sábado, 7 de julio de 2012

Luces y sombras de Gustavo Pérez Puig (1930-2012)

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Antes de que pase más tiempo, quiero comentar, aunque sea brevemente, la trayectoria teatral del director Gustavo Pérez Puig que murió en Madrid hace un par de semanas. En su haber tiene los estrenos nada menos que de Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura, en 1952, cuando solo contaba 21 años, y de Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre, en 1953, en el Teatro María Guerrero, dirigiendo el llamado Teatro Español Universitario (TEU), dos obras capitales del teatro español. Desde su fundación, en 1956, trabajó en la vieja TVE, primero como regidor y luego como realizador. Allí creó el mítico programa de teatro Estudio 1 (1965-1985), en el que tantos nos aficionamos al arte escénico, y donde dirigió, entre otras muchas obras, Doce hombres sin piedad, de Reginald Rose. Colaboró también en otro programa semejante, titulado Primera fila (1959-1965). Apoyó incondicionalmente la trayectoria de otros autores no menos significativos, como Enrique Jardiel Poncela, Antonio Buero Vallejo, de quien montó Diálogo secretoLázaro en el laberinto o Música cercana, en 1984, 1986 y 1989, repectivamente, y José López Rubio, reponiendo Celos del aire en el 2003. Por no recordar al hoy casi olvidado Alfonso Paso, que tanto éxito tuvo durante el franquismo.
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Y aquí empieza el debe. Pues los montajes de Jardiel fueron siempre poco afortunados, y en los últimos tiempos, en el Teatro Español, incluso polvorientos. Tampoco puede decirse que fuera satisfactoria, a la altura de los tiempos, su gestión al frente de este teatro, lo dirigió durante catorce años (1990-2003), apostando con frecuencia por una programación anticuada y unos montajes anacrónicos. Por no hablar de que su propia mujer, Mara Recatero, fue directora adjunta del teatro, mientras él era director.
Pérez Puig, quien estudió Derecho y Filosofía y Letras, empezó vinculado al teatro como actor en la compañía de Catalina Bárcena, pero destacó sobre todo en su papel de director en obras, aparte de las citadas, como La venganza de Don Mendo, de Muñoz Seca; Cuatro corazones con freno y marcha atrásAngelina o el honor de un brigadier, de Jardiel Poncela; o Ninette y un señor de Murcia, de Mihura, auténticos clásicos del teatro de humor español.
Si bien llevó a cabo innumerables adaptaciones para el teatro y la televisión, sorprende que apenas haya dejado nada escrito, ni un solo libro sobre su experiencia teatral. 
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2 comentarios:

Diego Fdez. Sández, autor teatral dijo...

¿Mihura, Jardiel o Alfonso Paso "programación anticuada"? ¡Pues vivan las antiguallas!.

Fernando Valls dijo...

Lo anticuado, Diego, no son las obras en sí, sino la forma en que fueron montadas por Pérez Puig durante las últimas décadas. Saludos.