miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sellos de la SER

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Si la novela es al cine lo que el cuento a la fotografía, tal y como afirmaba Cortázar, el microrrelato bien pudiéramos compararlo con un sello de correos, por la concentración de elementos que muestra, así como por la simbología, la representatividad y el carácter portátil. Pero quizá sean sus bordes dentados los que consigan verdaderamente singularizarlo; de ahí que lo esquivo e híbrido de su condición alcance a atraer o repeler formas literarias y géneros narrativos diversos.
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En cualquier caso, por fin empezamos a estar de acuerdo en que sólo cabe considerar como microrrelatos aquellos textos narrativos breves que cuentan una historia. En efecto, el componente narrativo resulta imprescindible para distinguirlo del poema en prosa, género muy próximo a él y a partir del cual debió de evolucionar, durante la segunda mitad del siglo XIX, diferenciándose así, desde sus mismos orígenes, del cuento. Y por lo que respecta a la brevedad, no debe olvidarse que ésta no es una característica más, sino una consecuencia de la intensidad y precisión que definen al microrrelato.
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Sabemos también, aunque visto lo visto sea necesario volver a recordarlo, que ni los aforismos, las fábulas, ni mucho menos los chistes son microrrelatos. Aun cuando éstos puedan compartir algunas características con aquéllos, lo cierto es que forman parte de otras modalidades o géneros literarios, no sólo al poseer una historia y desarrollo distintos sino sobre todo una diferente tradición y evolución. No en vano, el microrrelato se vale de una intensidad y radicalidad en la utilización de los procedimientos retóricos, con la elipsis como principal recurso, que no resulta habitual en dicha proporción, dentro del cuento.
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En muy pocos años estos textos narrativos brevísimos que llamamos microrrelatos (la minificción es otra cosa: un territorio mucho más amplio y no estrictamente literario), han calado entre los jóvenes escritores, de donde es fácil apreciar una exigencia y calidad cada vez mayores en las piezas que se publican, y de lo que es buena prueba este concurso. La red parece haberse convertido en el hábitat natural, en el más propicio para el género; si bien la agrupación y ordenación peculiar que exige un libro, su posible convivencia con el cuento o la poesía, les proporcione sin duda otra dimensión distinta y acaso una mayor complejidad.
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No es menos importante que hoy en día el escritor de microrrelatos tenga a su disposición una rica tradición literaria en castellano de la que alimentarse y con la que poder aquilatar sus fuerzas, la cual arrancaría con Rubén Darío, Macedonio Fernández, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Vicente Huidobro y Lorca, teniendo en la segunda mitad del siglo XX a cultivadores tan exigentes como Borges, Max Aub, Francisco Ayala, Bioy Casares, Arreola, Monterroso, Marco Denevi, Ana María Matute, Antonio F. Molina, Javier Tomeo, Luisa Valenzuela, José Emilio Pacheco, José María Merino, Luis Mateo Díez, Ana María Shua, Pía Barros o, por citar a un joven y prestigioso autor actual, el hispanoargentino Andrés Neuman.
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Hoy por hoy, el microrrelato cuenta con dos enemigos: la supuesta facilidad, esto es, la peregrina idea de que unas pocas líneas puede escribirlas cualquiera, incluso en un pis pas; y lo que me parece más grave: el escaso conocimiento que muestran algunos de sus cultivadores primerizos respecto de esa variada y compleja tradición literaria a la que me acabo de referir.
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El concurso de microrrelatos de la Cadena Ser y de la Escuela de Escritores se inició en el 2008 y en esta tercera edición que nos ocupa ha obtenido el galardón Agustín Martínez Valderrama, de 34 años, con su texto “Carne rebozada”, compitiendo con otros 24.000 micros presentados, entre los que se encuentran finalistas de calidad como Isabel González González, Rosana Alonso, Alberto Corujo y Beatriz Alonso Aranzábal, por sólo recordar a aquellos autores cuya obra conozco un poco mejor.
