jueves, 19 de junio de 2014

Tumbas y más tumbas. El monasterio Alejandro Nevsky

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El poeta Nikolái Nekrásov
 



¿A quién os recuerda este personaje?



El monasterio de Alejandro Nevsky y la Santísima Trinidad
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La iglesia ortodoxa rusa declaró al príncipe Alejandro Nevsky patrono celestial de San Petersburgo. En el 1240, al mando de las tropas rusas, venció al ejército sueco a orillas del Neva, no lejos de donde se encuentra hoy el monasterio, compuesto por once iglesias y tres cementerios, dos situados a la entrada y el tercero delante de la iglesia principal. No sé de quién son las tumbas, ni siquiera si son de alguien relevante, digno de ser recordado, pero si las recojo aquí es porque su construcción me llamó la atención, me pareció curiosa o significativa. Los aficionados al cine clásico recordaran la película de Serguéi Eisenstein, Alejandro Nevsky (1938).
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* Las fotos son  de GP.
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miércoles, 18 de junio de 2014

La casa familiar de Nabokov en San Petersburgo





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En Habla memoria Nabokov describe la casa familiar, situada en la calle Bolshaya Morskaya, 47 (entonces solo Morskaya, y durante el régimen soviético, Hertzen) como "una construcción italianizante de granito finlandés, construida por mi abuelo alrededor de 1885, con frescos florales encima del tercer piso (el último) y un mirador en el segundo". Por aquella época tenía un ascensor hidráulico que ya ha desaparecido. En la actualidad hay un modesto museo que ocupa solo la planta baja. Dar con él no nos resultó fácil y nadie por los alrededores sabía de su existencia. Hasta que un amable anciano abandonó su camino y nos acompañó casi hasta la puerta, sorprendido de que unos extranjeros, mostró simpatía al saber que éramos españoles, se interesaran por su compatriota, y sin parar de hablarnos en su lengua un solo instante a lo largo del camino, se despidió de nosotros haciendo un gesto amistoso, cogiéndose las dos manos y un poco emocionado. La casa de tres plantas (dos plantas y bajo, diríamos nosotros) está situada en el corazón de la ciudad, no lejos del Teatro Marinsky, muy cerca de la catedral de San Isaac, de los hermosos jardines del Almirantazgo y de la Plaza de los Decembristas, por quienes su padre había sentido simpatía, muy cerca del Neva y, por tanto, de la Plaza del Palacio y de la Avenida Nevsky. No en vano la familia Nabokov, como cuenta el escritor en la primera parte de sus memorias, había desempeñado importantes cargos tanto en el ejército como en la administración del estado.
Solo puede visitarse la planta baja, a la que se accede desde el portal a través de una escalera. A la derecha hay una pequeña habitación ocupada seguramente por la portera y, de inmediato, una mesa donde se sienta el vigilante. Si la suerte os acompaña y no está, os recomiendo que os escabulláis rápido escaleras arriba, hasta subir a la segunda y tercera planta, cuyo interés estriba en la decoración de las escalera, como puede verse en las fotos. El resto aparece muy deteriorado, bastante descuidado. Las viviendas de los pisos superiores permanecían cerradas y no era posible acceder a ellas, para desgracia de los muy fans de Nabokov, quienes seguro que saben que en la útima planta tenían los chicos y sus institutrices, inglesas o francesas, las habitaciones. Aunque el escritor leyó antes en inglés que en ruso, en su familia se hablaba también en francés e inglés; no en vano vivían rodeados de productos anglosajones que adquirían en los elegantes comercios de la Avenida Nevsky.            
En el museo propiamente dicho no hay mucho que ver: libros, un vídeo con una entrevista en inglés con el escritor, muebles, la decoración de las salas, los techos, algunos objetos personales del autor, como una chaqueta, viejas fotos, mariposas, y una joven que escribe en un ordenador y controla discretamente a los visitantes.
Nabokov vivió en esta casa entre 1899 y 1919, fecha en que su familia se exilio a Alemania, a Berlín, donde tres años después sería asesinado su padre, por entonces director del diario Rul´ (Timón), de los emigrantes liberales. Solían pasar las vacaciones y todo el verano en una casa de campo, Vyra, a 75 kilómetros de la ciudad, y a veces en el extranjero, en lugares de moda, como Biarritz (donde el adolescente Nabokov se enamoró de una niña llamada Colette), la Costa Azul o los balnearios de la Selva Negra alemana. Vyra, por cierto, no se hallaba lejos de Batovo, el lugar donde en 1820 murió Pushkin en un duelo. Entre ambas casas, cuenta el escritor, disponían de unos cincuenta criados. Tras la Revolución vivió en los Estados Unidos, donde llegó en 1940, y los últimos años de su vida en Suiza, en Montreux, dedicándose a lo que más le gustaba, que quizá no era solo escribir, sino también cazar mariposas, estudiarlas y conseguir que alguna llevara su nombre, una ilusión que arrastró desde la infancia. La Revolución, en fin, se había llevado la herencia que, cuando solo era un joven, le había dejado su pintoresco tío Ruska.
Las guías dicen que no hay nada que ver en esta casa-museo, pero me parece que se equivocan, aunque hay que saber mirar, y reconozco que se disfruta más si uno ha leído Habla memoria y es admirador del autor de Lolita.......




