lunes, 12 de diciembre de 2011

IBAN ZALDUA, 1

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Traducción
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Soy un escritor obsesivo, lo sé. De los que corrigen sin cesar sus textos, página a página, línea a línea casi; la escritura es uno de esos trabajos que nunca se acaban, y si por fin doy mis libros por concluidos es debido a la insistencia de los editores.
Mi última novela me dejó completamente vacío, tanto que apenas podía imaginarme escribiendo otra; sin embargo, no creía que estuviese acabada del todo. Por eso, cuando surgió la oportunidad de publicarla en castellano, no la dejé escapar y fui yo mismo quien la traduje del euskera. Empleé casi más tiempo en ello que en escribir el original, e introduje muchos cambios en el libro: a fin de cuentas, ya se sabe que los escritores no hacemos traducciones de nuestras obras, sino versiones.
Aunque mis esfuerzos no me satisficieron por completo, cuando surgió la oportunidad de traducirla al francés, no tuve ninguna duda: dispuse que se hiciese del castellano. Pero según iba leyendo la versión francesa me di cuenta de que era bastante mejor que la española; de manera que cuando una editorial inglesa mostró interés por mi obra, les rogué que tomasen como base la traducción al francés.
La traductora inglesa, a su vez, realizó un trabajo excelente, y la lectura del resultado me mostró que sí había solución para los escollos de ciertos pasajes que tanto yo como el traductor al francés habíamos dejado, por así decirlo, sin resolver.
Propuse, por tanto, que la traducción húngara se hiciese desde el ingés. Obviamente, desconozco el húngaro, pero con la ayuda de un diccionario y de una pequeña gramática pude repasar el texto, por encima, y me dejó una inmejorable impresión: estimé que la versión al húngaro era, entre todas, la mejor, y decidí que sería la base para traducir la novela al esloveno.
Pasó lo mismo en los años sucesivos y, respectivamente, con las traducciones al checo, al italiano, al árabe, al neerlandés, al zulú, al ruso y al japonés: cada una me parecía mejor que la anterior. Para repasar la última me dirigí a un amigo mío, que es experto en lenguas del Lejano Oriente, y lo que me contó fue lo que hizo que se me ocurriera la idea; al final, dominado por mi obsesión hacia las traducciones, llevaba años sin escribir nada nuevo. Le pedí a mi amigo que hiciese la traducción al euskera de la novela.
Cuando se la enseñé a mi editor, me dijo que era lo mejor que había escrito hasta la fecha; se presentará en la próxima Feria del Libro Vasco de Durango. No obstante, ya he comenzado a hacer la traducción al castellano, y creo que introduciré algunos cambios…
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* Esta narración se publicó tanto en euskera como en castellano (aunque en otra versión), en la revista de la asociación de escritores vascos Senez (núm. 33, 2007). La versión que publicamos es del autor y del poeta Ángel Erro. 
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Iban Zaldua (San Sebastián, 1966) es escritor y profesor de historia en la Universidad del País Vasco, y vive en Vitoria. Entre sus obras destacan los libros de relatos Gezurrak, gezurrak, gezurrak (Erein, 2000; traducido al español como Mentiras, mentiras, mentiras, Lengua de Trapo, 2006), Traizioak (Erein, 2001), La isla de los antropólogos y otros relatos (Lengua de Trapo, 2002), Itzalak (Erein, 2004), Etorkizuna (Alberdania, 2005; galardonado con el Premio Euskadi de Literatura 2006 y traducido al castellano como Porvenir, Lengua de Trapo, 2007, y al italiano como Avvenire, Gran Via, 2009), la antología Ipuinak –Antologia bat– (Erein, 2010) y Biodiskografiak (Erein, 2011). También ha publicado las novelas Si Sabino viviría (Lengua de Trapo, 2005) y Euskaldun guztion aberria (Alberdania, 2008, traducida al castellano bajo el título La patria de todos los vascos, Lengua de Trapo, 2009), así como los ensayos sobre literatura Obabatiko tranbia (2002) y Animalia disekatuak (2005). Suyo es también el guión del cómic de ciencia ficción Azken garaipena (Xabiroi-Ikastolen Elkartea, 2011), dibujado por Julen Ribas.


* La foto es de Zaldi Ero. 
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7 comentarios:

FERNANDO DI FILIPPO - HABÍA UNA VEZ dijo...

EXCELENTE BLOG.
Voy a sentarme tranquilo este fin de semana ( próximo ) y leer con tranquilidad.

Iban, me parece, estoy seguro que nos vamos a llevar muy bien.
Un fuerte abrazo.

AGUS dijo...

Resulta hasta inquietante la ironía extrema que destila el texto, y la idea que uno siempre es recurrente en arquetipos, temáticas y obsesiones. Quizá en ese afán de perfección, en ese empecinamiento radical, existe sólo el deseo de escribir siempre sobre lo mismo, una y otra vez, aunque uno intente disimularlo inconscientemente o de forma velada desde perspectivas e historias diversas.

Un placer leer a Iban. Gracias Fernando.

Escribidor dijo...

Encantada con la hermosísima idea, que zas, se me podía haber ocurrido puesto que este ejercicio de traducción a diferentes lenguas de lo mismo para volver a la primera es uno de los ejercicios malvados que hago a hacer a los alumnos adictos a la traducción con traductor de internet. A veces se desternillan de risa con el resultado.
Iván, con toda mi envidia, mi enhorabuena por este texto.

Lola Sanabria dijo...

Este relato es como un sonido que comienza flojito y va engordando hasta hacerse casi grito y luego bajar y enroscarse, otra vez, en ese siseo del principio. Me gustó mucho.

Par de abrazos.

Rosana Alonso dijo...

Aunque no conozco a traductores, estoy segura de que no habrán podido evitar una sonrisa al leer esta pieza.

Me gusta la ironía y el humor que desprende. Que la traducción de nuevo al castellano cree el efecto de una nueva novela y que además el editor la considere su mejor obra me ha parecido un buen final para esa especie de gira a través de las diferentes versiones.

Jesus Esnaola dijo...

Soberbio microrrelato, Iban, me encanta. Fíjate que hace unos días hice la broma de traducir uno de mis micros al chino, traductor de google mediante. Y pensé en qué ocurriría si lo hubiera traducido desde el chino al árabe y, después al ruso y así unas cuantas veces hasta traducirlo finalmente al castellano de nuevo, a ver qué salía.

Un abrazo a los dos.

Ana Guelbenzu dijo...

Excelente homenaje a los traductores, ¡gracias!