domingo, 10 de enero de 2010

Maestros de la caricatura, 6. David Levine

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Ha fallecido David Levine (1926-2009), el gran caricaturista neoyorquino de The New York Review of Books, donde trabajaba desde 1963. Colaboró hasta el 2006, en que le diagnosticaron una enfermedad degenerativa ocular y tuvo que dejar el trabajo. Publicó también sus dibujos en otros prestigiosos medios, como The Esquire, The New York Times, The Washington Post y la revista Rolling Stone. Sus caricaturas apuntaban a todos los personajes de la sociedad, pero quizá se especializara en retratar a políticos, escritores, intelectuales y artistas de diverso pelaje, desde filósofos a músicos. Entre los lectores españoles alcanzó una cierta popularidad en los años 70 y 80, por las cubiertas de una colección de monografías de la editorial Grijalbo, en las que sobre un fondo blanco aparecía la caricatura del autor al que estaba dedicado el volumen. Reproducimos abajo el libro dedicado a Joyce. El escritor y dibujante Luis Pérez Ortiz, LPO, que sabe mucho más que yo de estos asuntos, me comenta que la colección fue muy popular y que incluso llegó a venderse en los kioscos. Pero, además, Diario 16 publicaba regularmente caricaturas de Levine, vía agencia, tanto en el diario como en el suplemento Culturas, que dirigió José Miguel Ullán y luego César Antonio Molina. Pero su mejor rendimiento, me sigue explicando LPO, lo dio Levine cuando apuntó con su vena satírica a los políticos. A Nixon lo abrasó bajo mil caracterizaciones. Damos abajo las caricaturas de Nixon y Reagan. Su excelente estilo incisivo, minucioso con las fisonomías, acaso esté siendo desplazado, se lamenta Luis, por otros más neutros y asépticos. Siempre me gustó, es una de mis claras influencias, nos confiesa, y además envidiaba su forma de vivir, creo que en un rancho, de los derechos de sus miles de caricaturas, que las agencias servían a diario a periódicos de todo el mundo. En fin, es lo que tiene ser norteamericano y tener talento.
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* Tras el autorretrato de David Levine aparecen las caricaturas dedicadas a Nixon, Ronald Reagan, Joyce, Marcel Proust, Bertrand Russell, Hermann Hesse, George Orwell, Ludwig Wittgenstein, Malcom Lowry y David Foster Wallace.

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sábado, 9 de enero de 2010

La biografía de Carmen Laforet

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Los profesores Anna Caballé e Israel Rolón han obtenido el Premio Gaziel de Biografías y Memorias por un trabajo titulado Una mujer en fuga. Biografía de Carmen Laforet. El jurado estuvo formado por Borja de Riquer, Marius Carol, Josep Mª. Muñoz, Sergio Vila-Sanjuan y el editor Joaquim Palau. El puertorriqueño Israel Rolón fue el editor de Puedo contar contigo. Correspondencia Carmen Laforet/Ramón J. Sender (Destino, 2003) y coeditor, junto a Cristina y Agustín Cerezales, de la novela que dejó inédita Carmen Laforet, Al volver la esquina (Destino, 2004). También le ha dedicado a la autora su tesis doctoral, titulada La obra epistolar de Carmen Laforet (1939-1991) (2008). La nota de prensa de la editorial resume así el contenido del libro......

