lunes, 3 de octubre de 2011

NEUS AGUADO

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MEDIOCRIDAD
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En el fondo eres una buena persona, le había dicho como quien dice un elogio. Ni siquiera daba para completamente malo, qué sublime mediocridad, qué descripción tan plana. Se sintió tan ofendido como cuando a Gerardo Diego, en sus últimos meses, la chica de la limpieza lo definió de la siguiente manera: “es una buena persona” y esa definición salió en la prensa, “buena persona” rezongaba don Gerardo lleno de santa cólera en la Málaga que lo vio morir: ” buena persona”.
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No hay nada peor que no llegar a ser, sea lo que sea, no hay nada más humillante. No era consuelo que se lo dijera alguien que se declaraba “autoanalfabeta” -cuando ella alegó que él pensaba que ella era una autoanalfabeta le pareció un término deslumbrante, muy clarificador- y que además nunca había leído a don Gerardo ni a don Pedro ni a don Federico ni a don Luis ni a don Rafael ni a él, a él menos, porque aún no estaba muerto, y ya se sabe que a los poetas vivos sólo los leen sus amigos y a veces algún que otro enemigo. Autoanalfabeta no dejaba lugar a dudas, esa palabra le hubiese gustado inventársela a él ahora que todo se definía con el dichoso “auto”, en el siglo XXI todo era auto, incluso “autosuicidio” había llegado a leer o le parecía haberlo leído en algún diario.
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Su expresión era rotunda, incontestable, casi se ofendió más porque encima ella le había contagiado una periodontitis, y contra esa palabra no había otro paliativo que ir corriendo al dentista.
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EL SENTIDO DE LA VIDA
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Siempre afirmo y no soy la única, decía la Sra. Estocolmo, que la vida tiene el sentido que uno le quiera dar, o sea, no tiene ninguno. Después de esta declaración la gente se removía en sus asientos y se escuchaba alguna que otra tosecilla nerviosa. Claro, claro, decía alguien en lontananza. El malestar que provocaba duraba bastante más que la frase y a menudo había alguien que atajaba y casi no dejaba concluir la perfecta dicción de la Sra. Estocolmo con un: Bueno, bueno, o cualquier coletilla conciliadora. En una de esas sesiones de terapia de grupo se alzó la Sra. Dinamarca y dijo: La vida no tiene ningún sentido ni siquiera el que uno le pueda otorgar, porque incluso cuando se le otorga un sentido éste no deja de ser falso, no deja de ser un sucedáneo del posible sentido verdadero que desconocemos absolutamente. La gente ya empezó a bramar: eso es un sofisma, y cosas por el estilo.
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La Sra. Estocolmo retomó el mando y dijo: estamos aquí para darnos fuerzas no para quitárnoslas, recuerden el sentido último, ese sí, de nuestra terapia. Se hizo un silencio sepulcral en la sala, aunque casi todos habían pedido ser incinerados al acabar la terapia.
Yo viví atormentada la pubertad, dijo la Sra. Noruega, porque mi hermano pequeño era un psicópata de tomo y lomo y siempre pensaba que nos iba a asesinar a mi madre y a mi durante la noche y porque muchas mañanas mi madre me confesaba que había estado a punto de dejar el gas encendido para que todos muriéramos sin darnos cuenta. Y yo le contestaba: Oh no, yo quiero vivir, quiero vivir, tal era mi ingenuidad de entonces pobre pajarillo aún en el nido de la locura cotidiana de un hogar aparentemente normal.
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El Sr. Finlandia se levantó indignado y dijo: si vamos a entrar en cuestiones personales…
Entremos, entremos, agregó la Sra. Estocolmo, ¿por qué no? Hable, por favor, Sr. Finlandia. Pues yo el día nacional patrio estuve a punto de tirarme por el balcón después de haber ingerido barbitúricos y otras drogas legales. La Sra. Estocolmo dijo con suavidad: estamos aquí para darnos ánimos, Sr. Finlandia. Alguien más quiere explicar su experiencia fallida. No, se oyó la vocecilla de una anciana, sólo quiero saber a qué hora va a ser porque ya me he olvidado. Otra vez el silencio era de hielo y se necesitaba un abremares para cortarlo. Esta vez la Sra. Estocolmo se limitó a sonreír con la más convincente de sus sonrisas y dijo: Vamos a cenar, querida Sra. Suecia, y después todo se cumplirá según han dejado escrito en sus cláusulas. Y tomaron una exquisita y última cena y cuentan que a nadie le tembló el pulso, quizá porque el vino era muy bueno y el champagne excelente. 
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Neus Aguado (Córdoba, Argentina, 1955) es licenciada en Arte Dramático y en Ciencias de la Información. Publica poesía, narrativa, ensayo y traducción, y de vez en cuando realiza alguna incursión en el mundo del teatro. Reside en Barcelona. Estos microrrelatos son inéditos.

