miércoles, 13 de febrero de 2008

Adiós a Berlín, 2 (en 19 fotos)

La Puerta de Brandeburgo y una escultura, un caballo, de Fernando Botero. A la dcha., la casa del pintor Max Liebermann


La Pariser Platz, con el Hotel Adlon, al fondo



El Berliner Ensemble, el teatro de Bertolt Brecht, con el anuncio del montaje de La ópera de perra gorda, dirigido por Robert Wilson

La Universidad Humboldt, la fundó Wilhem von Humboldt, en la Unter den Linden


La Gendarmenmarkt, con la catedral francesa, en primer término. Al fondo, la catedral alemana


Servicios públicos en la Gendarmenmarkt


El mercado de Navidad en Gendarmenmarkt. A la izqda., el Konzerthaus, y al fondo, la catedral francesa


La Universidad Humboldt, en la Bebel Platz, donde los nazis llevaron a cabo la quema de libros



La Staatsoper, dirigida en la actualidad por Daniel Barenboim


El monumento al poeta Heine y el Teatro Gorki, junto a la Unter den Linden


Los centauros de la baranda del Puente del Palacio


El Puente del Palacio, sobre el Spree, con las estatuas de Schinkel. Al fondo, el Dom, la catedral


El Altes Museum, donde se cobija Nefertiti


La Alte Nationalgalerie


El Bode Museum, dedicado a la escultura clásica, con su habitual mercadillo



El Forum Marx y Engels, con el Ayuntamiento Rojo, al fondo

San Jorge y el dragón, y al fondo, la Nikolaikirche, en la zona donde surgió la ciudad


El Ephraim-Palais, en la Spreeufer


Al fondo, la cúpula de la nueva Sinagoga


* Fotos de Gemma Pellicer

martes, 12 de febrero de 2008

Adiós a Berlín (Diario visual), 1 (en 18 fotos)

Kalckreuzstr., esquina Fugger, en el barrio de Schöneberg

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La estación de metro de Nollendorfplatz

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.El teatro de Nollendorfplatz, que dirigió Erwin Piscator, luego llamado Metropol

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Winterfeldt Platz, cuyo mercado durante la mañana de los sábados tiene fama de ser el mejor surtido de Berlín

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16 de julio del 2006, durante la celebración del Christopher Day, entre Fugger y Kalckreustr.
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. El desfile a su paso por Kleiststr.

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La representación española durante el desfile
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En esta casa, de la Winterfeldtstr. vivió el escritor Christopher Isherwood, autor de la novela Adiós a Berlín, que inspiró la película Cabaret

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Viktoria-Luise Platz, donde vivió Willy Wilder a comienzos de los años veinte
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El café Einstein, el originario, en la Kurfürstenstr.

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La Wasserturm, símbolo de Prenzlauerberg, desde la Rykstr.

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La Rykstr., en Prenzlauerberg

.La Sinagoga de Prenzlauerberg, en la Rykstr. Fue la única que los nazis no quemaron durante la noche de los cristales rotos, por temor a que ardieran las casas colindantes, habitadas por buenos arios

. Hasta hace pocos años, todas las casas de Prenzlauerberg presentaban el aspecto del edificio de la dcha., en la Rykstr. La de la izqda. ha sido rehabilitada
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Monumento a la pintora y escultora Kate Kollwitz,
quien vivió en la misma plaza que hoy lleva su nombre

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El cementerio judío de Prenzlauerberg, en la Schönhauser Allee, donde está enterrado el pintor Max Libermann
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La Kulturbrauerei, una antigua fábrica de cerveza convertida hoy en centro cultural, en Prenzlauerberg
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Pfefferberg, en la Schöonhauserr Allee, otra antigua cervecería convertida en centro cultural, donde se celebra conciertos al aire libre. En alemán, pfeffer significa pimienta



* Las fotos son de Gemma Pellicer

lunes, 11 de febrero de 2008

Sobre "Voces de humo", libro de cuentos de Pablo Andrés Escapa

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Hubo un tiempo, no tan lejano, que fue el de los trenes, la edad del hierro y el carbón. Pero como tenemos una memoria enclenque, apenas ya nadie parece recordar sus orígenes, también lo hemos olvidado, como tantas otras cosas. Quizá por ello, para paliarlo, Pablo Andrés Escapa, Voces de humo (Páginas de Espuma, Madrid, 2007), convoque en sus narraciones diversas voces, con el fin de relatarnos impresiones y recuerdos sobre la llegada del ferrocarril, los efectos en los habitantes y el paisaje del Valle de Laciana.
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El conjunto, catorce piezas, se organizan como un ciclo de cuentos, en el que algunas tienen valor por sí mismas, mientras que otras necesitan de la totalidad para ser comprendidas en sus matices. Lo singular es que, en este caso, el colofón, otro paratexto, también añade sentido a los relatos, al subrayar su origen oral. Si los episodios transcurren a lo largo de un dilatado periodo del siglo XX, un narrador en tercera persona, cuyas historias parecen provenir de recuerdos (“Las palabras –leemos- recuperadas por el tiempo maduro, traen a los oídos más de lo que dicen”, p. 115), cede a veces la voz a la primera persona, mientras van desgranándose diversos motivos, tales como la explotación del carbón, la llegada del tren al Valle de Laciana, la emigración, los oficios e incluso la ilusa búsqueda de oro.