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"Una mujer en fuga. Biografía de Carmen Laforet Carmen Laforet (1921-2004) es la autora de Nada, una novela que cuando se publicó, en mayo de 1945, marcó un punto de inflexión narrativo pues no sólo era la obra precoz de una joven de 23 años que demostraba un talento literario imaginativo y audaz sino que apuntaba una nueva vía ético-estética a la hora de escribir. La novela fue asimismo una llamada generacional, así lo entendieron tantos jóvenes de ambos sexos que la leyeron conectando con la sensibilidad de su protagonista y su anhelo de distanciarse de la sordidez y la falta de rumbo de la inmediata postguerra franquista. Para las mujeres Nada significó una ruptura de los tópicos de la novela rosa. Sin embargo, Carmen Laforet nunca se sintió satisfecha de ese primer libro que tuvo un éxito arrollador. Y a pesar de la prometedora carrera literaria que auguraba tanto la brillante escritura de Nada como la excelente acogida que tuvo, sus siguientes novelas se publicaron muy espaciadamente, interrumpiéndose prácticamente su carrera literaria en 1963, cuando publicó La insolación, novela que la propia Laforet concibió como parte de una trilogía que nunca vería la luz. ¿Qué pasó? El largo silencio de la escritora, más de cuarenta años sin publicar nada nuevo, excepto un libro de viajes y cerca de un centenar de artículos, hizo pensar que seguía buscando una escritura que se correspondiera con su inquieto mundo interior, pero nada se sabía de cierto pues la novelista se encerró en un mutismo que a partir de 1970 y de su traslado a Roma fue absoluto. Una mujer en fuga es la primera biografía completa de la novelista, escrita con objetividad, rigor e independencia. La obra consigue desvelar el llamado "enigma Laforet", es decir las razones de su silencio, gracias a la valiosa documentación, nunca conocida hasta ahora, que maneja. Un total de seiscientas cartas y un largo proceso de investigación que permiten reconstruir minuciosamente su trayectoria vital y literaria hasta el final de su vida. Y rompen algunos estereotipos. Por ejemplo, frente a la imagen establecida de una escritora que vivió ajena o explotada por sus editores, el acceso a la correspondencia que Josep Vergés (Destino) o José Manuel Lara (Planeta) mantuvieron con ella ofrece una imagen muy distinta. Antes de su deterioro psíquico, Laforet era una mujer fuerte y orgullosa que no lo hizo nada mal aprovechando su éxito para firmar ventajosos contratos o gestionar sus derechos de autor. Una mujer en fuga rastrea la vida familiar de Carmen Laforet, las razones de su rechazo a Nada, las dificultades de compatibilizar su condición de mujer de clase media, casada y con hijos, con las múltiples exigencias de su carrera profesional, el progresivo distanciamiento de su marido Manuel Cerezales, sus caídas en la melancolía, su permanente necesidad de huir de la presión de la vida diaria, el machismo de la época reflejado en una actitud paternalista que Laforet detestaba, su lucha permanente y amarga con la escritura, un destino, en fin, que no dejó de perseguirla desde aquella, ya lejana, noche en que se convirtió en el centro de todas las miradas".

* P.S. Con motivo de la concesión del premio, Laura Freixas publica hoy un artículo en La Vanguardia, "La escritora enigmática", en el que comenta que Carmen Laforet, tras su primera obra, de tanto éxito, escribió "alguna novela -que todo el mundo estaba de acuerdo en considerar muy inferor a Nada-, artículos en ABC, algún cuento...". Pues, no, "algún cuento", no, hasta 25 cuentos, que se han editado en un tomo titulado Carta a Don Juan. Cuentos completos (Menoscuarto, Palencia, 2007), en ed. de Agustín Cerezales y prólogo de Carme Riera. Pero, además, dejó un buen puñado de novelas cortas que daría para otro tomo similar. La calidad de estos cuentos y novelas cortas, por cierto, no me parece inferior a Nada........

