sábado, 5 de febrero de 2011

Vargas Llosa aristócrata

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Que el rey don Juan Carlos le haya concedido al escritor Mario Vargas Llosa un título nobiliario, marqués de Vargas Llosa, por su "extraordinaria contribución, apreciada universalmente, a la literatura y a la lengua española, por lo que queriendo demostrarle mi real aprecio vengo a otorgarle el título para él y para sus sucesores", no hace más que retificar lo que muchos lectores ya sabíamos. Hace mucho tiempo, desde la impresionante La ciudad y los perros, que el escritor peruano forma parte de la más selecta aristócracia de las artes y las letras, con Alice Munro, J.M. Coetzee, Javier Marías (quien es, no lo olvidemos, Rey de Redonda), Luis Mateo Díez o Cormac McCarthy, por sólo citar unos pocos nombres de autores que respeto y admiro. Por no recordar también que es Duque de Miraflores en el reino de Redonda. Pero lo que me alegra del gesto del rey es que resulte una manera más de vincularlo a la historia y la cultura de nuestro país.
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Todos los lectores saben que Vargas Llosa es un gran narrador, pero me parece que también es un extraordinariko articulista y uno de los mejores ensayistas literarios que ha habido nunca en castellano, un modelo a seguir. Claro que nunca falta alguien que diga, restándole méritos, que no siempre comparte lo que opina en sus artículos. A este respecto, me imagino que el mismo Vargas Llosa, y cualquier articulista con sentido común, estaría preocupado si sus lectores estuvieran siempre de acuerdo con sus opiniones. Cuando pondero sus artículos, en realidad lo que desearía es llamar la atención, en primer lugar, sobre la costrucción de la pieza, la manera de argumentar que exhibe, y la pasión y honestidad que pone en la defensa de lo que cree.
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Como no parece que estemos sobrados de escritores de semejante calibre, doblados de grandes críticos y articulistas, sólo puede uno alegrarse de este nuevo reconocimiento, con el que por otra parte se ratifica lo que ya sabíamos: que Vargas Llosa hace mucho tiempo que es un auténtico príncipe de las letras y del pensamiento literario; sólo quedaba ponerle el correspondiente apellido. El rey lo ha encontrado fácilmente: marqués de Vargas Llosa.
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10 comentarios:

Elèna Casero dijo...

Gestos de este tipo es lo que siempre ha faltado en España.
Lo que he envidiado de los ingleses que, con total orgullo, nombran Caballeros a quien se lo merece. Desde cantantes pop a directores de orquesta y escritores.
Se podrá estar de acuerdo o no con Vargas Llosa en sus razonamientos pero lo que no hay duda es, como bien has dicho, que es un príncipe de las letras.

Antonio Cabello dijo...

Completamente de acuerdo contigo, con puntos y comas incluidos. Un saludo.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Lo mismo que Antonio, el que me precede, te digo, Fernando.
Un abrazo, Javier.

Fernando Valls dijo...

A un comentarista anónimo le molesta la unanimidad sobre el tema. Tiene toda la razón. Esperamos como agua de mayo sus argumentos en contra, que publicaré con mucho gusto, siempre que no se ampare en el anonimato, como ha hecho hasta ahora.

carmen peire dijo...

Por meter un dedo en el ojo: ¿marquesados en tiempos contemporáneos?. Yo daría un título ciberespacial, o digitalizado. No sé. La aristocracia me parece un anacronismo desde el punto de vista político. Desde el punto de vista simbólico puede ser otra, máxime si tenemos en cuenta que, por ejemplo, el marqués de Argüelles llegó a serlo por dedicarse a la trata de esclavos en Cuba. Entre eso y la buena literatura, me quedo con lo segundo. Pero, como republicana medular, hasta lo del Reino de Redonda de Javier Marías me produce alguna chispa
Carmen Peire

Fernando Valls dijo...

Gracias, Carmen, por meternos un poco el dedo en el ojo... Da gusto que alguien disienta con nombre y apellido. Yo entiendo el título, y me da igual que sea monárquico o republicano. como un reconocimiento de la máxima autoridad del estado a un gran escritor que, como Max Aub, no nació español, pero ha aceptado y querido serlo.
Y gracias también a los demás por vuestros comentarios.

carmen peire dijo...

