miércoles, 8 de junio de 2011

Jorge Semprún: fin de partida


Político, escritor, guionista de cine y exiliado perpetuo, Jorge Semprún (1923), ha muerto en París, a los 87 años y con una vida cumplida, como pocas veces puede decirse. Y aunque nació en Madrid en 1923, en una familia ilustre de la gran burguesía, pues era nieto del político conservador Antonio Maura, presidente del Gobierno con Alfonso XIII, y su padre había sido embajador de la República en los Países Bajos, fue en París donde estudió como interno los últimos años del bachillerato, en el prestigioso Liceo Henry IV, donde habían sido alumnos Sartre y Maritain, y la carrera de Filosofía y Letras, en la Sorbona, y donde transcurrió gran parte de su existencia. 
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Durante la Segunda Guerra Mundial ingresó en el Partido Comunista de España y formó parte de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi. Fue detenido por la Gestapo y deportado, en 1943, al campo de concentración de Buchenwald, donde murieron más de 10.000 españoles. Allí permaneció durante dieciséis meses, entre los 20 y los 22 años. En 1945, tras ser liberado, regresó a París, donde colaboró en publicaciones tan prestigiosas como Les Temps Modernes, de Sartre, o en Realidad, la revista cultural del PCE. Desde 1953 formó parte del Comité Central del PCE y ese mismo año entró en España de forma clandestina, con la identidad de Federico Sánchez. Tras la llamada crisis del 64, fue expulsado del Partido Comunista de España por sus discrepancias con la línea oficial de Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. A partir de entonces, Semprún dedicó su vida al cine, fue guionista de Alain Resnais (La guerra ha terminado), Costa Gavras (y La confesión), Joseph Losey (Las rutas del sur) o Mario Camus (Los desastres de la guerra, serie de TV) , y a la creación literaria.
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Su primera novela, El largo viaje, escrita en francés, como casi toda su obra, apareció en 1963 y obtuvo el Premio Formentor. Semprún construyó gran parte de su obra literaria con los fragmentos de su propia memoria, alimentada por algunos de los acontecimientos fundamentales del siglo XX de los que fue testigo o protagonista. Forman parte de ella títulos como La segunda muerte de Ramón Mercader (1969), Premio Fémina; Autobiografía de Federico Sánchez (1977), con la que obtuvo el premio Planeta; Aquel domingo (1980), La algarabía (1981),  La montaña blanca (1986), Netchaiev ha vuelto (1987), La escritura o la vida (1994), Adiós, luz de verano... (1998),  Viviré con su nombre, morirá con el mío (2001), Veinte años y un día (2003) y Pensar en Europa (2006), donde se recopilan ensayos y artículos. Las versiones españolas de sus libros contaron con traductores tan prestigiosos como Carlos Pujol, Emma Calatayud, Javier Albiñana y Thomas Kauf.

Entre 1988 y 1991 regresó a la política, al nombrarlo Felipe González ministro de Cultura. En Federico Sánchez se despide de ustedes (1993), narra sin demasiados tapujos sus desencuentros con el aparato del PSOE, encarnado en el entonces vicepresidente Alfonso Guerra, sobre todo cuando relata con ironía las negociaciones con la baronesa Thyssen, para acondicionar como museo el palacio de Villahermosa, o la visita de la reina de Inglaterra al Museo del Prado. A pesar de todos los pesares, mantuvo siempre la nacionalidad española. Entre sus muchos reconocimientos destacan el Premio de la Paz de los libreros alemanes (1994), el Jerusalén (1996) y la Medalla Goethe (2003).
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Puedo decir que he sido un ferviente lector de su obra, publicada en España por Tusquets, pasión que me inoculó, en parte, Juan Luis Panero, quien le tenía una gran admiración y aprecio personal. Sin embargo, nunca llegué a tratarlo. La última vez que lo vi fue hace unos pocos años durante la conferencia que dio, en alemán, en la Biblioteca del Instituto Iberoamericano de Berlín, tras ser nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Potsdam, por los buenos oficios del profesor Ottmar Ette, profundo conocedor de su obra. Allí, en una sala abarrotada de gente, que lo recibió con inmenso respeto y cariño y lo aplaudió a rabiar, me sentí orgulloso de ser su compatriota, experiencia insólita por poco frecuente, siendo español. En fin. En cambio, tuve la fortuna de poder seguir el curso monográfico que impartió el solo en la UIMP, de Santander, sobre "Los intelectuales en el siglo XX", durante unas treinta horas. Un auténtico placer del que pude gozar porque entonces estaba yo dando clases en los Cursos de extranjeros. En enero del 2010, estuve a punto de coincidir con él en Granada, durante un congreso dedicado a Blas de Otero, en el que él tenía que haber intervenido. Quería haberle preguntado sobre la relación del poeta vasco con el partido y sobre el papel que éste desempeñó en la separación de su esposa cubana, un asunto aún sin aclarar, pero por motivos de salud no pudo asistir a la reunión.         