viernes, 8 de enero de 2010

El fotógrafo Manuel Falces ha muerto

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Guardo imágenes inconexas, fragmentarias, de Manolo Falces, en las que el niño, el adolescente y el joven acaban imponiéndose al hombre maduro. Compartí con él, durante los años de la enseñanza primaria y algunos de bachillerato, las aulas del Colegio La Salle, de Almería. Todavía no he olvidado que cuando sólo era un niño le premiaron una foto, creo recordar que se titulaba "Con los pies en el sol", reproducida en la revista del colegio (creo que se llamaba Auras, pero el grafista era tan moderno que yo leía Curas, título que entendía mejor y resultaba más adecuado para mis menguadas entendederas), en donde un joven saltaba el potro de gimnasia, y en el momento de apoyar sus manos, parecía que sus pies tocaran el sol. Que un jovencísimo compañero de clase fuera capaz de semejantes prodigios, mientras los demás sólo nos dedicábamos a pegarle patadas a los balones, meter canastas o jugar al frontón, y -claro- a pelearnos en los patios o a la salida del colegio, me producía entonces una enorme admiración. Pero Manolo siempre fue un chico distinto, algo solitario, que no destacaba en los deportes, ni se metía en nuestras riñas callejeras de semigolfillos. Cuando los demás seguíamos en el rebaño, él ya iba por libre, tónica que mantuvo durante toda su existencia. Y cuando nos aperábamos de cualquier manera, podría decirse que solíamos ir hechos unos indios, él llegaba al colegio con chaqueta, chaleco o jersey de pico, corbata y una cartera de piel, hecho un pincel. Entonces nos parecía un chico raro, pero no tardamos en darnos cuenta de que los raritos éramos nosotros, aunque sólo fuera por nuestra afición a perder el tiempo pegándole patadas a piedras y gatos, a rompernos las rodillas y ponernos de barro hasta las cejas jugando al fútbol en la Rambla.
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Lo recuerdo después, ya joven, cuando comenzó a salir con María Matilde, la que luego sería su mujer y la madre de sus cuatro hijos, paseando por las calles de la ciudad, los dos altos, grandes, ella delgada, coronada con originales tocados o sombreros, elegantes y sonrientes, tan distintos a todos nosotros, tanto en las formas, en el comportarse, como en el vestir, cogidos por la cintura, el brazo de él abrazando la espalda de Matilde. Pero siempre como una pareja solitaria y algo al margen de los demás jóvenes que éramos.
Cuando nos llegó la madurez se convirtió en un hombre afable, algo distante. Solía caminar un poco inclinado hacia la izquierda, se tocaba las gafas para colocarlas en su sitio, o se arreglaba el pelo algo ensortijado que siempre necesitaba un corte, coronado por un mechón blanco. Era poco dado a la fácil complacencia, exigente con su trabajo, celoso de su independencia, consciente y seguro de la trayectoria que había emprendido desde la periferia de las periferias. No en vano, era ya entonces un fotógrafo que empezaba a destacar. Quizá fue la primera persona que me hizo entender que la fotografía podía ser un arte tan preciado como la pintura. En las primeras décadas de la postguerra, había habido en Almería un grupo de fotógrafos renovadores, AFAL, compuesto por Carlos Pérez Siquier y José María Artero, entre otros prestigiosos colaboradores procedentes del resto de España. Y aunque las fotos de Falces tenían poco que ver con el documentalismo realista de aquellos fotógrafos, me imagino que algo debió de suponer para él, más joven, en una ciudad en la que culturalmente apenas sucedía nada digno de mención, el que hubiera un grupo tan ambicioso y renovador en su misma práctica artística, con una dimensión internacional.
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Mis encuentros posteriores con él fueron siempre esporádicos. La mayoría de ellos se produjeron en Almería, durante las vacaciones. Pero recuerdo habérmelo encontrado otra vez en la tienda de Vinçon, en Barcelona. O fueron conversaciones telefónicas intentando sumarlo a proyectos de revistas literarias o colecciones de libros. O bien a través de su trato más frecuente con buenos amigos comunes, como Mari Trini, amiga de juventud de Matilde, y su marido José María Plaza, o Fernando García Lara, que me ponían al tanto de sus cosas.
Seguí con suma atención, por último, la relación que entabló con José Ángel Valente, tan fructífera, desde que el poeta se instalara en Almería, que se plasmó en varios libros: Cabo de Gata: la memoria y la luz (1992), Las ínsulas extrañas: lugares audaces de Juan de la Cruz (1993) y Para siempre la sombra, Manuel Falces (1998). Valente sentía por él un gran aprecio y respeto, lo que siendo como era de exigente, no es poco decir. El trabajo común debió resultar para ambos un gran acicate. Cuando más tarde conocí en Grenoble al gran fotógrafo italiano Ferdinando Scianna, al que luego volví a encontrarme en Barcelona, el nombre de Manolo Falces abría puertas de inmediato. Valgan estos breves recuerdos como rendido homenaje a un singular compañero de infancia, gran fotógrafo, artista brillante e independiente.
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El resto no son más que datos de las notas de prensa. El fotógrafo y ensayista Manuel Falces (Almería, 1952) ha muerto en su ciudad natal. Era hijo de un periodista de La Voz de Almería y se había licenciado en Derecho en la Universidad de Granada. Había sido colaborador habitual del diario El País, desde muy pronto, y director del Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) entre 1992 y 2006, tras dirigir el Proyecto Imagina, desarrollado entre los años 1990 y 1992, por el que se pudieron ver en la ciudad las obras de fotógrafos tan prestigiosos como Henri Cartier-Bresson, Ouka Lele, Ilan Wolf, Toni Catany, Evgen Bavcar, Sebastião Salgado, Douglas Klee o Max Pam, entre otros.
A lo largo de su carrera, Falces participó en diversas exposiciones individuales y colectivas en todo el mundo, desde el Centro de Arte Reina Sofía hasta el Museo Internacional de la Fotografía de Rochester, en Nueva York, pasando por Colonia o París. Fue profesor de Técnica y Estética de la Fotografía en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Sus intereses se centraban en la fotografía de la arquitectura, la digitalización de imágenes y el fotomontaje.
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* La foto de Manolo Falces es de Paco Bonilla, fotógrafo de El País. Las acuarelas son de mi hermana Lola y la última foto de mi cuñado Luis Matilla, a quienes se las he -literalmente-robado. Espero que me perdonen.
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miércoles, 6 de enero de 2010