Puede afirmarse, por tanto, que estos cuentos tienen algo de crónica y mucho de elegía, aunque lo que importe, al fin y a la postre, sea la reelaboración a la que han sido sometidos para convertirse en literatura de la mejor especie. Y puesto que impera el tono lírico y la palabra expresiva, mientras que imágenes y metáforas se tornan protagonistas esenciales de los procedimientos utilizados en la narración, podemos emparentarlos con la poesía. Hasta tal punto es así que la precisión léxica y el ritmo del lenguaje adquieren una relevancia poco habitual en este tipo de relatos; y todo ello, sin que escasee el humor, como sucede en “Estación”, “Primera clase”, “Imprevistos” o en el arranque de “Ida y vuelta”. Pero, sin duda, los mayores aciertos surgen cuando se produce una mejor dosificación de lo lírico, acomodándolo a lo narrativo, al depurar los diversos elementos que integran la historia, tal y como ocurre en esa pieza antológica que es “Cielo distante”, sin que desmerezcan otras como “De los mares en calma”, “Pálida canción de cuna”, “Memoria de las virutas rubias” y la ya citada “Ida y vuelta”.
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El autor ha conseguido lo que no siempre resulta fácil en las formas narrativas breves, crear un puñado de personajes inolvidables, así Zequiel, Avelino, José Puga o el maestro don Laureano. Pero si algo caracteriza a los personajes, de varios de ellos se cuenta su muerte, es que huyen de una vida para refugiarse en otra; mientras que algunos llegan al valle, hay quienes lo abandonan para siempre. La mayoría son cuentos de atmósfera, en los que se oye el canto de la cigarra, el rumor y el aire de las aguas del río, la música de la flauta y del acordeón, el tarareo de un tango, los ruidos del mundo; narraciones en las que palpamos el silencio y la soledad de los protagonistas, las miradas que se cruzan, el aliento de las vacas y el ritmo de una vida ordenada por los silbidos de vapor del tren o por las figuras que el humo despliega en el cielo.



Si Las elipsis del cronista (2003), su anterior obra, contituye hoy uno de los mejores libros de relatos publicado en los últimos años, esta nueva entrega no ofrece menos hallazgos, ya que las pretensiones del autor, sustentadas en la idea de que “tan importante como ver mundo es no olvidar de dónde viene uno” (p. 124), su ambición literaria, lo ha llevado a convertir en palabras, en emocionantes historias, lo que sólo parecían voces de humo, perdidas quizás entre los pliegues de la memoria.
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* Fotos de Brian Sefton, 1986-1988.
* Esta reseña apareció en la revista Mercurio (Sevilla), núm. 98, febrero del 2008, p. 28.

domingo, 10 de febrero de 2008

Pronóstico sobre el Premio Salambó

El día 26 de febrero, martes, un jurado compuesto por escritores (de muy distinta entidad, pues al lado de nombres indiscutibles, los más, por fortuna, aparecen otros de menor relevancia), falla el Premio Salambó de narrativa en castellano.

Sorprende que entre los finalistas no aparezcan ni Crematorio, de Rafael Chirbes, ni La gloria de los niños, de Luis Mateo Díez, dos de las mejores novelas del año. En fin. Acaso una razón posible de este silencio sea la afirmación de algunos de los que alguna vez formaron parte de ese jurado, según la cual los autores son mucho más feroces en sus juicios, con sus compañeros de oficio, que los críticos... Aunque, en honor a la verdad, habría que decir que, de momento, y desde el 2001, cuando se falla el galardón por primera vez, sólo lo han obtenido buenos libros, aun cuando no siempre sean desde luego los mejores, cosa que puede decirse de pocos premios. No hay más que pensar en el añejo Ciudad de Barcelona, al que tanto le cuesta acertar. .
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¿Quién lo va a obtener, en esta ocasión? Descartado Javier Marías, a quien ya se le concedió en el 2002, con la primera entrega de su trilogía Tu rostro mañana, esta vez apostaría por José María Merino y por Ricardo Menéndez Salmón. Primero, por la calidad de sus libros; a lo que habría que añadir, en el caso de Merino, la novedad que supondría galardonar un volumen de microrrelatos, un género nuevo que tantos textos de interés nos está dando; pero también por Menéndez Salmón, al significar una apuesta por el futuro, dado que es uno de los narradores jóvenes, nuevos, o como quieran denominarlo, más sensato, mejor dotado para la narración, y que apunta a metas más ambiciosas.

Enrique Baltanás, en la revista Clarín (66, noviembre y diciembre del 2006), dividía los premios literarios en tres grupos: los políticos, los sociales y los económicos; para concluir que literarios, literarios, en realidad, no había nunguno. En fin, yo no diría tanto. Es indudable que el Ciudad de Barcelona es tan político como el Cervantes o el Príncipe de Asturias. Pero reconocimientos como el Salambó o el Premio de la Crítica, bien podrían ser ejemplos de esos premios literarios que echamos de menos.

Pero volviendo al meollo de lo que nos trae aquí, les aconsejo que no me hagan mucho caso porque como pronosticador soy un desastre. Me hubiera jugado un brazo a que el reciente Premio Ciudad de Barcelona iba a ser para la citada novela de Chirbes, pero este año tocaba, según parece, poesía..., y en la filosofía del jurado -por lo visto- existe la idea de contentar a todos los escritores que residan en esa ciudad, no hay más que repasar la lista de ganadores. En fin, llamadme el manco de Berlín... Cuando uno decide ponerse a apostar, y a disertar, sobre los premios literarios, lo más probable es que acabe turuleta..., si no manco.

* Foto de Jeff Wall, Un repentino golpe de viento (después de Hokusai), 1993.

sábado, 9 de febrero de 2008

LILIAN ELPHICK

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............."Aviso de extravío"

Así que voy a hacer lo que creo mejor…
Nota de Virginia Woolf

He perdido mi imagen, la palabra, ese amor feble y fugaz; he perdido lo que nunca perdí: la sombra y la luz. También se han extraviado algunos granos de arena que guardaba en mis zapatos.
A quien los encuentre, por favor, no los devuelva.

............."Aviso de robo"

Mi silencio ha sido robado.

La persona que lo encuentre, trátelo con cariño.
No le grite, que se asusta.
No lo maree con palabras inútiles.
Una vez que el silencio se haya acostumbrado,
favor de clavarle el puñal bien adentro, en el centro
de su total indiferencia.
Deje los restos en la calle.
No faltará quien se los lleve.

............."Viaje I"

Por viaje, regalo mi silencio
y una maleta casi nueva.

