sábado, 25 de agosto de 2012

En Cala Fustam, con Laura Garrido

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Cala Fustam. Por una ola
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Convertirse por un día en capitán de pequeña embarcación es una experiencia sensitiva para quien sólo haya utilizado un ancla como colgador de ropa en tierras de secano. Si hubiera sabido que no es necesario acreditar experiencia o poseer carnet de patrón para dirigir una barca de goma motorizada, hubiera recorrido las costas de las islas baleares por mar, en vez de soportar interminables caminatas  en busca de paraísos vírgenes a los que no lleguen los coches.  En el mes de agosto, como dicen por aquí, el “camí de cavalls” es sólo para los caballos.
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Fue así, de la forma más casual, cuando, con la llegada de una ola de calor y con la amenaza de transformarme en un charco (tuve pesadillas en las que dejaba de escribir por semejante circunstancia), decidí embarcar a mi familia en semejante aventura.  Navegamos desde playa de Son Bou, en la costa sur de Menorca, hasta Cala Turqueta. Como buenos principiantes esquivábamos las embarcaciones de mayor eslora mucho antes de que nuestra vista percibiera las siluetas de sus marineros: niñas con pareo tomando el sol en cubierta o señoras de buen tipo luciendo sus torsos al descubierto. Los veinte kilómetros por hora que alcanzaba nuestro motor a toda máquina, era más que suficiente para adelantar, por la derecha (como buenos conocedores del código vial), a piragüistas y barcas de remos.
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Fue así cómo descubrimos un paraíso virgen apto para intrépidos Robinsones: cala Fustam (cuatro kilómetros a pie desde el párking de Binigaus o, si lo prefieres, cuatro mil metros desde cala Galdana).
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En Cala Fustam, descubrimos un maravilloso entorno de aguas de color turquesa enmarcado por el verde de los pinos y la vegetación autóctona, que limitaba con una alfombra de arena blanca en la que únicamente relucían cuatro piraguas naranjas bajo un sol de justicia. Uno se pregunta, ensimismado por la belleza de postal de la que se siente protagonista,  el porqué de los tonos turquesas, el porqué de la mayor salinidad del agua, o el porqué de un sitio tan perfecto al alcance de cualquier humano con ganas de andar o navegar.
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Pasar unas horas en este lugar es como viajar a esas fotografías caribeñas, de las Fiji, o de las Bahamas. Puedes cerrar los ojos y pensar que habitas en otro país, que estás solo en el mundo o que nada de lo que has dejado atrás tiene ya mucho sentido. Y solos, muy solos en el mundo nos sentimos cuando una embarcación recogió a los cuatro piragüistas por culpa de un mar que se había encrespado. ¡Olas de un metro!, dijo el chaval del alquiler que enganchó las piraguas  a su barca motora y acomodó a los asustados remeros. Llamad para que vengan a buscaros, nos sugirió. Aquel chaval olvidó decirnos que en los paraísos vírgenes no hay cobertura, que la tecnología es ajena a los entrantes de mar, a sus calas y sus recovecos marinos. Regresamos bordeando la costa a diez por hora: Excorsada, hileras de pinos al servicio de la fina arena;  Binigaus, playas infinitas, vírgenes y tranquilas; Adeodat, separada de la siguiente por una punta rocosa llamada Punta Negra; Santo Tomás, hermano gemelo de Son Bou;  Atalis,  tierra de acantilados enanos, y Son Bou, tierra de turistas bronceados.
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Solo nos cruzamos con una piragua que luchaba contra el viento y que nos deseó mucha suerte. Como somos del mar cantábrico, adivinamos que las medidas de longitud marítima han de ser distintas en cada mar, pues aquello que el joven denominó “olas de un metro” más bien parecía un día con bandera verde en cualquier playa del norte. Lo que es innegable es que con ola de calor o con ola de un metro : las costas de Menorca nunca perderán su encanto. 
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* Laura Garrido (Vitoria, 1969) es licenciada en Ingeniería Informática. Tanto con su poesía como con su narrativa breve ha obtenido premios y ha sido includa en antología. En sus dos blogs (http://demispalabrasylasvuestras.blogspot.de/ y http://demisbocetosylosvuestros.blogspot.de/) puede verse tanto su obra narrativa como los bocetos que pinta.
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* Os recuerdo que podéis mandarme vuestras crónicas de viajes. Publicaré encantado aquellas que me gusten...

17 comentarios:

Lola Sanabria dijo...