Pfaueninsel, y 2

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Los animales que habitaban la isla, concebida como una representación del Paraíso, fueron el origen del parque de fieras de la ciudad, en 1842. El resto de las construcciones son también obra de Schinkel, quien las fue diseñando a lo largo del XIX. Así, cerca del castillo se encuentran la Casa de los sirvientes y las cocinas. Si se opta por seguir el camino que lleva hacia el interior de la isla encontraremos el Pozo de James y otro palacete, el Kavalierhaus, inspirado en una casa de la ciudad de Danzig, donde se alojaba la familia real. Pero quizá sea más recomendable seguir el sendero que bordea la isla, donde no aparece ninguna construcción, pero puede observarse la hermosa bahía de Parschenkessel donde suelen anidar los cormoranes.
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En el extremo norte de la isla se encuentra la Meierei, una vaquería neogótica que parece sacada de una novela de Jane Austen, como si de una abadía medieval -de esas que veíamos en las películas- se tratara, y la llamada Casa holandesa, que no es más que un establo de vacas, al que delata su hedor antes de que hayamos podido reconocerlo. Parece ser que, en la primera, los reyes prusianos solían pararse a descansar y reponer fuerzas, en medio de sus paseos, tomándose un vaso de leche recién ordeñada.
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Si seguimos el camino, bordeando el lago, como parece más conveniente, nos toparemos con una lápida negra en la que se nos recuerda que el alquimista y vidriero Johannes Kunckel (1638-1703) residió en la isla en el siglo XVII. Este curioso personaje fracasó en su empeño por descubrir cómo fabricar oro, pero en cambio encontró un método para producir cristal de color rubí. No lejos de allí, puede observarse entre el follaje el Luisentempel, un templo dórico que construyó Schinkel, situado en el lugar en que le gustaba pararse a descansar a la reina Luisa, pero que proviene de su mausoleo en el Palacio de Charlottenburg.
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Ahora volvemos a encontrarnos de nuevo con otra bifurcación de caminos que nos lleva, una vez más, por el borde de la isla o hacia el interior. En esta ocasión optamos por transitar el camino interior, dejando atrás el puente gótico, que nos conducirá al parque ornitológico, con loros y faisanes, la cascada y la gran fuente, obra de Martin Friedrich Rabe, que data de 1824. Este es uno de los lugares más atractivos del parque donde merece la pena sentarse un rato a descansar, aunque nadie nos ofrezca un vaso de leche fresca, mientras oímos correr el agua, que en vano se esfuerza por esquivar los rayos del sol.
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Durante la Segunda Guerra Mundial la isla no sufrió daños, quedando intacta, a pesar de que en 1945 unos 400 hombres de la Wehrmacht la ocuparon, y de la resistencia de sus habitantes, jardineros y cuidadores, quienes evitaron su destrucción. El 16 de agosto de 1936, con motivo de la clausura de los Juegos Olímpicos de Berlín, Goebbels organizó en ella una fiesta, los árboles se adornaron con farolillos de colores; tuvo lugar una cena servida con criados de librea, baile y fuegos artificiales, que pudieron contemplarse desde la capital. Cuentan las crónicas de la celebración que los jardines se convirtieron en un lugar propicio a las naturales espansiones de los sentidos de los invitados, más allá de lo que el decoro aconsejaba, por lo que la prensa extranjera llegó a hablar de orgías.
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Hoy, la isla está lo suficientemente llena de visitantes como para no sentirse solo, aunque no haya tantos que lleguen a molestar. Está prohibido fumar y aunque parece que se permite el uso del teléfono móvil, -¡una muestra de exceso grave de permisividad!-, tuvimos la inmensa suerte de no oír tronar a ninguno que rompiera el hechizo del lugar. Antes de llegar a la isla, como hombre de escasa fe, me preguntaba si realmente habría pavos reales. Ya hemos comentado que sí, aunque pocos, pero lo que me contrarió fue el hecho de que ninguno hiciera ostentación de su naturaleza, desplegando su plumaje, tal como esperábamos que hicieran, quizá como merecido castigo a nuestros recelos.
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Sea como fuere, no resulta difícil imaginar que la construcción de esta isla responde a la idea de llevar a la práctica un ideal de vida en armonía con la naturaleza. Ya de regreso, cerca del embarcadero está la Nokolskoe, la casa rusa de madera, que data de 1817. Fue un regalo de Federico Guillermo III a su hija Charlotte y a su yerno, el zar Nicolás II de Rusia. Parece ser que no debieron ocuparla con frecuencia porque todavía se cuenta que su cochero la acabó convirtiendo en una venta, con todo lo que ello conllevaba... En la actualidad, para no abandonar del todo la tradición, alberga un lujoso restaurante, que siento no conocer, aunque su Hirschgulasch (gulach de ciervo) tenga fama de notable.
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Quizá lo ideal sería calcular el recorrido de tal forma que al concluirlo fuera la hora de reponer fuerzas con una buena comida, tras el paseo. Un lugar adecuado puede ser el Wirtshaus `Zur Pfaueninsel´, una cervecería al aire libre, junto al embarcadero y la parada del autobús, donde sirven comida alemana, que no pasa de correcta, no me gustaría que nadie se hiciera demasiadas ilusiones y generara los jugos gástricos equivocados, pero eso sí, a precios moderados, puesto que se puede comer por unos 12 euros, cerveza de trigo incluida.
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Durante el viaje de vuelta en tren a la ciudad, me fijo en una joven que intenta que su perro se tienda en el suelo. La chica lo acaricia una y otra vez, le pasa la mano por el cuello, le mesa las barbas, intenta amansarlo, hasta que el animal, no sin cierta resistencia, acaba cediendo y se mantiene en la posición de la esfinge. Si por algo desearía que Javier Marías me concediera un ducado en Redonda sería para poder lucir el título de Herzog de la Isla de los Pavos Reales. Así, el día que me pierda, ese reconocimiento me concedería una cierta respetabilidad. Y por si a alguien le interesa, es probable que me encuentren en uno de los bancos que hay esparcidos por todo el recinto; no en los de piedra, sino en los verdes, de madera, con respaldo, que son los que prefiero. Estaré leyendo, o mirando como surcan los barquichuelos por el Havel, oyendo caer el agua de la cascada o de la altísima fuente, u observando melancólicamente los infinitos matices del rojo y del verde que se entreveen en las ramas de los árboles, mientras cantan los pájaros.
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* Las fotos son de Gemma Pellicer.
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martes, 5 de enero de 2010

