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jueves, 6 de enero de 2011
¡Feliz 2011!, de Chantal Maillard
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miércoles, 5 de enero de 2011
Sobre los cuentos (casi) completos de José María Merino
Cada cultivador del relato parece tener su propia definición del género. Para José María Merino el cuento implica movimiento, tiempo, tensión y conflicto, de modo que muestre algún suceso arquetípico en un tratamiento dramático. Y como afirma en el prólogo de Historias del otro lugar, “los cuentos que dejan su sombra en la memoria suelen ser los mejores” (p. 18). Ésta es la segunda vez que Merino recopila sus relatos, tras aquellos 50 cuentos y una fábula (1997), aunque haya dejado fuera Las puertas de lo posible (2008), acaso por ser todos ellos de ciencia ficción.
Tras el sustancioso prólogo, se recogen ahora cuatro libros de cuentos, más seis narraciones nunca reunidas en volumen, entre ellas la fábula “Artrópodos y hadanes”. En su primera recopilación dedicada al género, Cuentos del reino secreto (1982), se agrupan veintiuna narraciones, algunas tan afortunadas como “El nacimiento en el desván”, “La casa de los dos portales” y “El soñador”. En el prólogo recuerda que su propósito consistía en “llevarme lo fantástico a mi ciudad, a mis aldeas, a mis primeros paisajes” (p. 20). No en vano, recrea diversos mitos de su propia cultura personal, valiéndose para ello de asuntos y motivos habituales en la literatura fantástica, tales como la existencia de mundos paralelos, metamorfosis y umbrales, o la alteración del curso normal del tiempo y de la percepción del espacio, junto con el poder de los sueños.
También hallamos en sus páginas el motivo del individuo que regresa a su origen, tras mucho tiempo de ausencia, para constatar la porosidad del tiempo y reencontrarse misteriosamente con el pasado, al que accede a través del sueño, como ocurre en “La noche más larga”; o la importante presencia del humor en numerosas piezas, de lo que sería un buen ejemplo “Los de allá arriba”. Con buen sentido, el autor nos ha recordado que lo humorístico no tiene por qué disolver el efecto de lo fantástico. Pero es en “El soñador”, una especie de poética, donde convierte en metáfora sus principales obsesiones. Aquí, cuando el durmiente se despierta, la vida cesa, los seres vivos desaparecen y la tierra se estremece.
De entre los once cuentos que componen El viajero perdido (1990), destacan piezas de tanto interés como la que da título al libro, “Las palabras del mundo”, “Imposibilidad de la memoria”, “El Edén criollo” o “Un personaje absorto”. En este libro hallamos, además, diversas narraciones interrelacionadas, de modo que al desaparecido profesor Souto, de “Las palabras del mundo”, volveremos a encontrarlo en “Del libro de naufragios”, ahora progresivamente enloquecido en su deseo de sumergirse en lo orgánico, conforme vaya constatando el protagonismo creciente de las cosas en nuestra existencia...
En sus obras se dan cita unas cuantas obsesiones recurrentes: así, los avatares de la creación, el problema de dar forma a un sueño borroso (“Los paisajes imaginarios”); la capacidad creadora y destructora de los sueños, observable en la lucha del autor con sus fantasmas; la reflexión metaliteraria y el poder de las palabras; pero también la indagación en los límites de la fantasía, con sus trasvases entre realidad y sueño, o el paso de la realidad a la ficción y viceversa (“Un personaje absorto”); la nostalgia de un tiempo en que los soñadores no se avergonzaban de sus utopías (“Imposibilidad de la memoria”) y la literatura estaba cargada de referencias reales, en el sentido más dialéctico de estas palabras (“Oaxacoalco”); o la reivindicación de la memoria, a través de los viejos recuerdos y leyendas de los ancestros (“La última tonada”), más la ensoñada complacencia de vivir en la ficción -como un viajero perdido- lo que la realidad no nos proporciona (“Oaxacoalco”). Merino, cómodamente instalado en los límites de lo fantástico, muestra en estos relatos los complejos avatares de unos seres que luchan por realizar sus deseos insatisfechos.