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Con la ayuda de las sensatas apreciaciones que dejaron en mi blog La nave de los locos, Jesús Esnaola, Isabel González González, Antonio Serrano Cueto, Lola Sanabria y Gemma Pellicer, voy a dedicarle a continuación un breve comentario a “Carne rebozada”, la pieza ganadora. En ella, una familia está a punto de cenar cuando observan a través de la ventana, siempre indiscreta, que el vecino de enfrente pretende suicidarse. Aun cuando, como era de prever, se pongan todos a observarlo, realizando cábalas sobre si será capaz de decidirse o no, al verlo dudar tanto, acaban desentendiéndose del asunto y hasta se ponen a cenar. Quizá sea éste el microrrelato que hubiera escrito Rafael Azcona, de haber cultivado el género, por su mezcla de ingenuidad y humor negro, o lo que nos desvela sobre la condición humana, capaz de convertir la tragedia en espectáculo, al tiempo que esos mismos espectadores se muestran imposibilitados para reaccionar como debieran. Agustín Martínez Valderrama baraja muy bien la frivolidad de los mirones, ni siquiera están inquietos, sólo expectantes, con las dudas del suicida, así como el humor con las reiteraciones, lo visual con lo introspectivo, el inicio casi banal y levemente enigmático, con la discreta sorpresa que nos depara el cierre, para lo que se vale de una frase lapidaria que si bien podría sonar a muletilla, en este caso lo explica casi todo. Pero quizás el momento clave sea aquel en que la familia corre las cortinas, baja el telón, para poder olvidarse del suicida y comer tranquilamente la carne rebozada del título, metáfora negrísima de ese mismo vecino desnudo del que no llegamos a saber si aquel día logró poner fin a su vida. No nos quedan dudas, en cambio, de que estos vecinos, los auténticos protagonistas de la historia, se comieron caliente aquella carne rebozada sin llegar a indigestarse.
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En fin, sólo me queda felicitar a todos los participantes en el concurso de la SER; en especial al ganador, a los finalistas, y al jurado que supo elegir con acierto. Y mostrar agradecimiento a los organizadores de este certamen por llevar a buen puerto tan saludable idea; así como a la editorial Alfaguara por haber acogido esta singular antología de microrrelatos en su prestigioso catálogo.
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La red, en su mejor versión, quizá sea posible entenderla como un foro en donde los escritores pueden dar a conocer sus textos, los cuales quedan siempre a disposición de múltiples lectores esparcidos por el mundo de habla española, contando además con la opinión de todos ellos. El camino ha sido largo, porque un día, en soledad, alguien escribió una historia que fue seleccionada, entre otras muchas, por lectores expertos. Luego fue leída en la radio y volvió a juzgarse, para ser publicada en un blog y comentada con sagacidad, y finalmente editada en un libro; con lo que parece haber recorrido todo el ciclo vital propio de un texto literario breve en este siglo XXI, cambalache, más problemático y febril, si cabe, que el denostado por Discépolo.
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* Prólogo a la antología Relatos en cadena. 2009-2010, Alfaguara, Madrid, 2010, pp. 9-15.
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* En la foto aparecen el ganador y los finalistas del Concurso de Microrrelatos de la Cadena SER. Sentadas, de izqda. a dcha.: Almudena Sánchez, Ana Martínez, Beatriz Alonso, Rosana Alonso e Isabel González González. De pie, en el mismo orden: Alberto Corujo, Agustín Martínez Valderrama, Javier Regalado, Ernesto Girondo y Miguel Torija.
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31 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Fernando, encuentro algunas ideas nuevas en este prólogo para la SER con respecto a tu opinión del microrrelato. Muy valioso lo que expones. Y la metáfora del sello me parece acertadísima, a partir del preámbulo que le das.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Esteban. Ojalá hubiera aunque sólo sea un atisbo de idea nueva; pero, dime, por favor, cuáles son. Las opiniones deben ir cambiando, matizándose, intentando que la visión del género sea más compleja, al calor de la lectura de nuevos textos. Saludos nevados.

