viernes, 17 de diciembre de 2010

José Manuel Blecua, nuevo director de la Academia

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Ayer, cuando me enteré de la elección del filólogo y gramático José Manuel Blecua como nuevo director de la Academia de la Lengua pensé en su hermano Alberto, editor del Lazarillo, del Libro de buen amor, del Quijote, y en el padre de ambos, el también filólogo José Manuel Blecua, maestro nada menos que de Aurora Egido, Carme Riera, Franciso Rico o José-Carlos Mainer. Me alegré mucho por sus discípulos más cercanos, como son Dolors Poch, Gloria Clavería y Margarita Freixas. Y, desde luego, por mis queridos Aurora y Carlos Galán, con quienes compartió tantas horas en los cursos de extranjeros de la UIMP, de Santander, y alguna que otra suculenta marmita. Blecua, como conté en una entrada reciente, fue mi profesor de Lengua española en el segundo curso de la carrera y es, desde 1980, compañero de un Departamento, el de Filología española de la Universidad Autónoma de Barcelona, plagado de grandes profesores e investigadores, tanto en Lengua como en Literatura, Teoría y Literatura Comparada.
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En la biografía que se le atribuye en la Wikipedia dice que, junto a su hermano pequeño, Alberto, se aficionó a la lectura con los tebeos y la literatura popular (las novelas de José Mallorquí sobre El Coyote, sobre todo). Hizo el bachillerato en el Instituto Goya, de Zaragoza, donde trabajaba su padre. Allí tuvo como profesores a filólogos de la talla de Francisco Ynduráin y al poeta y crítico Ildefonso Manuel Gil. José Manuel, también como su hermano, por consejo de su padre, fue primero catedrático de enseñanza media y luego catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde ha sido decano y vicerrector y ha dirigido el Seminario de Filología e Informática. Sus maestros fueron el citado Ynduráin, Rafael Lapesa y Martín de Riquer, nada menos. Pero antes de todo esto estuvo como profesor invitado de la Ohio State University (1970) y años más tarde en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987). Y fue director académico del Instituto Cervantes, en sus primeros años de existencia. Su gran obra, quizá sea la Gramática española (1975), que compuso con don Juan Alcina Franch, y entre el resto destacaría la dirección del Diccionario general de sinónimos y antónimos, Vox, 1999. Es imprescindible recordar que ha sido pionero en la aplicación de las nuevas tecnologías al estudio de la lengua española y el estudio del español como lengua extranjera. Es autor del libro de estilo del diario La Vanguardia. Su ingreso en la Academia data del 2006, institución de la que había sido secretario entre el 2007 y el 2009. Ahora, sólo nos queda esperar la aparición de la Fonética y Fonología de la Academia, coordinada por él.
¡Felicidades, José Manuel, y suerte en tan complicada y grata empresa!
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6 comentarios:

Mita dijo...

Muchas gracias por toda la info.
Y FELICIDADES!!!

Pablo Jauralde Pou dijo...

Creo que la Fonética y la Fonología ya han aparecido. Yo también quisiera recordar –a modo de homenaje sencillo o de sabe dios qué– a Alberto; quizá me siento más cerca de las tareas filológico-literarias.

Joaquín Parellada dijo...

Todos los que admiramos a la familia Blecua, por su labor profesional pero sobre todo por su entrañable humanidad, nos sumamos a esta felicitación y a tus acertadas palabras. ¡Enhorabuena para ellos y un abrazo para ti!
Joaquín

ÁNGEL Carrasco dijo...

Siempre me cayó simpático José Manuel. Si la cara es el espejo del alma, creo que la de José Manuel Blecua lo dice todo: irradia optimismo. Los filólogos estamos de enhorabuena.

Fernando Valls dijo...

Pablo, me confirma Dolors Poch, una de las colaboradoras de la Fonética y la Fonología de la Academia que todavía no ha aparecido, aunque está anunciada en la tienda on-line del FNAC. Saludos-

Mar dijo...

Leí la noticia y recordé a su padre. No lo tuve como profesor. Se jubiló cuando yo cursaba, creo tercero de carrera, Filología Hispanica (Literatura)en la UB. Recuerdo que me lo presentó una amiga y compañera de clase, que iba de oyente a sus clases. A veces íbamos a visitarlo a su despacho, donde seguía yendo después de jubilado a pasar la mañana. Blecua nos invitaba a su despacho a charlar, nos prestaba libros, nos aconsejaba y nos regalaba su tiempo y sabiduría.
Bien; hoy tu entrada, me ha hecho recordar su persona. Espero que su hijo haya heredado no sólo la sabiduría de su padre. Si no también su inteligencia emocional, su humildad y su poder comunicativo. Le deseo lo mejor.