¡Ay, la nostalgia! Con tu recorrido, tan bien trazado, me has hecho volver a Menorca. Calas rabiosas de luz y colorido.
Me encantó tu crónica, Laura.

Abrazos, cuerpo a cuerpo, que ha refrescado.

Laura dijo...

Pues sí, Lola, es regresar y ...llover, cielo gris y plomizo, calles vacías, comercios cerrados, ambiente que preanuncia un Setiembre complicado.

Hoy más que nunca, echo de menos esa cala.

Vale, hoy sí : un abrazo menos virtual que casi hace frío.

Ximens dijo...

Laura, que bien lo has contado. Siempre deseé hacer ese tipo de viaje: ver la costa desde el mar, pero chica, soy de secano. Enhorabuena por navegar doblemente: mar y La Nave.

Elysa dijo...

Preciosa tu crónica, Laura. Hace años que visitaba esos parajes con regularidad, me has devuelto gratos recuerdos.

Besitos

Pedro Sánchez Negreira dijo...

¡Gracias por traernos la crónica de Laura, Fernando!

A mis casi cuarto de siglo en España, aún no he pisado las Baleares, ninguna de ellas y tu crónica, Laura -como buena pieza literaria- me ha llevado hasta allí.

Me has hecho reir mucho con los criterios de marejadas de los distintos mares; porque es muy cierto.

Un abrazo,

Laura dijo...

Gracias Ximens, gracias por decir que lo he contado bien. Así fue. No he inventado nada. Aunque seas de secano...como ya te dije en mi blog... ¡no importa! ¡hay que ser capitán o marinero por un día!.

Un abrazo para tí.

Laura dijo...

¡Qué suerte Elysa! ¡qué suerte poder visitarlos con regularidad!... me encantaría que Menorca estuviera más cerquita. Si viviera en Barcelona, estaría ahorrando todo el día para escaparme allí.

Un beso desde esta nave.

Laura dijo...

Querido Pedro, ya va siendo hora de que cambies de aguas... No lo pienses. Agarra todo lo que necesites y quieras y ...cuando las posibilidades o las circunstancias lo permitan : ve allí. Te acordarás de mi pequeña crónica, estoy segura.

Un abrazo Pedro.

Cabopá dijo...

Una crónica perfecta amiga Laura, pareces una periodista de esas que narran y cuentan sus viajes para que los demás disfrutemos o envidiemos el periplo realizado...

Enhorabuena por tu aventura veraniega con olas de calor y olas de un metro y por estar en esta nave que cuenta con gente tan buena como tú.

Besicos salados desde el Mar Menor, ahora otra vez.

Laura dijo...

Gracias Cabopá. No sé si parezco una periodista de esas que tú dices, pero me encantaría serlo. ¡Qué envidia de trabajo! : vivir, y escribir, viajar y escribir, morir ... y ser leído ...

Besos desde esta nave.

Puri dijo...

Me has llevado de nuevo a esa Menorca de calas vírgenes... Aguas de un azul imposible. Cómo tú dices los caminos de cavall no son para el verano. Vuestra aventura marinera está maravillosamente contada.
Besos

David Moreno (No Comments) dijo...

Todo es relativo, las olas y su tamaño. No la belleza de la crónica.
"Utilizado un ancla como colgador de ropa en tierras de secano" me gustó mucho esta frase.

Un saludo indio
Mitakuye oyasin

Esilleviana dijo...

Un estupenda historia que se agradece, sobre todo para los que como yo, no han visitado aún Mallorca ni Menorca.

Un abrazo :)

Arturo dijo...

Laura:
Un relato que describe a la perfección tu travesía.
En lo que a mí respecta, jamás andaría por el mar. Aunque, los paisajes que has descripto son tentadores.
Un gran abrazo.

Nicolás Jarque dijo...

Laura, has conseguido escribir toda una crónica de aventuras, que te tiene pegado a la silla hasta que acaba.

Aunque me logró robar una sonrisa esa diferencia de oleje entre mares, y es que ya se sabe que los del norte sois de otra pasta.

¡Enhorabuena por la publicación y por el viaje!

Besos.

Arte Pun dijo...

Hola Laura, gracias por pasearnos por esas calas de Menorca. Aún recuerdo mi impresión la primera noche en una cala allí, Ses Coves, todo un descubrimiento.

Un abrazo con sabor a sal

Beatriz AA dijo...

Genial crónica, desde el principio hasta el final. No te conocía pero ahora sí. Y me alegro. Un abrazo