lunes, 23 de febrero de 2015

Viaje al subsuelo, por Emilia Oliva



A Jesús Mª Ayuso

Toda ciudad esconde entre los paños de sus muros y las capas de pavimento de sus calles las ciudades que fue. Hay otras ciudades que elevan por encima de sus techumbres la ciudad que sueñan los que las habitan. A veces el rastro de las ciudades que quedaron sepultadas con el paso de los años permanece invisible como un hecho de historia escondido en libros y museos. Hay ciudades que fueron arrasadas para que no quedara piedra sobre piedra y apenas hay quien guarde memoria de lo que fueron.  Los sueños de la ciudad que será suelen deshacerse deletéreos como desdibuja el viento la aglomeración de gotitas de agua que dan formas caprichosas a las nubes. No es el caso de Cracovia. Cracovia se reclama como ciudad futura y hace visibles las huellas de las ciudades que fue en el museo subterráneo bajo la Plaza del Mercado y el Sukiennice, la lonja de los paños.
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Obras en la Plaza del Mercado: descubrimiento de la ciudad del subsuelo que dará origen al museo subterráneo.
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Con cierto descaro, el dimorfismo de la ciudad queda patente en la planta escorada de la iglesia de Santa María, en sus dos torres disparejas, en sus dos ciudades, la ciudad que recorre el viajero y la del subsuelo: la del día y la de la noche; la del artesano y la del que comercia con el deseo. Están las calles que pisa el viajero en el siglo XXI y están en ellas los innumerables memoriales y distintivos que tejen el pasado visible al hoy y al futuro que se vislumbra. Sorprende que pese a no disponer sus habitantes de una lengua románica, la lengua que habla la ciudad sea el latín.

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Presente en muchos de sus edificios, las sentencias latinas grabadas en piedra o dibujadas en la fachada, “Plus ratio quam vis” (Más vale la razón que la fuerza), alcanzan también a las dependencias universitarias que conservan su nombre originario en latín, Collegium Maius, o nombra los nuevos edificios ligados a la institución universitaria, Collegium Novum. De tal modo que incluso antes de visitar el interior de sus monumentos, la arquitectura  resulta familiar al viajero español que no se siente extraño en la tierra que pisa porque un sustrato común les habita, la cultura europea que tuvo su nacimiento en el Mediterráneo y que hizo del uso de la razón su estandarte, y también el Cristianismo. Sin embargo, en Cracovia y sus alrededores es patente el hecho de que haber matado al dragón no exime del renacimiento de la barbarie.
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Si ya alertó Goya de que el sueño de la razón produce monstruos, Cracovia y toda Polonia habrían de ser los testigos y los cómplices de una de sus más terribles pesadillas. La tierra que guarda en sus entrañas la maravilla arquitectónica de sus grutas de sal, expone a cielo abierto las huellas del expolio y exterminio del que es capaz el ser racional tomando como subterfugios argumentos científicos, ayudándose del saber tecnológico y del poder del Estado.  El viaje a los lugares de la memoria del Holocausto constituye un viaje a través de una espesa niebla: de hechos reconstruidos a partir de la memoria de los supervivientes; de restos arqueológicos que no pueden tener el tratamiento de tales porque revelan hechos de una historia demasiado reciente y configuran, sin hacerlo visible, un inmenso cementerio. No hay lápidas, no hay nombres. Hay cabellos, zapatos, maletas, cepillos de dientes, gafas, fotos, de frente y de perfil, hay  números en los brazos de los niños que cifran la burocracia que, con total normalidad, se puso en marcha para construir esa gran fábrica de la muerte, inacabada -a dios gracias- y ahora en ruinas.
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No hay lápidas, pero sí hay nombres, un enorme volumen vertical que ocupa una sala entera en el pabellón de Yad Vashem, un listado inabarcable de desaparecidos. No hay lápidas, pero hay fotos revistiendo las paredes con registro de entrada y salida del prisionero, del deportado. La inmensa mayoría no duraban más que un día. Otros algunos días, unas semanas. Los más afortunados, meses. Alguna excepción alcanzó el año.
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La vida en el infierno de la miseria, la desolación más absoluta, la incertidumbre y el engaño permanentes no sigue el péndulo ni el tictac objetivo de los relojes. La verdadera dimensión del tiempo subjetivo que la sinrazón provoca sigue el compás de la supervivencia: sobrevivir / no sobrevivir. El hambre, el dolor, la enfermedad, los parásitos... el frío, la glacial Polonia. No hay lápidas, el humo de los crematorios se desvaneció, pero emerge de la tierra, a trechos, el gris compacto de la ceniza. Cincelados a golpe de uña los ladrillos hablan de las mujeres que dejaron su rastro, su nombre, quien de él había sido desposeído. Convirtieron sus cuerpos en cenizas, y su ausencia desvela, a contra luz, al hombre desalmado en el seno de una sociedad ufana de sus altas cotas de civilización y de progreso. Pasó en Europa, ayer mismo: un 27 de enero de hace setenta años el ejército ruso liberó el campo de Auschwitz. En estos setenta años el sueño de la razón sigue produciendo monstruos todo a lo largo y ancho del planeta. Europa no ha sido vacunada contra el holocausto, ni contra el genocidio, contra lo que pudiera parecer. Los optimistas y los ingenuos se aferran a la idea de que el conocimiento de lo que sucedió evitará que vuelva a producirse. Si así de sencillo fuera, el conocimiento de todas las guerras y atrocidades que en el mundo han sido nos habría vacunado definitivamente contra ellas. Y, sin embargo, varios frentes abiertos circundan el Sur y el Este de Europa. Pueblos enteros están siendo masacrados por el mero hecho de ser cristianos, coptos o yazidíes. El antisemitismo sigue más que latente y actúa, aquí y allá, dejando un reguero de muerte. Basándose en este fracaso de la razón hay quien por la fuerza de las armas y del terror pretende barrer los principios sobre los que la civilización occidental se asienta: la libertad de pensamiento y de expresión. Son hijos de la razón, educados en nuestras aulas, los que abrazan sin asomo de duda la inmolación y el terrorismo. Lejos quedan las palabras de Georges Brassens “Mourir pour les idées, d'accord, mais de mort lente” Y muy cerca, en cambio, la advertencia de Antonio Machado en labios de Juan de Mairena de que habremos de tomar partido con lo que ello implica: “Tomar partido es no sólo renunciar a las razones de vuestros adversarios, sino también a las vuestras, abolir el diálogo, renunciar, en suma, a la razón humana. Si lo miráis despacio, comprenderéis el arduo problema de vuestro porvenir: habéis de retroceder a la barbarie, cargados de razón”.