De acuerdo, Fernando, eso también lo pillo yo, no soy tan pacata. Pero ¿no sería preferible sólo (perdón, solo, que ya no lleva acento) Ciudadano de Honor de España, incluso Senador honorífico de la República de las Letras, o Presidente de Honor de lo que se quiera? También está la Medalla al mérito del trabajo y un sinfín de condecoraciones. De todos modos, particularmente, me hace más gracia aun en el ciudadano Del Bosque, tan discreto él, y ya ves, marqués. Cosas peores veredes, amigo Sancho. Besos

carmen peire dijo...

Por cierto, para mí, Vargas Llosa, independientemente de lo que opine, es un Caballero de las letras. Soy una fiel seguidora y me alegré del Nobel muchísimo. Eso sí, me decepcionó algo su discurso. Ya no me meto más,palabra.

Fernando Valls dijo...

A mí lo del marquesado a Del Bosque me ha parecido muy bien, honra a la aristocracia; es como si se lo dieran a Guardiola. En un país de bocazas (sólo nos faltaba Mourinho, una vez que parece que nos hemos deshecho de Laporta), da gusto que quede gente como ellos, prudentes, discretos y eficaces. Gracias, Carmen.

Anónimo dijo...

Valls: aquí van dos notas peruanas sobre el tema.

martes 8 de febrero de 2011
DE NOBEL A MARQUÉS
Primero nobel, después marqués.

Me pregunta Carlos Meneses desde Palma de Mallorca sobre lo que pienso acerca del ingreso reciente a la aristocracia española de nuestro graciosísimo premio nobel. La pregunta de Meneses quien además ejerce como periodista en la misma isla en la que los reyes de España se entregan a solaz y esparcimiento en el parreño y veraniego Palacio de Marivent, me llega como anillo al dedo cuando me doy cuenta de que hace unos días en este mismo blog. he publicado en homenaje a Darío un poemilla que lleva por nombre el día de su natalicio. En este caso la casualidad ha sido lo que los surrealistas llamaban la necesidad del azar objetivo: Darío dice en su poema preceptor: puede que por mis manos corra sangre de indio chorotega o mandragano a despecho de mis manos de marqués. Y esto es algo que siempre me ha inquietado en el nicaragüense. Y creo que también ha inquietado a gran parte de los poetas latinoamericanos. Lo que no sabíamos es que toda esta vaguedad terminaría encarnando históricamente en la aceptación del marquesado por parte de nuestro único nobel. Al que creíamos peruano. Peruano de la República Peruana. Porque, claro, ahora es un aristócrata español, del Reino de España con un título nobiliario que heredará, nos preguntamos, su amado vástago Alvarito? O sus nietos? O sea, todo esto no será la reintroducción de las aristocracias europeas en la vida cotidiana de nuestras pobres repúblicas? Algo así como avanzadillas de Maximilianos y Carlotas del siglo veintiuno? Seguro que exagero cuando pienso que vivimos en lo que fue el virreinato más seguro de la corona, y el más reaccionario, para cuya destrucción tuvieron que concurrir dos grandes ejércitos. Seguro que exagero cuando presumo que la historia no existe y que tan sólo la paradoja nos ilumina y congrega en este páramo de clases medias que se han quedado boquiabiertas con el notición.
No he querido reírme a pesar de que sé que hay cosas que no tienen remedio. Pero imagino que cualquier republicano español de la República Española: Alberti, Bergamín o Garfias o la misma María Zambrano, por no hablar de García Lorca o Miguel Hernández, junto a los peruanos Vallejo y Oquendo de Amat que pelearon por la República, se reirían con ganas de nuestro afamado premio nobel. Pero la paradoja no termina ahí. La tesis de MVLL en San Marcos, su primera tesis versaba sobre Darío. Por lo que presumo que nuestro querido nobel además de marqués siempre quiso ser poeta.

Vladimir Herrera. Cusco. Febrero del 2011