domingo, 26 de septiembre de 2010

Siglo XXI, según José María Pozuelo Yvancos


  
"Nuevos que cuentan"
Gemma Pellicer y Fernando Valls, eds., Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual, Menoscuarto, Palencia, 2010.

Hace años que terminó la necesidad de estar defendiendo el cuento como género literario, y tampoco es ya tan preciso lamentar su escasa visibilidad. Gemma Pellicer y Fernando Valls, los estudiosos que han preparado esta Antología tienen ocasión de referirse a una serie de sellos editoriales que apoyan sistemáticamente el relato breve: Páginas de Espuma, Lengua de Trapo, Xórdica, Tropo, Salto de Página y la editorial Menoscuarto en que aparece este libro y que nació como editorial muy dedicada al cuento. Junto con José María Merino pocos nombres están ligados a la fortuna del relato breve español como el de Fernando Valls, en su faceta de estudioso, pero también de editor. La Antología, preparada junto con Gemma Pellicer, vendría a ser continuación de otras dos suyas: la titulada Son cuentos aparecida en Austral, que venía a ser una panorámica del cuento español desde 1975 a 1993 y la que editó en Anagrama junto con Juan Antonio Masoliver Ródenas, bajo el título de Los cuentos que cuentan (1998). Esta Antología parte de la base de no repetir los autores representados en aquéllas. Eso hace que sea imposible pedirle presencias que programáticamente ha evitado. Además cualquiera que haya trabajado en Antologías de nuestra Historia literaria sabe que lo principal que puede exigírsele a cualquiera de ellas no radica tanto en la dialéctica presencias/ausencias, sino en que sea coherente con los principios que guían su selección.



Me he referido a la Historia literaria porque creo que ése es el principio clave de la Antología: construir algo que sea representativo de lo que está sucediendo con el cuento escrito en castellano en España. La Antología me ha parecido que cumple con dos criterios que la diferencian de las otras dos alternativas posibles: no es una Antología de grupo estético, porque el panorama de estilos y maneras de concebir el cuento no la reduce a manifiesto de ninguna escuela definida. Si acaso me ha parecido que el único sesgo que podría haber gobernado su selección sea haber huido como de la peste de modas pasajeras. Podría decirse que Gemma Pellicer y Fernando Valls piensan esta colecta desde las que podrían constituir bases de una tradición post-realista. El otro criterio seguido ha evitado el cupo de edad. Tampoco puede decirse que los cuentistas seleccionados (treinta y cinco, nueve de ellas narradoras) formen una generación según este requisito puesto que el mayor de ellos nació en 1960 y el más joven en 1984. Configuran una unidad en otro sentido: todos están empezando a descollar, tienen algún libro publicado y algunos de ellos se han hecho ya un hueco importante en el panorama literario. Pero esto último ocurre todo lo más con una docena. Resulta destacable que la Antología tenga la función de llamar la atención sobre otros autores menos conocidos, que constituirán para buena parte de sus lectores una grata sorpresa. Ese mérito, señalar valores por los que se apuesta, no es detalle menor.



He hablado antes de que el sesgo predominante en los cuentistas es de un post-realismo, al que habría que añadir ahora la matización del adjetivo urbano. Pero resulta curioso que los propios autores seleccionados no lo han hecho explícito a la hora de formular la poética que figura al frente de su cuento, y en la que volvemos a encontrar de todo, desde el ingenioso decálogo a la declaración de la inutilidad de las poéticas. Salvo tres o cuatro excepciones, las Poéticas formuladas por los autores valdrían para todos, y por tanto son un lugar (o un déficit) común. Hay menos enjundia en la formulación teórica de los escritores actuales que en la práctica creativa lo que, bien pensado, resulta una suerte. No quiero ni pensar qué hubiera pasado de ser al contrario. Un reproche sí cabe hacerle a tales poéticas: su post-realismo de facto se postula desde unos modelos importados cuya referencia comienza a ser un cómodo tópico. Se refieren a Carver, Cheever, Alice Monroe y por supuesto a Kafka, Chejov o Poe más que a Rulfo, Cortázar o Macedonio Fernández, pero nada dicen de Álvaro Cunqueiro, Ignacio Aldecoa, Juan Benet, de Medardo Fraile, de José María Merino, de Cristina Fernández Cubas… Parece como si hubiera un cierto síndrome posmoderno de fin de la Historia propia. Como creo que resulta más pose de escritor joven que otra cosa, lo señalo. Por fortuna pasarán los años y vendrán los reconocimientos a padres verdaderos, que los tienen. José María Pozuelo Yvancos.


