domingo, 20 de octubre de 2013

El gusto por prohibir, o Barcelona ciudad cerrada

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El señor Trias, alcalde de Barcelona, nuevo Torquemada, le ha cogido gusto a prohibir todo aquello que no concuerda con la mentalidad pequeñoburguesa nacionalista. En el 2011 prohibió que se vendiera en la librería que La Central tenía en el Museo de Historia unas chapas que consideró incívicas porque en ellas aparecían lateros, manteros o una carga policial; y en el 2012 censuró un dossier de la revista BCN Metrópolis sobre las nuevas formas de familia. Pero este año es cuando el señor Trias y sus secuaces (Marc Puig y el director del Museo de Historia, cuyo nombre desconozco) han puesto más carne en el asador de la censura: en julio prohibió la publicidad en los autobuses de un libro crítico sobre el molt honorable president (titulado Artur Mas, ¿dónde está mi dinero?); prohibió también el rodaje de la serie Isabel en la Plaza del Rey, por no estar de acuerdo con la visión que en ella se daba de la historia; y ahora ha impedido que la foto del torero tuerto Juan José Padilla (obra de Daniel Ocho de Olza, de Associated Press), que anunciaba la exposición de World Press Photo en el CCCB, aparezca en las banderolas destinadas a la publicidad institucional.
El PSC, el PP e IC y algunos periodistas, pocos, han alzado la voz contra las medidas censoras, pero lo más curioso es que la muestra lleve el título de Face Reality que es exactamente lo que nunca han logrado los nacionalistas: encarar la realidad.
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16 comentarios:

Miguelángel Flores dijo...

Pueden argumentarlo con lo que quieran y les venga en gana, pero la censura es la censura se mire como se mire y dice mucho del censor. Del señor Trías, vamos.

Saludos

Álex Chico dijo...

¿Desde cuándo le ha interesado al nacionalismo catalán esta ciudad? Para muchos de ellos, Barcelona es su verdadero problema, no Madrid.

Iván Teruel dijo...

Y sin embargo, los intransigentes (por decirlo con un eufemismo), para ciertas mentalidades, siempre estarán en otro lado (en el otro lado, de hecho).

Isabel Mercadé dijo...

Querido Fernando: Estoy del todo de acuerdo con el miedo que dan las prohibiciones. Ese hombre, además, da yuyu por muchas otras razones. Pero a mí me preocupa también (y supongo que dado que escribo en español estoy libre de toda sospecha al respecto)que cuando se habla de nacionalismos para criticarlos nos refiramos sólo al catalán. A mí el otro, con sus intransigencias también me da miedo.
Y una pregunta para Álex Chico(que no digo que probablemente coincidamos en la respuesta)¿a qué te refieres cuando dices que Barcelona es el problema del nacionalismo catalán?
Saludos a todos!!

Fernando Valls dijo...

Isabel, cada uno sufre los nacionalismos que más le afectan. Lo malo es que los que vivimos en Barcelona, y no somos nacionalistas, los sufrimos por partida doble, pero sobre todo padecemos los de aquí, los más cercanos.
¿Te has fijado en que aquí no puede uno criticar al nacionalismo catalán sin a la vez meterse con el PP para no levantar sospechas? En cambio, a la inversa, no se produce lo mismo.
Hasta ahora, Barcelona era el último reducto contra la Cataluña profunda y ensimismada, pero parece que ya tampoco es así. O sea, que estamos rodeados...
Saludos.

El niño vampiro dijo...

Suscribo lo que dices en tu comentario, Fernando, al respecto de que uno no puede criticar al nacionalismo sin criticar de paso al PP. Pero la situación es aún peor: uno no puede criticar al nacionalismo, porque no existen, para esta gente, personas no nacionalistas. Si tú no eres independentista, eres sencillamente un nacionalista español, con lo que eso significa (Tejero, Franco, Ynestrillas).
Por cierto, los que vivís en Cataluña, ¿os habéis fijado en que la senyera se está convirtiendo en un símbolo incómodo para los nacionalistas? Al no lucir la estrellita de la estelada, se la asocia peligrosamente con una ideología no independentista. Y es que en estos procesos siempre acaba imponiéndose la facción más radical y, al fin y al cabo, más bestia. Al tiempo.

Isabel Mercadé dijo...