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* Las fotos son de GP........

lunes, 16 de junio de 2014

¿Bolaño punk?

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Para venderlo mejor en los Estados Unidos su agente literario y su editor convirtieron a Roberto Bolaño en exdrogadicto que es lo que seguramente se espera en la capital del imperio de un escritor hispano, o cualquier otra extravagancia semejante. O sea, lo vendieron como antropología, como una curiosidad de la periferia. Ahora, en El País, un periodista mexicano lo convierte en punk, en punk chileno, si tal cosa no es un oximoron. El caso es que todavía sigue habiendo gente a la que no le cabe en la cabeza que un escritor pueda ser un tipo más o menos normal, con familia, hijos, a quien pueda llegar a gustarle la telebasura, así como oír música, leer y escribir tranquilamente en su casa, y no un artista romántico con una existencia llena de excesos. Parece que los tópicos de Henri Murguer, los que desplegaba en sus Escenas de la vida bohemia, con sus correspondientes variantes, adaptadas a la posmodernidad, siguen plenamente vigentes. 
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sábado, 14 de junio de 2014

Tijvin: el cementerio de los artistas



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Dostoyevsky


Glinka y su esposa
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Uno de los cementerios más extraordinarios que pueden visitarse, por lo que tiene de pequeño y cuidado jardín, y por las tumbas de artistas célebres que cobija, se encuentra a la entrada del Monasterio de Alejandro Nevsky, situado al final de la avenida del mismo nombre. Se llama cementerio Tijvin y en él se hallan las tumbas del escritor Dostoyevsky, siempre con flores, manzanas, caramelos y monedas; del coreógrafo y bailarín francés Petipa, maestro del ballet imperial ruso en la segunda mitad del XIX; del fabulista Iván Krilov y de los compositores Mussorgsky, Rimsky-Korsakov, Borodin, Glinka y Chaikovsky. La tumba más visitada parecer ser la del autor de Los hermanos Karamazov, de cuyo epílogo está tomado el epitafio: "En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo caído en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto". La portera es una señora encantadora, no acepta propinas, que puede informaros dónde están situadas las tumbas más memorables, no siempre fáciles de encontrar dado que los nombres solo aparecen en caracteres cirílicos. El día que lo visitamos nosotros había un grupo pequeño de escolares, y con su colaboración y la de sus maestras, logramos enterarnos de a quién correspondía cada una de las tumbas que nos interesaban.
Al otro lado de la calle, exactamente enfrente, hay otro pequeño cementerio, casi igual, el de San Lázaro, aunque con las tumbas más abigarradas y con mucho menos espacio dedicado a los jardines, donde descansan algunos de los arquitectos más célebres de la ciudad, como Carlos Rossi, Giacomo Quarenghi y Andrei Voronijin. ¡Cuidado con la portera que muerde!......