* Esta reseña apareció publicada ayer sábado en el ABC Cultural.
* En las fotos, de arriba abajo, Cristina Grande, Fernando Clemot, Elvira Navarro, Jon Bilbao, Pilar Adón y Carlos Castán.

26 comentarios:

Juan Pedro Martínez dijo...

¿Y qué os parece la selección de fotos del ABC...?

Fernando Valls dijo...

Para quien no lo haya visto, el ABC incluye en la reseña fotos de Berta Marsé, Cristina Grande y Pilar Adón.
Juan Pedro, no me gustaría desviarme de lo esencial, pero ¿te llamaría la atención si sólo hubieran aparecido fotos, por ejemplo, de Poli Navarro, Muñoz Rengel y Neuman?

Angeles dijo...

Pilar Adón es una gran cuentista.
Si no me equivoco, en Siglo XXI hay unos treinta y cinco escritores, de los cuales diez son mujeres. Y también en el artículo de Babelia de Rodríguez Fisher tan sólo se destacaba la "presencia de escritoras como Berta Vias Mahou, Elvira Navarro, Berta Marsé o Cristina Grande". Tengo que reconocer que a mí esto de la discriminación positiva me agrada casi tan poco como la de toda la vida....

M dijo...

Fernando, yo agradezco mucho la reseña de Pozuelo, pues es un crítico a admirar; aunque con un matiz o enmienda importante. Me ha creado malestar (y no soy el único entre los autores) la, llamémosla así, "actitud" de profesor universitario regañón.

"Salvo tres o cuatro excepciones, las poéticas formuladas por los autores valdrían para todos y, por tanto, son un lugar (o un déficit) común. Hay menos enjundia en la formulación teórica de los escritores actuales que en la práctica creativa, lo que resulta una suerte [...]

PADRES VERDADEROS

Un reproche sí cabe hacerle a tales poéticas: su post-realismo de facto se postula desde unos modelos importados cuya referencia comienza a ser un cómodo tópico. Se refieren a Carver, a Cheever, Alice Munro y, por supuesto, a Kafka, Chéjov o Poe, más que a Rulfo, Cortázar o Macedonio Fernández; pero nada dicen de Cunqueiro, Ignacio Aldecoa, Juan Benet, Medardo Fraile, José María Merino, Cristina Fernández Cubas... Parece como si hubiera un cierto síndrome posmoderno de fin de la Historia propia. Como creo que resulta más pose de escritor joven que otra cosa, lo señalo. Por fortuna, pasarán los años y vendrán reconocimientos a los padres verdaderos, que los tienen".

Desde mi punto de vista. creo que este tipo de comentarios son tremendamente deshonestos e inexcusables viniendo de un crítico prestigioso como Yvancos (no estamos hablando precisamente del primero que pasa por la calle y se lía la manta a la cabeza para hacer críticas). Me parece poco apropiado transparentar sus filias y sus fobias (hecho necesario en cualquier crítica bien hecha) de esta manera, no poniéndose frente a ellas, reformulándolas para colocar el libro en su contexto adecuado y emitir opinion, sino sojuzgar al escritor (-es, en este caso) a la conveniencia de un canon (la generación del 50, por ejemplo) que, no por capital en el relato español contemporáneo, deja de ser particular y matizable por cuanto tienen las poéticas de sentires individuales. La literatura no tiene nada que ver con pagar impuestos y contribuir al estado del bienestar de la "oficialidad", que en todo caso, puesto que muchas veces se ha puesto en cuestión su validez, es absolutamente discutible. Vamos, que a mí me encantan Aldecoa o Medardo Fraile, pero supongo que los autores de la antología estamos en nuestro perfecto derecho de citar a quien nos parezca sin que nos tiren de la barca. Uno no elige sus influencias, ellas te eligen a ti y te contaminan dulcemente. Yvancos, como crítico puntero, debería saber esto y respetarlo.

Juan Pedro Martínez dijo...

