lunes, 14 de junio de 2010

`Zapatero: a la mesa con los caníbales´, 1, por Rafael Chirbes

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El miércoles 12 de mayo, José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba en el Parlamento español una serie de medidas anticrisis que incluían: congelación de las pensiones de los jubilados, bajada de salarios a los funcionarios, restricciones en los pagos de las ayudas a ancianos y enfermos, y en el uso de los medicamentos; y el fin de su oferta estrella de las elecciones: el cheque-bebé (una medida por la cual quien engendrara un hijo o lo adoptara, fuese cual fuese su salario o posición económica, recibiría automáticamente un aguinaldo de dos mil quinientos euros). Como colofón, auguró también el presidente un notable recorte de las inversiones en obra pública, y –esto ya fuera de discurso- filtró a la prensa la caducidad de los cuatrocientos euros mensuales que el Estado concede a los parados de largo alcance. En cinco minutos, dinamitaba su retórica de presidente de los derechos sociales. Apartaba de un manotazo a los caníbales del liberalismo, y se sentaba él a la mesa para comerse a los débiles con un apetito más que notable.
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Una semana antes, había declarado que jamás tomaría ninguna medida que implicara recortes sociales. “Por razones ideológicas”, dijo. Pero, la ideología es una materia moldeable, y, entre tanto, había viajado a Bruselas y se había encontrado con las larguísimas caras de los jefes de Estado y de Gobierno del Eurogrupo que le habían dicho que se buscara otra nueva retórica (el lenguaje que entiende el mercado) y que, a partir de ese instante, la economía de su país ya no iba a dirigirla él, porque había mostrado una incapacidad manifiesta. El propio Obama le telefoneó unas horas antes de su intervención parlamentaria, al parecer preocupado por la situación española. Desde ambas orillas del océano, se nos enviaba a los españoles el mensaje de que no somos un país soberano, sino intervenido; que somos algo parecido a lo que fue Marruecos para España a principios del pasado siglo: un protectorado (nos lo temíamos desde el mismo día que entramos en el euro; o aún antes, cuando empezó a llegarnos una lluvia de millones para que desmantelásemos nuestra modesta economía productiva). El presidente que, hace tres años, se preció de haber adelantado en PIB a Italia y amenazaba a Sarkozy con que pronto dejaría a sus espaldas a Francia, se tragaba amargamente sus palabras. No le quedaba más remedio que acudir al parlamento español a dar cuenta de la nueva situación en esa lengua comprensible para los mercados: como han dicho algunos periódicos, se hacía su propia enmienda a la totalidad, o lo que, en la mecánica parlamentaria española, se llama su propia moción de censura. Mientras hablaba, tenía la triste cara de los suicidas.
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En pocos minutos se venía abajo todo el armazón ideológico sobre el que se ha sostenido durante seis años esta variante contemporánea de la socialdemocracia, que se ha creído a salvo de los avatares económicos, gracias a una estrategia por la cual los problemas de la vida cotidiana se retiran de la escena pública y son sustituidos –en una cuidada estrategia- por la juguetería de lo que algunos han definido como Cultural War: es decir, por la puesta en primer plano de conflictos más o menos intrascendentes, amortizados, silenciados u olvidados, y cuya dramática escenificación le ha servido para mantener la ficción de una política progresista; de que hay una diferencia esencial entre democristianos y socialdemócratas, obviando que el meollo del progresismo tiene que ver, sobre todo, con la forma en que uno se gana el pan de cada día (y si puede ganárselo o no), y con la estrategia con que se reparte la gran tarta nacional entre los ciudadanos. El prestidigitador Zapatero ha conseguido ocultar durante años esa primacía de lo económico, gracias a que, en España, la lista de conflictos que pueden extraerse de la guardarropía y sacarse a escena es numerosa: clericales contra laicos; abortistas contra antiabortistas; españolistas contra nacionalistas; defensores de la negociación con ETA y partidarios de la mano dura; ecologistas contra negacionistas; partidarios de los trasvases de agua contra partidarios del caudal natural de los ríos; machistas contra feministas y homófobos; e incluso, y sobre todo -sí, setenta años después-, herederos de las víctimas de la guerra civil contra herederos del franquismo. Si a ello añadimos el manejo político de los tiempos judiciales en los escándalos de corrupción que afectan al partido de la oposición, el despacho en el Palacio de la Moncloa parecía asegurado durante unos cuantos años. Como le dijo Zapatero en vísperas electorales a un locutor amigo, y recogió un micrófono indiscreto: “A nosotros nos conviene tensionar”. Según los cálculos del líder socialdemócrata, en medio de este agitado guirigay nacional, podía seguir caminando sobre las turbias aguas de la economía sin mojarse ni las zapatillas: sólo faltaba que Europa se recuperase en un par de años, es decir, en vísperas de las próximas elecciones españolas: el tapón español flotaría de nuevo sobre el mar de riqueza continental y él podría seguir presentándose como adalid del progresismo (Continuará).
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* Rafael Chirbes es novelista. Con su última novela, Crematorio (Anagrama), obtuvo el Premio de la Crítica. Este artículo, inédito en español, fue publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ).
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* El cuadro es de Lucien Freud.
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15 comentarios:

BACO dijo...