A Semprún lo llamaron rojocabeza de chorlito, Pimpinela escarlata, afrancesado y cosas mucho peores, pero pasará a nuestra historia como un político independiente, que supo cambiar de rumbo y abandonar el comunismo, cuando nadie se atrevía a hacerlo, apostando por la socialdemocracia, y como uno de nuestros grandes memorialistas, de lo que resulta la mejor prueba su libro La escritura o la vida (1994). Los que no conozcan su obra pueden empezar por este libro, por la reciente biografía de Franciska Augstein, Lealtad y traición. Jorge Semprún y su siglo (Tusquets, 2010), o por los estudios que recoge Xavier Pla en el reciente Jorge Semprún o las espirales de la memoria. Y los que lo acusan de graves denuncias políticas, a partir del testimonio de Robert Antelme (libro, que por cierto, Semprún reseñó elogiosamente en el momento de su aparición), deberían tener también en cuenta su "Non, je n´ai pas dénoncé Marguerite Duras", Le Monde, 26 de junio de 1998.

Con  la obra de Semprún se nos plantean dos problemas apasionantes: la importancia de la lengua en la escritura, fundamental para quien fue un autor bilingüe que vivió siempre a caballo entre dos culturas, entre dos lenguas; y la posibilidad de construir ficciones a partir de la experiencia en los campos de concentración, algo que niega, por ejemplo, Imre Kertész. Su pensamiento, al respecto, quizá puede resumirse, en la contestación que le dio en una entrevista a José Martí Gómez (La Vanguardia. Magazine, 4 de septiembre del 2005): "Mezclar ficción y realidad es lícito, incluso positivo, en el sentido de que la ficción puede acelerar el conocimiento de la realidad, siempre que no se distorsione la verdad". Así, por ejemplo, Semprún nunca logró recordar que había pasado durante los 14 días, otras veces ha dicho que 18, que transcurrieron entre la liberación del campo de Buchenwald y su regreso a París, por lo que él mismo ha confesado (en una conversación con Juan Cruz, El País Semanal, 16 de diciembre del 2007) haberlos reconstruído gracias a la ficción.   
     
* La caricatura es de LPO.
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5 comentarios:

Sudeste dijo...

Gracias por compartir y por recomendar a este excelente escritor al que si he tenido el placer de leer.
Todos partiremos y él se fue dejando mucha vida escrita.
Un saludo cordial.

julia U dijo...

Fernando, gracias por tu comentario objetivo y noble. Da igual que muchos estén o no de acuerdo con él, lo que nos importa a todos es que se trata de uno de los españoles de quien los demás debemos estar orgullosos.
En una noticias de TV, anunciaron su muerte incluso después de comentar el susto provocados por unos elefantes que se habían escapado no sé dónde.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Estupenda y sentida necrológica, Fernando, como todas las que aquí has publicado. Yo creo que puede decirse que "La escritura o la vida" quedará no sólo como uno de los mejores testimonios sobre la barbarie de los campso nazis, sino como uno de los mejores libros memorialísticos del siglo XX y mira que los hay buenos, Corpus Barga, Baroja, Ayala y tantos otros.

Fue valiente para alejarse del comunismo estalinista en su tiempo. Y, por cierto, cumplió lo que dijo, que mientras fuera ministro de cultura no publicaría ni siquiera un prólogo de encargo.
Honradez y alta escritura. Una auténtica pena.

Un saludo, Javier.

P.S. ¡Menudas andanadas dejó ir en la "Autobiografía de Federico Sánchez" contra ciertos personajes del pecé y del psuc luego muy laureados.

Sinsellos dijo...

Muy interesante esta semblanza y el recorrido bibliográfico que incluyes, tomo nota para leer este verano.

Gracias Fernando, un abrazo
Beatriz

Alfredo J. Ramos dijo...

Quizás aceptar la cartera de Cultura que le propuso Felipe González fuera su mayor error político. Puede que le pudieran, a la hora de aceptarlo, los espejismos del poder. Y acaso cierta devoción felipista. Pero fue una etapa llena de polémicas inútiles. E incluso de decisiones controvertidas, como la de dar el visto bueno al abordaje de Matra-Hachette al Grupo Salvat (aunque hoy parezca simplemente una anécdota). Muy recomendables las pistas de aterrizaje en su obra que propones. Un saludo.