lunes, 9 de junio de 2014

El Hermitage, obras maestras, y 2

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Todos los grandes museos situados en ciudades en las que no vivimos, a los que no resulta fácil volver, nos obligan a elegir. Y el Hermitage es uno de los que más nos fuerza a ello, pues parece más fácil volver a visitar París, Londres, Nueva York o Madrid, que San Petersburgo. En su caso, casi tanto interés como los cuadros posee el edificio, las salas, las rotondas, la escalera del Jordán, los objetos (cómo no quedarse fascinado ante el reloj Pavo Real, de la segunda mitad del XVIII, de James Coxe), la biblioteca de Nicolás II, y las vistas de los alrededores que pueden observarse desde las infinitas ventanas del Palacio de Invierno. Pero también me interesa la historia del museo, fundado en 1704 a partir de la colección de Pedro, el Grande. Su artífice fue Alejandro I. No despierta menos mi curiosidad cómo se formaron sus colecciones, y sobre todo llegaron hasta aquí los cuadros de pintores españoles. Y a este respecto, llama la atención que los rusos consideren a Picasso un pintor francés. Los fondos, de los que solo puede verse una mínima parte, fueron adquiriéndose a lo largo del tiempo, aunque Nicolás I vendió más de mil cuadros que no le gustaban, e incluso quiso deshacerse de una gran estatua en la que Voltaire aparece sentado, obra de Houdon, a quien solía tachar el rústico zar de “viejo mono”. Con la Revolución de 1917 el estado se incautó de las colecciones privadas de Shchukin y Morozov, muy bien dotadas sobre todo de pintura contemporánea francesa. Pero, además, Stalin vendió varios miles de cuadros a coleccionistas privados, como J.P. Morgan (el banquero) y Calouste Gulbenkian, con  cuyas piezas se abrió un excelente museo en Lisboa........

"Venus y Cupido", de Lucas Cranach, el Viejo



"Paisaje con escena de la leyenda de San Cristóbal", de Jan Mandijn  

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Aunque no resulte fácil entre tantas maravillas destacar algunos cuadros, mis preferidos entre los maestros antiguos, son los de Fray Angélico, Leonardo, el maravilloso “Venus y Cupido”, de Lucas Cranach, el Viejo (todas sus obras, en realidad, me gustan), un extraño cuadro de Jan Mandijn (“Paisaje con escena de leyenda de San Cristóbal”, de principios del XVI), “Feria con función teatral”, de Pieter Bruegel, el Joven, una “Flora” de Melzi, los Ticianos, “El tañedor de laúd”, de Caravaggio, los Rembrandt, los retratos de Van Dyck, todos los C.D. Friedrich (hasta un total de 8, comprados por el entonces Gran Príncipe Nicolás, luego zar, por medio del poeta Vasili Zhukovski), la cuarta versión de "La isla de los muertos", de Arnold Böcklin, tras las que ya había visto en Basilea, Berlín y Leipzig, un Degas (“Mujer peinándose el cabello” o “El aseo”), la “Danza” y “Cafetería árabe”, de Matisse, y “Mujer con fruta”, de Gaugin. Y por lo que se refiere a los españoles me quedo, ¿dónde los pondré?, con los Velázquez, los cuadros del Greco (tan español como Picasso francés), el “Retrato de Antonia de Zárate”, actriz, de Goya, y ya puestros elegir, con todos los Picassos. Además, me llamó mucho la atención un extraño cuadro de Musikiyski, de 1717, en el que aparece la familia de Pedro I, y el retrato del general Kotuzov, obra de Dawe, quién derrotó a Napoleón, y que tanto protagonismo tiene en Guerra y paz. Y aquí me detengo, dejando mil objetos fascinantes, para no convertir la entrada en un listín telefónico…

 
“Retrato de Antonia de Zárate”, de Goya


 
"La isla de los muertos", de Arnold Böcklin
 
"Mujer peinándose el cabello", de Degas
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Fernando:
Como siempre, tu entrada es de lo más interesante, aunque en este caso tengo que decirte que me has puesto los dientes largos, jajaja.
Ya lo hablaremos en persona, pero -salvando las diferencias, claro- a mí me gustaría que me consideraran una autora española, de modo que entiendo que se considere a Picasso -me parece que en Francia también se hace- un autor francés, porque este país fué su segundo hogar, y si no recuerdo mal el dato, el sitio donde realmente se formó como artista. Yo creo que en estos casos, la cosa también depende del período del que se hable, porque a lo mejor hoy Picasso querría ser español, pero no en tiempos del franquismo (aunque sólo es una suposición) En fín, mon ami, que conste que no pretendo enmendarte la plana ni ninguna otra osadía semejante, ya sabes que te admiro y respeto mucho, muchísimo.
¿Tienes fotos del edificio? ¡Me encantaría verlas! ;)
bueno, muchos besos, mon ami
Inés Mendoza

Fernando Valls dijo...

Inés, el asunto es complicado, pero no me parece que Picasso se considerara nunca francés y en estos asuntos la voluntad del protagonista es importante. A ti te tengo por escritora española, aunque la identidad puede ser múltiple, como sabes, y como defiende el siempre ponderado Neuman. Besos.

sergio astorga dijo...

Fernando: Uno de los rituales que mas disfruto es el Ritual de la exclusión. Se decide dejar de lado el pormenor para ir en busca de la pieza anhelada, pero de repente encontramos una que nos deja petrificados. Es entonces que desacralizar se vuelve un gozo. También ritual.

Saludos ermitaños 2