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Cuentos del Barrio del Refugio (1994) es un ciclo de cuentos compuesto por trece piezas, en las que predomina la visión acerada del mundo y la crítica a su propia generación, sin renunciar por ello al humor o a la reflexión metaliteraria, o al recurso de ciertos motivos habituales de lo fantástico, como el del doble. Éste es un libro unitario en donde los relatos pueden leerse también de forma independiente. El cuento clave es “Tertulia”, matriz de los restantes, al proporcionarles un determinado marco. La unidad del conjunto procede no sólo del escenario, el barrio del título con su atmósfera común, sino también de los personajes que reaparecen en varios de los cuentos y que suelen exhibir una actitud semejante ante la vida; pero sobre todo de su condición de relatos que han sido contados y escuchados en la tertulia. Del resto de narraciones destacaría “La costumbre de casa”, “El derrocado”, “Bifurcaciones” y “Signo y mensaje”.
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Por fin, en los denominados Cuentos de los días raros (2004) reaparecen casi todos los registros habituales de Merino con algunos de sus motivos y figuraciones más queridos: el Barrio del Refugio (“El fumador que acecha”), los artrópodos y hadanes (“Mundo Baldería”) y, una vez más, el profesor Souto (“Celina y Nelima” y “El fumador que acecha”). El autor cultiva una veta de lo fantástico en la que lo extraño convive a menudo con lo cotidiano y la realidad se presenta siempre quebradiza, a menudo acechada por lo extraordinario. Así, valiéndose de la mirada oblicua, la ficción constituye el vehículo perfecto para “desentrañar las cosas raras de lo real”, cuanto tienen de misterioso, más allá de su mera apariencia, para llamar la atención sobre lo que se oculta entre los pliegues de la realidad. Diversos motivos clásicos de lo fantástico, ya citados, reaparecen en estos cuentos. No en balde, comparten una misma visión sobre las rarezas de lo cotidiano, tamizadas a menudo por el humor y una leve ironía, o por la disolución de los límites entre lo vivido y soñado. Quizá los cuentos que prefiero sean “La memoria tramposa”, “Papilio Síderum”, “El fumador que acecha” y “La hija del Diablo”.
Casi treinta años publicando cuentos, con un balance tan extraordinario, lo emparejan con los grandes escritores españoles de relatos de las últimas décadas, como puedan serlo –y me limito a recordar dos nombres que aprecio especialmente- Cristina Fernández Cubas y Javier Marías. Merino ha escrito relatos memorables, ha experimentado con la concepción del libro de cuentos y ha logrado trascender el uso de casi todos los grandes motivos de la literatura fantástica, ofreciéndonos con ello una visión más esclarecedora y completa tanto de la realidad como de la ficción.
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* Esta reseña del libro de José María Merino, Historias del otro lugar. Cuentos reunidos (1982-2004), Alfaguara, Madrid, 2010, ha aparecido publicada en la revista Turia, 96, noviembre del 2011-febrero del 2011, pp. 420-422. El cuadro es del pintor Félix de la Concha.
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martes, 4 de enero de 2011
¡Feliz 2011!, de Esther Andradi
que el 2011 traiga justicia, amor y paz en abundancia para ambos hemisferios!!!
Entretanto, para aliviar la espera, van unos haikus de invierno desde las nieves del norte, comenzando por esta joya de Haijin:
En la mañana del año nuevo
recuerdo los hechos
de la época de los dioses
¡FELICIDADES!
Esther
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¡Feliz 2011!, de Noni Benegas
Pan, amor y fantasía para ti en el 2011.
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........* Me cuenta Noni que la felicitación está hecha con elástico de cintura blanco, botón, hilo de lana y hojas secas de té. Me parece a mi que a Carmen Martín Gaite le hubiera encantado esta felicitación.
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lunes, 3 de enero de 2011
¡Feliz 2011!, de Hugo García Saritzu
El Vell Talp desea para el 2011:
- que nadie pase un solo día sin escribir.
- que la realidad no empobrezca la imaginación.
- que la causa de la paz sea siempre la de la justicia social,
...por todo ello quiero compartir con Fernando y con el resto de piantaos de LaNave esta "Balada para un loco". Sus autores, el bandoneonista Astor Piazzolla y el poeta Horacio Ferrer hace cuarenta años, cometían la locura de revolucionar una forma de entender el tango y la música de Buenos Aires. En esta versión se conserva intacta la música de Piazzolla, pero el diálogo entre el polaco Goyeneche y Adriana Varela es parte de un excelente montaje.
Y ahora me pianto.
Salut,
Hugo.......
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¡Feliz 2011!, de la Escuela de escritores

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domingo, 2 de enero de 2011
Auguri!
