domingo, 10 de octubre de 2010

Autorretrato de HUGO HIRIART

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He resuelto volver a trazar este autorretrato, ya dibujado hace años, con dos propósitos, ponerlo al día enmendando algunas pinceladas y situarlo al alcance de la indiferencia de las nuevas generaciones. He aquí la lacónica acuarela.
Me gustan los trenes y los hoteles breves, ver desarrollarse el paisaje en los viajes por tierra y el arroz con chícharos en las fondas mexicanas.
Y el limpio y recién nacido olor del pasto recién cortado, y las grietas del pavimento que yo también evitaba de niño al caminar, el ejemplo de Kant del vuelo de la paloma y los popotes de papel.
Y el solo de flauta al comienzo del Teniente Kijé de Prokófiev, que me trae memoria de alegría infantil, y las puertas ocultas en libreros o chimeneas.
Me gustan la Diet Coke, el queso de Cotija, el vuelo de helicóptero del colibrí y los dibujos de las demostraciones geométricas.
Y los tonos de verde en las translúcidas hojas de plátano heridas por el sol y la Vida del doctor Johnson que a lo largo de la suya propia fue redactando el entusiasta Boswell y el rechinido de la madera de las carabelas en el silencio de la noche, sobre todo en las películas de piratas.
Me gusta sentir en la punta de los dedos la textura de los cuadros y ya he tenido problemas por eso en galerías y museos.
Y las obras de teatro donde aparecen submarinos y la capacidad de exagerar que exhibe la cultura china.
Y el sabor de la alcachofa y la trabajosa manera de engullir las hojas y su forma, que recuerda al pangolín, y decir que algo parece una alcachofa. Y estimar que en una caja de zapatos se guardan hasta 150 metros cuadrados de seda fina.
Y me gustan las escenas con lluvia en los grabados en madera de Hokusai e Hiroshige y el modesto color de las bolsas de pan y el lugar donde se tocan la mandíbula, el cuello y el lóbulo de la oreja, sobre todo en las mujeres.
Y me gustan los anteojos que ven a través de las paredes y las manzanas que todo lo curan y que, una vez mordidas, se regeneran y vuelven a ser como antes eran y los caballos blancos que vuelan y los ríos que hablan y cuentan historias y las islas vivientes, siempre peligrosas, y los genios encerrados en botellas.
Me gustaría que hubiera llantas de colores, sin nada de ese municipal y espeso negro humo de las actuales, y osos enanos y que un iceberg flotara inexplicablemente en una alberca olímpica con trampolín de diez metros y que una de la dramáticas y esforzadas figuras de un cuadro del Tintoretto saltara de la tela al suelo cantando una aria de ópera.
Me gustan los trompos y los giróscopos y los acueductos y las cucharas de madera, y me gusta pasear por malecones al atardecer, bajar las escaleras y la novela El misterio del cuarto amarillo.
Y también me gusta la timidez de los adolescentes, los trapecistas de circo, las ilustraciones donde aparecen pájaros dodo y las peleas de box que gana el que va perdiendo.
Y me gusta inventar silogismos, todos los gordos tienen clorofila, y la rosa de los vientos y los imanes y los diccionarios con entradas como: “Andábatas, gladiadores que en la antigua Roma peleaban con los ojos cerrados, celdas sin visera, juego de muchachos casi como el que ahora usan llamado de la gallina ciega”.
Me gustan las cestas, los quitasoles japoneses, los cántaros con agua fresca y la reticencia apasionada de Fauré, las torres con relojes redondos y los ojillos maliciosos de Charles Laughton, el gran bodoque gesticulante, mi actor predilecto, junto a Louis Jouvet.
Me gustan las jaulas pajareras, el color amarillo huevo, la trenza que usaban los chinos, los pericos, que un horrendo pistolero le diga a otro gángster antes de sacar su pistola Hola, muñeco en un cuento de Chandler.
Y la frase del severo y genial Mondrian “las curvas son demasiado emocionales” y los faros en la playas donde no hay nadie y los majestuosos ceniceros de pie, los clips de colores, las tijeras, la pimienta de grano grueso, el acero inoxidable.
Me gustan las cartas de baraja, sobre todo las antiguas, y me gusta una metáfora donde se use la palabra “escolopendra” y que se aviente arroz en las bodas y cómo se sacuden el agua los perros mojados e imaginar cómo podría ser la tierra si no fuera redonda.
Me gusta tomar complejo B y los caballos de carreras de patas finas y el timbre del violonchelo y Arturo de Córdoba en papel de loco y la manera de caminar de las palomas, moviendo la cabeza hacia delante y hacia atrás.
Me gusta la palabra “pingüino” tanto como el contoneante trozo de realidad que nombra.
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* Hugo Hiriart (Ciudad de México, 1942) ha cultivado el teatro, la novela, el ensayos y la narrativa para infantil. En 1972, su primera novela, Galaor, recibió el Premio Xavier Villaurrutia. Según el crítico José Antonio Alcaraz, esta obra puede leerse como una versión libre de la Bella durmiente, escrita en tono caballeresco y satírico, como un gran tributo a Don Quijote de la Mancha. Trata de una doncella que, al recibir los dones de las hadas invitadas a su nacimiento, se transforma en un ser horripilante, es disecada en su fealdad, y necesita el primer beso para recuperar la belleza y volver a la vida. Galaor, por tanto, será el caballero que intentará rescatar a la princesa Brunilda del hechizo en que ha caído. Entre sus ensayos destacan Sobre o acrca de la naturaleza de los sueños (1994) y Los dientes eran el piano (1999), en los que nos muestra sus ideas sobre la imaginación y la percepción estética. Según Carlos Rojas, en sus obras pueden rastrearse influencias de Poe y Lewis Caroll, Apollinaire, Beckett y Ionesco. Por su obra como dramaturgo ha obtenido también el Premio Juan Ruiz de Alarcón, siendo considerado como uno de los miembros importantes del nuevo teatro mexicano.
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* Este autorretrato de Hugo Hiriart apareció en su blog "Diario Infinitesimal", vinculado a la revista Letras Libres, diciembre del 2009.
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2 comentarios:

Claudia Marceli dijo...

Hola, Fernando.
Soy Mar Redondo, el jueves pasado cenamos frente a frente unos más bien horrendos spaguetti al pesto en La gata Flora tras la presentación de "Velas al viento". Comentaste que estabas interesado en la poesía visual y yo te dije que conocía gente que la estaba haciendo. Bueno, pues hoy acaba de llegarme una invitación de Chus Arellano para un encuentro de exploración poética del Zírculo inestable de
tiza III. No sé si estarás por aquí, es el sábado 16 de Octubre / La Tabacalera (Embajadores 53) y el domingo 19 de Diciembre / Polideportivo Marqués Samaranch.

Yo asistí a un curso de poesía que daba Chus en un centro cultural y me gustó mucho aunque no estuve mucho tiempo, y después he visto alguna (no sé cómo llamarlo) exposición-exhibición-muestra suya. Él se mueve con gente que está haciendo poesía visual y experimental y creo que son buenos.

Te dejo su dirección de correo por si quieres contactar con él y el contenido completo de la invitación para que te hagas una idea de lo que hacen.

Email: chusarellano@gmail.com

Un saludo y un placer conocerte.
Mar Redondo



ZCTZ, encuentro de exploración poética, propone compartir 4 reflexiones de hecho sobre cómo hacer formas-de-poesía / formas-de-etzétera durante todo un día: el 16 de octubre y una noche: el 19 de diciembre cada poeta concretará en una sesión un largo proceso creativo que ha tratado de responder, o no, a una serie de preguntas sobre la poesía o lo poético, dilataciones/resistencias/aberturas/...

lxs proyectistas de lo prematuro del ZCTZ III son:

jesús barranco 12h

VELADA NEUMÁTICA [conferencia captación para sesión del 19/12]

esteban pujals gesalí 13h el águila ediciones

OTRA ESCRITURA ES POSIBLE: POESÍA, REALISMO Y ABSTRACCIÓN [conversación]

maire 18h

IMPROVISACIÓN ELECTRO ACÚSTICA [id]

ángela segovia 19:30h

EL MURO ESTA NOCHE EL RÍO ECLÍPTICO [recital instalación]

en laliteraturadelpobre.wordpress.com/zctz y adjunto en este mail
tienes el dossier completo con cada uno de los procesos creativos
y la información necesaria para disfrutar de las piezas + flyer.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Mar, tomo nota. Y esos spaguetti mejor olvidarlos para siempre y dejar un hueco en la memoria para la grata conversación. Saludos.