Grande Chirbes, como siempre, sin morderse la lengua.

Bel M. dijo...

Exacto. Más claridad y precisión imposible. ¿Y qué vamos a hacer todos los que así lo vemos?

Teresa dijo...

Enhorabuena a Chirbes por el artículo, que suscribo por completo. Consuela el saber que todavía existe un izquierda lúcida. Quedo en espera de la segunda parte y confirmo que el extracto que 'La Vanguardia' publicó en su día tergiversaba el sentido del discurso. ¿Tan difícil es hacer un esfuerzo de lectura rigurosa? En uno de los comentarios que suscitó ese extracto alguien alineó a Chirbes con Camps y Rita Barberá...
Si Chirbes está por ahí, quiero felicitarlo también por los ensayos 'Por cuenta propia. Leer y escribir'.
Gracias, Fernando, por publicar la traducción del texto del 'Frankfurter Allgemeine' que tan bien ilustras con Lucien Freud.

Betlem Aguiló dijo...

Fernando, cuelga ya el resto del artículo, plis!

Fernando Valls dijo...

Mañana colgaré la segunda parte, impaciente Belén. Por ahora, confórmate con un beso.

AMALTEA dijo...

Muy certero en la descripción y valiente, pocos se arriesgan a expresar el desvarío social en el estamos metidos.Gracias por traducir el artículo.Espero impaciente la continuación.

Anónimo dijo...

Pues no estoy de acuerdo con Chirbes! ¿Qué sería de nosotros si en lugar de Zapatero fuera nuestro presidente el Rajoy? ¿Nadie ha pensado esto? Al menos Zapatero se tendrá que comer algunas de sus porpias palabras, tampoco todas. Pero si fuera Rajoy el que nos las comeríamos seríamos los propios ciudadanos... Supongamos que no está Zapatero... ¿quién sería el presidente que soltara cualquier discurso y tomara cualquier medida? Compárense aunque sea supuestamente. Vale la pena reflexionar sobre esto.

Fernando Valls dijo...

Os ruego que firméis los comentarios. No me gusta publicar anónimos.

carmen peire dijo...

De acuerdo con el artículo de Chirbes. Y no vale esgrimir la amenaza de que gana Rajoy para evitar la crítica. Así nos va. De paso, saludar a Fernando Valls a quien conocí en una caseta en la pasada feria del libro de Madrid, como dos koalas dentro de un armario. Carmen Peire

Fernando Valls dijo...

Bienvenida Carmen a esta locura. Para mí fue un placer compartir contigo caseta, lluvia, sol, firmas, vino y música.

mariajesusparadela dijo...

Creo que una de las diferencias esenciales entre la derecha y la izquierda es que LOS VOTANTES de izquierda son críticos y castigan con el voto. Y los de derechas, con tal de ganar, votan a su partido aunque sepan que son corruptos. Creo que eso pasó en Galicia...

carmen peire dijo...

Alienta ver que por algún lado queda la figura del escritor intelectual, capaz de fundir su obra con lo que opina y siente, de animarnos a ir "más allá". No es malo ser crítico, creo que en la confusión global del mundo, del pensamiento único, este tipo de artículos se me hacen una ola de mar, ruidosa y refrescante,aunque nos haga tragar agua y ésta sea salada. Me viene a la cabeza un escritor de otra época con una visión´muy lúcida, también, de la realidad que le tocó vivir: Max Aub a quien yo sé que Chirbes admira. Carmen Peire

Anónimo dijo...

Muchas gracias, Fernando, por dejar que lo leamos completo, sin los cortes perversos de algunos periódicos. Dices que estaba inédito: ¿es tuya la traducción?
Pablo

Fernando Valls dijo...

Pablo, lo traducido es lo que publicó el diario alemán. El artículo está escrito en castellano, claro.

Jesus Carlos Rodríguez dijo...

Agradezco a Rafael Chirbes sus palabras y su lucidez.
Jesús Carlos Rodríguez