............."Final feliz"

Nos amamos desde el lugar de las palabras; el deseo era una escritura que iba y venía, ataviada de un presente compacto.
Nos amamos con furia, siempre indagando en la perversión que tiene toda historia ficticia.
Nos buscamos en libros y cartas; fuimos el papel y la tinta, unidos por ojos que nos leyeron.
Por eso lo maté: para amarnos más, y eternizar el mejor de los finales.
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............."Reinas"

Todas íbamos a ser reinas,
pero fuimos monstruos,
y más encima nos llamaron
mujercitas.


............."Abismos habituales IV"

Cuando escribo he dejado de poseerme, yo misma soy un colador, tengo la cabeza perforada
Marguerite Duras

Refúgiate aquí, en el hueco oscuro de mis ojos. Sé mi otra mirada: la que nunca vio a la mano lanzando poemas de amor al despeñadero de las causas perdidas.
Lee en mis párpados todas aquellas palabras que escribí al revés, para asegurar el placer solitario del espejismo.
Quiero arrastrarte, lector silencioso, a mi guarida, y lamer cada una de mis historias en tus costras, en las heridas que nadie acicaló, en tu costumbre de dejar que el tiempo ruede cama abajo.

* Lilian Elphick (Santiago de Chile, 1959) ha publicado dos libros de cuentos, La última canción de Maggie Alcázar (1990) y El otro afuera (2002), así como un volumen de microrrelatos, Ojo travieso (2007). Estos textos pertenecen a un libro inédito titulado Abismos habituales.
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* Foto de Qiu Zhen, 2006.

viernes, 8 de febrero de 2008

La poesía en castellano durante el 2007, por Ángel L. Prieto de Paula

Cualquier selección de los libros publicados en un año es la antología (que hacemos nosotros) de una antología previa (realizada por el azar, que es quien determina lo que llega a nuestras manos). Vale más ser humilde, pues, y no engreírse demasiado con jerarquizaciones que son de suyo precarias, y que operan sobre un material muy restringido: el de los volúmenes que hemos podido leer, una pequeña parte de los editados. He considerado solamente libros exentos de autores en pleno proceso creativo —o, en el caso de Manuel Padorno, una obra que quedó concluida a su muerte—, y no ediciones de poetas que ya habitan en el panteón de los clásicos, ni tampoco recopilaciones de obras completas o antologías de textos (con la excepción relativa de Óscar Curieses, cuyo libro incluye un cuaderno ya publicado). De no haberlo hecho así, el resultado sería muy otro: menos comprometido, desde luego, pero también menos orientador.
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En la cosecha de 2007 hay algunos títulos que no deben pasar inadvertidos, por lo que manifiestan de profundización en rasgos apuntados atrás y consolidados ahora, de resurrección de poéticas que en su día fueron preteridas ante las de nombres más canónicos o más jaleados de su generación, o de irrupción de una voz nueva en todo o en parte. Me referiré sinópticamente a estos autores, sin que el orden suponga ningún modo de prelación. Edenia (Tusquets), del citado Padorno, prolonga la cosmogonía de su espléndido libro precedente (Canción atlántica) en clave más doméstica y con un descenso del colosalismo anterior, al servicio de un universo natural, de espaldas a las ensoñaciones metafísicas. En Conversaciones entre alquimistas (Tusquets), Jorge Riechmann ofrece una simbiosis entre el poema tradicional y la prosa métrica, y entre un realismo que trasciende lo referencial y un compromiso del que no se apea ni en los momentos de mayor intensidad lírica. Entre el muro y el foso (Pre-Textos), de Julio Martínez Mesanza, es un mapa del pesimismo, casi un canto terminal, fundado en la fatuidad de la razón logocéntrica y en la crueldad de lo que entendemos como armonía de la naturaleza; todo ello sostenido en tiradas monorrítmicas de endecasílabos que pronuncian el desconsuelo.
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Aunque en los últimos años ha disminuido notablemente la desatención a Julia Uceda, Zona desconocida (Fundación Lara) permite comprobar la honda belleza de su voz, así como su respiración respecto de su obra anterior, de la que este libro no es una continuación epigonal, sino el punto más alto de un ascenso expresivo. Eros es más (Visor), de Juan Antonio González-Iglesias, permeabiliza la membrana entre vida y cultura, y aúna tradición y contemporaneidad, en una escritura donde los emblemas y mitologemas grecolatinos son actualizados concertadamente. Sonetos del útero (Bartleby), de Óscar Curieses, es un libro arriesgado en su forma y denso de pensamiento, en que la dureza de algunos versos, llenos de esquinas y rugosidades, contribuye a arrancar al lector de la inercia balsámica. Echado a perder (Visor), de Carlos Pardo, supone una apuesta por aplicar la imaginería del lenguaje a un mundo que desborda nuestra capacidad de comprensión, cuyos componentes, bien conocidos, dan como resultado una escritura nueva, por las constantes quiebras de expectativas, los esguinces irónicos y la función descodificadora del humor. En Fue (Cálamo), Jesús Hilario Tundidor hace recuento de su existencia, despliega lo vivido y lo soñado, unce cultura y experiencia, historia social e historia personal, con un lenguaje que, con su riqueza y su balanceo rítmico, rompe los diques del idioma usado para el comercio comunicativo. Para no ver el fondo (Idea), de Antonio Méndez Rubio, es un compendio de una poética esencialista, ajustada a la médula irreductible de las palabras, y del afán también irreductible de intervención en eso que llamamos mundo. En Casa de Misericordia (Visor), Joan Margarit convoca la emoción en el lugar de las exclusiones: ese pudridero de los desposeídos donde un poeta habla de senectute, en voz baja y con palabras a la intemperie.
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* Ángel L. Prieto de Paula es profesor en la Universidad de Alicante y crítico literario en el diario El País.
* El cuadro es de Matías Quetglas, "Casa con dos pinos", 1976.