La Nochevieja en Roma no parece ser muy distinta de la española, aunque en Italia lo tradicional sea comer pata de cerdo rellena y cortada en lonchas, con lentejas (como nos recordaba Freia) que dicen que traen buena suerte. Nosotros no pudimos cumplir con estos ritos, pero fuimos a un recital de ópera en la Iglesia di San Paolo entro le Mura (para esto de nombrar, no hay quien les haga la competencia a los italianos), con la iglesia a rebosar y con algunos espectadores más pendientes de sus móviles y de grabar la actuación que de verla. Por cosas como estas, no hace mucho que nos reíamos de los japoneses. En esta ocasión, los adictos a la tecnología, más que al directo, no eran japoneses. Arrancaron con la barcarola de Offenbach y acabaron con el cuarteto “Bella figlia dell´amore”, de Rigoletto, sin olvidarse de Mozart, Bizet, Rossini, Verdi, Puccini, etc. A mí me hubiera gustado oír algún aria de El murciélago, pero no me hicieron el gusto. En fin, los músicos y los cantantes me parecieron bastante mejores que los de hace un par de días, pero desde la última fila donde nos colocaron no resultaba fácil apreciarlo.
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Lo mejor de la noche fue el reencuentro con Veronica, una vieja y querida amiga italiana, filóloga, que ahora anda peleándose con la Crónica de Ramón Muntaner. ¿Es fácil cenar en Roma durante la Nochevieja? Yendo con Veronica, sí. Por lo que habíamos visto a lo largo del día, había varias posibilidades: menús establecidos, con precio fijo, nunca por debajo de los 60 euros; comer a la carta con un suplemento del 30% por ser la noche que era; y cenar a la carta, si no al precio habitual, sí a otro precio razonable. En la Via del Boschetto nos llamó la atención La Taverna dei Monti. Monti es el nombre del barrio. Bueno, pues cenamos estupendamente bien, sin estar amontonados y sin apenas tener que esperar. Y todo ello por los buenos oficios de Veronica, y al razonable precio de 95 euros. Para tres personas no está nada mal. Tomé berenjena a la Parmesana, compartida con los demás; un trozo considerable de pez espada a la plancha y un milhojas. Y todo ello regado con un Marino, un buen vino blanco italiano. Con el fragor de la conversación, hacía mucho que no nos veíamos y teníamos que ponernos al día, estaban a punto de darnos las 12 cuando pagamos y nos íbamos. Pero como éramos los últimos clientes del local, los empleados, una mezcla curiosa de italianos e indonesios, nos invitaron a celebrar con ellos la llegada del año nuevo. No tenían uvas, pero nos ofrecieron champagne, una variante local, y pandoro (un gemelo del panettone pero sin pasas ni frutas confitadas). Así, con la televisión encendida, mientras daban las 12 nos fuimos intercambiando apretones de manos, besos e infinitos auguri! y bon anno! Me parece que todos nos quedamos un poco abrumados por la amabilidad y la generosidad de estas gentes a las que de nada conocíamos. ......
De allí n0s fuimos a la Via Veneto, calle que como anuncia una placa, Fellini convirtió en el teatro de la dolce vita, donde nos tomamos una copa, un gin tonic, para más señas, al aire libre, como unos machotes. Y así se acabó lo que puede contarse de la noche, entre más petardos, músicas estridentes que salían de salas de baile, en cuyas puertas esperaban, no sabemos qué, numerosas bellinas sobre zapatos de aguja que producían un cierto vértigo, junto a jóvenes disfrazados de pijos, si es que no era su piel habitual, que puede ser que sí, dada la zona de la ciudad. Seres de la noche, de esos que deben pasar el día acicalándose o haciendo ejercicio en el gimnasio para estar en perfecto estado de revista cuando sale la luna, pero que parecían haber adquirido una transparencia en la piel que daba un poquito de miedo. Y mientras nosotros nos encaminábamos hacia la plaza Salustio, las calles seguían llenas de gentes alegres, cargadas de bebidas, como ocurre la Nochevieja en casi todos los lugares del mundo.
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* Las fotos son de Gemma Pellicer.
¡Feliz 2011!, de Miguel Ángel Contreras
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* El dibujo es de Antonio Mesamadero, colaborador del diario Ideal, de Granada.
