martes, 5 de enero de 2010

`Sueño de Reyes´, de MARÍA CASTRO

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Antes de acostarse Antonio se acerca hasta donde están sus guerreros de Star Wars. Comprueba con desolación que otra vez están desperdigados, alguno incluso derribado. Jopetas, piensa y mira alrededor con cierto temor porque no sabe si ha llegado a decirlo en voz alta, lo suficientemente alta como para que su madre lo oiga y le regañe, pero no, ella todavía está en el cuarto de su hermana con sus abracitos y sus besitos y ese rollo que se traen. Todos los días igual, ya está harto, mira que se lo ha dicho, deja el libro de Los cinco boca abajo sobre la cama y se tumba en el suelo para poder colocar sus guerreros. Le ha advertido cien mil veces, un millón de veces, cuatrocientos mil millones de veces, de que no toque sus guerreros y nada, todos los días alguno abatido o sin su arma... Agita la cabeza mientras levanta a uno de los soldados del Imperio con extremo cuidado para no rozar a cualquiera de los que lo rodean y producir entonces una catastrófica caída en cadena, algo que, por otra parte, suele ocurrirle. Su madre no se entera, parece que esté en otro planeta, es fundamental que los guerreros permanezcan en sus posiciones para que puedan defenderlo de los malos, que vienen a atacarle por la noche. A veces los mayores no se enteran de nada, es desesperante, y su madre la que menos, lo único que le preocupa es no tener “trastos” molestando cuando tiene que limpiar la habitación, como si eso fuera algo importante cuando uno se está jugando la vida. Termina de colocarle la pistola a Han Solo, se asegura de que todos están en sus puestos, apuntando hacia la entrada, una posición estratégica, entre la puerta y la cama, que le asegura salir ileso de los ataques nocturnos. Son unos buenos soldados, unos soldados valientes, a pesar de su tamaño, gracias a ellos ha logrado sobrevivir durante el último año, en que un absurdo enano intentó secuestrarlo en varias ocasiones. Aunque él, todo hay que reconocerlo, también es un buen general, porque saber dónde deben colocarse los soldados para repeler bien un ataque es algo fundamental, la táctica es lo más importante en una guerra, eso se lo dijo su abuelo, que sabe mucho de guerras, por algo vivió una cuando era un niño como él. Se levanta, echa un último vistazo a su destacamento, quita el libro de encima de la cama y lo coloca en la silla, de la misma forma, abierto boca abajo, aunque sabe que su madre le regañará, pero si no se da prisa le pillará fuera de la cama y eso será peor, se mete rápido dentro y se tapa hasta los ojos. Su madre ya sale de la habitación de su hermana, oye sus pasos en el suelo de madera, entra en su cuarto, sortea a los soldados. Otra vez estos muñecos en medio, ya estoy harta, Antonio, mañana los guardas en una caja. Y el libro...qué te he dicho miles de veces, para qué quieres tantos separadores si luego no los usas, así se desloman los libros. Antonio ve cómo se dirige a la mesita de noche, saca un separador del cajón, lo coloca en el libro, lo cierra con cuidado y lo deja en la silla. Después se agacha hacia él y le da un kilo de besos, siempre igual, nunca tiene bastantes, es una besucona, no se libra de sus besos ni aunque haya dejado el libro mal y los soldados en medio, tiene unos enfados más raros...
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Buenas noches, cariño, y duérmete bien porque ya sabes que los Reyes no vienen hasta que no estás dormido. Sale del cuarto, apaga la luz y entorna la puerta. Bien, ahora hay que dormirse, los pasos de su madre se alejan, los soldados se mantienen alerta, no desfallecen nunca. Le pica un poco la nariz, mueve la mano con sigilo, hay que evitar los ruidos porque el enemigo puede aprovecharlos para avanzar posiciones. De pronto un susto, un susto tremendo que casi le corta la respiración ¡se le ha olvidado advertir a los soldados de que no disparen a los Reyes! Dios mío, qué tremendo fallo, menos mal que no se había dormido todavía, ¡menuda catástrofe se podía haber producido por su culpa! Antonio se estremece, ¿y si él es el primero, la primera casa? Mañana todos los niños despertarán sin regalos y los Reyes....muertos en su casa, la casa de Antonio y ¡en su cuarto! ¡Socorro! Tranquilo Antonio, tranquilo, no hay que perder la calma, se repite, piensa, piensa. Ahora tiene que sacar la mano fuera de la cama para encender la luz, es una maniobra delicada, muy delicada, como buen estratega que es, sabe perfectamente que es un movimiento que lo deja indefenso durante un instante, el instante en que su cuerpo se estira hacia la luz en una postura que le impide protegerse, segundo que el enemigo puede aprovechar vilmente, porque el enemigo no entiende de códigos de honor, para inmovilizarlo. Tendrá que confiar en que sus soldados no se hayan distraído. El interruptor está a su derecha, lo que tiene que hacer es deslizar la mano muy lentamente hasta el borde de la cama, calcular mentalmente la distancia para poder ejecutar un movimiento rápido hasta el interruptor, y hacerlo a la velocidad de la luz, así puede pillar por sorpresa al enemigo. Otra opción es dar las órdenes en voz alta, pero claro, eso es demasiado arriesgado, el enemigo, el enano absurdo, puede estar ya escuchando y aprovecharse de la ventaja de la información, hacerse pasar por Rey Mago o... algo peor: ¡atacar él mismo a los Reyes!! Antonio cierra los ojos y ensaya mentalmente la maniobra, está claro que no le quedan más opciones, y que debe darse prisa, porque ya empieza a notar el peso de los párpados, el sueño puede vencerlo en cualquier momento. Mueve la mano, al menos está seguro de que le ha dado orden a su cerebro de que lo haga, y nota el frescor de la sábana en esas zonas fronterizas en las que no suele adentrarse. Eso es bueno, lo espabila un poco, un poquito, tiene que ser fuerte, tiene que resistir, hay demasiadas cosas que dependen de él esta noche. La mano llega con éxito hasta el final del colchón, avanza un poco más y nota cómo sus dedos se asoman al abismo negro y frío, no temáis, no os abandonaré, piensa. Ahora hay que contar hasta tres para sincronizar los movimientos. Uno, dos tres... Antonio salta sobre el interruptor, al tiempo que pega un grito. Se hace la luz. Escucha los pasos rápidos de su madre por las escaleras, ¿habrá gritado tan fuerte? No tiene mucho tiempo, hay que dar la orden antes de que llegue su madre y le desbarate el plan, le obligue a meterse en la cama y a taparse, siempre tan preocupada por los catarros. Se acerca a sus soldados: ATENCIÓN SOLDADOS, MUY IMPORTANTE: NO DISPARÉIS A LOS REYES. Y corre a la cama y vuelve a taparse hasta los ojos.
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* Nací en Madrid en 1969. Ciudad en la que vivo desde entonces. Empecé la carrera de Filosofía, pero terminé la de Periodismo. En la prehistoria de mi vida tocaba el piano. Por mi amor a la música y mi deseo de que mis hijos lo compartieran, me embarqué con una amiga, Gádor Soriano, en la formación de un coro infantil, el coro carambola, con el que ahora estamos preparando la ópera infantil Una buena receta, para coro de voces blancas y piano, con música de Gádor y letra mía, que esperamos estrenar en mayo de este año. Tengo dos novelas y un libro de relatos, Lo que nos tocó vivir, inéditos.
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10 comentarios:

Ernesto Calabuig dijo...

Enhorabuena por este relato en la mejor línea de "En las nubes" de Ian McEwan. Está lleno de encanto y del modo de percibir de los niños. Un abrazo

Anónimo dijo...

El mundo infantil tiene sus propias preocupaciones y sombras. Está muy bien reflejada esa manera de ver las cosas que tantas veces (demasiadas) a los adultos nos pasa desapercibida.


Un saludo

Rosana A.

Isabel dijo...

Precioso cuento de día de Reyes.

Felicidades María

Anónimo dijo...

Un relato lleno de sensibilidad, amor y muy buena descripción de esa imaginaciòn infantil maravillosa que nunca se deberia de perder.
Enhorabuena Maria.
Un abrazo

Ernesto y Susana dijo...

Es un relato lleno de sensibilidad, amor y muy buena descripcion de la maravillosa imaginaciòn infantil que nunca se deberìa de perder.
Enhorabuena Maria

Fernando Valls dijo...

Anónimo, estoy seguro que a María, a todos los lectores y -desde luego- a mí mismo, nos hubiera gustado saber tu nombre, que no hubiera sufrido menoscabo alguno por aparecer aquí.

Emilia Oliva dijo...

Un hermoso cuento para estas fechas, María. Hay un aire de familia con otro escritor de esta nave, en esa forma razonante, explicativa del personaje y que constituye el estilo del texto. Algunos relatos del blog de Pedro Herrero Humor mío tienen ese mismo tempo.
Emilia Oliva

Tornabuoni dijo...

Enhorabuena por el relato y las fotos.Está tan bien contada la manera en que se van organizando los pensamientos del niño alrededor de sus propias historias imaginadas... es precioso y muy bonito para el día de Reyes. Un abrazo.

María dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Me alegro de que os haya gustado. Espero que el 2010 sea un buen año para todos.
Un abrazo
María

Anónimo dijo...

ME HA ENCANTADO EL RELATO, Y NO ES PASIÓN DE TÍO...

Enhorabuena, María

RAINER WERNER