Antonio Vilanova, profesor, filólogo y crítico literario, ha muerto

Antonio Vilanova, catedrático emérito de Literatura Española en la Universidad de Barcelona, acaba de fallecer a los 85 años. Había legado su extraordinaria biblioteca a la Universidad en la que trabajó siempre. Dedicó su vida a la literatura, en las diversas facetas de profesor, filólogo, ensayista, crítico literario de actualidad y editor. A la escritura, en suma, podría decirse, porque si algo le proporcionaba sentido a todo su trabajo era el buen gusto, el rigor y la claridad expositiva.
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En los primeros años de postguerra, como joven letraherido que era, trabó amistad, en el mítico Patio de Letras, con Juan Perucho, Néstor Luján, el musicólogo Nani Valls, el pintor José María de Martín, Francisco José Mayans, Carlos Fisas, etc. Casi todos ellos hicieron sus primeras armas en revistas del SEU, tales como Alerta (la dirigió el doctor José Espriu, hermano del escritor) y Estilo, para luego, años más tarde, reencontrarse los más brillantes en las páginas de la revista Destino.
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Entre quienes no fuimos alumnos directos, sus publicaciones –se ocupó, como veremos, de todo tipo de temas y autores, desde la Edad Media hasta nuestros días- fueron siempre una referencia imprescindible, un seguro de acierto y lucidez. En aquellas páginas, no sólo adquirimos innumerables conocimientos, sino también el rigor, la exigencia, la escritura amena y sencilla, intuyendo –sobre todo- el arte de leer los textos, de entenderlos y valorarlos en sus justos términos. Siendo, en primer lugar, especialista en literatura española, se consideraba discípulo de Dámaso Alonso y Martín de Riquer, estudió también la literatura catalana, desde Bernet Metge hasta Joan Perucho, de lo que es buena prueba su libro Auge y supervivencia de una cultura prohibida: literatura catalana de posguerra (2005), en donde recogía sus reseñas, publicadas entre 1950 y 1967, en Destino, ocupándose nada menos que de Josep Carner, Josep Maria de Sagarra, Carles Riba, Josep Pla, Salvador Espriu, Joan Vinyoli, Joan Perucho, entre otros autores; sin olvidar que había editado las Obras completas (1947) de su tío abuelo, el escritor popular Emili Vilanova.
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Entre sus trabajos más eruditos destacan los dedicados a Las fuentes y los temas del Polifemo de Góngora (1957), que tiene su origen en la tesis doctoral, dirigida por Dámaso Alonso; y Erasmo y Cervantes (1989), compuesto por estudios publicados en las primeras décadas de la postguerra, en torno al Elogio de la locura de Erasmo y su relación con Cervantes y el Quijote o la influencia de El asno de oro, de Apuleyo, en la composición del Lazarillo de Tormes. Fue, además, uno de los investigadores que más contribuyera a la revalorización de la novela de Leopoldo Alas, con artículos luego recogidos en Nueva lectura de `La Regenta´ (2001).
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Una cátedra universitaria tardía en la Universidad de Barcelona, la obtuvo en 1975, en donde se topó con otro sabio de su calibre, José Manuel Blecua; una voracidad lectora poco habitual y una curiosidad insaciable por la mejor literatura europea y norteamericana de los sesenta, pueden estar también en el origen de una vocación cultural que se desplegaría, a partir de 1964, en la dirección de la exquisita colección Palabra en el tiempo, de la editorial Lumen, donde lo llevó su antigua alumna Esther Tusquets, para poder competir con unas ciertas garantías con la prestigiosa empresa de Carlos Barral. En esta ocasión, el lema machadiano servía para poner al día al lector español y acercarle la obra de James Joyce (los derechos fueron un regalo que Carmen Balcells le hizo a la editora), Virginia Woolf, Celine, Samuel Beckett, Bernard Malamud, Max Aub o Umberto Eco (de Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas a El nombre de la rosa), pero también la de Giorgio Bassani, Simone de Beauvoir, Alberto Moravia, Juan Carlos Onetti o la versión castellana de la que seguramente es la mejor novela de Terenci Moix, El día que murió Marilyn (1970). En la otra colección que dirigió para Lumen, a partir de 1987, Palabra crítica, aparecieron volúmenes de Clarín, Josep Ixart, Unamuno, Paul de Man o Gérard Genette. .EEEn 1987

Vilanova fue uno de los mejores críticos literarios españoles de los años cincuenta y sesenta, yo diría que el mejor, lo que puede comprobarse leyendo las reseñas que firmó en Destino, en sus secciones "La letra y el espíritu" y "Literatura y sociedad", o en la revista Papeles de Son Armadans, luego recogidas en libros como Novela y sociedad en la España de posguerra (1995) y Poesía española del 98 a la posguerra (1998). En el primer libro demuestra un profundo conocimiento de la obra de Cela y Delibes, por sólo citar a dos autores que apreciaba especialmente. Como crítico, gozó del privilegio de ocuparse sólo de lo que le parecía de valor, creyendo ciegamente en el instinto; le parecía que el olfato, la sensibilidad y el buen gusto eran imprescindibles para poder dedicarse a la crítica literaria.

En 1959 se incorporó como jurado al Premio Nadal. Sólo faltó a la convocatoria del año siguiente, cuando permaneció en los Estados Unidos como profesor invitado en la Universidad de Madison. Todavía en la postrera figuraba entre sus componentes. En los últimos años, solía encontrármelo siempre en los pasillos del hotel donde se fallaba el galardón y cuando le preguntaba por la calidad literaria de la obra ganadora, casi siempre me contestaba con prudencia, pero con sincero pesimismo; juicio certero que solía confirmarse en la lectura posterior. También coincidía con él en los pequeños festejos que organizaba en su casa Esther Tusquets, donde siempre aprovechábamos algún rincón, entre libros y canapés, a ser posible, para mantener un rato de charla.
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El caso es que, en una primera impresión, podía parecer un hombre algo arisco y distante, aunque conmigo siempre se mostró cordial. Lo conocí personalmente a través de Perucho, uno de sus más antiguos y queridos amigos, aunque sabía juzgarlo como escritor en sus justos términos, y siempre se comportó como atento y ameno conversador, escéptico en sus juicios, de aquella rara estirpe casi extinguida de los que sólo opinan de lo que saben y siempre fundamentando sus juicios.