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sábado, 1 de enero de 2011
¡Feliz 2011!, de Berta Vías Mahou
......Un abrazo y feliz año a los dos,
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* Berta Vías Mahou ha publicado recientemente una novela, Venían a buscarlo a él (Acantilado), que os recomiendo mucho.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Roma en rojo
Creo que nos quedamos saliendo de un restaurante. Y sea por lo que fuere, nos vimos formando parte de una manada que seguía las señales que nos encaminaban hacia Piazza Navona. Su mercado de Navidad aparece muy ponderado en todas las guías y crónicas sobre Roma. Bueno, pues, perded toda esperanza; se ha degradado mucho. Venden las mismas chucherías tontorronas de cualquier mercadillo navideño de cualquier otra ciudad de Occidente. Con algunas novedades, eso sí: las castañeras son ahora fornidos orientales, me imagino que tailandeses; y la befana (bruja) era una señora que ejercía su oficio con bastante desgana. Lo único que me hizo gracia, puesto que las fuentes tampoco era fácil apreciarlas, rodeadas como estaban de puestos de venta, fue un viejo carrusel lleno de niños que lo disfrutaban, aunque me parece que menos que sus papás. Y hubiera escrito mamás de no haber temido que me tacharais de machista. Una joven rubia, con una niña pequeña casi colgada a la espalda, tocaba con el acordeón (no, no era un bandoneón) el “Invierno porteño”, de Piazzola. Creo que todas las veces que he estado en Italia en los últimos años, me he topado siempre con alguien, en alguna plaza, que tocaba alguna de las estaciones de Piazzola. ....
Por la noche, tras un merecido descanso en el hotel, teníamos previsto asistir a un recital de ópera en una de las iglesias de la ciudad, sin mérito artístico notable, pero donde estaban enterrados militares, periodistas y diplomáticos norteamericanos muertos en las dos guerras mundiales. No podemos presumir del recital de ópera porque, aunque digno, no pasaba de ser un espectáculo para turistas aficionados al bel canto, con un programa típicamente italiano, Verdi y Puccini, sobre todo, al que se les había añadido Mozart, como un excelente fichaje. Más tarde, la cena fue anodina y sólo es digno de recordar el empeño del camarero que nos sirvió por que comiéramos y bebiéramos más. Por no hablar de que no le pareció nada bien que tomáramos cerveza en vez de vino, y que no hiciéramos un poco más de gasto en dulces, café y licores. En fin.
Camino del hotel, por la plaza de España, nos encontramos delante de la fuente con una joven en cuclillas haciendo una foto de la barca, las escaleras y la iglesia de la Trinità dei Monti. ¿Y qué, se preguntaría Ratón, con buen criterio, pero con demasiada impaciencia? Pues que como la joven tardó en hacer la foto, al inclinarse los pantalones dejaban ver el triángulo de un tanga rojo, imagen instantánea que congregó a otros fotógrafos con intenciones no menos artísticas y un número creciente de admiradores. ¿Era realmente rojo el tanga? En honor a la verdad, no podría asegurarlo, pero sí puedo afirmar que las lencerías de la ciudad están llenas de ropa interior roja, para hombre y mujer; aunque destacan, sobre todo, al menos en los escaparates, las bragas, sujetadores, camisones, ligeros, tangas, y tentaciones, si es que estas últimas siguen llamándose así.
Ah, por cierto, el desayuno del hotel es correcto, sin más; con muchas tartas y ninguna fruta. Dejadme que os advierta antes de acabar que en esta materia, y en casi ninguna otra, es mejor que no me hagáis mucho caso porque suelo ser bastante chinche.
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* Los fotos son de Gemma Pellicer. ..........
¡Feliz 2011!, de Elías Moro
Queridas y queridos:
No sé vosotros, pero yo pienso bailarla durante estos días.
Nuestros mejores deseos de felicidad y éxito para el 2011.
Besos y abrazos.
Lali, Sara, Alba y Elías
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jueves, 30 de diciembre de 2010
3 años
Con más de 600.000 visitas, 438 seguidores y más de 1300 entradas, La nave de los locos cumple hoy 3 años. Sólo puedo daros las gracias y prometer que seguiré aquí, intentando, sobre todo, dar a conocer a nuevos poetas y narradores, e invitando a los consagrados a que también nos acompañen.
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......* El cuadro es de mi hermana, Lola Valls, y lo ha hecho especialmente para la ocasión. Gracias, Loli.......
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Roma soleada
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Llegar a una Roma soleada desde una Berlín congelada es un gran alivio y una bendición de los dioses. El viaje, a pesar de volar con cutreJet (gracias, Manolo RR, por el hallazgo), ha sido normal y el hotel es bueno y está en una zona céntrica y tranquila, lo que no es poco tratándose de Roma. La habitación dispone incluso de una terraza bastante amplia, donde se podría comer o cenar, si el tiempo lo permitiera. Si mañana el desayuno es bueno, habremos dado con un mirlo blanco, pájaro raro en Roma, sobre todo por lo que se refiere al ramo de la hostelería.
