jueves, 14 de noviembre de 2013

Qué se leía y qué se lee, y 3: FV

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El periodista y escritor Álvaro Colomer publica en el último número de la revista Qué leer (192, noviembre del 2014, pp. 38-41) un reportaje en el que compara los libros más vendidos hace veinte años y los más vendidos hoy, titulado "En estos veinte años...", aceptando una propuesta de Javier Marías, quien se lamentaba de la pérdida de calidad literaria de los libros más leídos. Recojo aquí, en tres entradas sucesivas, por cortesía de José María Pozuelo Yvancos y Juan Antonio Masoliver Ródenas, a las que añado ahora la mía, las respuestas completas al cuestionario que en su momento nos mandó Colomer.
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- A la vista de la diferencia entre los libros más vendidos en 1993 y en el 2013, ¿qué conclusiones pueden extraerse?
Entre 1993 y el 2013 se han producido más cambios que en las décadas anteriores y la vida, en todos sus órdenes, se ha acelerado. En estos veinte años, como ha denunciado Vargas Llosa o Muñoz Molina, la cultura, los valores y la educación (lo más importante), junto con el sistema literario, se han banalizado, y a la par los gustos de los lectores, con lo que su exigencia ha disminuido, convirtiendo la lectura a veces en un mero acto de entretenimiento.
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- ¿Estás de acuerdo con la conclusión de Javier Marías, según la cual los lectores han experimentado un 'rebajamiento en el nivel de exigencia' en apenas veinte años?

Hay de todo, como siempre, pero la mayoría poco exigente se amplía, y en ella aparecen lectores que por su cultura y formación deberían leer una literatura más compleja. Pienso, por ejemplo, en profesores, estudiantes e incluso en escritores.
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- La comparación revela dos datos importantes: 1. Hace veinte años todos los autores más vendidos eran españoles, mientras que hoy sólo lo son cuatro; y 2. Hace veinte años la calidad literaria era muy superior (aun cuando los libros de aquel momento no fueran los que mejor representaban a sus autores). ¿A qué crees que se debe la pérdida de presencia española en estos veinte años?
Es difícil saberlo: ¿a cierto pseudocosmopolitismo, a mera paletería? A todo ello contribuyen los editores, la prensa cultural e incluso los críticos y los propios escritores españoles que, a veces, declaran que solo leen narrativa extranjera. Si los lectores españoles siguieran esa lógica perversa, ¿por qué tendrían  que leerlos a ellos? En suma, los mejores narradores actuales españoles (Luis Mateo Díez, Marías, Chirbes, Fernández Cubas, Merino, Vila-Matas, o jóvenes como Neuman, Elvira Navarro, Lara Moreno, Menéndez Salmón, Isaac Rosa o Ignacio Ferrando, etc.) me parece que tienen poco que envidiar a sus equivalentes internacionales. En este sentido, si consultamos la prensa de otros países no hallamos ningún caso semejante. Ni en Alemania, ni en Italia, Argentina o México, prefieren a los narradores de otras lenguas, superventas aparte.  
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Rafael Chirbes
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- Actualmente lee más gente que hace veinte años, por lo que hace falta vender muchos más libros para entrar en esas listas. ¿Crees que el aumento de los lectores lleva implícita, de un modo inevitable, el descenso de la calidad en los libros más vendidos?
Creo que el problema no es ese, sino lo que señalaba antes: que lectores que debían ser exigentes se conforman ahora con leer novelas previsibles, supuestamente entretenidas.
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- ¿Qué crees que ocurriría si comparáramos la lista de más vendidos de hace 40 años con la de hace 20 años? ¿Qué conclusiones sacas de eso?

La lista de 1973 es más parecida a la de 1993 que la de este año y el presente. El cambio creo que se ha producido en las últimas décadas, con la degradación de la enseñanza y la banalización de la cultura.   
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- ¿Qué responsabilidad tiene la crítica literaria en este 'rebajamiento del nivel de exigencia'?
No creo que sean los mayores culpables, pero sí es cierto que se muestra a veces demasiado complaciente y comprensiva con fenómenos que son meramente comerciales. La prensa busca lo que considera nuevo, lo distinto, cuanto pueda captar la atención de los lectores, pero uno de los papeles de la crítica debe consistir en señalar lo que hay de impostura o afán de medro en fenómenos frikis tales como los llamados Nocilla y, aun antes, el rancio Juan Manuel de Prada. ¿Qué ha sido de ellos pocos años después? Los primeros se han adaptado perfectamente al sistema con novelas tan convencionales como faltas de entidad e interés; y el segundo cada vez resulta más anacrónico.
 
- ¿Y los editores?
También hay de todo, pero los grandes editores literarios no siempre han hecho bien su trabajo, como se dice ahora. Premios como el Biblioteca Breve, Alfaguara o el Nadal deberían haber servido para apoyar a los mejores escritores jóvenes, o nuevos, proporcionándoles proyección y apoyo. Por ejemplo, ¿por qué el Biblioteca Breve no ha premiado a Menéndez Salmón, Jesús Carrasco o Pablo Gutiérrez? ¿Qué sentido tiene, a estas alturas, concederle el Biblioteca Breve a Rosa Regàs? Me parece que ninguno. El Nadal nunca ha cumplido tan bien su función como cuando premió a Eduardo Lago; el Biblioteca Breve, a Clara Usón y el Alfaguara, a Andrés Neuman.

-Añade aquí cualquier aspecto que creas interesante destacar sobre el tema que estamos abordando y que yo no te haya preguntado.
Las editoriales literarias no pueden estar en manos de meros comerciantes. Las revistas y los suplementos culturales deberían apostar por una literatura más exigente, tanto de los consagrados como de los autores más jóvenes, olvidarse de productos que son meramente comerciales destinados al entretenimiento más banal, y los críticos tendrían que mostrarse menos contentadizos y no reírles tanto las gracias a las editoriales.
Que una revista como Qué leer elija mejor libro del año el de María Dueñas no hace más que contribuir a la confusión, echándole carne a las fieras…    
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Ricardo Menéndez Salmón
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4 comentarios:

Angelus dijo...

Cuando se habla de "rancio" para Juna Manuel de Prada, no se sigue el mismo criterio de calidad artística que para el conjunto de las valoraciones. Incongruencia.

Fernando Valls dijo...

A ver, Angelus, explícanos eso un poco mejor. Saludos.

Isabel Mercadé dijo...

Estoy de acuerdo en todo, Fernando, pero creo que eso tiene que ver con algo mucho más amplio, con la banalización de la vida y la percepción del mundo en general e incluso con la situación política. Ante la banalidad del mal (esa irresponsabilidad generalizada en asuntos tan graves y serios), la de los medios de comunicación, la de los gobernantes, se acaba banalizando la sensibilidad también, salvo entre algunas minorías.

Fernando Valls dijo...

Desde luego, Isabel, estoy completamente de acuerdo. Saludos.