Hace unos dos años, cuando la editorial Menoscuarto consiguió los derechos para publicar los cuentos completos de Miguel Delibes, le propuse que escribiera el prólogo, idea que al escritor vallisolitano consideró acertada y que a don Antonio me parece que le agradó. Unos días después, lo visité en su propia casa, donde me enseñó -discretamente orgulloso- su biblioteca, el despacho donde trabajaba, para luego pasar a conversar despacio sobre el proyecto. Al final, tras pensárselo, me dijo que sí, que escribiría el prólogo. Pero, la verdad es que lo vi ya muy fatigado, con escasas fuerzas, preocupado sobre todo por la salud de su esposa, Lolita, que moriría no mucho después. El caso es que unos pocos meses más tarde, no me extrañó recibir una llamada de teléfono excusándose por no sentirse capaz de releer la obra de Delibes y componer esas páginas con el detenimiento que requería la edición.

No quiero concluir sin dejar de afirmar que me parece que don Antonio Vilanova ha sido un lujo para la literatura española, un trabajador infatigable, otro sabio maestro que mucho me temo que tampoco hemos sabido apreciar y valorar, en la justa medida que le correspondía. Lo echaremos de menos.

* Cuadros de Eduardo Naranjo, "Jardín en invierno" (2000) y "Patio de casa" (1998).

jueves, 7 de febrero de 2008

Comedian Harmonists en la Ku´damm

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Diez años llevan los nuevos Comedian Harmonists representando su espectáculo Veronica der Lenz ist da (Verónica, la primavera ha llegado) que es también el título de una de las más célebres canciones que interpretan, hasta acabar convirtiéndose en una especie de himno del grupo, rememorado en un par de ocasiones durante el espectáculo. Ahora deben estar ya actuando en Munich, pero hasta finales de enero se les podía ver en la Kömodie, teatro de la Ku´dam, en el centro de lo que fue el antiguo Berlín oeste.
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Lo que se cuenta en el espectáculo es la historia de la formación originaria, el primer conjunto de cantantes masculinos que existió en Alemania, siguiendo los diarios de Harry Frommermann (1906-1975), el creador del grupo. Esta aventura artística, entonces pura vanguardia musical, empezó en los míticos años veinte berlineses, llegando a acompañar en sus actuaciones -con sus inconfundibles fraques- a Marlene Dietrich. Su disolución llegó en 1933, con el nacionalsocialismo, cuando les obligaron a separar del conjunto a tres miembros judíos (Frommermann, el polaco Josef Roman Cycowsky y Erich Abraham Collin). O sea, a la mitad de sus componentes; aunque, por el contrario, les permitirían actuar juntos en el extranjero. Los tres acabaron emigrando a los Estados Unidos, no en vano los jerarcas nazis calificarían su música de "ruido judío-marxista". Su último concierto lo dieron en Munich, una de las ciudades simbólicas del nuevo régimen, en marzo de 1934.
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Ahora, la nueva formación vuelve a interpretar casi todos los grandes temas de aquel atractivo repertorio, convertidos ya en piezas clásicas, muchos alemanes podrían tararearlos, tales como "Mein kleiner grüner Kaktus" (Mi pequeño cáctus verde), cuya letra narra la caída de un cáctus desde el alféizar de una ventana; "Kannst du pfeiffen, Johanna?" (¿Sabes silvar, Johanna?), "Mein lieber Schatz, du bist aus Spanien? (Corazón mío, ¿pero eres español?), y sólo unos pocos fragmentos, lamentablemente, de "Schöne Isabella aus Kastilien" (La bella Isabel de Castilla), junto con aquella maravillosa canción -no consigo recordar su título- en la que, mientras uno de ellos mantiene una conversación por teléfono, los demás intentan oír lo que dice, aunque disimulen cantando, subiendo y bajando la voz, según convenga.


Pero lo que llama la atención es que estos excelentes cantantes sean, además, unos actores de primera, cuya vis cómica proviene de su gran habilidad para la gesticulación, a caballo entre el mimo y el arte de los payasos. Además de cantar a capella, silvan, emiten todos los sonidos posibles (los arreglos vocales imitan todo tipo de instrumentos), con el único acompañamiento de un piano. Y por si todo ello fuera poco, son maestros en el arte de situarse en el escenario, de llenarlo con su presencia. Dada la utilización que hacen del swing, del jazz y de la música popular, sus irónicas baladas acaban adquiriendo una nueva dimensión, de la misma forma que sus temas más sentimentales, nos parecen hoy -como reconoce Holguer Olf, uno de los actuales miembros del grupo- más melancólicos que nunca, pues nos recuerdan un tipo de vida, un mundo que desapareció de la peor manera posible.
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A pesar de los muchos años transcurridos, no sé qué sentirían los espectadores alemanes, a mí me sigue sobrecogiendo ver en Berlín el emblema del nacionalsocialismo, la cruz gamada, sobre el fondo de una gran cortina roja, ocupando todo el escenario. Sólo recuerdo haber tenido una sensación comparable, en los primeros años setenta, presenciando en el Teatro Capsa, de Barcelona, Terror y miseria del III Reich, de Brecht.

