viernes, 25 de junio de 2010

Otros exilios

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"Yo no fui un exiliado económico: me fui porque me aburría", escribe el pintor y escritor Eduardo Arroyo en sus peculiares memorias, tituladas Minuta de un testamento, como el libro de Gumersindo de Azcárate. No me gustaría resultar demasido frívolo en esta ocasión, pero alguien (¿por qué no el mismo Jordi Gracia?) debería estudiar esos otros exilios que generó el franquismo. No me refiero ahora al económico, ni al político, sino a aquellos otros, no fueron pocos, que abandonaron el país huyendo del aburrimiento y la grisura de la vida cotidiana, a los que desertaron porque no podían llevar la vida que soñaban, o porque no soportaban una existencia en la que apenas si quedaban resquicicios de libertad. Pienso también, por ejemplo, en gente como el poeta y traductor Ángel Crespo. Para facilitarle el trabajo al futuro autor de ese estudio, sea Jordi o bien cualquier otro, habría que empezar haciendo una lista de exiliados por aburrimiento del franquismo, de todos aquellos que estaban tan hartos de aquella vida tan gris que optaron por el exilio. Echadme una mano. No todo tiene que ser fútbol, siempre perdiz cansa...
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* El cuadro, claro, es también de Eduardo Arroyo.
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4 comentarios:

Ernesto Calabuig dijo...

Me parece un tema muy interesante y un bonito libro por hacer. Creo que, en cualquier caso, habría que diferenciar (porque es de justicia) entre aquellos que no tuvieron más remedio que marcharse (exilio forzoso, literalmente su vida y la de los suyos peligraba por razones políticas)y aquellos otros que voluntariamente abandonaron España porque no podían vivir como querían. Un "exilio" largo (del segundo tipo) fue, por ejemplo, el que se autoimpuso Álvaro Pombo en Londres, de 1966 a 1977. De hecho, sus "Relatos sobre la falta de sustancia", publicados en la Gaya Ciencia de Rosa Regás, los compuso todavía en Inglaterra y, si no me equivoco (el propio Pombo lo ha contado en entrevistas) ella misma tuvo la amabilidad de acercarle hasta Londres el primer ejemplar que tuvo en las manos.

Sociedad de Diletantes, S.L. y Casilda García Archilla dijo...

Hubo otra gente que se quedó aquí, en la grisura y el aburrimiento, y trató de sacar adelante honradamente su conocimiento, su ciencia, su hacer. No brillaron, no son famosos. Pero ellos también hicieron, y a veces mucho.

Pepo Paz Saz dijo...

Claro, estaría bien hablar de los exilios interiores y anónimos. Mantener viva la memoria de los sin recursos: escapar del aburrimiento se me antoja casi un privilegio al alcance de un puñado tan sólo.

carmen peire dijo...

No, Pepo.
Escapar del aburrimiento está al alcance de todo el mundo y fue una necesidad de todos los que tuvieron que quedarse, lo mismo que los que se fueron. Me viene a la cabeza un cabrero de una sierra extremeña, que vivía en el monte, aislado del pueblo porque estaba señalado como rojo. Su contacto era su mujer, sus hijos y algunos amigos que íbamos a comprarle quesos. ¡Qué tardes más deliciosas y divertidas pasé a su lado! ¡Qué alarde de imaginación y humor para escapar de la grisura! Y sin estudios, pero una sabiduría...Por eso, cuando Saramago habló de su abuelo analfabeto y sabio, me impactó. Era el cabrero de la sierra de Berzocana.
Carmen Peire