manuespada dijo...

Lo mejor de este concurso es la gran cantera de escritores de microrrelatos que han salido a raiz de la convocatoria semanal, sin el concurso, seguramente esos talentos permanecerían ocultos, por eso creo que iniciativas como la de El Museo de la Palabra deberían ser semanales, y no anual, con una sola convocatoria, porque eso no va a ninguna parte. Excelente prólogo, Fernando.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Manu. Como tu dices, para un género nuevo, como es el microrrelato, la existencia de concursos como el de la SER es importantísimo, porque anima a los escritores a cultivarlo y porque, además, contribuye a la difusión de las obras. Saludos.

AGUS dijo...

Felicitarte Fernando por el prólogo. Por su originalidad y precisamente por la actualización y revisión del concepto de microrrelato que en él realizas. Definiendo esa trayectoria vital que va unida a los - si me permites su utilización - "tags" que señalas: concursos, blogs, comentarios, críticas...

Coincido totalmente con Manu acerca del concurso de la Ser. Creo que dentro de unos años escucharemos nombres que en su día pasaron por allí - Matías Candeira, Patricia Esteban, Isabel Gónzalez, Jesus Esnaola, el propio Manuel Espada, Lola Sanabria, Rosana Alonso y otros que seguramente me olvido y no quisiera.

También, me parece muy interesante que se acerquen a este tipo de concursos gente sin formación académica estricta, que no conocen la historia ni los orígenes del microrrelato. Creo que algunos de ellos pueden aportar un aire fresco e innovador a este género.

Lo dicho, excelente prólogo y estupenda antología.

Un abrazo.

Elèna Casero dijo...

He leído el prólogo que me parece magnífico, con una exposición clara de lo que es un microrrelato.
Si hay alguien, supongo que muchos, que piensan que se escriben en un pis pas, muy engañados andan.
Quedé finalista en Octubre y cada semana pienso que es muy complicado escribir una historia en tan poco espacio. Hay relatos de una calidad increíble.
Cada semana también pienso que hay que seguir intentándolo.

Un saludo

Rosana Alonso dijo...

Enhorabuena Fernando por el prólogo. Me gusta releerlo.

Agús de algunos ya se oye hablar y mucho, van por su segundo libro de relatos: Matias Canderia(en febrero creo), Patricia Esteban y el propio Manu Espada e Isabel González tiene un proyecto y le acaban de publicar unos microrrelatos en el último número de la revisra Turia,ahí es ná.
Y estoy de acuerdo, Relatos en Cadena estimula y favorece la práctica del género y ha dado a conocer (y a mí me ha servido para conocer personalmente o indirectamente) a todos los que mencionas, más Alberto Corujo, Beatriz ALonso, Miguel Torija...y todos esos otros nombres que quedan por descubrir afortunadamente.
También estoy de acuerdo en la frescura que pueden aportar los recién llegados.
Un saludo cordial a todos y
gracias a Fernando.

Alamut dijo...

Interesante exposición de lo que es el microrrelato para aquellos que lo intentamos sin mucho oficio, pero con muchas ganas. Esta disección permite elaborar mejor el menú. Pienso que tengo que leer más microrrelatos....
Saludos

Rosana Alonso dijo...

También estoy de acuerdo con Manu en lo importante de la convocatoria semanal que podían imitar otros concursos.


Otro saludo

Fernando Valls dijo...

La receta es añeja y sencilla: leer a los mejores y escribir con la máxima exigencia, puliendo y rompiendo mucho.
Gracias a todos.

Esteban Dublín dijo...

Fernando:

En el VI Congreso de Minificción, escuché en una de tus ponencias advertir que sospechabas que el microrrelato estaba muy cercano al poema en forma de prosa. En este prólogo, sin embargo, y supongo que a partir de los estudios rigurosos que haces de los textos, dices que es un género muy próximo a él y que es consecuencia de la evolución. Ahí, ya hay una nueva idea, o mejor, un matiz de lo que te escuché en Bogotá.