* El cuadro es de Broto.

10 comentarios:

Nicolás Jarque dijo...

Fernando, gracias por presentarnos a Neus y sus microrrelatos. Están llenos de reflexiones de la vida y ayudan a entenderla.
Me gustaron, un saludo.

AGUS dijo...

No conocía a Neus, y me quedo con ganas de más. Me encanta la ironía y el deje de tristeza que rezuman ambas piezas. Creo que en las dos gravita un hondo sentimiento de soledad, y su deriva en la negación del ser.

Un placer. Gracias Fernando por traerla.

Abrazos.

Antonio Tello dijo...

¡Qué placer leer a Neus! ¡Qué placer leer un ¿texto? -micro, cuento, relato, lo que sea- inteligente que trasciende la mera anécdota y pulveriza el argumento para dejarnos con el pálpito de la vida.

Pedro Herrero dijo...

El tiempo parece no transcurrir en ninguno de estos textos, cuyos personajes mantienen la trama a base de opiniones personales, sin movimiento alguno. Ni falta que hace el movimiento, cuando la voz narrativa empuja por si sola la serie de argumentaciones que se encadenan sin fisuras con una buena dosis de ironía. Es una prosa que invita a dejarse llevar sin estridencias, y una interpretación muy interesante del poder evocador que permite ser almacenado en un breve relato.

Lo último que tengo de Neus es una cerveza compartida en una terraza de la Rambla de Catalunya. Lo primero, uno de sus libros con dedicatoria personal. Celebro verla de nuevo en plena forma.

Susana Camps dijo...

No había leído textos breves de Neus, y estos dos me parecen fenomenales, llenos de la misma fina ironía y la sonrisa permanente que ella luce en persona. En este sentido, me parecen "muy auténticos", leales a un modo de ser reflexivo y alegre, con una simpatía que conquista.
Abrazos.

Francesc Cornadó dijo...

Felicitación a Neus Aguado. Como poeta es extraordinaria, su libro Aldebarán (2000) da fe de ello.
Gracias Fernando por traernos este micro.
Salud
Francesc Cornadó

Ximens dijo...

Gracias por traer buena gente. El boca a boca es lo mejor. Los relatos me han encantado.

Jesus Esnaola dijo...

Estupendos los dos relatos de Neus. Y digo relatos porque como le pasa a Antonio Tello, no estoy seguro de que sean micros en el sentido de que hay una demora intencionada en ellos, una demora que, sin embargo, los potencia y hace crecer de una forma muy singular.
Conocí a Neus hace unas semanas en la presentación de un libro y es tan encantadora como buenos sus cuentos.
Un placer encontrarla por aquí.

Un beso, Neus; gracias, Fernando.

hugo dijo...

Hola Fernando:
¡al fin se hizo el milagro y Neus ha llegado a la cubierta de LaNave para alegría de los galeotes todos!

interesantes los dos relatos que comparten una retórica similar y una misma distancia irónica.

en el primero,"él" sólo "llega" a ser una buena persona, el elogio convertido casi en humillación: ser "una" buena persona es ser "a medias"; mientras que "ella" se define a sí misma partir de una palabra nada elogiosa, pero de una rotundidad incontestable. ¿quizá antes autoanalfabeta que sólo buena persona?

me gusta el final con la periodontitis como precipitadora de la única acción del relato en el cual la boca ha sido su único espacio y el juego retórico su único tiempo.

en el segundo, parece que se nos invitara a asistir al envés del relato anterior, un grupo de ancianos dispuestos para "su última cena" discuten sobre el sentido de la vida.
me gusta esa estructura de alegoría imperfecta -unos ancianos nórdicos quitándose la palabra entre ellos- y la pauta dialógica de una terapia de grupo que parece conducir la Sra.Estocolmo

dos cosas para finalizar y que tienen que ver con el silencio, una, lo de "silencio sepulcral (...) aunque todos habían pedido ser incinerados", es un excelente ejercicio de retórica de la ironía
y dos, "el silencio era de hielo y se necesitaba un abremares para cortarlo" (¡¡¡grande, Neus!!!).

Neus, una alegría enorme encontrarte por aquí.

Fernando, gracias por invitar a Neus a LaNave.

salut,
hugo

Rosana Alonso dijo...

No la conocía y me ha gustado mucho. Me parece que hila muy muy fino Neus, con hilo de seda teje una trama delicada que muestrra más que dice. Mucha ironía y profundidad en los textos.

Placer de leerlos.


Saludos cordiales