miércoles, 27 de octubre de 2010

En la muerte de David Lagmanovich, maestro del microrrelato

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Ayer falleció en Tucumán, el escritor y crítico literario David Lagmanovich, sin cuyas importantísimas contribuciones no puede entenderse el auge del microrrelato en estas últimas décadas. Se inició como periodista, pero fue decantándose hacia la Filología, el ensayo y la crítica literaria, dándonos sus mejores trabajos cuando ya contaba con una edad avanzada, en pleno siglo XXI.
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Había nacido el 9 de agosto de 1927 en Huinca Renancó, provincia de Córdoba (Argentina), pero pasó su infancia saltando de un pequeño pueblo a otro, siguiendo a su padre, nacido en Rusia, que era vendedor ambulante y padecía de “brotes psicóticos”, entonces llamados arrebatos, como comentaba David con ironía. Un vez sola, dados los diversos abandonos que sufrió, la madre se trasladó con los hijos a Buenos Aires, para instalarse definitivamente en Tucumán. Provenía de una familia trabajadora, humilde, donde -me lo recuerda su discípula más querida, Laura Pollastri- todo podía faltar, menos los libros. Todas estas historias de la infancia, que luego he visto escritas en sus microrrelatos, me las relató en Tucumán, una tarde de agosto del 2007, en la cafetería del hotel en el que nos hospedábamos.
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La semana pasada, mientras se celebraba en Bogotá el VI Congreso Internacional de Minificción, que cada dos años reúne a diversos especialistas en la materia, aquellos de nosotros que tuvimos la fortuna de tratarlo y conocerlo, echamos de menos su bonhomía, su sensatez y profunda sabiduría. No había podido acompañarnos, aunque estaba prevista su participación, al estar pendiente de que el médico le diera una fecha para operarlo.
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Lagmanovich tuvo que ganarse la vida desde muy joven en diversos oficios, sufriendo además los embates del peronismo, como luego padecería los de la dictadura militar. Se había licenciado en la Universidad de Tucumán y había estudiado con beca en la de Columbia. De allí pasó a Washington, donde vivió entre 1962 y 1977, doctorándose en la Universidad de Georgetown. Tras finalizar la dictadura, regresó a su país, a la Universidad de Buenos Aires, donde fue designado director del Instituto de Literatura Hispanoamericana, para reincorporarse definitivamente a su querida Universidad de Tucumán. Su último reconocimiento le llegó en el 2008, tras ser nombrado miembro de la Academia Nacional de Ciencias. El año próximo estaba previsto que la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, de la mano de Miriam di Geronimo, le concediese un doctorado Honoris Causa, además de rendirle homenaje durante el congreso del microrrelato argentino.
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Sus mayores aportaciones, dentro del campo de la creación, del microrrelato, quizá hayan sido libros como La hormiga escritora (2004), Los cuatro elementos (2007) y la reciente antología Por elección ajena. Microrrelatos escogidos, 2004-2009 (2010). En cuanto a la crítica literaria, además de sus pioneros estudios sobre Cortázar, como ha recordado Will Corral, sus contribuciones principales se encuentran en los siguientes volúmenes: El microrrelato. Teoría e historia (2006), El microrrelato hispanoamericano (2007) y La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico (2005), en donde recoge la obra de todos los grandes del género, desde Rubén Darío, Julio Torri, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna, hasta clásicos como Arreola, Borges, Cortázar, Monterroso y Denevi, sin olvidar a los mejores representantes españoles, tales como Ana María Matute, Max Aub y Antonio F. Molina, al tiempo que recogía también a sus más ilustres contemporáneos, como Luis Mateo Díez, Guillermo Samperio, José María Merino, Javier Tomeo, Gabriel Jiménez Emán, Luisa Valenzuela, Ana María Shua, Juan Armando Epple, Pía Barros y Raúl Brasca.

Hace unos pocos días, me comentaba en un e-mail que en su último libro, que acaba de aparecer en Argentina, en la editorial Macedonia, de Fabián Vique, titulado Memorias de un microrrelato, intentaba encarar el género desde “una actitud distinta con respecto a la temática; por lo menos, un intento de salir de los caminos más trillados”. David, a pesar de su edad avanzada y de su quebrada salud, esperaba con entusiasmo e ilusión el próximo congreso en Berlín, durante el 2012. No en vano, se trataba de la ciudad en la que había vivido por un tiempo con una beca de la Biblioteca del Instituto Iberoamericano, y durante su última visita a la ciudad, en el 2007, tras acogerlo en nuestra casa, y recorrer su antiguo barrio, Schöneberg, donde aún se conserva la pequeña tienda de música clásica que solía frecuentar, pudimos ver el gran aprecio y el profundo respeto que Lagmanovich sentía por la cultura europea y alemana; no en balde, guardaba también un gran recuerdo de su estancia en Colonia y Augsburg. De igual modo, la elección de México como sede del congreso del 2014 le había producido una gran alegría.
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En ese último correo, al que antes aludía, me decía: “Esta tarde, los médicos dictaminarán cuándo pueden operarme, de modo que el largo período mío de forzada inactividad está llegando a su fin”. Pero ayer por la mañana, mientras caminaba por la calle, sufrió un paro cardíaco que acabó con su existencia.

