viernes, 3 de febrero de 2012

La hibridez genérica y la sopa Campbell's

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A los jóvenes escritores a la moda, y también a algunos no tan jóvenes, lo que resulta algo más grave, se les llena la boca hablando de que toda la literatura actual es híbrida, como si se tratara de un fenómeno nuevo. Uno de los males mayores de la literatura española actual, y de la hispanoamericana, sobre todo de la hibrinarrativa, consiste en que a muchos de sus autores les gusta escribir, a veces, compulsivamente, pero cada vez les gusta menos leer, tan ocupados como están viendo la televisión, leyendo cómics, jugando al parchís y oyendo al Señor Chinarro, Chicharro, o como se llame, y escribiendo manifiestos. Nos hallamos ante la primera generación de la historia de escritores no lectores. Si frecuentaran algo más la historia literaria, sabrían que la hibridez genérica es tan añeja como los sainetes castizos de don Ramón de la Cruz, y tan moderna como las novelas de Unamuno. El primero estrenó, parece ser que en 1769, un sainete titulado Manolo, en el Teatro de la Cruz. Se subtitulaba "Tragedia para reír o sainete para llorar", burlándose de las teorías del teatro neoclásico, entonces vigentes. En la segunda, la mucho más conocida novela Niebla, publicada en 1914, el prologuista Víctor Goti comentaba que Unamuno le había confesado que no quería morirse "sin haber escrito una bufonada trágica o una tragedia bufa", en la que lo bufo o grotesco y lo trágico aparecieran fundidos.
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Leo en una entrevista con el narrador argentino Sergio Chejfec, quien propone "una contaminación aún mayor frente a los abanderados de la ortodoxia", que "la mejor literatura es aquella instalada en la indefinición; más aún, en la indeterminación. No estamos, prosigue, seguros de lo que el autor nos quiere decir, no estamos seguros de la naturaleza de aquello que estamos leyendo; no sabemos cómo se leyó esto en el pasado; ignoramos el verdadero género de dónde proviene esto; somos incapaces de ver si este libro nos está explicando un porqué, un cómo o un qué". Sin darle tantas vueltas al sacacorchos, ni retorcerle tanto el cuello a la botella, me parece que lo que se nos propone no es mucho, pues tan noble empeño puede dar de sí, pero también escasos resultados literarios.
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Resulta tan plausible como natural que los narradores frecuenten a Joyce y a Robert Walser, a Don Delillo, Roberto Bolaño y a David Foster Wallace, pero no estaría mal que, entre manifiesto y manifiesto, bastante inocuos, le echaran un vistazo a la literatura de los siglos anteriores, también a la española, porque allí aprenderían que algunos de nuestros antepasados ya disfrutaban con la sopa de ajos, que -por cierto- no sabe peor que la Campbell´s. Lo que sí han inventado nuestros jóvenes narradores cuarentones son los manifiestos escritos en hoteles. Y no me cabe ninguna duda de que tan ingeniosa iniciativa quedará para la posteridad...

P.S. Ya que algunos de los aludidos son dados a dárselas de graciosos, en el citado prólogo que Unamuno escribe por personaje interpuesto, podrán hallar una suculenta teoría acerca del humorismo, o mejor dicho, del malhumorismo. Claro que en ella el escritor vasco no le presta atención al jiji, jaja, hoy tan habitual. Podrán descubrir, en definitiva, que Unamuno era infinitamente más moderno que todos ellos y que la mayoría de los escritores que suelen leer, incluidos algunos norteamericanos, sean o no pop o afterpop, mutantes o chiripitifláuticos.
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* En la foto, Sergio Chejfec disfrazado de Foucault. Falta la sopa Campbell de Wharhol.
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16 comentarios:

Anónimo dijo...

Una entrada lúcida que deberían leer todos los que se dedican a experimentar sin saber nada de los ingredientes. Aparte de escritores no lectores, creo que son personas que prefieren ser o vivir como escritores antes que escribir. También he conocido yo a más de uno que creía que los caligramas se habían inventado hace dos días.