Los espectadores que, en enero del 2007, los vieron actuar en el Teatro Real de Madrid (debo algunos de estos datos a una estupenda crónica de Andrea Aguilar), seguro que no los han olvidado.
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miércoles, 6 de febrero de 2008

Boquitas pintadas, 4

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"Con la vida que pasa ahora mismo en la calle, el ruido del tráfico, los castañeros del Caribe, el tullido que pide limosna con un gorro de Papá Noel, el africano de las películas piratas, el humo de los calamares fritos, los rótulos de gambas y callos, el vaho caliente de los respiraderos del metro en la mañana tan fría, los viajeros desnortados, los villacincos azucarados que salen de una tienda, habría que construir algo, un relato o un cuadro, una película de fotogramas convulsos, la crónica instantánea de una mañana de invierno en Madrid".
ANTONIO MUÑOZ MOLINA

"Los nazis, entre ellos Goebbels, se consideraban como los representantes únicos de la modernidad...". EUGENIO TRÍAS

"Lo único que no le perdono a Javier Marías en Veneno y sombra y adiós, la mejor novela en español que he leído en el 2007 (...), es que, después de habérmelo hecho esperar durante casi 1.000 páginas (y cinco años), el encame de Jacobo (...) Deza con la joven espía Pérez Nuix sea tan poco memorable y enjundioso. Seguro que de esa novela lo único que no voy a recordar es ese polvo, perdonen la crudeza". MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO

"De haber sido Zapatero gestor de unos grandes almacenes, no es seguro que le interesase la calidad de los artículos en venta. Su única preocupación sería el escaparate".
ANTONIO ELORZA

"Esa práctica de neutralización ocultación propia del centrismo y su ideología, de que todo cabe en todo, es hoy aún más perversa. Reclamar al mismo tiempo más beneficios y más derechos humanos, invocar la modernización como práctica curalotodo y empecinarse en la gestión conservadora, pedir más ventajas para la bolsa a la par que más solidaridad, glorificar el populismo y apelar a la afirmación individual, apuntarse al hedonismo y a la moralina, esas parejas imposibles, componentes de la ideología soft de que nos hablaba hace ya 20 años F.-B. Huyghes, agravan nuestra desmoralización porque son propuestas blandas que no convienen a nuestro tiempos broncos".
JOSÉ VIDAL-BENEYTO

"El mundo se divide en dos, taurinos y marcianos. El toro es seducción y engaño. Es muerte, sexo, estética, riesgo, valor. Lo tiene todo".
LUIS EDUARDO AUTE

"Nunca se hablará lo suficiente de las brutales imágenes de la muerte, de las desgarradoras escenas de los funerales solitarios, de la alegría de buena parte de la población vasca que, por ejemplo, cuando se asesinaba a tres guardias civiles y se hería a dos soltaba: `Tres goles y dos postes´. O que ironizaba sobre los juegos malabares que podía hacer Irene Villa en su silla de ruedas, o jaleaba en plenas fiestas del pueblo de turno el nombre de la última víctima reclamando nuevos muertos a la banda. Lo mismo se gritaba en la calle `ETA, mátalos´, que se llamaba por teléfono a la viuda para pedirle que devolviera la bala que acababa de asesinar a su marido o se declaraba hijo predilecto del pueblo al criminal". JOSÉ MARÍA CALLEJA

"[Más de cien años no creo que viva el hombre]. Los biólogos calculan que la edad de los seres vivos es generalmente cinco veces la duración del crecimiento. En el hombre el crecimiento es de unos 20 años; por tanto, lo esperable son unos cien años".
MOISÈS BROGGI (Médico, 99 años)
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* Foto de Inez Van Lamsweerde y Vinoodh Matadin, 1997.

martes, 5 de febrero de 2008

RAÚL QUINTO

"Elegía"

No digas piedra, di ventana
Eugenio de Andrade

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No dirijas tu voz a la quietud del muro,
en el aire persisten
.........................las vendas en los ojos
del maniatado contra el musgo,
el vaho de los fusiles
como una enredadera
de nieve estrangulando la mañana,
el horizonte roto
por la estampida de los pájaros,
y ningún grito,
ninguna historia sino el miedo.

Frente a la desnudez del paredón
no digas piedra, di ventana
como quien dice herida
y abre los ojos al sonido,

como quien rompe un cristal
entre los dedos para ver la sangre
recorriendo las líneas de la mano
y encuentra la respuesta
al óxido, el pulso enfebrecido
de las tinieblas;
..................di la pólvora
y ciérrale los párpados
a la literatura.


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"En la ópera del ruido"

Alguien señala con el dedo
la dirección a un precipicio,
escribo el vértigo;
escribo la caída
...................de este verso
al vacío, la página
arrancada del libro.

Desde el espacio en blanco
que divide el silencio de tus ojos,
desde la helada boca del revólver
besándote la nuca
y el corazón diseccionado
de los siameses,
desde el latido que los une
y el bisturí que los separa;

escribo el alarido.
Escribo que no hay nada
dentro de las palabras
como tampoco hay nada en las pupilas
del que observa la nieve,

y desde aquí,
desde este extremo de la niebla,
desobedezco.


* Raúl Quinto (Cartagena, 1978) es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada. Ha publicado los libros de poemas Grietas (Dauro, 2002; reeditado junto a Poemas del Cabo de Gata, La Garúa, 2007) y La piel del vigilante (Premio Andalucía Joven 2004; DVD, 2005) . Aparece en numerosas antologías y ha sido traducido a varios idiomas. Co-dirige la revista electrónica Oniria www.revistaoniria.com y la colección de poesía de La Garúa Libros. Estos poemas inéditos forman parte de La flor de la tortura, libro con el que obtuvo el I Premio Internacional Francisco Villaespesa, que publicará la editorial Renacimiento próximamente.

* Foto de Edward Burtynsky.

Aviso para navegantes

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Cumplir un mes no es para presumir, ni siquiera para celebrarlo, pero sí quizá sea un buen momento para replantearse ciertas decisiones que se toman al poner en marcha una bitácora con escaso conocimiento de lo que se trae uno entre manos.