Bueno, Fernando, tú mismo has sido más equilibrado y has ilustrado la entrada con tres escritores y tres escritoras...

Y estoy de acuerdo con Matías: yo creo que toda una generación de españoles (carpinteros, administrativos, arquitectos) nacidos en los setenta sentía como un tedio las lecturas obligatorias de literatura española en EGB, y sin embargo conseguían soñar con autores latinos, norteamericanos o europeos... ¿Quién tiene la culpa de eso?

Jose Maria Pozuelo Yvancos dijo...

He leído con mucho interés la entrada de Matías Candeira, bajo la firma M, y deseo decirle públicamente que me parece estupendo que discrepe, y ciertamente tiene razón en lo que dice: los autores no deben cuidar ningún tipo de canon a la hora de establecer sus filiaciones, que o bien son afiliaciones o la literatura misma dejaría de tener sentido. De acuerdo, por tanto en ese reproche. Como las observaciones están hechas con educación, una condición general de este blog (que es el que me permite seguirlo) querría intervenir para hacer una pregunta y aclarar un par de extremos. Respecto a que me hayan parecido mejores los cuentos que las poéticas: no es raro, ése de la poética del cuento es un lugar inhóspito, donde suele resultar difícil ir más allá de lo dicho. Pero no creo que sea censurable que haya celebrado que a mi juicio sean generalmente de mayor enjundia las creaciones que la teoría. Y la otra aclaración: haber echado de menos unas referencias a Benet, Medardo Fraile, Merino , C. F. Cubas, etc, no creo que responda a que el crítico, en este caso yo, de rienda suelta a mis “filias y fobias”, según usted deduce. Tanta o mayor filia que tengo por los autores españoles ausentes en las poéticas tengo por Chejov, Kakfka, Cortázar, Carver o Monroe, que, no le quepa la menor duda, figuran en lugar muy alto de mis preferencias y desde luego en lugar opuesto a mis fobias.
Esto me lleva a una reflexión: Es lógico, resulta estupendo, y lo digo sinceramente, que un creador cite a quien le plazca, y es verdad, no tiene que ser expulsado por ello de barco alguno. Si le ha dado esa impresión profesoral o admonitoria no habré expresado bien en la crítica mi punto de vista. Pero no se si resulta merecedor de los adjetivos “tremendamente deshonesto e inexcusable” que un crítico que ha comenzado diciendo que mira esta Antología como una intervención muy interesante en la Historia literaria, se pregunte por la ausencia de una tradición histórico-literaria concreta, que me sigue mereciendo, como historiador, profesor y crítico, merecedora de reconocimiento. Ya le digo: un autor no tiene por qué pensar cuando escribe o cuando lee una antología en canon alguno, e insisto en que le doy la razón: uno cita a quien quiere o dulcemente le viene a la memoria, pero yo soy un crítico y profesor, ¿no son algo extremos los adjetivos de “deshonesto e inexcusable”, para quien, no siendo autor y hablando desde el lugar de la formación historiográfica que configura toda Antologia , echa de menos esas citas a quienes han estado sosteniendo, muchas veces contra todo viento y marea, el cuento en nuestro país? Le aseguro que esa observación formulada por mi ha querido ser honesta y desde esa actitud merecería ser excusada. Le agradezco por otra parte el respeto y los elogios a mi persona deslizados asimismo en su intervención.

Fernando Valls dijo...

