miércoles, 11 de junio de 2014

¿Música grabada?

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Alguna vez le oí decir a Juan Benet que prefería la música grabada a oírla en directo. Don Juan siempre tenía opiniones originales y inteligentes sobre las cosas, pero me temo que en esta ocasión no acertaba. Lo recuerdo siempre que voy a la Filarmónica o al Konzerthaus, o esta misma mañana leyendo la entrevista que Jesús Ruiz Mantilla (El País, 30 de mayo del 2014) le hace al pianista croata, nacido en Belgrado, Ivo Pogorelich, quien afirma lo siguiente al respecto:
"Un disco es como la leche en polvo, se le quita el agua para llevarla de un sitio a otro y luego se le añade otra que la desvirtúa. Una grabación está hecha de esa misma falsedad: sacas de su ambiente a la música y la reproduces en otro lugar. La interpretación debe ser en vivo (...), aunque no todo el mundo puede disfrutarlo y en ese sentido puede ser útil".  
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6 comentarios:

Jordi Masó Rahola dijo...

Música grabada o música en vivo es una dicotomía tan absurda como sería contraponer cine y teatro. Disco y concierto son dos medios diferentes para transmitir la música, cada uno tiene sus particularidades, ventajas e inconvenientes. Por fortuna, hoy podemos disfrutar de los dos, cosa que en el siglo XIX no era posible. Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

Es cierto, Jordi, pero -por ejemplo- había oído muchas veces la primera sinfonía de Mahler, en la radio, en la televisión, en CD, nunca en directo, hasta ayer mismo. Bueno, pues jamás había disfrutado tanto, y creo que comprendido tan bien la obra, como ayer, dirigida por un jovencísimo Lahav Shani, al mando de la Staatskapelle de Berlín, en la Filarmónica. Y ese es la sensación que suelo tener ante el directo. Pero como yo sigo creyendo en la autoridad, en el valor del conocimiento, de esto sabes tú mucho más que yo. Un abrazo.

Francis Black dijo...

¿En Berlín la gente escucha en silencio? Unos de los problemas que veo en la música en vivo es la gente.

Fernando Valls dijo...

Pues, en general, sí, Francis. Ahora, ayer, junto a nosotros había unos pocos asientos para invitados y en uno de ellos se sentaba una joven rubia y blanca como la cera que se pasó todo el concierto bostezando y como está prohibido utilizar el móvil, hay carteles en alemán e inglés sobre ello, lo tenía encendido en la silla de al lado y de vez en cuando lo miraba, sin cogerlo, pero en cuanto había alguna pausa o aplausos lo consultaba. En fin, una enfermedad cada vez más frecuente.

Pedro Herrero dijo...

Respecto a eso que comentáis del público y del silencio, recuerdo una anécdota, aunque he olvidado quién la contaba (un famoso pianista, sin duda). Decía que, al programar las piezas que pensaba tocar en un concierto en Japón, tuvo miedo de ser demasiado ambicioso y provocar que la gente se aburriera. Me parece (no estoy seguro) que quería empezar con algo de Bach.

El caso es que su concierto fue un éxito rotundo, y ello le animó a repetir el mismo programa en un concierto en los Estados Unidos. Cuando el promotor de este segundo concierto vio el programa, le comentó entusiasmado: me parece perfecto empezar con Bach; así los rezagados tendrán tiempo de irse acomodando en sus asientos.

BB dijo...

Como miembro de la Asociación de Conciertos por muchos años, escuchar la música en vivo ha sido siempre placentero,si nos olvidamos del concierto de toses a nuestro alrededor. La música grabada, para mi es un tesoro, que no cuestiono, solo disfruto.