lunes, 17 de septiembre de 2012

En Llançà, con Carver y la Tramontana, por Pedro Herrero

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Veranear en septiembre tiene sus ventajas. Hay menos gente en todas partes, todo funciona sin prisas, sin aglomeraciones. Allá donde vas, el turismo lo componen parejas de la tercera edad, familias con más hipotecas que hijos, y pringaos de diversa edad y condición. Los precios son más asequibles. Me he alojado una semana en Llançà, al norte de la Costa Brava catalana, a 12 km de la frontera con Francia. He alquilado un apartamento con vistas exclusivas a la playa, tirado de precio. He traído conmigo un libro de relatos de Raymond Carver. Para este entorno, quizá habría sido más adecuada la prosa de Josep Pla, pero creo que a Carver también le habría gustado la falta de pretensiones de mi apartamento.
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Llançà se encuentra en la comarca de l’Alt Empordà, un entorno a merced de la Tramuntana, que es un viento frío del norte, capaz de causar estragos en el ánimo de las personas. En Suiza padecen algo parecido, aunque con un viento cálido, de un ámbito más local, como es el Foehn. Según la jurisprudencia del país helvético, si se demuestra que un crimen fue cometido mientras soplaba el Foehn, ello constituye un elemento atenuante. Aquí, que yo sepa, el código penal no recoge nada parecido, y eso que somos bastante más temperamentales.
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Carver se lee bien bajo los efectos de la Tramuntana. En casa he dejado a medias un libro de relatos de Haruki Murakami: Sauce ciego, mujer dormida. En mi opinión, algunas de sus páginas huelen a Cheever. Algún planteamiento me recuerda a Auster. Alguno de sus finales parece evocar la violencia contenida de Salinger. ¡Qué no sabrán hacer estos japoneses!
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Llançà, como todos los pueblos del litoral catalán, se alimenta en gran medida del turismo. Hace su agosto en agosto, como está mandado. Las inmobiliarias que gestionan apartamentos de venta y alquiler ocupan puntos estratégicos. Los carteles en varios idiomas están a la orden del día. Los comercios se adaptan a las exigencias del mercado. Como botón de muestra, tomé una fotografía de una presunta perfumería, cuya fachada desprendía aromas inequívocamente marineros.
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Al acabar la Guerra Civil española, Llançà pasó a denominarse Llansá. La sumisión lingüística que impusieron las autoridades franquistas erosionó la toponimia local con resultados desiguales. Portbou siguió siendo Portbou, pero Figueres se convirtió en Figueras (la traducción habría sido Higueras, pero no se trataba de traducir, sino de desfigurar la etimología). Terrassa se llamó Tarrasa. A Cerdanyola la rebautizaron como Sardañola. Oficialmente, aquel cúmulo de despropósitos duró lo que tardó en morir el dictador. Aunque empresas como LLANSA S.A. (cementos y feldespatos), cuyo cartel aparece en la entrada a Llançà por la N-260, demuestren que el mundo de los negocios tiene su propia historia.

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Claro que la insensatez viaja en todas direcciones, eso que conste también. Yo vivo en Castellar del Vallès, una población de menos de 20.000 habitantes, situada al norte de Sabadell. Una vez, en la Diada del 11 de septiembre (fiesta nacional en Cataluña), algún descerebrado pintó los carteles de entrada al pueblo para que se leyera “Català del Vallès”. Hay gente que está mal de la cabeza. Además, el castellar es una planta herbácea de flores amarillas, cuya infusión tiene propiedades medicinales. Lo malo de los fanáticos (de cualquier signo) es que, cuando ocupan el poder, la vida acaba siendo algo tan turbio y errático, tan alejado de los dominios de la esperanza, como un relato de Raymond Carver.
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8 comentarios:

La lengua salvada dijo...

Hola, Fernando:
me alegra que hables de Cheever, Carver y Pla. Es gracioso porque creo que de los cinco autores que he reseñado en mi blog, tú mencionas en un solo artículo a tres. Aprovecho para romper una lanza aquí en favor de otro maravilloso autor que quiero reivindicar, especialmente por sus relatos cortos: Richard Yates.

Un saludo desde hoy cálido Berlín,
Mikel Aboitiz

Fernando Valls dijo...

La entrada, Mikel, está escrita por Pedro Herrero, cuyo nombre me olvidé de poner.
Ya me gustaría estar en el cálido Berlín. Saludos.

Propílogo dijo...

Tiene buena pinta el sitio. Me lo apunto para otro año.
Carver, sin duda, es una buena lectura para una terraza al aire libre. Murakami tal vez no tanto. Creo que he leído todo menos el último, y el de cuentos me pareció el más flojo. A Murakami, eso sí, le debo haberme llevado a leer a Mishima -algo de Mishima-.

Curioso. Tengo una prima japonesa. Mi madre le dijo que le gustaba Murakami porque era muy japonés. Y ella le contestó que a los japoneses les parece precisamente muy poco japonés.
Saludos
Gabriel

Paloma Hidalgo dijo...

Tu viaje me da envidia, para qué negarlo. Conozco esa zona, pero hace muchos septiembres que no la visito.

Además, coincidimos en lecturas Pedro. Murakami me acompaña estos días.

Como siempre, ha sido un placer leerte.

Un abrazo.

Carmen Jiménez dijo...

Yo visito cada dos o tres años Llançá y me encanta alojarme en el hotel Gri-Mar, cargada de libros como Pedro... Ay, qué nostalgia... Parece que hace un siglo que he vuelto de vacaciones.

Pedro Herrero dijo...

Muchas gracias, Fernando, por la edición. Y a todos vosotros por vuestros comentarios.

Lluís Feliu dijo...

Cordiales saludos desde Llançà, en la República del Cap de Creus !

republicadelcapdecreus.bolgspot

Lluís Feliu

Emilia Oliva dijo...

No sé si Pedro, es ya Pere, pero me alegra que además del recorrido literario y de paisaje que nos propone se adentre por las arenas movedizas de la actualidad, con sorna marinera, no podía ser de otro modo.
Muy buena receta esa forma de ver y leer paisaje, literatura, actualidad y reflexión personal. No he leido a Pla todavía, no tengo perdón.