sábado, 29 de noviembre de 2008

¡Mujeres y vino! El Cervantes de Marsé

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Juan Marsé sí recibió con alegría la noticia de que le habían concedido el Premio Cervantes, entre otras razones obvias, de reconocimiento y prestigio literario, porque este año se ha incrementado su dotación hasta 125.000 euros. E incluso estoy seguro de que ha debido pensar que Juanito Goytisolo bien podría darle la pasta, si es que para él va a suponer tanto disgusto aceptarla... A mí, me cogió de viaje, en Málaga, pero aunque ahora sea algo tarde no quiero dejar de rendirle homenaje a quien considero uno de los grandes narradores en español, sin distinción de países, de las cinco últimas décadas. No en vano tiene en su haber obras tan importantes como Últimas tardes con Teresa (1966), con la que obtuvo el prestigioso Premio Biblioteca Breve de Seix Barral; Si te dicen que caí (1973), en mi opinión su mejor novela; Un día volveré (1982), Ronda del Guinardó (1984), una pequeña obra maestra de la novela corta; Teniente Bravo (1987), en la que el cuento que le da título tendría que figurar en las más exigentes antologías del género; El embrujo de Shanghai (1993), Premio de la Crítica y Premio Aristeion Europeo de Novela, y Rabos de lagartija (2000), por la que se le concedió el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa. Por el conjunto de su labor literaria también ha sido reconocido con el Premio Juan Rulfo (1997), siendo el único español que lo ha obtenido, y el Premio Internacional de la Unión Latina (1998), que se concede en Roma.
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El jurado que le ha concedido el premio estaba compuesto por José Manuel Blecua, Juan Gelman, Antonio Gamoneda, Manuel Longares, Ignacio Amestoy, Antón Castro y una serie de señoras y señores que resultan absolutamente desconocidos. La presencia, por otra parte, de Ángel Gabilondo no es fácil de justificar. ¿Qué pinta este, por otra parte, ilustre y respetable señor en el jurado de un premio de literatura?
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De las misma manera que nunca olvidaremos sus aventis, sus lectores tampoco podrán dejar de recordar a Teresa, Manolo Reyes el Pijoaparte, la prima Montse, Sarnita, Aurora/Ramona, Jan Julivert Mon, Rosita, el inspector, y Rosa, la pelirroja, algunos de sus inolvidables personajes.
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Con las adaptaciones cinematográficas de sus obras, a cargo de Gonzalo Herralde, Vicente Aranda y Fernando Trueba, Marsé ha tenido tan poca fortuna que parece ser que está escribiendo una novela sobre este asunto, un "pequeño ajuste de cuentas" con los guionistas y directores.
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Como no podía ser menos, los periodistas le han preguntado en qué va a invertir el dinero del premio. Y Marsé les ha contestado como se merecen, devolviéndoles el lugar común: “En mujeres y vino, por supuesto”. Lo que me gusta de Marsé, en fin, es su independencia, la naturalidad y falta de afectación, la lucidez y humor con la que convierte en algo aparentemente sencillo lo complejo, su distancia del poder (pero de verdad, no a la manera impostada e hipócrita del manoseado JG), y cómo su escasa sofisticación intelectual le ha servido para mantenerse, durante cinco décadas, nada menos, al margen de las modas, contando las tragicomedias que quería, sin preocuparse si su narrativa era realista o experimental, local o cosmopolita. Algunos escritores que estos días lo jalean podrían tomar nota y aprender algo de la fecunda lección de quien no sólo es un gran novelista sino también un preciso escritor. En estos últimos tiempos en los que hay quien parece descubrir la sopa de ajos, Marsé ha recordado que él no ha hecho otra cosa en su vida que escribir para preservar la memoria usurpada por el franquismo. No se me ocurren muchos empeños mejores.
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P.S. Quizá la otra gran noticia sea que el escritor mallorquín Baltasar Porcel, con quien Marsé ha cruzado descalificaciones numerosas veces, lo felicitaba ayer en La Vanguardia.
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* La caricatura de Marse, con lagartijas, es de LPO.
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8 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Somos muchos los lectores que hemos brindado en estos días por Marsé. Como bien dices, ha estado y está
en las antípodas del escritor impostado que tanto abunda, pero con una autenticidad asombrosa y admirable. Hay galardones que da gusto conocer y vocear. Otros muchos son enjuagues de amiguetes ajenos a la literatura.
Saludos.

condonumbilical dijo...

Mira que empecé a leer uno que era "las bragas de oro no sé qué" y no lo acabé.

Fernando Valls dijo...

Lee `Ronda del Guinardó´ y ya verás como lo acabas y te interesa. Y si no lo acabas es que lo tuyo no es la lectura.

Anónimo dijo...

Grande, Marsé.
Nicolás

basiliopc dijo...

A mí hay una cosa que no me encaja del Cervantes: ¿por qué dan tanto dinero al ganador?
En épocas de crisis económica como ésta, ¿necesita un escritor consagrado 125.000 euros de las arcas del estado? ¿No es suficiente con el prestigio que se supone que da el premio, y con el incremento de ventas de sus obras que seguro que provoca?

Luis Recuenco dijo...

Sin duda Marsé es un autor infravalorado, pero siempre orgulloso de su profesión. Estoy contigo en todo, para mí "Si te dicen que caí", junto a "Volverás a Región" de Benet, son las mejores novelas de la censora posguerra española. "Teniente bravo" se merece un puesto en la más exigente antología del relato.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Basililiopc querido, es curioso y sintomático que se cuestione la cuentía de un premio literario (por la crisis, encima), y no se cuestionen otras cosas. No cuestionaremos que el ejecutivo de televisión pública autonómica cobre un buen sueldo (dinero público en cuanto que su cadena recibe grandes inyecciones de capital del estado) todos los meses durante años, o que lo haga el guardabosques, el funcionario de prisiones, el profesor de universidad, el barrendero y ujier de OMEL.

Claro, como siempre, escribir no es trabajar. Los escritores, al parecer, no generan ningún bien para el conjunto de la sociedad (o éste no es equipareble al bien que genera para esta el ejecutivo de televisión con corbata y un buen número de propiedades).

Si quiere usted envidiar con razón, mire para otro lado: a los que se apuntan ahora a fabricar energía con molinos de viento, a los que especulan en bolsa y lo han hecho con la vivienda hasta provocar esta crisis, a los banqueros que reciben dinero del estado a mansalva para que se mantenga su enorme volumen de negocio, pero deje usted en paz a los escritores, que bastante tienen con sacar sus libros adelante a pesar de que la sociedad (esa misma que premia tanto a otros) no dispone para ellos más que algún premio o beca. Déjelos en paz, Basililiopc, no nos basilili usted con la crisis, que bastante tienen los escritores con tener que escribir después de ganarse la vida en cualquier otro oficio, a deshoras, por la noche, quitándole horas al sueño.
Nicolás

siempreconhistorias dijo...

Te comentaba el día de tu noticias, pero se ve que me fallo de nuevo la informática, que considero este premio merecidísimo y que considero a Marsé excelente escritor y extraordinario perosna. Buena gente que decía Triana en el blog de Los Convidados. Me encantó, además su respuesta, para escándalo de algunas. Un amigo andaluz solía decirme el dinero siempre para copitas de coñá y mujeres en cueros.
Gracias Fernando por tus artículos. Felicidades, Marsé.
Un saludo.