Borodin
Mussorgsky
Antón Rubinstein
Petipa
 Chaikovsky

Rimsky-Korsakov
Plano del cementerio
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* Excepto las dos últimas, las fotos son de Gemma Pellicer.
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viernes, 13 de junio de 2014

Un personaje de Sueiro en San Petersburgo

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En la antología de cuentos de Daniel Sueiro, que presentábamos en la anterior entrada, aparece un relato titulado "Felipe, `El Marciano´" que trata sobre la precariedad y degradación de ciertos trabajos, vinculados a una mal entendida modernidad. El protagonista del cuento, orgulloso de su oficio, trabaja disfrazado de robot en la entrada de unos grandes almacenes, intentando atraer clientes, pero empieza a preocuparse cuando se entera de que en otro negocio semejante, también utilizan un disfraz, aunque con más artilugios mecánicos. Esta narración forma parte del libro La rebusca y otras desgracias, publicado en 1958, y no es difícil imaginarse que tras la anécdota, pueda haber una historia, o al menos, una imagen real. Hace una semana, en un céntrico lugar de San Petersburgo, junto a la Avenida Nevsky, me topé con un cercano pariente ruso de Felipe `El Marciano´, aunque no conseguí saber qué demonios anunciaba.
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jueves, 12 de junio de 2014

Los cuentos de Daniel Sueiro

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Una nueva editorial afincada en Madrid, LIBROS DE ÍTACA, cuyo responsable es Javier Serrano, acaba de publicar su segundo libro, titulado La carpa y otros cuentos. Se trata de una antología de la narrativa breve de Daniel Sueiro, compuesta por cuentos y novelas cortas, hasta un total de trece narraciones, entre las que se encuentran algunas tan memorables como "Mientras espero", "Mi asiento en el tranvía", "El hombre que esperaba una llamada", "Solo de moto" o "El día que subió y subió la marea". El volumen se completa con un apéndice que reproduce un artículo de Sueiro: "La carretera, nuevo personaje literario".  En el prólogo intento explicar por qué Sueiro es uno de los grandes autores de cuentos españoles de la segunda mitad del siglo XX. 
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* Os recomiendo el artículo sobre esta antología, titulado "Kafka en el tranvía", que el escritor Juan Bonilla ha publicado hoy en su blog Biblioteca en llamas, vinculado al diario El Mundo: <http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bibliotecaenllamas/2014/06/12/kafka-en-el-tranvia.html>.
......http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bibliotecaenllamas/2014/06/12/kafka-en-el-tranvia.html

miércoles, 11 de junio de 2014

¿Música grabada?

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Alguna vez le oí decir a Juan Benet que prefería la música grabada a oírla en directo. Don Juan siempre tenía opiniones originales y inteligentes sobre las cosas, pero me temo que en esta ocasión no acertaba. Lo recuerdo siempre que voy a la Filarmónica o al Konzerthaus, o esta misma mañana leyendo la entrevista que Jesús Ruiz Mantilla (El País, 30 de mayo del 2014) le hace al pianista croata, nacido en Belgrado, Ivo Pogorelich, quien afirma lo siguiente al respecto:
"Un disco es como la leche en polvo, se le quita el agua para llevarla de un sitio a otro y luego se le añade otra que la desvirtúa. Una grabación está hecha de esa misma falsedad: sacas de su ambiente a la música y la reproduces en otro lugar. La interpretación debe ser en vivo (...), aunque no todo el mundo puede disfrutarlo y en ese sentido puede ser útil".  
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lunes, 9 de junio de 2014

