lunes, 24 de agosto de 2015

Usain Bolt y Lang Lang

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Son tal para cual..., paradigmas de la sonrisa y la felicidad pública, e incluso podría decirse que Bolt es el Lang del atletismo y Lang el Bolt de los pianistas clásicos. Pero lo que resultaría un disparate es poner a correr a Bolt en una sala de conciertos, momentos antes de la actuación de Lang Lang... Bueno, pues eso exactamente es lo que se les ha ocurrido a los organizadores chinos de los Campeonatos del Mundo de Atletismo, que han empezado a celebrarse en Pekín, instantes antes de la final de 100 metros lisos. Con los atletas ya situados en sus correspondientes calles, tras el calentamiento, solo se les ha ocurrido sacar a Lang Lang a la pista para que tocara el piano durante 9´58 segundos (¿la versión postmoderna del 4´33 de John Cage?), tiempo del récord de Bolt, e hiciera un par de monerías... La cara de espanto que pusieron el francés Vicaut, el canadiense De Grasse, e incluso los inexpresivos Gatlin, Gay y Powell, por no hablar del siempre mímico Bolt, que parecían no entender nada de lo que estaba pasando, no quedará en la historia del atletismo sino en la del disparate y la de la ocurrencia, tan propios de nuestra época.  
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3 comentarios:

José Payá Beltrán dijo...

Tienes razón, Fernando. Vivimos en la época del disparate... Lo malo es que es tan cotidiano, está tan "institucionalizado", que muy poca gente parece darse cuenta... ¿Conoces el cuento sobre el pozo que provocaba la locura en todo aquel que bebía de él? El rey prohibió que la gente bebiese; pero, obviamente, nadie le hizo caso. Al cabo de un tiempo, el rey, según sus conciudadanos, era el único loco... Pues cada vez tengo más la sensación de ir convirtiéndome en ese rey "loco", ¿tú no?

Fernando Valls dijo...

Espero que haya muchos más locos, reyes y mendigos... Saludos.

Escribidor dijo...

Philippe Muray en "Après l'Histoire" donde recoge las crónicas publicadas de enero de 1998 a enero de 2000 analiza los hechos de ese periodo y avanza un análisis de este tipo de "eventos". Con una ironía y gran sentido del humor, creación de palabras para denominar fenómenos nuevos, considera que ha aparecido un nuevo especimen de hombre "Homo festivus", que estamos en la época "du festivisme" y de la ciudad "festivisée".
Pasa revista a la literatura y el arte contemporáneos, la música... y a medida que avanzan los años su análisis parece cada más certero. El despotismo festivo, un nuevo totalitarismo. Analizando la victoria de Francia en el Mundial de fútbol en 1998 y lo que sucedió entonces concluye (traduzco rápidamente): "Ya no se trataba de deporte,como no se trata tampoco de pintura o de arte desde que han sido incluidos en la esfera de la Cultura, que es otra de las regiones del despotismo festivo, y los únicos que deberían haberse inquietado por un triunfo tan unánime son precisamente los amantes del deporte, los fans y los propios deportistas. Ya que es el fútbol el que ha dejado de existir como tal, como todo lo que se apropia el sistema totalitario hiperfestivo (pero habría que precisar: los totalitarismos dudaban de sí mismos, y es la razón por la que se mostraban tan bárbaros; mientras que nuestro totalitarismo no duda de nada ni de nadie, se ha metido el Bien en el bolsillo, puede pues permitirse este aplastamiento general con dulzura de la que ninguna tiranía del pasado hubiera ni siquiera osado esbozar el proyecto)." Clarificador libro cuya lectura recomiendo.