miércoles, 14 de enero de 2015

GABRIEL DE BIURRUN, 1

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Kyse
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Consiguió robarlo, con gran peligro y un miedo tremendísimo. Entrar en aquella casa era una locura, habiendo oído la historia de Bueno y el yaguareté. Sin embargo, la codicia pudo a Mopane, que soñaba que la magia del kyse le ayudaría en la caza y le granjearía un respeto que nadie le tenía.
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Dejó la puerta como estaba, abierta, para que el cerdo entrara y saliera a su antojo, y huyó con el kyse de Bueno Wilson Ollacarizqueta envuelto en un saco. La jungla lo acogió y le ofreció cientos de escondrijos de ladrón, y cientos de sombras donde se guarecía la culpa que lo perseguía. Mopane se sentó varias veces a observar el kyse. Incluso probó su filo en alguna rama.
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El temblor le trajo un lloro animal cuando vio que se movían las hierbas altas junto al río. Saltó empuñando el kyse y cayó en un remolino de sangre, con el brazo dolorido y tibio. Después, en el río, flotaba ante Mopane el cuerpo incompleto de Matilde, que precisamente estaba allí gracias a que Bueno Wilson dio muerte con el kyse al yaguareté que la acechó.
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Con el kyse en una mano y la cabeza de la mujer en la otra, Mopane se encamina al pueblo dispuesto a confesar el crimen. La cabeza de Matilde Azcona Urbach se balancea al ritmo del canto de un guyra, rojo y verde, brillo testigo maldito, que tararea la adversidad y se le ríe a la cara. Mopane alarga la mano, sacude el kyse y parte en dos al guyra, que cae al suelo en un revoloteo divorciado y roza con un ala la mejilla pálida de Matilde.
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La magia del guyra que agoniza suele perderse en la selva en forma de ranas increíbles o haciendo florecer a destiempo la yerba mate. Esta vez la magia atraviesa los ojos muertos de Matilde y el corazón deshecho de Mopane en forma de un calambre que los recorre, y que hace que las dos cabezas se intercambien y que el cuerpo de Mopane flote en el río, ya medio comido.
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Y Matilde, dolorida y perpleja, con el peso extraño del kyse en la mano, llega ante Bueno Wilson Ollacarizqueta y echa al fuego la cabeza del tonto Mopane Jeeves Torrontegui.
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* Estos dos microrrelatos, el segundo aparecerá en una próxima entrega, forman parte del libro inédito Algunos animales malignos. El cuadro es del aduanero Rousseau.
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4 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

Kyse (cuchillo, en lengua guaraní) es un relato selvático, en el amplio sentido de la palabra. No solo transcurre en la jungla sino que enreda al lector con una trama espesa y unos nombres propios exóticos (algunos, de ascendencia vascogermánica) que irrumpen en escena con la misma rotundidad con la que, a veces, tras una frase parece llegar el abismo. Es un texto lleno de color, de magia, de misterio.

La última vez que hablé con Gabriel iba yo armado con un bocadillo de lomo en una mano y una cerveza en la otra. Estábamos en un bar. Le dije: necesito leeros a los dos, a ti y a AGUS (Agustín Martínez Valderrama), porque escribís de forma diferente. Yo soy previsible, vosotros no. Luego hablamos sobre si los libros de microrrelatos debían o no debían tener capítulos, y al final nos perdimos los dos, cada uno por su lado, en la noche madrileña. De eso hace casi dos años. Pero por mucho tiempo que transcurra y muchas vueltas que dé el mundo, al señor Propílogo no lo pierdo yo de vista.

Propílogo dijo...

Gracias, Pedro, por la lectura atenta. No acostumbro, pero en este caso me puse un tanto selvático.
Ya hubo antes otro micro con Kyse (El orgullo de Bueno Wilson Ollacarizqueta) y acento guaraní en los apellidos de mi familia.
Recuerdo bien la última vez que hablamos, y a ese respecto podría darte un consejo que reduzca tu esfuerzo a la mitad y duplique tu satisfacción: no pierdas de vista a Agus).
Abrazo
Gabriel

Jesus Esnaola Moraza dijo...

No es fácil comentar detrás de Pedro Herrero, siempre tan lúcido. Menos aún cuando se está de acuerdo con todo lo que dice. El micro es exuberante, excesivo y enmarañado, lleno de matices. Y, sobre todo, estoy de acuerdo en esa apreciación sobre Gabriel en cuanto a escritor diferente. Gabriel es inconformismo, es búsqueda, es hallazgo. Y esa actitud es de agradecer, qué duda cabe.

Abrazos

Gemma dijo...

Sin duda un micro de tono arguediano de largo alcance. Enhorabuena, Gabriel.