miércoles, 2 de diciembre de 2015

Rafael Sánchez Ferlosio: pecios reunidos

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NADIE, NUNCA, NADA, NO
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No ha debido de resultar fácil arrancarle a Rafael Sánchez Ferlosio el permiso para publicar este nuevo libro: Campo de retamas. Pecios reunidos (Penguin Random House, Barcelona, 2015. Ed. de Ignacio Echevarría). Me imagino que el editor no los ha llamado completos por ser palabra prohibida en nuestra posmodernidad tardía. Pero ¿qué son los pecios? Se denomina así a los restos o pequeños fragmentos de una nave que ha naufragado, aunque para el autor, si nos atenemos a los resultados, se trata de textos completos, no fragmentarios, casi siempre muy breves, cercanos al aforismo. Suelen estar escritos en prosa, sin que falte el verso, y a menudo resultan de difícil adscripción, si bien adoptan la retórica y las hechuras propias del ensayo, la mera nota o el apunte, el microrrelato, la glosa o la greguería. El autor los ha definido como observaciones de superficie, de cosas oídas, de tópicos y frases estereotipadas. Podrían formar parte de una tradición que incluyera las multigenéricas glosas de Eugenio D´Ors, las greguerías y caprichos de Gómez de la Serna, los aforismos de Bergamín o las sentencias, donaires y apuntes del filósofo apócrifo Juan de Mairena.
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Los primeros aparecieron en el diario Informaciones (dejó de imprimirse en 1983), bajo el título de “Dichos y pasajes”, pero creo que a finales de los ochenta, ya con su denominación actual, fueron publicados en periódicos como ABC, Diario 16 y El País, para finalmente ser recogidos, junto a sus ensayos, en dos libros: Vendrán años más malos y nos harán más ciegos (1993) y La hija de la guerra y la madre de la patria (2002), por lo que esta es la primera vez que ven la luz en volumen solo los pecios.
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Produce vértigo leer la cantidad de antecedentes que le han buscado sus comentaristas, aparte de los ya aducidos: Stanislaw Jerzy Lew, Adorno, Antonio Porchia, Cioran... Y extraña que nadie haya recordado a Pedro Gómez Valderrama. El autor, sin embargo, considera que sus piezas son “más literarias e irresponsables” que las de estos autores, por lo que se siente más cerca de Karl Kraus, aunque a diferencia del escritor vienés prefiera no agrupar sus textos por temas. Su pensamiento, en cambio, proviene de Max Weber, de la escuela de Frankfurt, sobre todo de Walter Benjamin y Adorno, a quienes cita en varias ocasiones.
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Los pecios no suelen aparecer titulados a la manera tradicional, aunque vayan acompañados al comienzo, formando parte del cuerpo del texto, por un lema o título entre paréntesis y en cursiva. Aparte de la vinculación de diversas piezas mediante la creación de series, como ocurre en “Anti-España”, compuesto por tres textos numerados; hay títulos que anuncian un diálogo con autores que le sirven de punto de partida o acicate para su reflexión, o le dan pie para la réplica. Pero a menudo los pecios surgen de la lectura de la prensa, como apunta en el epílogo. Así, Heraclio, Unamuno, Kafka, y otros autores ya citados; o contemporáneos como Todorov, Savater, Félix de Azúa, Javier Marías o Arcadi Espada.     
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Podría decirse, por tanto, que esa diversidad de formas literarias y ensayísticas aparece implícita en el afortunado título del libro, pues la retama es una mata alta con ramas verdascas que unas veces da flores amarillas y otras blancas. Quizá lo primero que llame la atención sea su singular estructura, debido a los numerosos paratextos, hasta un total de cinco, que envuelven al cuerpo del volumen. De todos ellos destacaría el autorretrato o presentación del autor, escrito en tercera persona; el anuncio de que muchos de estos pecios sean inéditos y la aclaración de que hayan sido seleccionados, revisados y reordenados por el autor; junto con el homenaje a su hija Marta Sánchez Martín, fallecida joven, de quien reproduce un poema escalofriante que el mismo Ferlosio ha datado en 1976.    
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Y aunque entre los pecios predomine la forma sentenciosa, aforística, no pocos se hallan más cerca del ensayo, lo memorialístico, el poema o el microteatro. A pesar de que el autor se ha mostrado desdeñoso con la narración, aquí ha dejado un buen puñado de excelentes microrrelatos, e incluso reescribe una fábula. Al tratarse en general de textos muy breves, donde no hay lugar para la frase subordinada, la hipotaxis, que suele ahogar su prosa reflexiva más extensa; las piezas respiran con absoluta naturalidad. Y más allá de recomendarles una lectura dosificada, la variedad de temas y formatos hace que esta no solo sea atractiva sino también amena.
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Así, el autor denuesta el patriotismo y toda su parafernalia, con la tortura, la guerra y las armas como último argumento; tampoco se muestra complaciente con el juego, ni con la omnipresente apología del deporte, del fútbol, por su competitividad. Sin embargo, si algún tema prevalece quizá sea el lenguaje: la reflexión sobre el uso de los tópicos, los ideologemas o muletillas verbales o los dichos falaces y autocomplacientes. Se trata, en suma, de cuestionar los automatismos del lenguaje incrustados en el pensamiento, expresiones como “cargarse de razón”, o palabras como asignatura o raíces; o bien tópicos del tipo: “un merecido descanso”, “una sana alegría” o “un honesto esparcimiento”, pues encubren un programa ideológico ideado por los ricos, pero destinado a los pobres. Su última obsesión –confiesa- es la publicidad, la gran deformadora, cuyos ejemplos más brutales son los de Hacienda y las ONG.
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Entre las diversas estrategias que despliega, una de las más singulares es la invención de un falso, a cuyas opiniones recurre en diversas ocasiones. Se trata de don Jacinto Batalla y Valbellido (1899-1939): escritor y maestro de escuela nacido en la provincia de Cáceres, exiliado en México, donde muere, dejando una amplia obra inédita, compuesta por obras de teatro, poesía, prosa y aforismos. Pero, al fin y a la postre, lo importante es que en el libro encontramos textos de gran calidad, como son “(Heraclio)”, “(Bodegón)”, “(La fealdad)”, “(Fuera papás)”, “(Al Creador)”, “(La Gran Muralla)”, “(Glosa)” (pp. 175-177), “(A un portugués anónimo)” y “(Melibea)”, donde el análisis y la reflexión crítica, junto a un cierto lirismo, conviven con un humor siempre tenue. El que su autor haya obtenido dos de los premios literarios mayores que se conceden en España, siendo su obra tan atípica, dice mucho de la elasticidad del campo literario, de la configuración del canon.
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* Esta reseña ha aparecido publicada en la revista buensalvaje (España), núm. 4, septiembre-octubre del 2015, p. 6.
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