El Hermitage, obras maestras, y 2

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Todos los grandes museos situados en ciudades en las que no vivimos, a los que no resulta fácil volver, nos obligan a elegir. Y el Hermitage es uno de los que más nos fuerza a ello, pues parece más fácil volver a visitar París, Londres, Nueva York o Madrid, que San Petersburgo. En su caso, casi tanto interés como los cuadros posee el edificio, las salas, las rotondas, la escalera del Jordán, los objetos (cómo no quedarse fascinado ante el reloj Pavo Real, de la segunda mitad del XVIII, de James Coxe), la biblioteca de Nicolás II, y las vistas de los alrededores que pueden observarse desde las infinitas ventanas del Palacio de Invierno. Pero también me interesa la historia del museo, fundado en 1704 a partir de la colección de Pedro, el Grande. Su artífice fue Alejandro I. No despierta menos mi curiosidad cómo se formaron sus colecciones, y sobre todo llegaron hasta aquí los cuadros de pintores españoles. Y a este respecto, llama la atención que los rusos consideren a Picasso un pintor francés. Los fondos, de los que solo puede verse una mínima parte, fueron adquiriéndose a lo largo del tiempo, aunque Nicolás I vendió más de mil cuadros que no le gustaban, e incluso quiso deshacerse de una gran estatua en la que Voltaire aparece sentado, obra de Houdon, a quien solía tachar el rústico zar de “viejo mono”. Con la Revolución de 1917 el estado se incautó de las colecciones privadas de Shchukin y Morozov, muy bien dotadas sobre todo de pintura contemporánea francesa. Pero, además, Stalin vendió varios miles de cuadros a coleccionistas privados, como J.P. Morgan (el banquero) y Calouste Gulbenkian, con  cuyas piezas se abrió un excelente museo en Lisboa........

"Venus y Cupido", de Lucas Cranach, el Viejo



"Paisaje con escena de la leyenda de San Cristóbal", de Jan Mandijn  

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Aunque no resulte fácil entre tantas maravillas destacar algunos cuadros, mis preferidos entre los maestros antiguos, son los de Fray Angélico, Leonardo, el maravilloso “Venus y Cupido”, de Lucas Cranach, el Viejo (todas sus obras, en realidad, me gustan), un extraño cuadro de Jan Mandijn (“Paisaje con escena de leyenda de San Cristóbal”, de principios del XVI), “Feria con función teatral”, de Pieter Bruegel, el Joven, una “Flora” de Melzi, los Ticianos, “El tañedor de laúd”, de Caravaggio, los Rembrandt, los retratos de Van Dyck, todos los C.D. Friedrich (hasta un total de 8, comprados por el entonces Gran Príncipe Nicolás, luego zar, por medio del poeta Vasili Zhukovski), la cuarta versión de "La isla de los muertos", de Arnold Böcklin, tras las que ya había visto en Basilea, Berlín y Leipzig, un Degas (“Mujer peinándose el cabello” o “El aseo”), la “Danza” y “Cafetería árabe”, de Matisse, y “Mujer con fruta”, de Gaugin. Y por lo que se refiere a los españoles me quedo, ¿dónde los pondré?, con los Velázquez, los cuadros del Greco (tan español como Picasso francés), el “Retrato de Antonia de Zárate”, actriz, de Goya, y ya puestros elegir, con todos los Picassos. Además, me llamó mucho la atención un extraño cuadro de Musikiyski, de 1717, en el que aparece la familia de Pedro I, y el retrato del general Kotuzov, obra de Dawe, quién derrotó a Napoleón, y que tanto protagonismo tiene en Guerra y paz. Y aquí me detengo, dejando mil objetos fascinantes, para no convertir la entrada en un listín telefónico…

 
“Retrato de Antonia de Zárate”, de Goya


 
"La isla de los muertos", de Arnold Böcklin
 
"Mujer peinándose el cabello", de Degas
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viernes, 6 de junio de 2014

