martes, 22 de julio de 2014

JOSÉ ALBERTO GARCÍA AVILÉS, y 2

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El progreso
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Los hombres de blanco llegaron en camiones volquete con ruedas enormes y, en un abrir y cerrar de ojos, construyeron decenas de casas prefabricadas junto al poblado. Se corrió la voz de que una multinacional había comprado los terrenos de toda la chacra. En seguida los hombres de blanco fumigaron la tierra y plantaron miles de chufas. Luego supimos que eran cultivos transgénicos, modificados artificialmente mediante ingeniería genética.
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Para acelerar el crecimiento de las chufas les inocularon un bioestimulante. Cuando detectaban alguna plaga, rociaban los cultivos con pesticidas que exterminaban los bichitos. Entonces llegó la sequía. Contrataron aviones que bombardeaban las nubes con yoduro de plata para provocar lluvia.
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En cuanto la cosecha estuvo lista, envasaron las chufas al vacío y les inyectaron glutamato monosódico. Los camiones volvieron para llevarse la mercancía. Algunos dijeron que habían instalado una torre de telefonía móvil y una planta de tratamiento de residuos tóxicos cerca del río. Yo nunca pude comprobarlo. Pero el aire ya no se respira igual.
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Han pasado cinco años desde aquello. Los críos nacieron con malformaciones monstruosas. Las mujeres han dejado de ser fértiles. Apenas quedan jóvenes para amortajar los cadáveres. Tengo miedo. Anoche irrumpieron en mi casa y me amenazaron. Alguien les chivó que tengo estudios. Escribo esto con la certeza de que hoy vendrán a por mí.
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* Este microrrelato es inédito.
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