Me encantaría poder armar un debate en La Internacional con respecto al nombre del género a partir de argumentos como los que expones en tus ponencias y en este prólogo de la SER.

Propílogo dijo...

Reitero mi agradecimiento por el prólogo, Fernando. Y repasaré la definición de microrrelato, porque me interesa y porque creo que es un tema controvertido, por duplicidad de términos y/o de conceptos.
Yo quisiera haber leído mucho más microrrelato, pero creo que no ha sido muy fácil hasta hace poco. La apuesta editorial no es sencilla.
Y, como dice Manu, ojalá hubiera unos cuantos concursos semanales, y ojalá alguno no diera dinero sino opinión. Pero hay menos locos de los que debiera.
Del concurso de la SER yo me quedo con algún comentario de Sagarna y Rioyo -gracias mil- y con unos cuantos amigos recién hechos, compañeros de micros.
Saludos
Gabriel

J. G. dijo...

Me gusta la ser, me gusta esos nuevos talentos, me gusta lo que hacen, me gusta que lo des a conocer. Odio el mediatismo, lo único.

Fernando Valls dijo...

Esteban, es probable, no me atrevo a asegurarlo porque no tenemos estudios, al respecto, que en la segunda mitad del XIX empezaran a escribirse textos narrativos brevísimos en prosa, sin denominación precisa, como una posible evolución del poema en prosa. Y aunque puede haber hoy ciertas similitudes entre el poema en prosa y el microrrelato, hay algo sustancial que los diferencia y es el componente narrativo que tiene el microrrelato, frente al estatismo del poema en prosa. Todo esto lo explica muy bien Lagmanovich en su libro de Menoscuarto; yo, en el mío, he defendido también las mismas tesis. Saludos.

Hiperbreves S.A. dijo...

Fernando, me atrevería de decir que este concurso de microrrelatos de la Ser es el espacio con más audiencia dedicado al género. En varias ocasiones, conocidos que no tienen ni idea de minificción me han nombrado este certamen como lo primero que han podido conocer sobre el asunto. No tengo los datos del EGM a mano, pero un milloncito de oyentes puede tener fácilmente. A la Cadena Ser hay que reconocerle también otras aportaciones como la de Millás y Gemma Nierga en La Ventana (también con microrrelatos sobre temas que van proponiendo cada semana) y otra sobre vidas contadas en unas pocas líneas que, en muchos casos, ofrece también alta microliteratura. Este libro es una muy buena noticia y la elección del autor del prólogo todo un acierto. De nuevo pones los puntos sobre las íes (a ver si ahora las van a llamar iyes o is ... jejeje). Tus reflexiones vienen muy a cuento y son una buena colleja para todos los aprendices de microrrelatista que pululamos por esta maraña virtual.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Raúl, pero no pretendo darle ninguna colleja a nadie y menos a los escritores que empiezan; quizá sólo una levísima llamada de atención a algún editor despistado, que sigue empeñado en confundir cuentos y microrrelatos, y alguna alguna antóloga que nada sabe de la materia y se aprovecha del trabajo ajeno. Pero los tiempos son malos y en este río revuelto hasta los tontos hacen relojes...

Rosana Alonso dijo...

Aprovecho para hacer una pregunta(de perogrullo, lo sé pero...):

¿Hasta un folio es microrrelato?
Yo creo que sí, hay excelentes micros de Merino y Mateo Díez (y más) de más de 200 palabras. Es que últimamente parece que lo que pasa de 200 (o hasta de 100) es excesivo.
Un saludo cordial

Isabel González González dijo...

Hola, Fernando. Me ha parecido muy apropiado ese símil con el sello de correos. La simbología, la transportabilidad y esos inquietantes bordes dentados tan mordedores como emsambladores. Incluso la misma elipsis que propones como elemento identificador podría resultar otra semejanza apropiada pues el sello también abre una elipsis entre el emisor y el receptor. Una elipsis que intensifica la emoción cuando la carta llega a manos del destinatario. Lo mismo ocurre en los micros. En esos maravillosos micros que saltan al vacío y vienen a aterrizar sanos y salvos en nuestras manos de lectores.
En cuanto a la distinción con la prosa poética, creo que es necesaria. Sin embargo, no olvidemos que el lirismo o al menos, los recursos poéticos juegan un enorme papel en este tipo de escritura.
Enhorabuena por el prólogo.
Abrazos.