* Las fotos son de Jesús Mª Ayuso, catedrático de Filosofía del IES Francisco de Orellana.
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7 comentarios:

Pilar dijo...

Qué bien encontrarte aquí, Emilia, aunque sea en un viaje estremecedor.

Nuria Elvas dijo...

Un artículo emocionante. Un viaje ciertamente difícil de recorrer pero que has descrito con sensibilidad, con ternura y humanidad. Nunca sobran las palabras, y hoy más que nunca, para recordarnos que no debemos olvidar con el único fin de no repetir... Merci Emilia!

Francisco de Orellana dijo...

Gracias Pilar, tu nombre como un enigma. ¿Cuál de todas las Pilares con que me he cruzado eres tú?
Un abrazote
Emilia Oliva

Francisco de Orellana dijo...

A través de tu nombre he llegao a esos dos blogs tan hermosamente iniciados y en suspenso. No sé si por nostalgia, sino porque había algo en aquel sistema educativo que tenía que ver con la calma, lo pausado que vamos perdiendo irremesiblemente que quizá habría que recordar que lo hubo y fue grato.
Besos y un millón de gracias por tu comentario.

AKEEM dijo...

Un artículo emocionante por lo que dice y por lo que cuenta, Hermosa experiencia educativa de las que dejan huella. Un abrazo y voy a ver si lo pongo por alguna red social.
Un abrazo

Pilar dijo...

Emilia, soy Pilar Galán. Y los dos blogs pertenecen a mis alumnos, que están leyendo El Quijote y escriben lo que les va pareciendo. No están en suspenso, sino que no están disponibles para los buscadores, porque son menores y aparecen sus fotos, y sus direcciones de correo.
Gracias y mil disculpas, Fernando, por permitirnos invadir tus comentarios para ponernos en contacto.
Prometo no volver a hacerlo

Somos Ciudadania dijo...

He estado siguiendo la iniciativa de los profesores Emilia Oliva y Jesús María Ayuso sobre el mini-congreso de la Shoa de Trujillo, que se podría subtitular "Como un instituto de Extremadura venció al Tercer Reich". Desde el blog www.somosciudadania.blogspot.com.es queremos recoger estar iniciativas, y poder contar con el testimonio de los promotores en nuestra "Aula de Ciudadanía".