No sé, Fernando, cómo es a la inversa. Lo que sí es cierto es que yo me he llevado más de un disgusto últimamente oyendo a gente a la que yo creía pensante y de izquierdas, por lo tanto a la que se supone en principio más abierta, criticar a los catalanes (ojo, a los catalanes, no a ciertos políticos catalanes). Y yo, que me he criado en una casa naturalmente bilingüe, y en una familia donde en la mesa se cambiaba a media frase de idioma de forma totalmente natural dependiendo de a quien miraras, estoy cogiendo muchos recelos con unos y con otros.
En fin, aún quedan islas que tal vez sólo sean personales, tú, yo, el otro...

Fernando Valls dijo...

Mal asunto, Isabel, pero al contrario ocurre lo mismo cuando se afirma que los españoles son... Ese bilingüismo del que hablas debería ser lo normal y sensato, pero me temo que ese estadio se ha quedado atrás, y a nivel oficial no existió nunca en Cataluña. No parece que lo hayan defendido los gobernantes catalanes, ni siquiera la supuesta izquierda. Lo que echo de menos en Cataluña, donde vivo, lo he repetido aquí más de una vez, es un partido de izquierdas que no sea nacionalista; y en España también echo de menos que los llamados partidos de izquierda dejen de pensar que el nacionalismo es una ideología progresista, porque es evidente que no lo ha sido nunca y tampoco lo es ahora. Saludos

Isabel Mercadé dijo...

Sí, sí, en todo eso no puedo estar más de acuerdo, Fernando.
Un abrazo y buena tarde de domingo.

jordim dijo...

Trias me cae peor a cada minuto que pasa...

CECILIA GUILLEN PEREZ dijo...

Creo que tan peligroso es el nacionalismo "selectivo" como el globalismo "igualador".
Ambos censuran todo aquello que no se ajuste a sus parámetros.
En realidad, lo que habría que hacer sería cambiar el contenido economicista o bien la denominación del término "globalización".
Ese rasero igualador que anula la idiosincrasia de cada país, individuo, etc, es tan dañino como pretender elevar a valor universal lo distinto, lo que nos separa, obviando aquello que nos une en la misma barca de la humanidad.
Creo que hay muchos nacionalistas, que en su tiempo reivindicaron la diferencia, y hoy en día son partidarios del equilibrio enriquecedor entre la semejanza y la diferencia.

manuespada dijo...

Los que entendemos la izquierda como algo internacionalista y que no haga hincapié precisamente en la diferencia y la superioridad, nunca entenderemos que haya partidos nacionalistas de izquierda, ya sean localistas o estatales.

hugo dijo...

Hola Fernando:

Prohibido prohibir!! gritaban aquellos anarcosindicalistas de principios del XX -luego los pijo-ácratas de mayo del 68 se apropiarían de la frase-. Y habrá que continuar gritándola ante lo que se nos avecina, el Código Penal del "progre" Gallardón es para echarse a temblar y, aunque ya hay gente que lo denuncia, la mayoría está en lo importante, es decir, "mis seguidores del facebú o la jibarización mental del güasap y los güasapitos.

Vale, hablemos de Trías. Hay días que este hombre y sus "convergentes boy-girls" hacen buenos a Jordi Hereu -anterior alcalde sociata- o al mismísimo Clos, que ya es extremar el análisis.
Puedo hablar de lo que conozco: el Distrito de Ciutat Vella -a cargo de Mercé Homs, la "hermanísima" de Quico Homs l'enfant terrible del independentismo convergente de fin de semana-. La mugre, la chapuza sobre la chapuza en Ramblas, el fiasco del proyecto Rambla Cor, que convirtió Ciutat Vella en predio de la mafia hotelera y en postal cutre para turistas cutres pero millonarios. El alcalde Trías da ahora la patada final a un proceso de expulsión de los barceloneses del centro de Barcelona –en algunos barrios como Nou Barris el alcalde nunca estuvo ni se le espera-. Un proceso iniciado con Barcelona 92. A todo ello hay que añadirle una presencia policial violenta y desmedida. El homicidio de Juan Andrés Benítez a manos de los Mossos d’Esquadra es sólo la punta del iceberg represivo que actúa con saña en Ciutat Vella. Es pues, en este contexto, en el que hay que situar ese afán por prohibirlo todo del alcalde Trías y su gentita. Remito a la lectura del artículo publicado por El País del domingo -edición Catalunya-, denunciando la burocratización del Ayuntamiento al restringir las iniciativas ciudadanas. Si ya con los sociatas todo se reducía a las convocatorias bimestrales de los "Consells de Districte", ahora no sólo ha ido a peor sino que es asquerosamente clasista.
Nada nuevo. CiU siempre ha hecho gala de su condición catolico-inquisitorial

