miércoles, 16 de febrero de 2011

El viaje de los gansos salvajes

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Todos los años, cuando empieza el buen tiempo los gansos salvajes abandonan África y viajan al norte de Europa. Nosotros, locos y errantes, recorremos el camino contrario, dejamos el norte y nos cobijamos en la africana Barcelona. El pasado sábado, para despedirnos de un par de buenos amigos, nuestra vecina y profesora María Jesús Beltrán y el también profesor Neumeister, nos fuimos a comer al restaurante Moorlake, que sirve una maravillosa comida tradicional alemana, y tiene su pequeña historia, pues en 1840 lo mandó construir Federico Guillermo IV, como un refugio forestal, para su esposa, Elisabeth de Baviera. El arquitecto fue nada menos que Ludwig Persius, discípulo de Schinkel. Pero en 1875 se convirtió en un Gastwirtschaft (mesón). Hoy, el local tiene tres atractivos importantes: el paisaje del entorno, el restaurante está situado en el parque del palacio de Glienicke, entre Berlín y Potsdam; la buena cocina, al estilo de Brandemburgo, a un precio muy razonable, y las lecturas periódicas de escritores. Por 60 euros, puede uno comer y oír leer sus textos a un buen escritor, muy cerca de un paraje idílico. El caso es que al terminar la comida y la charla, tomamos el sendero que corría por la orilla del río y llegamos andando hasta el embarcadero de la isla de los pavos reales. Ya de vuelta nos cruzamos con los gansos salvajes que volaban de regreso al norte, "en donde dicen que la gente es limpia/ y noble, culta, rica, libre,/ despierta y feliz", tal y como afirma Espriu en su poema "Ensayo de cántico en el templo". Sebastian, sabio y erudito, recordó entonces El maravilloso viaje de Nils Holgersson, de la escritora sueca Selma Lagerlöf. El libro fue publicado entre 1906 y 1907 y, me acabo de enterar ahora, surgió como producto de un encargo que la Asociación Nacional de Maestros le hizo a la narradora para ser utilizado como lectura en las clases de Geografía de las escuelas públicas. Este libro fue el primero en adoptar el nuevo sistema ortográfico que acababa de aprobar la Academia Sueca. A mi querido amigo Salvador Gutiérrez, si es que desconoce este dato, creo que le gustará saberlo. No se me ocurre unas imágenes de despedida más románticas que estas de los gansos salvajes surcando el cielo en orden, en busca de un clima más apacible. Tenemos mucho que aprender de ellos.
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* Las fotos son de Gemma Pellicer.
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8 comentarios:

Freia dijo...

No me pierdo ni una de sus magníficas entradas, Fernando. Pero las que son personales me atraen especialmente y me enganchan de principio a fin. Espléndida entrada y feliz regreso.
PS Y, como siempre, me encantan las fotos de Gemma.

sergio astorga dijo...

Fernando, me sumo a los elogios de la Condesa Freia.
Sólo faltó una sinfonía. Un andante mas no tanto.

Abrazo fotográfico.
Sergio Astorga

Sinsellos dijo...

Precioso texto, es como estar allí, en medio del crudo invierno, pero sintiendo una gran placidez.

Un abrazo a los dos, feliz regreso

Beatriz

Joaquín Parellada dijo...

Hago mías las palabras de la bellísima condesa (excelente el texto de Galdós sobre ella que puede escucharse en su página) y de Sergio. Yo creo que todos tus fans, Fernando, acabaremos pidiéndote un libro donde colecciones estas crónicas personales, con fotos de Gemma incluidas.
Tu entrada me ha hecho recordar que yo leí en el colegio “El maravilloso viaje...” gracias a un profesor del que, sin embargo, conservo un recuerdo agridulce. Por cierto, al ver el título, pensé que ibas a hablar de Tony Soprano.
Abrazos,
J.

Fernando Valls dijo...

Gracias a todos, por los buenos deseos y por los comentarios.

Rosana Alonso dijo...

Precioso el texto y las fotografías, formáis un equipo estupendo Gemma y tú.

Por mi pueblo pasan esos gansos y patos también, me emociona mucho verlos pasar hacia otras tierras.


Un abrazo a los dos y bienvenidos.

manuespada dijo...

Bienvenidos de nuevo al "SUR". Quizá paséis calor hasta habituaros de nuevo a este invierno mediterráneo.

Belnu dijo...

Y la fotos son preciosas