sábado, 1 de agosto de 2015

Tiempo de cerezas

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Si en primavera florecen los cerezos, es durante los primeros meses del verano cuando los mercados se inundan de esta rica fruta. Este año ha habido una cosecha muy abundante. Los mercados de Berlín se han llenado de ella y han bajado los precios, pues a las habituales cerezas alemanas, gruesas y muy sabrosas, pero caras, y turcas, mucho más baratas, aunque menos ricas, se han sumado este verano las españolas, de precio medio, procedentes del Valle del Jerte y de Aragón.
En Asia oriental se disputan su origen. Hasta ahora se daba por hecho que provenían de Japón, pero los coreanos del sur afirman que las cerezas japonesas proceden de la isla de Jeju, mientras que los chinos están convencidos de que su origen está en el Himalaya y que solo llegaron a Japón durante la dinastía Tang, entre los siglos VII y X, tal como nos informa Thiago Ferrer en un breve artículo publicado en El País Semanal. Nos da igual quién gane esta carrera, lo que esperamos los consumidores es que haya en abundancia, bajen los precios y sean sabrosas.
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El tiempo de las cerezas, de Jean-Baptiste Clement
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Cuando vuelva el tiempo de las cerezas
el ruiseñor alegre y los mirlos burlones
estén todos de fiesta,
las muchachas tendrán pasión en sus cabezas
y los enamorados, sol en el corazón.

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Cuando vuelva el tiempo de las cerezas
silbarán mejor los mirlos burlones.

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Pero es muy corto el tiempo de las cerezas,
cuando las parejas entre ensueños
van a cortar pendientes para sus orejas.
Cerezas de amor con sus trajes iguales
que ruedan bajo las hojas como gotas de sangre
Pero es muy corto el tiempo de las cerezas,
pendientes de coral que se cortan soñando.

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Cuando estéis en el tiempo de las cerezas,
si acaso teméis las penas de amor,
evitad a las hermosas mujeres.
Yo, que no les temo a las penas crueles,
no viviré ya un día sin sufrir…
Cuando estéis en el tiempo de las cerezas
vosotros también tendréis penas de amor.

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Por siempre amaré el tiempo de las cerezas.
De aquel tiempo guardo en el corazón
una herida abierta.
Y aunque se me ofreciera la diosa Fortuna,
jamás podría calmar mi dolor.
Por siempre amaré el tiempo de las cerezas,
y el recuerdo que guardo en el corazón.

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* Este poema de Jean-Batipste Clement (1836-1903) está dedicado a Louise, la valiente ciudadana que conducía una ambulancia durante la noche del 28 de mayo de 1871, un domingo en que se produjeron los fusilamientos de los comuneros de la calle Fontine-au-Roi, junto a los Járdines de Luxemburgo, que puso fin a la Comuna de París, a la que pertenecía el poeta, el gobierno popular que rigió París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871.
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* El cuadro es de Andy Warhol.
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7 comentarios:

Isabel Mercadé dijo...

La canción, mucho antes de saber su origen, me produjo cuando la oí por primera vez un montón de emociones de todo tipo. Tanto el poeta como el músico hicieron una obra maestra, porque si no ¿cómo es posible provocar todas esas emociones desconociendo su origen y no entendiendo completamente la letra?
Ésta es mi versión preferida, quizá porque suena tan antigua: https://www.youtube.com/watch?v=C1IYwMe0gJA

Taty Cascada dijo...

Y yo desde mi hemisferio, espero mi tiempo de cerezas. ¡Vaya fruto delicioso!. Si son originarias de Japón o de China es un tanto irrelevante, en el fondo, es la misma confrontación que tenemos los chilenos con los peruanos por el origen de la papa, para nosotros originarias de la enigmática isla de Chiloé y para ellos en su localidad. En fin, que lo importante es el sabor y delicia de cada producto.
Abrazos desde mi sur.

Fernando Valls dijo...

Taty, lo que llega aquí de Chile son unas uvas negras riquísimas, aunque este año se han visto menos, y buen vino.
Saludos.

Anónimo dijo...

¡Hola, Fernando! ¡me ha emocionado esta entrada! Y curiosamente, hace poco he estado escribiendo un artículo que menciona la Comuna. ¡Oye, pero de verdad, qué lindo todo!: tu reflexión sobre la época de las cerezas, el célebre poema, la coda ¡todo! ¡gracias! Lo voy a compartir en mi muro, si no te importa. ¡Y que viva el tiempo de las cerezas! ;-))))))))

Inés Mendoza

Fernando Valls dijo...

Gracias, Isabel, pero en Alemania son tan estrictos con los derechos de autor que no podemos oír la versión que nos recomiendas.
Y gracias también a ti, querida Inés, y claro que puedes subirlo a tu muro. Me acordé de vosotros al enterarme de la mala noticia del cierre del Comercial. ¿Dónde vamos a quedar ahora? Besos.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Las más grandes y sabrosas que he comido las compré en Creta, hace ya más de una década, cuando los griegos todavía creían que Zeus los protegía. Parecían ciruelas. Tu entrada me ha recordado aquel viaje. Un abrazo desde Cabo de Palos.

Anónimo dijo...

Tienes razón, Fernando. Lo del Comercial es terrible. He asistido a tertulias y tomado cafés con amigos, compañeros, clientes o conocidos allí. Ha sido un lugar importante para mí. Además, era una de mis paradas "turísticas" obligatorias cuando venía algún amigo de otro país y me proponía contagiarle el sabor del viejo Madrid literario. Ahora lo cierran sin más, como han cerrado tantos cines, como han arrancado los bellísimos carteles que adornaban la Gran Vía. Ha sido desolador para mí, y no solo como arquitecta. Y una pérdida para todos nosotros. Un beso grande, Fernando. Que sepas que tu entrada me ha inspirado; muchas gracias. Un feliz verano para tí y para Gemma. :-)

Inés Mendoza (pongo el apellido más que nada para que sepas que no soy un robot, jaja)