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Pero antes de meterme en estos jardines andaba yo haciendo el turista por Roma, cuando llegamos a una atestada Fontana de Trevi, donde todo bicho viviente parecía querer fotografiarse. Salimos de allí lo más rápidamente posible, dado el gentío, y tras perdernos por diversas calles, nos topamos con otro letrero que nos encaminó hacia el Panteón. La fachada se encontraba medio cubierta por las obras, y aunque tampoco faltaban turistas, se podía recorrer con una cierta tranquilidad. Siempre me ha llamado la atención lo llamativas que son las tumbas de los reyes Vittorio Emmanuele y Umberto, los Saboya, y lo discreta que resulta la de Rafael de Sanzio por el contrario. Tampoco faltó un belén con figuras grandotas y toscas. Cuando se hizo la hora de comer, pasaban de las 2. Nos llamó la atención una espaguetería-pizzería cercana, L´archetto. Tenía buena pinta y los precios parecían razonables. Como Gemma entró primero, le pedí que nos nos amontonasen.
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Por supuesto nos mandaron al sótano y nos amontonaron, tanto que los arenques deben de estar en sus cajas mucho más anchos. La mesa de al lado se hallaba a 5 cm. y lo ocupaba una joven pareja italiana, ambos guapos, pero de una belleza tirando a convencional. Ella tenía la piel muy blanca y se había pintado en exceso los ojos. Él le hablaba muy serio, casi en susurros, y la joven, en un momento dado, le acarició una mejilla. Pensé, y que Dios me perdone, que no se podía ser tan joven y tan transcendente. A 5 cm. no pudimos evitar compartir estas pequeñas intimidades. Nos decantamos por unos espaguetis: los míos al funghi, pero los de Gemma se llamaban pomposamente Chanel. Me imagino que eran un invento de la casa, a menos que algún experto en la materia nos pueda decir otra cosa. Tardaron casi un siglo en traerlos, por lo que tuve tiempo de sobra para darme cuenta de que estábamos rodeados. Enfrente tenía a una pareja de japoneses, ambos también guapos, aunque ella parecía más pendiente de su Blackberry que del chico, mientras que él se mostraba más interesado en su cámara de fotos que en la joven. A mi izquierda, a un metro más o menos, comía una pareja de lesbianas locales. La más masculina hablaba todo el rato y me temo que intentaba seducir a su acompañante, más atractiva. Esta era muy delgada y tenía unos grandes ojos negros, pero apenas metía cuchara en la conversación. Cuando ya hubieron pagado vieron nuestros postres: una casatta y un tiramisú, y tras dedicarme una sonrisa (ay, la menos atractiva), decidieron tomarse un postre. A mis espaldas, a la derecha, se oía a dos niños gorditos chillar todo el rato, excitados por la comida. La nena repetía todo el rato, una y otra vez: ¡mozarellina, mozarellina! ¿Se referiría al queso, o algún personaje infantil de la televisión, a un posible compinche de Bob Esponja? La mamá, que era idéntica a sus vástagos no dijo ni mu, mientras el padre debía de estar en la gloria, tras haberse librado de este par de monstruitos gritones y parlanchines... A su izquierda, en cambio, comía un matrimonio español con un niño. Por una vez, parece que los españoles no iban a dar la nota. En el sótano donde nos encontrábamos, que debió de ser en su origen una bodega, no dejaban de entrar y salir clientes, quienes para llegar hasta su mesa tenían que recorrer un laberinto tan intrincado como aquel que ideó Jardiel Poncela en el primer acto de Eloísa está debajo de un almendro para llegar a la cama de Edgardo. Pedimos la cuenta, que pagamos como un acto de fe, pues la factura no recogía ni lo que habíamos comido ni cuánto valía cada cosa. En fin. Dejamos propina, pues tanto los espaguetis como los postres estaban muy ricos. El precio era razonable, para ser Italia, para ser Roma y para ser un restaurante cerca del Panteón. Si supiera que no os aburro os seguiría contando. Qué dilema.
martes, 28 de diciembre de 2010
¡Feliz 2011!, de Seix Barral

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¡Feliz 2011!, de Manu Espada y más...
lunes, 27 de diciembre de 2010
¡Feliz 2011!, de Ediciones de la Isla de Siltolá
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¡Feliz 2011!, de la librería La Central
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