`Sueño de Reyes´, de MARÍA CASTRO

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Antes de acostarse Antonio se acerca hasta donde están sus guerreros de Star Wars. Comprueba con desolación que otra vez están desperdigados, alguno incluso derribado. Jopetas, piensa y mira alrededor con cierto temor porque no sabe si ha llegado a decirlo en voz alta, lo suficientemente alta como para que su madre lo oiga y le regañe, pero no, ella todavía está en el cuarto de su hermana con sus abracitos y sus besitos y ese rollo que se traen. Todos los días igual, ya está harto, mira que se lo ha dicho, deja el libro de Los cinco boca abajo sobre la cama y se tumba en el suelo para poder colocar sus guerreros. Le ha advertido cien mil veces, un millón de veces, cuatrocientos mil millones de veces, de que no toque sus guerreros y nada, todos los días alguno abatido o sin su arma... Agita la cabeza mientras levanta a uno de los soldados del Imperio con extremo cuidado para no rozar a cualquiera de los que lo rodean y producir entonces una catastrófica caída en cadena, algo que, por otra parte, suele ocurrirle. Su madre no se entera, parece que esté en otro planeta, es fundamental que los guerreros permanezcan en sus posiciones para que puedan defenderlo de los malos, que vienen a atacarle por la noche. A veces los mayores no se enteran de nada, es desesperante, y su madre la que menos, lo único que le preocupa es no tener “trastos” molestando cuando tiene que limpiar la habitación, como si eso fuera algo importante cuando uno se está jugando la vida. Termina de colocarle la pistola a Han Solo, se asegura de que todos están en sus puestos, apuntando hacia la entrada, una posición estratégica, entre la puerta y la cama, que le asegura salir ileso de los ataques nocturnos. Son unos buenos soldados, unos soldados valientes, a pesar de su tamaño, gracias a ellos ha logrado sobrevivir durante el último año, en que un absurdo enano intentó secuestrarlo en varias ocasiones. Aunque él, todo hay que reconocerlo, también es un buen general, porque saber dónde deben colocarse los soldados para repeler bien un ataque es algo fundamental, la táctica es lo más importante en una guerra, eso se lo dijo su abuelo, que sabe mucho de guerras, por algo vivió una cuando era un niño como él. Se levanta, echa un último vistazo a su destacamento, quita el libro de encima de la cama y lo coloca en la silla, de la misma forma, abierto boca abajo, aunque sabe que su madre le regañará, pero si no se da prisa le pillará fuera de la cama y eso será peor, se mete rápido dentro y se tapa hasta los ojos. Su madre ya sale de la habitación de su hermana, oye sus pasos en el suelo de madera, entra en su cuarto, sortea a los soldados. Otra vez estos muñecos en medio, ya estoy harta, Antonio, mañana los guardas en una caja. Y el libro...qué te he dicho miles de veces, para qué quieres tantos separadores si luego no los usas, así se desloman los libros. Antonio ve cómo se dirige a la mesita de noche, saca un separador del cajón, lo coloca en el libro, lo cierra con cuidado y lo deja en la silla. Después se agacha hacia él y le da un kilo de besos, siempre igual, nunca tiene bastantes, es una besucona, no se libra de sus besos ni aunque haya dejado el libro mal y los soldados en medio, tiene unos enfados más raros...