Por tanto, con objeto de mejorar la ergonomía de esta nave, atendiendo los sensatos consejos de MATY, he cambiado el fondo, el cuerpo y el color de las letras, ampliando -además- el interlineado, para lograr un mejor contraste entre el texto y su soporte. Espero lograr con ello facilitarles las lectura, hacerles esta página más legible.
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* Ahmed Hilmi, 1913.

lunes, 4 de febrero de 2008

George Bellows: cuatro viejas estampas de boxeo. En recuerdo de Ignacio Aldecoa

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* El pintor e ilustrador americano George Bellows (1882-1925) retrató durante las dos primeras décadas del siglo la vida cotidiana de las ciudades, sobre todo la de Nueva York, las atrocidades que produjo la Primera Guerra Mundial y el mundo del boxeo. Las litografías que reproducimos son: "Preliminares" (1916), "Presentando a Georges Carpentier" (1921), "K.O." (c. 1917-1921) y "La esperanza blanca" (1921).

* El boxeador francés Georges Carpentier (1894-1975), conocido como "el hombre orquidea" por su elegancia en el ring, fue campeón del mundo de los pesos semipesados entre 1920 y 1921, perdiendo la corona en este último año frente al norteamericano Jack Dempsey, combate que pueden ver en el vídeo adjunto.

George Carpentier VS Jack Dempsey.1921 - kewego

George Carpentier vs. Jack Dempsey, 1921 - kewego

domingo, 3 de febrero de 2008

La revista Primer Acto cumple 50 años

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De entre las muchas revistas teatrales importantes de la segunda mitad del siglo XX, pienso en Yorick o en las dos empresas de Moisés Pérez Coterillo: Pipirijaina y El Público, destaca sobre todo Primer acto. A mí, permítanme un juicio tan categórico, me sigue pareciendo de hecho la revista de y sobre teatro más importante que haya existido jamás en nuestro país.

Nació en abril de 1957, dirigida por José Ángel Ezcurra, el creador también de la mítica Triunfo, aunque su auténtico artífice a lo largo de tantos años haya sido, sin duda, José Monleón, quien aparecía entonces como subdirector. El narrador Ramón Nieto era el redactor jefe y en el primer consejo de redacción figuraban nada menos que José Luis Alonso, Alfonso Sastre, José López Rubio y Adolfo Marsillach. La revista dejó de editarse entre 1975 y 1980 por problemas económicos y políticos, y en esta última fecha reapareció bajo el subtítulo de “Cuaderno de investigación teatral”. Un poco antes, entre 1968 y 1975 la dirigió Santiago de las Heras. Hoy en día, tras la aparición del número 321, cuando todas las otras revistas citadas se han extinguido, Primer acto continua publicándose para mayor fortuna de los que seguimos siendo sus fieles lectores.
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En “El teatro de todos” (Diario 16, 25 de julio de 1982) José Monleón escribió precisamente que la revista había nacido en un clima en el que hablar de Brecht, Valle-Inclán, Sartre o Beckett era una extravagancia, cuando el tope permitido llegaba sólo hasta La muerte de un viajante. Puede decirse, en rigor, que en sus páginas han escrito todos los grandes autores teatrales de la postguerra, y no sólo los españoles. Aquí se han publicado sus obras, cuando no era fácil acceder a ellas. Por ejemplo, en el número apareció el texto de Esperando a Godot, con unas notas de presentación de Alfonso Sastre. Lluís Pascual, por su parte, en ese mismo ejemplar de Diario 16, recordaba las páginas dedicadas a Las criadas, de Jean Genet, a Harold Pinter, así como a las obras teatrales de Alfonso R. Castelao o Salvador Espriu, lo que además vale como buena prueba del interés que demostraron también por el teatro que se hacía en las otras lenguas de España.

Así, Primer Acto nos puso al día sobre lo que se estaba representando en el mundo, sin dejar de defender nunca el mejor teatro español (en su momento apostaron por la llamada `generación realista´, por el naturalismo de Lauro Olmo y el expresionismo de Carlos Muñiz) e hispanoamericano, ni olvidar tampoco el de los exiliados republicanos. A lo largo de su dilatada trayectoria, la revista se ha caracterizado por la lucidez y objetividad con que ha encarado los problemas sociales, políticos, estructurales y literarios, que han ido acuciando a nuestro teatro, pero también por la atención prestada al teatro más interesante hecho en otros países. Pienso ahora, por ejemplo, en los números dedicados a Bertolt Brecht, Antonin Artaud y Jerzy Grotowski. Como tantas revistas de postguerra, su existencia se produjo en unas condiciones hostiles, en las que la censura era sólo un elemento más de los muchos que impedían que saliera con normalidad, y a pesar de todo ello, como escribió Francisco Ruiz Ramón en 1978, era “una de las mejores revistas internacionales de teatro”. Y, en realidad, me parece que lo sigue siendo, y quizá por ello se le acabe de conceder el Premio Max de la Crítica.

* En la foto, José Monleón.

sábado, 2 de febrero de 2008

Las metarmorfosis de Francisco Ferrer Lerín


Mucho antes de haberlo leído, de poder tratarlo y charlar con él, conocí la leyenda del joven Ferrer Lerín, noi de casa bona. Así que, su fama singular solía preceder a la persona, e incluso a la lectura de la obra literaria, no demasiado asequible hasta hace unos pocos años.

Los rumores lo habían convertido en un poeta raro, de culto, que vivía alejado del mundo literario y extrañamente había sido excluído de la célebre antología de los novísimos. Lo mismo que le ocurrió, por otra parte, a Antonio Colinas, Juan Luis Panero y Antonio Carvajal. ¡Qué vista tuvieron Castellet y sus consejeros! Dejaron fuera a los que eran poetas, pero incluyeron a varios que ni lo eran, ni llegarían a serlo nunca. En fin. Su fama de tahúr, le gusta presumir de jugar bien al póquer descubierto, le atribuía el desplume de alguno de sus mejores amigos de entonces, como Félix de Azúa y Leopoldo María Panero; no así, claro está, de Pedro Gimferrer, ¡sólo faltaría! Años después, Azúa y Enrique Vila-Matas lo convirtieron en personaje literario, en novelas, o lo que sean, como Diario de un hombre humillado, donde aparece como "el Buitre", y Bartleby y compañía, libro en el que su producción literaria actual ya no le permitiría estar.