Víctor dijo...

Bien por ese prólogo, Fernando. Me quedo con muchas cosas, pero sobre todo con una de ellas:

"el escaso conocimiento que muestran algunos de sus cultivadores primerizos respecto de esa variada y compleja tradición literaria a la que me acabo de referir"

Eso es algo muy importante, porque yo también creo que es imposible escribir buenos micros si no se han leído miles de ellos, sobre todo los de esa tradición a la que nos remites, más que los que aparecen en la web como setas en otoño (y algunos, también como las setas, tóxicos e indigestos). De todos modos, si lo importante de escribir micros es corregir, borrar, eliminar, recortar, pulir..., lo importante de leer en la web es saber distinguir entre tanto caos los textos o autores de calidad.

Estoy de acuerdo, además, en muchos de los nombres de jóvenes que citas, algunos de los cuales tengo el placer de conocer (aunque sea sólo virtualmente). A muchos de ellos se les notan esas lecturas previas, esos empapes de tradición, esa experimentación, esa práctica.

Nada más, Fernando. Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

Rosana, lo que preguntas no tiene fácil respuesta. Como digo en el prólogo, lo que caracteriza al microrrelato no es la brevedad, sino la precisión e intensidad del lenguaje, la condensación máxima de elementos que hay en la historia. Por ello, un buen ejercicio consistiría en preguntarse, una vez que creemos acabado un texto, si aún puede suprimirse algún elemento más. Por tanto, la brevedad es la necesaria consecuencia de la aplicación de estos mecanismos. Pero solemos decir que esas características sólo se pueden mantenerse en, aproximandamente, una página. Pero, dicho esto, se me ocurren algunos ejemplos en los que se alarga más. En fin, por fortuna la literatura no es una ciudad exacta.
Los géneros tienen una tradición y una historia y es bueno conocerla para no repetirla y intentar variaciones, ir un poco más allá.
A veces, me encuentro con textos narrativos muy breves, menos de una página, pero que son cuentos, pero cuentos malos, y también son microrrelatos malos porque no se atienen a esas caracteríscas que le atribuimos al microrrelato.
En fin, el asunto es complejo, y necesitaríamos más espacio. En mi libro, he tratado estas cuestiones con mucho más detenimiento; y, claro, en mis cursos de la Autónoma de Barcelona.

Anónimo dijo...

Tu libro lo tengo afortunadamente, pero he de releerlo de vez en cuando. Supongo que es lo que dices, un tema complejo. Los cursos me quedan lejos ;), pero lo que ya estoy haciendo es ahorrar para el próximo Congreso de Minificción en Berlín 2012.

Gracias
Y más saludos

Rosana Alonso dijo...

El comentario anterior es mío Fernando, no sé qué narices ha pasado que ha saltado antes de tiempo.

Lola Sanabria dijo...

Poco voy a aportar sobre lo ya dicho aquí. Me parece muy trabajado el prólogo, hecho a conciencia, diría que con mimo, y por eso te felicito, Fernando.
No entro en el debate sobre si esto o lo otro es un microrrelato o un microcuento; no me tienta.
Yo no soy lectora habitual de microrrelatos en papel. Sí de algún libro de relato más largo. Sí de novela corta. Escribo. Y punto. No se me ocurre otra cosa.
Creo que Relatos en Cadena tuvo, tiene su mérito como habéis apuntado algunos, aunque yo me solté en esto de condensar una historia en pocas líneas con Millás, como también apunta otro de los que opinan aquí. A ese espacio le debo mucho porque fue mi bautismo en esto de la escritura. Fue el primero en abrir brecha con el microrrelato en radio, al menos desde mi conocimiento y participación. Por eso aún colaboro, a pesar de que sé que ya no es lo que era, como ocurre, como ocurrirá con otros concursos. Pero siempre habrá quien recoja el testigo y nos ofrezca otras cosas. Gracias a todas estas iniciativas también he conocido a buenos compañeros de viaje y por eso mil gracias. Y gracias infinitas a ti, Fernando, por haber tenido en consideración mi opinión y haberme nombrado en tu prólogo.