I. Matías, me parece que lo que Pozuelo plantea, sin deshonestidad alguna, ¡ojo!, también yo comparto su misma perplejidad, es cuál debe ser la formación intelectual, literaria, de un narrador español actual. Y le llama la atención que algunos blasonen de lecturas e influencia internacionales, ocultando a veces la tradición propia. Pero no dice en ningún momento que tenga que gustarte este o aquel autor, ni mucho menos que deban ser españoles.
¿Cuál es la tradición propia? Se diga lo que se diga, la de tu lengua y cultura; que pueden ser más de una, aclaro. Esto, por cierto, no es algo nuevo, sino que ya se lo plantearon en su momento, sin ir más lejos, Javier Marías o José María Merino, quienes han tenido una formación, en esencia, muy similar a la que tiene hoy cualquier narrador, por sus viajes, interés por el cine, el arte, los cómics (¿Existe algún narrador español joven que sepa más de cómics que Merino?), o la cultura popular en general.
En suma, un escritor debe partir de su propia realidad y tradición cultural (que puede ser plural, insisto) para asumirla, olvidarla o transgredirla, como le parezca más adecuado para la construcción de su obra, pero nunca debe ignorarla. A eso apunta Pozuelo y a eso mismo apuntaba Merino, y me temo que con el inútil colegio habitual en los muros del Facebook, más llenos de lamentaciones que de debate serio, algunos se han quedado en la espuma de los días...
Cuando un narrador español es traducido, por ejemplo, al alemán, la crítica lo juzga, y sobre todo los lectores, como un escritor en lengua española, representante de una determinada cultura (sin distinguir a veces mucho entre lo mexicano, argentino, español o hispanoamericano, más o menos plural). Y en los peores casos, no infrecuentes, me temo, se les lee como antropología, como algo exótico y peculiar. Por tanto, no les interesan los narradores afrancesados porque para eso ya están los propios franceses (¿es necesario que aporte un nombre aquí?), ni aquellos otros que relatan historias sobre el desierto de Mojave, con o sin zapatos en los árboles, porque sobran narradores estadounidenses que conozcan más profundamente esa realidad. Lo que tampoco quiere decir que un narrador español no pueda ocuparse con fortuna de otras latitudes. Buena prueba es la excelente novela de Eduardo Lago. ¿Quiénes les interesan entonces a los alemanes? Pues sobre todo, y para no salir de los españoles, Marías y Chirbes, y nada más; best-sellers aparte. Esa es la realidad, no muy distinta de la de otros países europeos. Decía Miguel Torga que “lo universal es lo local sin fronteras”. De lo que sería un ejemplo perfecto Juan Rulfo. Y esto que apunta el extraordinario escritor portugués es algo que ningún autor que se precie debería olvidar nunca.

Fernando Valls dijo...

y II. Voy a concluir con dos ejemplos que ilustran en la práctica lo que digo. Javier Calvo, autor que siento tener que reconocer que me interesa poco, después de empacharse con todos los narradores norteamericanos que se fueron poniendo de moda, ha acabado dando con Joan Perucho…, quien vivía en su misma ciudad y había publicado cien libros en catalán y castellano. En fin, habrá que aplaudirlo por descubrir a estas alturas la sopa de ajos… Me alegra, sin embargo, que reconozca que sus primeros libros tenían escaso interés, algo de lo que algunos nos dimos cuenta ya cuando los publicó, mientras que sus amiguetes le reían la gracia.
Otro ejemplo, más interesante, en el mismo sentido. Estos días he acabado un largo artículo sobre La vida ausente, de Ángel Zapata, libro que aprecias mucho y al que le dedicaste un inteligente comentario. Casi el único que ha recibido el libro, junto a los de Vicente Luis Mora y Moyano, de similar interés. Lo curioso del asunto es que todos, autor incluido, llamasteis la atención sobre las relaciones (hablar de influencias ya no es pertinente según un profesor de mi Dpto.) que el libro genera con la tradición surrealista, e incluso citabais a Tomeo; en cambio, nadie vio la presencia fundamental de Lorca, de Jardiel o de Mihura, autores a los que seguro habéis leído, o en todo caso deberías de conocer. ¿Por qué? Eso es exactamente lo que plantea Pozuelo. También las críticas hay que saber leerlas.
Y sólo me queda decirte, Matías, que te asesinaría de buena gana por haberme hecho ¿perder? media mañana con esta respuesta. Y, sin embargo, gracias, sabio y valiente benjamín.

Jose Maria Pozuelo Yvancos dijo...

Enviada mi contestación a Matias he leido las dos entradas anteriores de Fernando que aclaraban mucho el contexto de mi critica, y que le agradezco, son ademas muy enjundiosas para centrar el problema de las "tradiciones" literarias, un lugar central de toda creacion, como antes que Bloom (el de Ansiedad de las influencias) habia señalado Horacio.

M dijo...