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Buenas noches, cariño, y duérmete bien porque ya sabes que los Reyes no vienen hasta que no estás dormido. Sale del cuarto, apaga la luz y entorna la puerta. Bien, ahora hay que dormirse, los pasos de su madre se alejan, los soldados se mantienen alerta, no desfallecen nunca. Le pica un poco la nariz, mueve la mano con sigilo, hay que evitar los ruidos porque el enemigo puede aprovecharlos para avanzar posiciones. De pronto un susto, un susto tremendo que casi le corta la respiración ¡se le ha olvidado advertir a los soldados de que no disparen a los Reyes! Dios mío, qué tremendo fallo, menos mal que no se había dormido todavía, ¡menuda catástrofe se podía haber producido por su culpa! Antonio se estremece, ¿y si él es el primero, la primera casa? Mañana todos los niños despertarán sin regalos y los Reyes....muertos en su casa, la casa de Antonio y ¡en su cuarto! ¡Socorro! Tranquilo Antonio, tranquilo, no hay que perder la calma, se repite, piensa, piensa. Ahora tiene que sacar la mano fuera de la cama para encender la luz, es una maniobra delicada, muy delicada, como buen estratega que es, sabe perfectamente que es un movimiento que lo deja indefenso durante un instante, el instante en que su cuerpo se estira hacia la luz en una postura que le impide protegerse, segundo que el enemigo puede aprovechar vilmente, porque el enemigo no entiende de códigos de honor, para inmovilizarlo. Tendrá que confiar en que sus soldados no se hayan distraído. El interruptor está a su derecha, lo que tiene que hacer es deslizar la mano muy lentamente hasta el borde de la cama, calcular mentalmente la distancia para poder ejecutar un movimiento rápido hasta el interruptor, y hacerlo a la velocidad de la luz, así puede pillar por sorpresa al enemigo. Otra opción es dar las órdenes en voz alta, pero claro, eso es demasiado arriesgado, el enemigo, el enano absurdo, puede estar ya escuchando y aprovecharse de la ventaja de la información, hacerse pasar por Rey Mago o... algo peor: ¡atacar él mismo a los Reyes!! Antonio cierra los ojos y ensaya mentalmente la maniobra, está claro que no le quedan más opciones, y que debe darse prisa, porque ya empieza a notar el peso de los párpados, el sueño puede vencerlo en cualquier momento. Mueve la mano, al menos está seguro de que le ha dado orden a su cerebro de que lo haga, y nota el frescor de la sábana en esas zonas fronterizas en las que no suele adentrarse. Eso es bueno, lo espabila un poco, un poquito, tiene que ser fuerte, tiene que resistir, hay demasiadas cosas que dependen de él esta noche. La mano llega con éxito hasta el final del colchón, avanza un poco más y nota cómo sus dedos se asoman al abismo negro y frío, no temáis, no os abandonaré, piensa. Ahora hay que contar hasta tres para sincronizar los movimientos. Uno, dos tres... Antonio salta sobre el interruptor, al tiempo que pega un grito. Se hace la luz. Escucha los pasos rápidos de su madre por las escaleras, ¿habrá gritado tan fuerte? No tiene mucho tiempo, hay que dar la orden antes de que llegue su madre y le desbarate el plan, le obligue a meterse en la cama y a taparse, siempre tan preocupada por los catarros. Se acerca a sus soldados: ATENCIÓN SOLDADOS, MUY IMPORTANTE: NO DISPARÉIS A LOS REYES. Y corre a la cama y vuelve a taparse hasta los ojos.
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* Nací en Madrid en 1969. Ciudad en la que vivo desde entonces. Empecé la carrera de Filosofía, pero terminé la de Periodismo. En la prehistoria de mi vida tocaba el piano. Por mi amor a la música y mi deseo de que mis hijos lo compartieran, me embarqué con una amiga, Gádor Soriano, en la formación de un coro infantil, el coro carambola, con el que ahora estamos preparando la ópera infantil Una buena receta, para coro de voces blancas y piano, con música de Gádor y letra mía, que esperamos estrenar en mayo de este año. Tengo dos novelas y un libro de relatos, Lo que nos tocó vivir, inéditos.
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lunes, 4 de enero de 2010