Pilar

hombredebarro dijo...

Yo les recomiendo que vayan a Petronio, por ejemplo,

Biblioteca dijo...

Otros muchos piensan que la Literatura la han inventado ellos. Receta: leer, leer, leer y leer y si queda tiempo, por favor, seguir leyendo.Estoy de acuerdo contigo, Fernando.

Ernesto Calabuig dijo...

Hola, Fernando. Ya te escuché una vez en "Tres rosas amarillas" hablar de este inconcebible fenómeno de los escritores que no leen o que no les gusta leer. Uno puede tener a Bolaño por maestro, pero sabiendo que éste era un lector compulsivo (e insomne) y no sólo de novedades sino de la gran tradición. Me consta que el propio Chejfec, al que he reseñado en El Cultural, es un sesudo lector de literatura y filosofía. Y respecto a los manifiestos, muchas veces son los propios críticos los que los difunden y dan importancia, volviendo a inventar la sopa, la Coca-Cola o la Nocilla en cuanto se unen cuatro
iluminados con una proclama y siete puntos arrojadizos. Recuerdo un artículo demoledor de Patricio Pron en el que demostraba, con referencias y ejemplos concretos, lo antiguos, trillados y hasta rancios que son los sucesivos Fernández Mallo y otros camelos metaliterarios. Un abrazo. Ernesto

Fernando Valls dijo...

Pues, sí, Ernesto, el artículo de Patricio Pron los ponía en su sitio. Pero aprovecho la ocasión para recordar que narradores tan importantes como Javier Marías, José María Merino, Enrique Vila-Matas, Almudena Grandes y Javier Cercas, por no hacer una lista interminable, también les han dedicado serios reproches. Si recuerdo todo esto es porque uno de los más activos nocilleros, enjabonador pertinaz de Juan Goytisolo, se quejaba de que solo los profesores universitarios (siempre rancios, claro, excepto cuando los elogian a ellos, como el despistado catedrático de Lausanne), ponían en duda sus aportaciones. Saludos.

Martín dijo...

Pues sí, deberían leer a Unamuno, como dices más moderno que ellos, qué lástima que no fuera inmortal, como él quería, y no les pueda echar un buen rapapolvos o burlarse de ellos como sólo él sabía.

AGUS dijo...

También Valle Inclán, entre otros muchos por supuesto, me parece un autor fundamental para aprender y entender lo que significa romper las reglas del juego.

Abrazos.

Fernando Valls dijo...

Pues, sí, Agustín, algunos se llevarían una gran sorpresa si leyeran `Tirano Banderas´, o por esos mismos años, `Imán´ de Sender. Saludos.

manuespada dijo...

Unanumo, Valle Inclán, Gómez de la Serna, Buñuel, y tantos otros que ya lo hicieron antes... Lo bueno es que sus textos están ahí para ser leídos, tenemos esa suerte. Hace poco asistí a un debate sobre quién era el mejor futbolista se la Historia, y los periodistas más jóvenes, y no tan jóvenes, se quejaban por no tener elementos para valorar, ya que las imágenes de los goles de Pelé y muchos más se habían perdido, por lo que solo podían valorar a los futbolistas contemporáneos, que es a los que habían visto jugar sobre el campo. En la Literatura pasa un poco esto, pero afortunadamente los libros de lis clásicos sí están ahí, no como los goles de Pelé, que quedan cuatro. Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

De lo que se trata, Manu, es de que nos nos vendan como liebre joven lo que es gato viejo. Saludos.

Isabel Mercadé dijo...

Del todo de acuerdo, Fernando. A una se le ponen los pelos de punta cuando ve que descubren la sopa de ajo no por ingenuidad, sino por falta de lectura, de referencias, por el Quijote, para empezar, por Dostoievski para continuar, etc. Es un escándalo esta ignorancia.

Vuelo de noche dijo...