Pido disculpas por mi vehemencia, José María, quizás mis calificaciones no fueron las más adecuadas. Reconozco que me dejé llevar (aunque creo que el final de su reseña puede llevar a error). Ahora que el debate se enriquece es bueno ver las cosas desde otro punto de vista, y con su respuesta a mi comentario, que le agradezco (es estupendo que el debate pueda extenderse más allá de los límites del suplemento) creo que todos hemos llegado a un punto de entendimiento. Sobre todo, le agradezco la reseña a la antología, pues nos ayuda a todos. Un escritor tiene que elegir los críticos de los que se fía, y yo siempre leo con mucho interés sus reseñas, se lo aseguro.

A ti también, Fernando, gracias por hacernos ver las cosas con otra luz.

(Puede que parte de este comentario salga repetido, había enviado uno antes pero por alguna razón Internet me expulsa a una página de error)

Fernando Valls dijo...

Fe de errores (tontos): donde dice "colegio" debe decir "colegas".

Jose Maria Pozuelo Yvancos dijo...

Discupaldo, Matias, nunca pense en otra cosa que la buena fe del comentario, por eso lo contesté.
Y, bien mirado, ha dado lugar a un intercambio provechsos e interesantes reflexiones del huésped del blog. Un saludo.

Juan Carlos dijo...

Yo entiendo que ha de ser muy complicado reseñar un libro de las características de Siglo XXI, con 35 autores, y que tal vez la imposibilidad de afrontar de una forma individual a los autores (porque la muestra recoge un único trabajo y porque sólo citar los nombres de los autores se llevaría ocho o diez líneas) lleva las reseñas a otros lugares que pueden ser muy interesantes pero que tengo dudas de que sean principales, como este que hablamos de las relaciones que quizá corresponde más establecer y desvelar a los estudiosos y profesores que a los propios autores. En mi caso, por ejemplo, fue Fernando quien me hizo ver hace tiempo que mi escritura tenía conexiones con Mihura y Poncela, algo de lo que yo no era consciente. Gracias a José María por hacerse eco de la antología y a Fernando por abrirnos la puertas para comentar aquí con mayor profundidad y sangre fría que en facebook. Saludos para todos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Llego tarde a este interesante debate. Yo leí el artículo ayer y, aparte de parecerme ponderado, asentí en silencio cuando Pozuelo Yvancos se refirió a las poéticas (pensé en ellas en general, no en las que aparecen en Siglo XXI), porque su comentario me recordó que yo mismo he experimentado a veces la sensación de estar ante "confesiones" impostadas cuando he leído poéticas en la red. Y es que la creación literaria no conlleva necesariamente la reflexión sincera (o certera) sobre el acto de crear. Enhorabuena y un abrazo, Fernando y Gemma.

Fernando Valls dijo...

Nada de tarde, Antonio, llegas a punto, y esperamos más argumentos.

Anónimo dijo...

Juan Carlos, te agradezco lo que dices sobre la dificultad de comentar un libro con 35 autores, algunos de los cuales incluso habian sido ya reseñados por mi cuando sacaron alguno de sus libros. La opcion seguida fue no citar a ninguno en especial, ya que veia injusto hacerlo de cuatro o cinco tan sólo. He preferido comentar para el lector interesado aquello que me parecia general: el lugar desde el que puede valorarse esta Antologia, su oportunidad y una reflexion general sobre las poéticas. Es francamente dificil acertar en este tipo de reseñas cuando se tiene tan poco espacio, y eso que esta crítica, de 750 palabras, era de las extensas. A veces, por ejemplo a la proxima, le han asignado tan sólo 520 palabras... Es un ejercicio salir medianamente ileso entonces. No unicamente los escritores de cuentos luchais por el espacio y la condensacion...

Sergi Bellver dijo...

Cuando llevaba un par de acalorados párrafos escritos para participar en esta conversación, he pensado que bastante tiempo le hemos robado ya a Fernando y a Pozuelo Yvancos, y que como preparo un (más o menos extenso) artículo sobre Siglo XXI para una revista, será más inteligente decir allí, de manera seria y argumentada, lo que a veces se dice en esos muros de Facebook (que, permíteme, Fernando, no siempre son inútiles, pues puede que se digan las cosas en caliente, sí, pero nacen siempre de un poso en el que han fermentado ideas, escuelas e influencias -a veces no conscientes-). Me refiero, claro está, a esas conversaciones a ratos más gamberras pero también más espontáneas entre escritores que luego producen un rico intercambio. Y nos ponemos de acuerdo en lo que nos hemos de avenir (que es mucho), y seguimos discrepando en lo que hay que amonestar (que es poco, pero importante: en lo fundamental, no estoy de acuerdo con esa idea de culturas locales que trazan líneas paralelas de rara permeabilidad -raras en dirección del español hacia fuera, sobre todo-).