ELÍAS MORO

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"Manga por hombro"
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Declaro abiertas las hostilidades contra los estúpidos. Y no pienso bajar la guardia.
Tiza
A ese polvillo de tiza caído a los pies de la pizarra, acumulado en el borrador de fieltro o en las yemas de los dedos, es adonde van a parar las faltas de ortografía, las fórmulas fallidas, los nombres equivocados, las mentiras de la historia, las esperanzas del estudiante -cabe decir del hombre en su conjunto-, de salir indemne de la prueba.
La lluvia parece hoy una cortina de gasa moviéndose indecisa entre la tierra y el cielo.
Qué difícil explicar esa sensación que nos recorre por dentro cuando alguien te dice que se ha enamorado de ti. Tanto si sí, como si no.
Ni toda la inteligencia analítica del mundo trabajando al unísono podrá descifrar nunca lo que está pensando una mujer.
Pero en ese empeño se nos va la vida.
Mi beso tiembla en tu boca igual que la mano del niño que toca la nieve por vez primera.
Por una simple cuestión de salud mental, contra algo, sobre algo, ante algo, hay que ser un poco insumiso y escéptico todos los días.
Tuve un amigo cuya mayor aspiración y talento era llevar siempre la contraria. Disfrutaba con ello y, la verdad sea dicha, lo hacía con sólidos argumentos la mayoría de las veces. Un poco cansino, tal vez; pero absolutamente necesario, me parece a mí.
Libélulas
En este verano que acaba he echado mucho de menos la cromática sinfonía de las libélulas, su vuelo perfecto y centelleante, el mudo asombro de su presencia bajo el sol, su cópula en el aire.
Libélulas (2)
Luciérnagas, mariposas, libélulas, ¿dónde estáis?
Paciencia
“Tú estarás muy duro, pero yo no tengo ninguna prisa”, le dijo el perro al hueso. Mucho mejor esta sentencia, me parece a mí, que esa otra tan mentada de sentarse en la puerta esperando para ver pasar el cadáver de tu enemigo.
Mal asunto cuando gran parte de lo que haces es explicar de continuo cosas que deberían ser naturales a gente que ya debería saberlas: el respeto, la lealtad, la honradez…
El tiempo pasa
Ya guardo fotografías donde soy más viejo que las que tengo de mis padres.
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A un lado del camino, cardos; al otro, tallos de hinojo verdecidos. Y las cunetas dejándose seducir por sus aromas bajo la atenta mirada de milanos y abejarucos.
Con la delicadeza y discreción de las flores de vilano -paracaídas suaves meciéndose en el aire-; así me gustaría llegar hasta ti.
Trance
El derviche da vueltas y vueltas con la secreta esperanza de convertirse en peonza.
Me gusta el verbo remolonear, el adjetivo remolón, ese hacerse el sordo ante lo que no nos interesa tirándole los tejos sin recato alguno a la pereza.
Si me pagaran por ello, no me importaría dedicarle mi tiempo por completo.
El día en que de verdad se nos despierte la conciencia, o le administramos de urgencia otra dosis de anestesia, o nos volvemos todos locos de remate.
Los andenes de estación, solitarios por las noches, siempre tienen un aire de película de espías en blanco y negro.
Y no digamos ya si el tren, al entrar de madrugada, suelta unas nubes de vapor entre chirridos de frenazos.
Cuando el tiempo hace bien su trabajo, toda mujer incrementa su belleza.
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* Elías Moro (Madrid, 1959) es autor de los libros de poesía Contrabando (Editora Regional de Extremadura, Mérida, 1987), Casi humanos (bestiario) (Germanía, 2001), Palos de ciego (El Pájaro Solitario, 2002), La tabla del 3 (De la luna libros, 2004) y la antología En piel y huesos (ERE, 2009). En el terreno de la prosa ha publicado el libro de relatos Óbitos súbitos (ERE, 2000) y el libro de textos breves Me acuerdo (De la luna libros, 1999), en colaboración con Daniel Casado. Una edición corregida y aumentada del mismo título, ya en solitario, acaba de aparecer en Calambur, 2009. Asimismo, sus poemas han aparecido en las carpetas Bestiario -con el pintor Luis Ledo-, y Abrazos -con ilustraciones de Petra Portillo- (Escuela de Arte de Mérida, 2006). Tranviario de servicio en la página web, www.delostranvias.blogspot.com. Estos textos son inéditos y forman parte del libro Manga por hombro.
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* La foto es de Jesús García Hinchado.
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domingo, 3 de enero de 2010