Letra a letra coincido con tu apreciación, Fernando Valls,es harto notable la tendencia letal de tantos escritores jóvenes que creen que están descubriendo América.¿Más moderno y universal que Cervantes, por ejemplo? ¿quién? Prácticamente no hay procedimiento en la novela que no haya sido acuñado por él en El ingenioso... Pero pocos jóvenes han frecuentado la lectura completa de esa maravilla.
La literatura siempre tendrá un sesgo híbrido pues no le gusta moverse en moldees rígidos; a la vida misma no le sienta bien moverse en moldes rígidos, pero esto es tan viejo como el mundo, y tan viejo como el mundo es que antes de romper una regla y sustituirla por otra, primero hay que saber qué estamos rompiendo. Muy buena y esclarecedora tu reflexión, la llevaré a mi taller de escritura, importa y mucho reflexionar estos temas y valorar la lectura, leer y releer y frecuentar los clásicos, imprescindible. Gracias por tanta lucidez, Marta Ortiz

Juan Romagnoli dijo...

Totalmente de acuerdo, Fernando. Además, es esta la primera generación de escritores que quiere romper las reglas de lo que no conoce. Fuerte abrazo.

Arte Pun dijo...

Pues sí, y no tanto. Ni idea de que existiese la generación híbrida.
A mí no me parece mal que existan escritores que no lean. Tampoco me parece mal que existan escritores que lean, lean y lean e incluso se sepan algunos textos, fechas y nombres de memoria. Pero no por el hecho de pertenecer a una de estas categorías, como a otras tantas miles que puedo hacer, su posible obra ya debe estar prescrita, catalogada o clasificada correctamente, y lo que me parece más natural, para un mismo autor pueden coexistir bodrios con obras....digamos, interesantes. Yo no creo en el autor, creo en su obra. Pero en fin, esto es lo que yo creo y no pretendo que deba creerlo nadie más.
Comparto todo lo que comentas Fernando sobre los que creen estar inventando algo, deberían ser más modestos. Nunca creeré estar inventando nada casi a ningún nivel, siempre se me viene encima que somos alrededor de siete u ocho mil millones de almas pensando en este mismo instante, y eso hay que multiplicarlo por todas las generaciones que nos han precedido, de las cuales conocemos un cero coma cero cero cero cero... uno por ciento.
Sobre tus propuestas, tengo "Amor y pedagogía" entre una de las obras que más me impactaron o complacieron, derroche de talento y miras.

Gracias y saludos.

Fernando Valls dijo...

Arte Pun, `Amor y pedagogía´ es otra de esas novelas, con más de cien años, que se sigue leyendo con mucho gusto. Saludos.

Miguel A. Zapata dijo...

A mí lo que más me molesta es el denuesto de la narración y el estilo en pos de cosas vagas como el picoteo y la asepsia (por no decir la vulgaridad o el bostezo) en el contar. Al hilo de lo que dice Ernesto, cierta posmodernidad va en la línea del trampantojo y el agujero del dónut, a ver si cuela tanta nadería con envoltorio dorado. Y además, cargándose lo único reconocible de la literatura de verdad: la voz propia y la fuerza de los contadores de historias.
El truco también tiene sus años, como aquéllos que tildaban las primeras obras de Borges de "libritos barrocos y metaliterarios".
Es algo así como trasladar los principios del punk (el "do it yourself" o el "fuck the system") al mundo libresco más supuestamente avant-garde, sólo que olvidando que aquello era una ingenuidad antiautoritaria, y esto una estrategia de marketing que hace pasar por haute couture lo que no es más que un ejercicio de absoluta abulia.
El problema no es experimentar (todos intentamos, de alguna manera, un canto del cisne, y es necesario el experimento y la pirueta inédita), sino vender a precio de oro la fórmula del agua. Innovar sabiendo que ya nada es nuevo, supongo yo, que es lo que debería guiarnos.
Y en ese matiz pequeño que podamos añadir al guiso de 5000 años de Literatura quizá esté nuestra aportación intransferible. Sólo en eso (ni más ni menos), no en reinventar todo el menú, como si nunca hubiera comido nadie.
En fin, de aquellos polvos...
Abrazos.