sábado, 2 de octubre de 2010

Ezcurra/Triunfo

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Nunca he vuelto a sentir tanto fervor por una revista como el que le profesaba en los años setenta al semanario Triunfo. El viernes pasado falleció su director José Ángel Ezcurra, quien la había fundado en 1946. No me parece una exageración afirmar que la gente de mi generación se educó en publicaciones como Triunfo o Cuadernos para el Diálogo, con los artículos de Eduardo Haro Tecglen (subdirector) y Manuel Vázquez Montalbán (en las páginas de Triunfo apareció su Crónica sentimental de España), quienes parecían competir a ver quién utilizaba más seudónimos (de Pozuelo a Sixto Cámara), Víctor Márquez Reviriego (redactor jefe), los artículos de Fernando Savater, César Alonso de los Ríos, José Aumente o Juan Goytisolo, cuando todavía escribía cosas de interés, los trabajos sobre religión de Enrique Miret Magdalena, las críticas de teatro de José Monleón, las de cine de Diego Galán y Fernando Lara, el Celtiberia Show, de Luis Carandell, las reseñas literarias de Javier Alfaya, la crítica de arte de Moreno Galván y los reportajes de Eduardo G. Rico. Y en la parte gráfica recuerdo ahora las caricaturas de Vázquez de Sola y los chistes de Joaquín Rábago y OPS (hoy, El Roto) y los de Chumy Chúmez. Quizá haya sido la revista político cultural más influyente de los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia, hasta su desaparición en 1982, tras convertirse en mensual, por sus problemas económicos, dos años antes. Incluso se llegó a hablar de la generación de Triunfo, de la que formaban parte Umbral, Juan Cueto Alas, Rosa Montero Savater, Vázquez Montalbán...
Hace unos años volví a repasarla prácticamente completa, con motivo de un trabajo de investigación que estaba llevando a cabo sobre el cuento. En sus inicios fue una revista de cine y espectáculos, hasta que en 1962 se convirtió en el tipo de publicación, cada vez más escorada a la izquierda, que leíamos con entusiasmo. ¿Por qué la desaparición de Triunfo sigue siendo materia disputada? En ello debió de influir entonces un cierto cambio en los gustos de los lectores, los secuestros y suspensiones, la escisión de un grupo importante de colaboradores, quienes fundaron la revista La Calle, la aparición del diario El País y de la revista Cambio 16... Después, los semanarios fueron perdiendo interés, y los mejores colaboradores de Triunfo acabaron en el diario El País, mientras nosotros íbamos haciéndonos mayores. Pero esa ya es otra historia con muchísimo menos interés. Hoy costará trabajo entender que llevar Triunfo bajo el brazo se consideraba un signo de rebeldía. Quizá quien mejor la definió fuera Haro Tecglen, al afirmar que "Triunfo era un estado de utopía".......
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* Para los que deseen conocer mejor la historia de esta revista les recomiendo tres libros: Alicia Alted y Paaul Aubert, eds., Triunfo en su época, Casa de Velázquez, Madrid, 1995; Gabriel Plata, La razón romántica. La cultura política del progresismo español a traves de Triunfo (1962-1975), Biblioteca Nueva, Madrid, 1999; y Eduardo G. Rico, Vida, pasión y muerte de Triunfo. De cómo se pagó aquella voz del progresismo español, Flor del Viento, Barcelona, 2002.
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10 comentarios:

Elena Rius dijo...

No me había enterado de la muerte de Ezcurra. Yo también pertenezco a la generación que se educó con Triunfo y tu evocación ha despertado un sinfín de recuerdos. Por ejemplo, el número que publicaron después del golpe de Estado de Pinochet, que nos acercó a todos a la tragedia chilena.
O los números que secuestraron, o tantos otros... Gracias por la oportuna necrológica.

Bel M. dijo...

Cuando era niña, mi familia era de aquellas en las que no se hablaba de cuestiones políticas y mucho menos del pasado republicano de muchos de sus miembros, sin embargo, se compraba una revista, Triunfo. Gracias a ella, seguro, aquel silencio fue menos terrible. Y gracias a ti por el precioso recuerdo.

Isabel María González dijo...

Ai, Cuadernos para el diálogo... Triunfo la conocí menos. Un saludo Fernando.

AGUS dijo...

Fernando, la semana pasada vi un documental que repasaba la vida de Azcona. Mostraba sus inicios en La Codorniz, donde publicaba cuentos breves y artículos. Leyendo tu entrada, me surge la duda si este tipo de publicaciones tienen hoy todavía cabida o sólo tenían su razón de ser en aquellos tiempos y aquellas circunstancias.

Un saludo.

Fernando Valls dijo...

Agustín, si hablamos de comercio, casi nada hoy tiene sitio, best sellers aparte, aunque La Codorniz fue en diversas época un buen negocio. Respecto a lo literario, creo que todos estos escritores, Jardiel y Mihura, sobre todo, dejaron una gran estela que está todavía por descubrir y evaluar. El gran género de Azcona fue el guión, más que la narrativa tradicional de ficción.

Frikander dijo...

Triunfo está digitalizada y se puede consultar entera por Internet.
Tiene buscador, índices y varios documentos (expedientes, galeradas, vídeos, etc).
http://www.triunfodigital.com

Frikander dijo...

Como podréis ver en esa misma página de Triunfo, también están digitalizadas e indexadas las revistas Tiempo de historia y Hermano lobo (gran revista de humor dentro de lo que cabe).

Alfredo J. Ramos dijo...

Un exacto resumen, con el que estoy completamente de acuerdo (solo una pega minor: al nombre de Chumy-Chúmez creo que le sobra una "m"). Es posible que, leídos hoy (el enlace que deja Frikander es un bucle, pero la dirección es correcta), muchos artículos no hayan envejecido bien y otros incluso servirían para explicar algunas derivas ideológicas posteriores. Pero lo cierto es que el papel de Triunfo fue descomunal. Su desaparición, como más adelante la de El Viejo Topo, en parte fue el precio que se pagó por la libertad de expresión y el triunfo (oh paradoja) de cierta banalidad informativa. Y ahí seguimos.

Frikander dijo...

Me disculpo por el bucle. No me di cuenta. Ya no puedo arreglarlo, lo siento.

Ediciones Barataria dijo...

Sí creo que no vendría nada mal algo que se pareciera a la enérgica Triunfo. Y sí creo que sería comercial. Y necesaria para meter una cuña en este buenrollismo, en esta apatía, en este opaquismo, y, sobre todo en la consigna infame del sonría, por favor. (Todos hienas. ¡Por favor!). Triunfo triunfó por valiente. ¿Por qué si no?
Carola Moreno