Puñado de besos.

Fernando Valls dijo...

El prólogo, Lola, está hecho, en efecto, a conciencia, con mimo, como intento hacer todo lo que me encargan, o lo que se me ocurre a mí. Pero me parece que tampoco está mal recordar que los prólogos no se improvisan. Detrás de éste, en concreto, hay un día de escritura y casi viente años de dedicación al estudio del género.
Espero tus micros, Lola. Saludos.

Sinsellos dijo...

Estimado Fernando,

la final de este año del concurso de Relatos en Cadena se ha convertido para mí en el comienzo de una nueva etapa en mi vida, y en gran parte te lo debo a ti, por la seriedad y el rigor con que has tratado el tema en tu blog y que se ha visto culminado con este prólogo.

(También se lo debo a muchas personas que he conocido gracias al concurso y a los blogs. Y también quiero mencionar a Millás, por leer mis ocurrencias en las ondas radiofónicas hace años, y eleverlas a la categoría de microrrelato.

Desde que subí a bordo, he tomado un nuevo rumbo. Gracias Fernando.

Beatriz

Fernando Valls dijo...

Beatriz, me acaba de llamar mi madre, que tiene más de 80 años, para regañarme. Me ha dicho: "Oye, esas niñas te están malcriando y te van a estropear el carácter". En fin, ya sabes que hay que hacerle caso siempre a las madres... Gracias y besos.

José Agustín Navarro dijo...

Me uno a todo lo dicho por el resto de participantes y, por supuesto, enhorabuena por el prólogo. Solo me queda una duda. Creo que entre 24.000€ micros se hubiera podido seleccionar 40 ó 50 más sin que bajara la calidad. Saludos.

Anónimo dijo...

Felicidades por su página y por el texto que propone. Como contribución, y por lo que tiene de curiosidad, me permito enviarle el microrrelato ganador del Primer Concurso de Microrrelatos "Cuentos y Sombreros" organizado por la casi centenaria Sombrerería Albiñana de Oviedo.

MARÍA ANTONIETA

Se lo vi a Sofia Coppola en una revista. ¿Que si me gustaba? ¡Cómo no iba a gustarme! En la tienda de Tina Guilló, dispuesto en la cabeza del maniquí impasible, era imposible no desearlo, no enamorarse de él, no volverse loca por poseerlo. Le pedí a Luis, mi marido, que me lo regalara. Rogué, suspiré, puse morritos. Dieciséis veces me dijo que no, mientras se fundía con el sofá formando una sola figura de cara de delfín. Mil quinientos euros. Ese sombrero modelo Lafayette era para mí. Para una reina, como yo me sentía. Se convirtió en mi obsesión. El escaparate me llamaba. Y un día, cansada de anhelarlo –su moderno diseño, su forma perfecta, sus colores- me acerqué a la tienda y lo robé. En el juicio, cuando el juez me preguntó, acerté a contestar que solo una dama puede perder la cabeza por un sombrero.

Cristina Gutiérrez Valencia


Un saludo
Mari Paz Sotres

Miguel dijo...

Buen prólogo para un buen libro. En él no falta de nada, incluso veo que que era obligado hacer una clara referencia a la antóloga.

Saludos

Fernando Valls dijo...

Miguel, a qué antóloga te refieres. No te endiendo. Saludos.

Miguel dijo...

Disculpa Fernando, me refería al comentario número 16 que habías hecho, no al prólogo.

"una levísima llamada de atención a algún editor despistado, que sigue empeñado en confundir cuentos y microrrelatos, y alguna alguna antóloga que nada sabe de la materia y se aprovecha del trabajo ajeno"

Saludos