A las gentes de mi edad, sus poemas nos llegaron en un libro de la entonces insólita Ocnos (La hora oval, 1971). Fueron también los años, me refiero a los primeros setenta, en que tradujo a Gustave Flaubert, Paul Claudel, Tristan Tzara y Eugenio Montale. Y cuando quince años después apareció Cónsul (Península, 1987), tuvimos que dejar de poner en duda su existencia. Luego ya, en esta última década, ha echado la casa por la ventana publicando su poesía completa "autorizada" (lo que debe querer decir, `todo lo que sigue interesando de mi poesía´; añadiéndole, además, casi una treintena de poemas inéditos), con el título de Ciudad propia (Artemisa, 2006), la novela Níquel (Mira, 2005), que tiene su origen en un guión de cine que le encargó el pintor Frederic Amat, y que nunca se rodó, y un Bestiario (Círculo de Lectores, 2007), cuyo remoto origen es una heterodoxa tesis doctoral, que hubiera hecho las delicias de Juan Perucho. Con todo ello, prepara además otra novela titulada La bestia de Gévaudan, el escritor empieza a igualarse con el personaje, quizá porque ha logrado mitigar con la escritura esos ruidos que a veces decía que le rondaban por la cabeza.

Hace un par de veranos, la fortuna me llevó a Jaca y allí conocí a Ferrer Lerín. Yo participaba en uno de esos gratos cursos de verano, al que me convocaron Mari Ángeles Naval y Carmen Peña, en la agradable compañía de José Luis Calvo Carilla, Luis García Jambrina, Manuel Vilas, Javier González, Marisa Blanco y Laura Freixas. En algún momento, apareció por allí, no por las conferencias, claro está, Ferrer Lerín. Y la verdad es que este hombre, quien ha reconocido haber vivido nada menos que para ser sorprendido, no me pareció nada raro; aunque quizá sea debido a que no lo traté en sus afanes de salvar a las carroñeras, al buitre leonado, en peligro de extinción, sino con una copa de vino en la mano, tomándonos, de pie, unas croquetas y unos pinchos de tortilla de patatas.


Ahora me acabo de enterar, en el siempre ameno y bien informado blog de Antón Castro, que Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) ha abierto una bitácora, dando un nuevo salto mortal, aunque en esta ocasión se presente protegido por la red. Y allá me voy de cabeza para darle la bienvenida a este confeso admirador de Borges, a quien Antón Castro define como zoólogo, poeta y narrador. Yo me atrevería a añadir, sin embargo, que también me parece un conversador singular, atípico, si quieren parco, pero de aquella estirpe de los que siempre tienen algo que contar, de los que nunca decepcionan a los entrevistadores, puesto que a menudo parece dispuesto a dejar traslucir algo de aquello que piensa, a sorprendernos con alguna opinión extrambótica o contundente. Nada se agradece más en estos tiempos.

viernes, 1 de febrero de 2008

Álvaro Pombo, senador

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De todas las noticias literarias de estos últimos días, la más gratificante es la que nos cuenta que el escritor santanderino Álvaro Pombo se presenta al senado, en la Comunidad de Madrid, por el partido Unión Progreso y Democracia (UPyD), que preside Rosa Díez, en busca de esos votantes que componen la misteriosa tercera vía. A mí me parece una decisión muy razonable, ya que poca gente tiene en este país la tradición familiar y el porte senatorial que atesora el autor de la Telepena de Celia Cecilia Villalobos.

De "eximio escritor y extravagante ciudadano" tachó el dictador Primo de Rivera a Valle-Inclán, convirtiendo la definición en clásica. Por su parte, Álvaro Pombo no sólo se cuenta entre los mejores narradores españoles, sino también entre los más extravagantes, capaz de tirarle los tejos a un joven guapo en medio de una conferencia; o de leer un libro suyo de poemas, entero, de pe a pa, en un programa de televisión, ante la grata sorpresa de unos y la estupefacción de otros espectadores.
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Si por alguna razón me gustaría asistir a las reuniones de la Academia, sería para poder oír sus comentarios desde el sillón J (o las mordaces apostillas de don Paco Ayala, dicho sea de paso), que deben hacer las delicias del resto de los académicos que conserven algún sentido del humor. Ante políticos tan rancios como los que padecemos (desde los progres de manual, especie Joan Herrera; señoritas pepis con tragaderas, a lo Carmen Chacón; marcianos varios, como el senyor Joan Tardà y los catolicones nacionalistas vascos; o los rancios propiamente dichos, tipo Acebes o Martínez Pujalte), su presencia en el Senado sólo puede ser considerada como una bendición para la política y para sus señorías, si es que en los bancos de la Cámara todavía queda algún senador de fuste. Su eslogan en la campaña (¡te lo regalo Álvaro!), aunque reconozco que estoy remedando al alcalde de Berlín, bien podría ser: "Por un Senado útil y, además, sexy". Lo que no tengo tan claro es que Pombo, quien hasta ahora había sido votante del PSOE o del PP (por el llamado método Gimferrer, quien unas veces se decanta por IC y otras por CIU), de salir elegido, se entretenga lo suficiente con todo este personal, como para que no caiga en la tentación de volverse para siempre, él que le gusta definirse como casero, a su ático de Martín de los Heros.
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El caso es que si en su momento fueron senadores reales Camilo José Cela y José Luis Sampedro, por qué no puede serlo ahora, con el respaldo popular, el autor de Aparición del eterno femenino contado por S.M. el Rey. Ojalá saliera elegido Álvaro Pombo; si yo estuviera empadronado en Madrid, le daría mi voto, sin ninguna duda. Con Álvaro Pombo, y de paso con Fernando Savater, voy a misa.
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* Cuadro de Jackson Pollock, Verano: número 9A, 1948.