lunes, 6 de diciembre de 2010

Con Eñe de Jardiel, 1

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El número 23 de la revista Eñe, correspondiente al otoño del presente año, lleva por título De risa. Clásicos del humor. Incluye colaboraciones de Evelyn Waugh, P.G. Wodehouse y Tom Sharpe auténticos clásicos del género, pero también de narradores actuales como Berta Marsé, Juan Barja y Manuel Vilas, entre otros. Para mí, sin embargo, la estrella del número es Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952), de quien se reedita "Tres escenas solemnes", compuesto por otras tantas piezas teatrales breves que sólo fueron publicadas, de manera dispersa, en revistas de la época. En ellas se ocupa de episodios conocidos de la historia que trata en tono jocoso y paródico, degradando tanto las situaciones como a los protogonistas, valiéndose para ello de un lenguaje burlesco y de versos ripiosos.
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Voy a detenerme algo más en la primera, para que os hagáis una idea del tono y de los mecanismos de los que se vale el autor. Sin embargo, no quiero dejar de señalar que en la segunda pieza se escenifica el suicidio de Petronio durante un banquete en su palacio, tras recibir la condena a muerte de Nerón. Pero antes de quitarse la vida, le manda una misiva al emperador en la que, entre ripios sin fin e inverosímiles comparaciones, le cuenta que muere a gusto, pero le pide que no escriba más versos... Se vale aquí del curioso motivo de "tienes cara de...", muy frecuente en su obra, que cultivó también Mihura y que ha pervivido hasta nuestros días, en la narrativa de Ángel Zapata. En la tercera pieza se ocupa del emplazamiento de Fernando IV en 1312, a quien los hermanos Carvajales, antes de que el verdugo los empuje en la Peña de Martos, le pronostican al monarca su cercana muerte.
Y en la primera pieza, más elaborada, los religiosos de la corte, estamos en 1699, disputan sobre si el rey Carlos II, que morirá un año después, estaba hechizado o simplemente era tonto. El retrato que Jardiel hace del monarca es una muestra perfecta de su capacidad para la caricatura y la sátira:
Su Majestad el Rey don Carlos II tiene en la actualidad treinta y ocho años, pero más que un rey parece un churro mal construido; está casi calvo, más delgado que el esqueleto de un galgo inglés; anda encongido, como si le hubieran pillado el cuerpo con una puerta, y es algo patizambuelo; su cabeza parece una calabaza gigante; tiene los ojos saltones, la nariz se le derrumba sobre la boca, y el labio y la mandíbula inferior avanzan, indicando que aquel hombre es la orgía de la estupidez. Tiene voz de niña cursi y cuando habla parece que lo hace Alvarito Retana.
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Si en su obra de teatro Las cinco advertencias de Satanás aparecía el mismísimo diablo, aquí se presenta su hijo, Satanelo, pero en son de paz y para pedirle a los ruidosos cortesanos que no invoquen el nombre de su padre, ya que está con gripe y lo molestan. No faltan en la breve pieza la burla de los cortesanos y de las disputas teológicas (sobre cuántos diablos contiene una libra de chocolate: las de Suchard, tres mil; pero las de Matías López, quince mil), los chistes sobre la suciedad de sus hábitos, y las falsas citas, como la que le atribuye a Platón:
En un mal incurable la tontería,
porque el que nace tonto, tonto se cría.
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2 comentarios:

Rosana Alonso dijo...

Tuve la fortuna de descubrir bien pronto a Jardiel, Mihura y Wenceslao Fernández-Florez gracias a la biblioteca de mi abuelo.
Disfruto mucho con su humor surrealista, tierno e irreverente.
Y siempre que alguna compañía monta alguna de sus obras intento verla.
De Jardiel también son geniales sus novelas como La tournée de Dios
que volví a leer este verano.
Es cierto que algunos escritores como Ángel Zapata y Juan Carlos Márquez(sobre todo en Oficios) me recuerdan su humor.
Un saludo cordial

Diego Fdez. Sández, autor teatral dijo...

¡Jardiel tiene más talento que Matías López!