugar de agregar, tal elemento le resta importancia al acontecimiento. Suficiente sería, entonces, decir “Dinosaurio”, que es todo un micro-relato de ficción.
Alguien podría pensar que en él sobra “saurio” y que “Dino” sería suficiente, pero no hay que ser exagerado en estos temas y es bueno dar ciertas libertades al creador.
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* Los dos libros de microrrelatos del colombiano Guillermo Bustamante Zamudio, cuya cubierta reproducimos, aparecieron en el 2005, Convicciones y otras debilidades mentales (Deriva, Cali) y Oficios de Noé (Común Presencia Editores, Bogotá). Pero el texto que publicamos es inédito y gana mucho leído por su autor.
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10 comentarios:

Rosana Alonso dijo...

Qué buen rato he pasado con este micro.
Una amanera divertida de ironizar sobre el famoso microrrelato y a la vez enseña, teoriza sobre la brevedad.

Un saludo cordial
Un saludo
Saludo
Salud

Elisa dijo...

Buenísimo, me encanta este dinosaurio recortado. Muy fino el señor Bustamante.

Pedro Herrero dijo...

A mí también me ha entretenido lo indecible la lectura de este relato. Lejos de aparecer como una versión más del original, introduce un ingrediente muy sugestivo: la crítica demoledora como expresión de un sincero homenaje. Al menos a mí se me hace imposible leerlo sin apreciar el profundo respeto del autor por el texto original. El manejo de la ironía y el tono ensayístico parecen estar al servicio de una recreación vertiginosamente lúcida. Para quitarse el sombrero.

AGUS dijo...

Sin duda, un análisis caníbal. Y no digo nada más; no sea que el autor se pase por aquí, me pode el comentario y me deje en cueros.

Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Es, sencillamente, genial. ¡Y yo que creía que ya estaba todo dicho sobre el dichoso dinosaurio! Mi aplauso admirado.

Esteban Dublín dijo...

En una entrevista en La Internacional, Guillermo Bustamente ya había expresado que uno de sus odios era el derroche de palabras en El dinosaurio de Monterroso. Ahora, a través de este inédito, lo explica mucho mejor.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Genial.

Anónimo dijo...

Me ha encantado el microrrelato,la ironía que rezuma por todas partes me ha dibujado una sonrisa en la cara (lo que nunca viene mal a primera hora de la mañana...)

Antonio Montes.

Jesus Esnaola dijo...

Soberbio, Guillermo. Ya está todo dicho.

Alfredo J. Ramos dijo...

Extraordinaria jibarización (o jibarización a secas, per se extraordinaria). Ade+, ¡tiene razón!