miércoles, 18 de junio de 2014

La casa familiar de Nabokov en San Petersburgo





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En Habla memoria Nabokov describe la casa familiar, situada en la calle Bolshaya Morskaya, 47 (entonces solo Morskaya, y durante el régimen soviético, Hertzen) como "una construcción italianizante de granito finlandés, construida por mi abuelo alrededor de 1885, con frescos florales encima del tercer piso (el último) y un mirador en el segundo". Por aquella época tenía un ascensor hidráulico que ya ha desaparecido. En la actualidad hay un modesto museo que ocupa solo la planta baja. Dar con él no nos resultó fácil y nadie por los alrededores sabía de su existencia. Hasta que un amable anciano abandonó su camino y nos acompañó casi hasta la puerta, sorprendido de que unos extranjeros, mostró simpatía al saber que éramos españoles, se interesaran por su compatriota, y sin parar de hablarnos en su lengua un solo instante a lo largo del camino, se despidió de nosotros haciendo un gesto amistoso, cogiéndose las dos manos y un poco emocionado. La casa de tres plantas (dos plantas y bajo, diríamos nosotros) está situada en el corazón de la ciudad, no lejos del Teatro Marinsky, muy cerca de la catedral de San Isaac, de los hermosos jardines del Almirantazgo y de la Plaza de los Decembristas, por quienes su padre había sentido simpatía, muy cerca del Neva y, por tanto, de la Plaza del Palacio y de la Avenida Nevsky. No en vano la familia Nabokov, como cuenta el escritor en la primera parte de sus memorias, había desempeñado importantes cargos tanto en el ejército como en la administración del estado.
Solo puede visitarse la planta baja, a la que se accede desde el portal a través de una escalera. A la derecha hay una pequeña habitación ocupada seguramente por la portera y, de inmediato, una mesa donde se sienta el vigilante. Si la suerte os acompaña y no está, os recomiendo que os escabulláis rápido escaleras arriba, hasta subir a la segunda y tercera planta, cuyo interés estriba en la decoración de las escalera, como puede verse en las fotos. El resto aparece muy deteriorado, bastante descuidado. Las viviendas de los pisos superiores permanecían cerradas y no era posible acceder a ellas, para desgracia de los muy fans de Nabokov, quienes seguro que saben que en la útima planta tenían los chicos y sus institutrices, inglesas o francesas, las habitaciones. Aunque el escritor leyó antes en inglés que en ruso, en su familia se hablaba también en francés e inglés; no en vano vivían rodeados de productos anglosajones que adquirían en los elegantes comercios de la Avenida Nevsky.            
En el museo propiamente dicho no hay mucho que ver: libros, un vídeo con una entrevista en inglés con el escritor, muebles, la decoración de las salas, los techos, algunos objetos personales del autor, como una chaqueta, viejas fotos, mariposas, y una joven que escribe en un ordenador y controla discretamente a los visitantes.
Nabokov vivió en esta casa entre 1899 y 1919, fecha en que su familia se exilio a Alemania, a Berlín, donde tres años después sería asesinado su padre, por entonces director del diario Rul´ (Timón), de los emigrantes liberales. Solían pasar las vacaciones y todo el verano en una casa de campo, Vyra, a 75 kilómetros de la ciudad, y a veces en el extranjero, en lugares de moda, como Biarritz (donde el adolescente Nabokov se enamoró de una niña llamada Colette), la Costa Azul o los balnearios de la Selva Negra alemana. Vyra, por cierto, no se hallaba lejos de Batovo, el lugar donde en 1820 murió Pushkin en un duelo. Entre ambas casas, cuenta el escritor, disponían de unos cincuenta criados. Tras la Revolución vivió en los Estados Unidos, donde llegó en 1940, y los últimos años de su vida en Suiza, en Montreux, dedicándose a lo que más le gustaba, que quizá no era solo escribir, sino también cazar mariposas, estudiarlas y conseguir que alguna llevara su nombre, una ilusión que arrastró desde la infancia. La Revolución, en fin, se había llevado la herencia que, cuando solo era un joven, le había dejado su pintoresco tío Ruska.
Las guías dicen que no hay nada que ver en esta casa-museo, pero me parece que se equivocan, aunque hay que saber mirar, y reconozco que se disfruta más si uno ha leído Habla memoria y es admirador del autor de Lolita.......




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* Las fotos son de GP........