El rito del Hermitage, 1

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Para todo aquel que aprecie el arte, la visita al Hermitage, el museo de San Petersburgo, es un sueño que debería intentar cumplir. Cuando uno se planta en la plaza del Palacio, de inmediato se da cuenta de que el Hermitage es mucho más que sus colecciones de arte, pues el entorno en que se encuentra el larguísimo edificio no es menos significativo, ni tampoco la primera impresión que nos llevamos. Si accedemos por la Avenida Nevsky, desde muy lejos se aprecia la aguja dorada que corona el Almirantazgo, pero al tomar la curva y doblar la esquina nos encontramos de pronto ante un impresionante conjunto: la plaza, la columna en el centro coronada por el ángel (recuérdese el antológico microrrelato de Zúñiga, “El ángel”) y por fin, el Palacio de Invierno, con el río Neva al fondo y el Arco de Triunfo enlazando los edificios amarillos y blancos de capitanía que forman el edificio del Estado Mayor, a la derecha, en contraste con el verde y blanco del Hermitage.  
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Almirantazgo
Palacio de invierno, Hermitage y la columna de Alejandro
Palacio de invierno, Hermitage
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Catalina, la Grande compuso un decálogo de conducta para que los asistentes a sus cenas y fiestas lo tuvieran en cuenta, so pena de no volver a ser invitados. Cada visitante del museo irá componiendo el suyo propio, y aunque no llegue a decálogo, poco importa. Así, no puede pretender verlo todo porque resulta imposible e inasimilable (valga por una vez el palabro); debe tener claro lo que prefiere ver; armarse de paciencia con los funcionarios rusos, toscos y rústicos como no hay otros, quienes no solo desconocen otra lengua que no sea el ruso, sino que parece ofenderles que les preguntes en inglés, y como dan por hecho que todo el mundo habla ruso, se dirigen a ti en su lengua, con absoluta naturalidad; no menos paciencia se necesita tener con los infinitos grupos de turistas (¿en qué se distinguen los grupos de japoneses de los chinos?: En que los primeros son discretos, mientras que los segundos no paran de gritar, empujar y corretear para no perderse); todos los cuales impiden ver con un mínimo de tranquilidad las salas dedicadas a los maestros antiguos; por suerte, las de los modernos suelen recorrerlas como posesos, de modo que en el trato con los grupos de turistas suele resultar muy útil eso que en el baloncesto se llama tomar la posición, o sea, atrincherarse y resistir toda clase de envites. Pero también es necesario programar, al menos, dos días de visita: uno para los salones y los maestros antiguos (unas 3 horas), y otro para los modernos y contemporáneos (3 horas más), dado que una vez sales de museo, no puedes volver a entrar, y dentro no se puede comer otra cosa que los insípidos sándwiches de la pequeña cafetería; si queréis evitaros una de las muchas colas que hay que hacer para todo, puede sacarse la entrada al Hermitage por Internet y recogerla en un quiosco que hay junto a la entrada, sin hacer cola. Acabo, por hoy, con algo que me ha llamado la atención: los orientales, los reyes de las nuevas tecnologías, han descubierto una nueva manera de visitar los museos, pues la recorren a todo trapo hasta que algo les llama la atención, entonces se paran en seco, alzan su cámara, apuntan y graban durante cinco segundos seguidos, para repetir la misma operación en la siguiente sala, fijándose en una moldura, un cuadro, un marco, o bien en una loza, una lámpara o una estufa. ¡Ahí está nuestro futuro inmediato!
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La Columna de Alejandro enmarcada bajo el Arco de Triunfo, y dos modelnas locales entaconadas selfieándose
Arco de Triunfo en el edificio del Estado Mayor
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(En la próxima entrada, me detendré en los cuadros y otros objetos de arte que me hayan llamado la atención. Las fotos son de GP.)            
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miércoles, 4 de junio de 2014

Menoscuarto en la Feria del Libro de Madrid

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El editor de Menoscuarto, José Ángel Zapatero, en la caseta de la Feria
 