ORLANDO ROMANO

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"El mañana descifrado"
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Una pareja de novios fue a ver al astrólogo Wan Hu, para que les revelara el destino de su amor:
─¿Seremos felices? ─preguntaron.
El augur los condujo, en silencio, hasta un dormitorio. Les dio un brebaje y les indicó, con delicadeza, que se recostaran. Al cabo de un momento estaban dormidos.
Décadas de infeliz matrimonio desfilaron, en inagotables imágenes, por la conciencia de los jóvenes. Aquello transcurrió en un instante.
Al despertar vieron a Wan Hu, que les decía con sonriente piedad:
─Vivir es soñar… Y soñar es haber vivido.
En el lecho había dos ancianos, aterrados y moribundos.
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* Orlando Romano (San Miguel de Tucumán, Argentina, 1972) es periodista y escritor. Algunas de sus obras más destacadas son la novela Perro-diablo (2007) y el volumen de entrevistas Escritores preferidos de nuestros escritores (2007). Es autor, además, de dos libros de microrrelatos: Cuentos de un minuto (1999) y Cápsulas mínimas (2008). En la actualidad, su vida transcurre entre Toledo (España) y Buenos Aires. También mantiene un blog (http://orlandoromano.blogspot.com/). Este microrrelato es inédito. En la foto, aparece en el bar de Talavera de la Reina donde suele escribir sus microrrelatos cuando su vida transcurre en España........
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sábado, 2 de enero de 2010

Boquitas pintadas, 38

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"Podremos leer [el cerebro] como una ventana abierta, saber qué piensa una persona. Podremos manipularlo, modificarlo, estimularlo...".
CARLOS BELMONTE, neurocientífico.
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"No se puede describir una obra maestra: ella se deja sentir, no explicar [...] En las obras maestras, plásticas, literarias o musicales, siempre queda una zona de sombra que escapa a la aprehensión racional, que penetra en lo más recóndito de la persona como una revelación súbita, intrasferible y personal".
MARIO VARGAS LLOSA
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"A largo plazo el destino de la raza humana deberá transcurrir en el espacio. Si deseamos que la especie humana tenga un futuro, es decir, continúe existiendo durante otro millón de años más, tendremos que emigrar e ir, sin ninguna duda, allá donde nadie ha ido antes".
STEPHEN HAWKING
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"Si hablamos del medio digital, del vídeo [...], que lo utilicen las telenovelas. Lo mío es el cine, y si me das a elegir, en tecnicolor. No tengo intención de pasarme al digital. No es lo mío. Además, el formato cine expresa la verdadera metáfora de este medio. Su magia".
QUENTIN TANRANTINO

"Lo que me interesa es quitarle el suelo al espectador. Quiero quitarle al cuadro la base de realidad que el cuadro pudiera tener".
GEORG BASELITZ

"Saramago [...] es uno de los moralizadores más pesados del progresismo europeo".
QUIM MONZÓ

"Ahora rige [en Italia] la moral del vespino. El vespino va por prohibido, cruza en rojo, sube a la acera y nadie dice nada. Los italianos miran al vespino y piensan: `¡Virgen, qué bonito sería ser ese vespino y no cumplir ni una regla! Y no hablo ya de escorts, ni de velinas, hablo sólo de vida cotidiana".
ANDREA CAMILLERI
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viernes, 1 de enero de 2010

SERGIO ASTORGA

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Una maraña de voces
de esponjas y quelonios,
muros de espuma y pieles
de ojos en los cielos altos.
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A navegar por las cucharas,
por cacerolas de ficción.
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Los escritores narraban
bajo las olas lunas de harina
con su tinta negra de musgo.
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Los rumbos asechan
y se llenan sus orejas
con los empellones del reflujo.
Los puertos se han llenado
de círculos submarinos
y una sirena de tacones
rojos seduce los argumentos.
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A babor las palabras ramas.
A estribor la niebla y la sintaxis.
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Brújulas sugestivas imperfectas,
entrañables jaulas de agua,
navegar elástico por islas sin mapa.
Siempre la rosa de los vientos
escribiendo sin tregua su baraja.
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A los corales todos marineros
que la nave se va cuando regresa.
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* Sergio Astorga, escritor y artista mexicano, ha tenido la amabilidad de dibujar La nave de los locos, y de dedicarme un poema. No encuentro mejor manera de empezar el año que mostrale mi agradecimiento. Me sirve, además, para seguir celebrando los dos años que cumple el blog.
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