Tuve la inmensa fortuna de ser su editor en la editorial Menoscuarto, donde le publicamos tres de los libros citados, y de poder recurrir a sus inmensos saberes siempre que me surgía una duda o necesitaba una opinión ecuánime. Creo que, para todos los que nos hemos dedicado a estudiar el microrrelato, David fue una referencia imprescindible, un maestro muy respetado y querido al que no olvidaremos jamás.

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"En la noche"

Esa noche estaba despierto, rememorando las circunstancias de mi vida, ficcional para otros y muy real para mí. Pensaba en mi autor, a quien debo el haber dejado de ser sólo palabras en un párrafo para convertirme en uno de los mejores microrrelatos que ha escrito. Me levanté sigilosamente, y me deslicé hacia su estudio. La luz de la luna alcanzaba para distinguir los objetos que había sobre su escritorio. En un retrato aparecía mostrando un libro: era el volumen donde por primera vez me había incluido junto a otros compañeros. La fotografía mostraba su felicidad. Me incliné y besé el rostro que parecía mirarme del otro lado del vidrio. Después pude volver a dormir.

Otros comentarios con motivo de la muerte de David Lagmanovich:
Jaime Muñoz Vargas:
http://rutanortelaguna.blogspot.com/2010/10/maestro-david.html
Francisco Rodríguez Criado:
http://lanarrativabreve.blogspot.com/2010/10/ha-muerto-david-lagmanovich.html
Luz García Hamilton:
http://www.periodismodeverdad.com.ar/2010/10/28/ha-muerto-david-lagmanovich-por-luz-garcia-hamilton
Eduardo Berti:
http://eduardoberti.blogspot.com/2010/10/david-lagmanovich.html
Fernando Valls:
http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/David/Lagmanovich/maestro/argentino/microrrelato/elpepinec/20101029elpepinec_1/Tes

* Las fotos son de Gemma Pellicer. De arriba abajo, la primera es de noviembre del 2007, con motivo de su visita a Berlín invitado a participar en un congreso organizado por la Universidad de Potsdam, y está tomada en el primitivo Café Einstein. En la segunda aparece junto a FV en la Potsdamer Platz, de Berlín. La tercera y la cuarta, del 2005, están hechas en Buenos Aires, pero en la primera aparece Inés, su esposa, el escritor José María Merino y FV; mientras que en la siguiente se ve una mesa redonda en la que también participaron Raúl Brasca, Merino, Luisa Valenzuela, Lauro Zavala y Ana María Shua. La quinta foto es del 2007, y en ella lo vemos junto a la escritora Alba Omil (sentada), FV, L. Zavala, R. Brasca, Miriam Di Geronimo, Laura Pollastri y Sandra Bianchi.
** La pieza que ofrezco forma parte de su último libro, Memorias de un microrrelato, Macedonia, Buenos Aires, 2010.
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18 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Sólo pude conocerlo por referencias y lecturas, pero me sumo a vuestro pesar. Un abrazo.

Pedro Herrero dijo...

Tampoco yo he tenido la suerte de tratarlo en persona, pero me consta que sus cualidades humanas eran tan excepcionales como su categoría literaria. Me uno al dolor de su familia y amigos. Y considero el microrrelato adjunto como un epitafio de gran belleza, digno de un maestro.

Víctor dijo...

Como Antonio, sólo conozco a David por sus libros, y sin embargo no deja de impactarme la noticia. Ésta es una de las pocas entradas que me gustaría que no hubieras escrito, Fernando.

Un abrazo.

Pilar Galán dijo...

Creo que el microrrelato elegido para la entrada es una muestra de bonhomía y un homenaje a su pasado. Yo también hubiera preferido que no tuvieras que escribir esta entrada, a pesar de reconocer que leer las palabras que le dedicas son un hermoso reconocimiento.Pilar

AGUS dijo...

Tampoco lo conocía pero además de su talento y de su ingente trabajo para la difusión del género, me consta que siempre estaba al lado de los jóvenes autores que estaban empezando.

Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

Pues, sí, Agustín, el último libro de microrrelatos que prologó, hasta donde yo sé, apareció hace muy poco y es del escritor colombiano, caribeño, Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda y se titula `Tempus fugit´.

Esther Andradi dijo...

Qué golpe...Qué pena...mi lenguaje es insuficiente para contar lo que siento, ahora, mientras leo esta nota, tan cierta y tan justa acerca del sabio, del bueno, del genio de David. Por esas cosas del destino tuve la infinita suerte de realizar una lectura "al alimón" con DL en el cierre del Simposio Nanophilologie, Microficciones/Microrrelatos organizado por la U. de Potsdam en noviembre de 2007. GRACIAS David, por tanto humor, amor y belleza, así en la vida como en la literatura.

Javier Perucho dijo...

Fernando, a don David lo conocí por su obra y mensajería instantánea, creí que lo saludaría en persona en Bogotá, pero el malestar se atravezó. En México fui su corresponsal y promotor de uno de sus libros, que espero no quede inédito. A la editorial que lo acepto, ya mandé la esquela.
También guardo luto por el sabio.

Claudia Marceli dijo...

Triste noticia, Fernando. Para mí, sus libros han sido una especie de mapamundi del microrrelato por el que moverme como cogida de la mano y con una linterna iluminando los rincones más recónditos. Un placer y una gran ayuda para preparar mis clases de micros.
Un abrazo,
Mar Redondo

Araceli Esteves dijo...

Os acompaño en la pena por el brutal machetazo de una muerte cercana no esperada, en la perplejidad de ese "nunca más" imposible de tragar.

Miguel A. Zapata dijo...

"El microrrelato. Teoría e historia" es un monumento teórico al género y su génesis moderna. Un magisterio profundo el de David.

LEO MARES dijo...

Un maestro del microrrelato, como decís. Yo lo descubrí hace años, gracias a Quimera, como tantas otras cosas, por otra parte. Un abrazo

Fernando Valls dijo...

Me alegro que lo recuerdes, Leo, porque en `Quimera´ dimos un puñado de micros inéditos de Lagmanovich, luego recogidos en la antología `Ciempiés´, que publicó Montesinos en el 2005.
Gracias a todos por vuestros comentarios y saludos.

María José Barrios dijo...

Fernando, acabo de quedarme desolada al leer la noticia. Perdonadme la frivolidad: murió, para mayor consternación mía, el día de mi cumpleaños.

Gracias a que tuviste la amabilidad de ponernos en contacto, le envié mi librito de cuentos y tuvo el detalle de escribirme nada más leerlo, tras lo cual
intercambiamos varios emails, opiniones y lecturas de algunos relatos inéditos de ambos. Me maravilló lo cercano que estuvo conmigo desde el primer momento, para mí era uno "de los grandes" que, sin embargo, se reservaba su tiempo para escribirme como un amigo más.
Lo echaré de menos.

Fernando Valls dijo...

Pues, sí, María José, conocer y poder tratar a David ha sido un privilegio. Quizás empezamos a ser conscientes de ello ahora que ya no está con nosotros. Saludos.

Hiperbreves S.A. dijo...

Me acabo de quedar helado , Fernando. Se marcha un maestro, la persona que con sus ensayos e intervenciones me enseñó tanto sobre el microrrelato. Con David Lagmanovich me pasa como contigo, siempre les deberé que me hayan abierto de par en par las puertas del maravilloso mundo del microrrelato. Parece como si en este mar de dudas en el que navegamos los aprendices de microrrelatista, se hubiera apagado el faro que siempre mostraba el buen camino.

Me quedo con su sabiduría y su amabilidad. Guardaré el e-mail y el acuse de recibo de cuando aceptó el envío de mi libro. Le debo un microrrelato.

Alba Vera Figueroa dijo...

Gracias por esta nota y las fotografías que nos lo acercan como siempre en su estado de amable comprensión y disfrute de la amistad.
Soy de Tucumán y he sido una de sus tantas discípulas a las que consideraba sus amigas, así era su generosa disposición. Siempre pendiente de nuestros escritos, he recibido su aliento en el prólogo a mi primer libro de cuentos breves en el año 95.
A pesar de la distancia, pues he debido emigrar a Valencia, España, hemos continuado escribiéndonos y compartiendo nuestros escritos.

En estos días de dolor, sólo me reconforta el recuerdo de las aulas y sus clases, las tranquilas charlas de café, la presentación de algunos de sus libros en el Centro Cultural Virla, lecturas de poemas en el Museo Iramain.
Gracias otra vez por sus fotografías. Alba Vera

Flavia Company dijo...

Desde Tucumán, un abrazo para todos los que sentimos la desaparición de este gran Maestro.