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* Novedades de la editorial Menoscuarto para la Feria del Libro de Madrid: los ensayos de José María Merino; la reedición de un clásico contemporáneo, Georges Perec; la nueva novela la Ignacio Ferrando y dos libros de cuentos, de Sonia García Soubriet y Ernesto Calabuig.
La foto de Zapatero es del escritor Julio Jurado.

martes, 3 de junio de 2014

Rusas

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Pueden ser rubias o morenas, con o sin vaqueros, altas o bajas, delgadas o gruesas, adolescentes o maduras, con zapato plano o tacones, aunque parece que predominan las rubias, altas y delgadas, con vaqueros y las uñas pintadas. Si bien llama la atención los espectaculares tacones que llevan y la altivez con que caminan, lo que las iguala a todas -pienso en las que tienen menos de 40 años- es que nunca se les cae el móvil (o sus primos hermanos: el i-pod, la tableta, etc...) de las manos. Si mañana Putin prohibiera estos aparatos, cosa que no habría que descartar, gran parte de las adolescentes y mujeres de San Petersburgo se tirarían al Neva... ¿Y qué pasa con los hombres? Pues mas o menos lo mismo, aunque sin tacones, y algo más rústicos. Hasta ahora pensaba que la final del Campeonato del Mundo de Aparatos Electrónicos se dilucidaba entre italianos y españoles. Craso error, los rusos tienen mucho que decir y no me extrañaría que dieran la campanada.
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domingo, 1 de junio de 2014

Fábula petersburguesa

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Durante la mañana del domingo, tras salir de visitar la impresionante Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, nos encontramos junto al canal con un grupo de Hare Krisna, muy excitados con sus bailes, cánticos, banderolas, ofrendas de trocitos de turrón y venta de libros. La novedad que aporta la versión rusa de esta secta, cuyos momentos de gloria en la Europa occidental creo que hace mucho que quedaron atrás, consiste en que aquí el grupo es mucho más numeroso, de unos treinta miembros, mitad hombres (los cuales cantan, o lo que sea que hagan mientras dan saltitos de alegría), mitad mujeres (quienes bailan, no sin cierta gracia), la mayoría jóvenes y hasta diría que atractivas. La música, sin embargo, no ha mejorado ni variado un ápice:  "Hare, hare, hare Krisna, hare Krisna, hare hare...", y así hasta aburrir a las ovejas. La mala suerte hizo que lleváramos el mismo camino en dirección al Museo Ruso. Nosotros nos fuimos a ver los Malevich y ellos se colocaron junto a la estatua de Puskin, cuya cabeza y brazos se llenaron de improviso de palomas, que probablemente suspendieron sus vuelos para admirar los trinos y danzas de la troupe. Pero unos metros antes se habían cruzado, como si fueran la Macarena y la Esperanza de Triana en la procesión de la Semana Santa sevillana, con un coche aparcado junto al museo, del que salió una señora que había desplegado en la ventana lateral una bandera independentista catalana. Los muchos espectadores rusos que hasta entonces seguían a los cantores y danzarinas los abandonaron en ese instante a su suerte para encaminarse al coche y poder interesarse por los detalles del proceso independentista. Las preguntas fueron contestadas por la señora con todo tipo de detalles y cifras en un catalán normalizado que los rusos apreciaron, aunque no faltasen algunos reticentes que le espetaron: Nena, quina fila que fas*, mientras que otro le reprochó no ser una auténtica patriota, pues tendría que haber pintado la bandera en el techo del coche como suelen hacer los buenos rusos. Por desgracia la lluvia empezó a caer, dispersando en el momento menos oportuno la reunión  y dejando con mal sabor de boca a la señora, que tan lejos y con tan nobles intenciones había paseado su independentismo. 
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* Puede traducirse libremente por: ¡Vaya pinta! o Ya son ganas de hacer el ridículo.
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