Por mi parte, agradezco todos los debates (aquí y en Facebook y entre cañas con amigos escritores y críticos), porque, entre otras cosas, aprendo y gano aportes para, por ejemplo, repensar mi artículo o investigar un poco más.

Un saludo a todos.

Sergi Bellver dijo...

Un último apunte, por ahora: desde luego, no supe ver en su día la influencia de Miura o Jardiel en uno de (para mí) los mejores libros de relatos de los últimos tiempos, La vida ausente, de Zapata. Para eso está la labor de los no infalibles pero buenos críticos como Valls o Pozuelo, para ponernos en nuestro sitio en algunos detalles a tantos otros escritores y críticos, mucho más falibles. Pero el libro, además de Breton, Beckett, Bernhard, Shepard, Carver y otros, rezuma Lorca, eso sí me llegó (las "Migraciones" y los "Climas" me llevaban una y otra vez a Poeta en nueva York, pero también a Henri Michaux), bebe algunos sorbos de Medardo Fraile, es hijo (el primer cuento que titula el libro) de Umbral, sabe a Calders (intencionado y consciente o no) y a ratos dialoga con Monzó o Tizón.

Tenemos padres españolísimos, pero no tienen por qué formar necesariamente el libro de familia sota, caballo, rey de otros. Y tenemos también (es mi opinión, lo siento) padres y abuelos traducidos pero, a veces, más naturales que putativos.

En fin, como decía aquél, uno cuando escribe sólo debería esperar merecer las influencias.

Abrazo general.

Fernando Valls dijo...

Sergi, todos los escritores, de todas las épocas y lenguas, hacen lecturas en su propia lengua, en las ajenas y en traducciones, y todo ello se asume mejor o peor, y puede desembocar en la obra propia de una u otra manera, consciente o inconscientemente. Pero lo que importa es el resultado que produce todo ello, puesto que hay lecturas bien asumidas e integradas en la propia obra y otras meramente miméticas. El libro de Ángel Zapata, al que nos estamos refiriendo, me parece un buen ejemplo de lecturas bien asumidas de literaturas y tradiciones diversas, para al fin y a la postre dar una obra completamente personal.

Jose Maria Pozuelo Yvancos dijo...

Como puede deducirse facilmente del texto, el comentario "Anonimo" contestacion a Juan Carlos, es mio. Mi impericia en el envio del texto al blog, ha hecho que salga Anónimo. Nunca hago público nada sin firmarlo, pido excusas. J.M.Pozuelo

Sergi Bellver dijo...

"El libro de Ángel Zapata, al que nos estamos refiriendo, me parece un buen ejemplo de lecturas bien asumidas de literaturas y tradiciones diversas, para al fin y a la postre dar una obra completamente personal."

No lo habría dicho mejor, Fernando. Ahí está el quid de la cuestión.

Saludos tardo-dominicales.

Angeles dijo...

Muy grave tiene que haber sido lo que andan diciendo por facebook, para que hayan venido todos a pedir disculpas de una u otra manera.... No quiero ni pensar qué dirán cuando toman esas cervezas!

Fernando Valls dijo...

Nada grave, Ángeles, pero algunos lanzan una coz contra el muro y desaparacen... Otros, en cambio, más honestos, como Matías, Juan Carlos y Sergi, dan la cara y argumentan sus opiniones, como tiene que ser.

Angeles dijo...

Supongo que te refieres, Fernando, a "dar la cara" aquí, porque como sabes en facebook todo el mundo opina con su nombre y apellidos y públicamente. Imagino que no todos los escritores se han visto en la obligación de venir aquí a rendir cuentas por sus opiniones.

Fernando Valls dijo...

No se trata de dar la cara, sino de argumentar los juicios, algo que hay que hacer siempre, en los blog y en Facebook, donde encuentro demasiadas opiniones a bocajarro, como si se tratara de una versión apresurada de los blog. Se ve que el muro asusta y acelera...
Por cierto, ¿qué Ángeles eres?

Angeles dijo...

Soy Ángeles... Pérez Barco ;-)