miércoles, 26 de agosto de 2015

Sobre `La voz en pie´, de Gracia Morales

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Qué poco poco: la voz en estado de gracia, por EMILIA OLIVA
(Sobre La voz en pie, de Gracia Morales, publicado por Ediciones Dauro, Granada, 2014)
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Romper el espejismo para hacer aflorar la verdadera dimensión del mundo y del hombre en el mundo. Usar las palabras y traerlas de nuevo a su ser con cuerpo. El cuerpo que alcanzan cuando nombran por primera vez. Oír de nuevo palabras viejas como la lengua que las vertebra y revelarlas despojadas, desnudas, prístinas. “Bienaventuranza”. Se eleva la palabra desde lo recóndito olvidado y regresa con su fulgor de incógnita. Visión y posesión de Dios. Prosperidad. Felicidad del hombre. Bienaventurada Gracia Morales que levanta la palabra, nos ofrece el milagro de la voz sin ruidos, despliega la visión certera del hombre de hoy -su infelicidad devastadora- y nos recuerda que hemos confundido los dones -la vida, los astros, la alegría- con un juego de espejos.
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Gracia Morales pone la “voz en pie”, la que corresponde al hombre que camina sobre la tierra desde que es hombre. Esa extraña condición que se pierde en el siglo XX con la shoá y las bombas de Hiroshima y Nagasaki y que sigue deteriorándose: comercio de órganos, secuestros de mujeres para esclavas sexuales de las ordas del mal llamado Estado Islámico, eliminación del otro que no identifico como mi semejante. La voz alienada ha de volver a caminar erguida. La voz erguida lo es sin artificios. En medio del ruido del mal llamado siglo de la comunicación, la austeridad de la palabra poética se manifiesta como gesto de subversión frente a la realidad. No es un problema de medios, la comunicación. Es un problema de perversión del lenguaje global que no dice, sino repite como eco. Volver al decir, es volver a la simplicidad del verbo.
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Morales se para y mira. Nos ofrece dos nudos que estructuran el libro: “Bienaventuranzas” y “La mirada alrededor”. Bienaventuranzas recuerda el marco ético, el suelo sobre el que hombre es hombre desde el origen, el mandato divino.
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Y para que alguien pueda
abrir ancha la boca y declarar
“este soy,
este mi nombre,
aquí están mis palabras
y aquí
mis gestos cotidianos”,
(…)
es necesario llevar dentro
la mirada y la voz de la gente querida
(…)
Sólo entonces puede alguien afirmar
que se mantiene vertical y útil,
con su nombre de cada día,
sus palabras, sus gestos,
puesto en pie sobre la tierra.
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La vida con y por el otro, el trabajo, el juego, la naturaleza, el tiempo, la mujer, la ley de Dios, la vida.
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La mirada alrededor repite en su interior la estructura binaria del libro y establece una frontera entre “el lado de acá” y “el lado de allá”. Del lado de acá cae el cansancio, la rutina, el miedo, la inseguridad, el hombre alienado por la publicidad, los medios de masas, el consumo. La ironía como única herramienta para hacer visible la paradoja se desliza como eficaz escalpelo que nos muestra las tripas del cuerpo social corrupto. Del lado de allá cae la violencia, la tortura, el desamparo, el arrepentimiento, la culpa, el abandono, la política, la falsedad, el engaño, la ruina, la guerra, la muerte, la rabia, la soledad.
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No hay esperanza sino en el decir lo que se nos niega, lo que se nos escamotea por los trileros, los tahúres de los medios de comunicación en pugna: lo real evidente.
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Qué poco necesita un niño
cualquiera para jugar al fútbol.
(…)
Rodillas,
ganas de abrirse
de par en par los pulmones,
qué poco poco,
cuatro cañaveras o un trozo de yeso
y algo que ruede favorablemente
de una esquina para otra.
(…)
Qué poco, en verdad,
qué poco necesita un niño
para vivir libre con todo el cuerpo,
a salvo, por unas horas,
del mundo que hemos creado para él
los adultos.
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“Qué poco necesita un poeta/ cualquiera para escribir un poema”, nos revelará más tarde. Porque, en definitiva, qué poco necesita un hombre para ser hombre: un poco de alimento, un poco de abrigo, un poco de tierra para habitar y todo el tiempo del mundo para ser consciente y dar gracias. No otra cosa fue el canto, la poesía, el arte. Conjurar el mal y exaltar la belleza del mundo.
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2 comentarios:

Juan barroso dijo...

Que decir? Bien y gracias. A Emilia y todos los Locos.

Gracia Morales dijo...

Gracias, Emilia por tus palabras emocionantes. Gracias Fernando, por ceder este espacio a la poesía y a la reflexión. Hay que seguir subiéndose una y otra vez a estas naves de locos para guiarse en el trayecto de la vida.