Respecto a la las opiniones que han derivado hacia la cuestión del nacionalismo y el independentismo desearía que no se confundieran esos dos términos que según se observa en la historia no siempre van juntos (el alzamiento polaco de 1890, Cuba, la Secesión de Noruega, India, el Vietnam de Ho-Chi-Minh, Irlanda, Argelia, Angola, Balcanes, etc. etc). En el caso catalán su complejidad radica en que el nacionalismo de CiU "nunca ha sido, ni será independentista". "Si quieres la independencia, por qué votas Convergencia" se grita en las manis de la Diada. Sólo hay que recordar que en febrero-marzo del 2012 el "proyecto de país" de Artur Más era...¡Eurovegas! Luego fue el Pacto Fiscal y se encontró con la gigantesca mani de la Diada de 2012: nadie gritaba ¡Pacto Fiscal! La plana mayor convergente se cuida mucho de pronunciar la palabra más gritada aquel día. –hay que recordar que hasta hace dos días en los mítines de Convergencia se requisaban las esteladas-. El problema convergente no es el Estado español, su problema son las Vías Catalanas, la ANC, la izquierda independentista -CUP, Procés Constituent, Arrán, etc.-. Si un día Catalunya es independiente será después de haberse sacudido la "boira convergent".

Siempre me he considerado un mestizo -sudaca, parte catalana, parte española-europea y parte vilanovina-, pero mi lengua habitual desde hace casi treinta años es el catalán -¡que nadie jamás me obligó a hablar!- y, por ejemplo, a la hora de escribir poesía me siento más mejor en catalán que en castellano. No soy independentista, pero todos los días el Estado español me obliga a replantearme este convencimiento. La misma caspa aúna a los nacionalismos.

Para entender un poco lo que hoy pasa en Catalunya es útil leer –está en la red- el artículo que en 1932 escribiera Andreu Nin acerca de la pequeña burguesía catalana y la autodeterminación.

salut,
hugo

NáN dijo...

No es un chiste. Sucedió y lo contó el periodista:

Un periodista americano llevaba meses en Irlanda del Norte, enviando crónicas. Una noche que salió de un pub cuando cerró, bastante puesto él, lo acorralaron unos hombres con pasamontañas que le preguntaron si era católico o protestante. Muerto de miedo, respondió: "Soy judío". Tras unos momentos de vacilación, el jefe de los encapuchados repreguntó: "Vale, pero, ¿judío católico o judío protestante?

Contó la historia, con humor, desde el hospital al que le llevaron por la paliza.

Creo que todos los nacionalistas acérrimos tienen esta estructura mental y cultural.

Por cierto, no soy taurino, pero la foto me parece magnífica.

Álex Chico dijo...

Isabel, poco me queda añadir. Lo ha explicado muy bien Fernando y lo has ejemplificado tú estupendamente. Digo Barcelona y su relación con el nacionalismo catalán, como puedo decir Madrid y su relación con el nacionalismo español, a quien, por cierto, tampoco le conviene que la ensalcen según quiénes.
Paul Auster contaba algo hace tiempo. Después de la tragedia de las Torres Gemelas, Nueva York fue invadida por ultranacionalistas estadounidenses, que vieron una magnífica oportunidad de conquistar una ciudad que siempre les ha sido ajena. Entre los neoyorkinos corría un chiste gráfico que muchos colgaron en sus casas o comercios y que llevaba el lema: "EEUU, fuera de Nueva York". Las más perjudicadas por los nacionalismos, no te engañes, son las grandes ciudades.

Un abrazo a ambos

Isabel Mercadé dijo...

Entonces sí, coincidimos, Álex. Otro abrazo para ti!!
Además, entiendo mucho de lo que cuenta Hugo, quizá porque yo también tengo raíces de todas partes.
Sea como sea, es terrible lo que nos gobierna por un lado y por el otro.
Y gracias, Fernando, por esta posibilidad que nos has dado de debatir la cuestión con gente pensante de verdad.