martes, 20 de septiembre de 2011

El Heidelberg de María Castro, 1

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¿CONOCES LA TIERRA EN LA QUE FLORECE EL LIMONERO?

                                 Si dais en contemplar las cosas de la vida
                                                            Fijaos siempre en todo, en el haz y el envés
                                                                      Epirrhema, J.W. Goethe

Heidelberg es una ciudad del color del almagre que se refleja imperturbable sobre el caudaloso Neckar que la atraviesa. Como si observásemos un boceto en sanguina realizado por algún romántico Wanderer (caminante) que hubiera paseado por esas tierras en una insaciable búsqueda de lo sublime, la ciudad emerge indestructible incluso en sus ruinas, rodeada de una naturaleza poderosa cuyo frondoso verde parece estar allí sólo para engrandecerla. Libre de los terribles bombardeos de los aliados que asolaron el resto del país, pero no ajena al dolor, el sufrimiento, la locura y la injusticia que durante años se apoderaron de él, es una ciudad que encarna como pocas la contradictoria historia de Alemania, en la que ni la cultura ni la barbarie parecieron tener límites. Sede de la primera gran universidad alemana, la impresionante lista de los premios Nobel que estudiaron y enseñaron allí, y que encontramos en la escalera que conduce hasta la solemne Aula Magna, se enfrenta ahora a otra larga placa en la que figuran los nombres de todos aquellos a los que el nazismo marginó y destruyó. No puede uno sino estremecerse cuando ve aparecer el nombre de Goebbels, el ministro nazi de propaganda, entre los alumnos doctorados del mismo centro por el que pasearon Arendt, Weber, Habermas y Gadamer, entre otros grandes. Pero Alemania no se esconde, muestra su pasado con una desnudez que resulta un tanto perturbadora mientras entona una y otra vez el mea culpa. No sólo se puede escribir después de Auschwitz, sino que hay que hacerlo y siempre con su presencia, exige Grass. Las fotos de Goebbels leyendo su tesis se exhiben sin ocultarse como parte de la historia de la universidad, porque, al fin y al cabo, todo eso es Alemania… 
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Vista de la ciudad de Heidelberg desde el paseo de los filósofos
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En la cercana Worms citó el emperador a Lutero para que se retractase de sus palabras -la ciudad de los Nibelungos en cuyas gestas cantadas germinaría, siglos después, el mito ario, origen de tantos males-, respondió el monje que su conciencia no le permitía hablar de otra manera. Acontecimiento que los alemanes celebran con orgullo patrio dedicando placas, plazas y monumentos a aquel hombre. Puede decirse que es allí donde comienza la historia moderna no sólo de este país, sino de casi toda Europa que, durante siglos, quedó traspasada por las guerras de religión en las que generaciones de hombres y mujeres vertieron su sangre. Dos formas de entender el mundo, dos formas de ser, analizó mucho después Weber. Un viaje de tan sólo tres cuartos de hora en tren une ambas ciudades, además del agua de dos ríos, la del Neckar y la del Rhin, en el que desemboca el primero en la vecina ciudad de Manheim, para continuar desde allí unidos hasta Worms, como una espina dorsal, un hilo rojo que señala poco a poco el camino de este pueblo, la historia de Europa: Francia a un lado, con un Estado poderoso asentado en el concepto de civilización; Alemania, en la otra orilla, y la cultura como emblema, como vínculo de un país desmembrado que tanto tardó en unificarse. Y dónde se ocultó esa conciencia, podríamos preguntarnos.
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Vistas de la ciudad desde el castillo
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Hier wohnte Leontine Goldschmidt, leo en la pequeña placa de la Gaisberg Strasse por la que cada mañana pasamos en el recorrido que nos lleva desde nuestro apartamento hasta el centro de la ciudad, geb. Von Portheim. JG. 1863. Vor Deportation Flucht in den Tod. 25.8. 1942 (Aquí vivió Leontine Goldschmidt, nacida Von Portheim, en 1863. Antes de la deportación, huída hacia la muerte el 25 de agosto de 1942). Cruel eufemismo esa huída, aplicación de lo que en España se llamaba la ley de fugas. La mujer a sus 79 años tuvo que huir hacia la muerte. Mujer cosmopolita, cultivada, junto con su marido utilizó su fortuna para promover la cultura en la ciudad, he investigado después en internet. Murió en manos de sus compatriotas, ajenos ya a ella. Cada placa una historia, cada historia unas posibilidades cercenadas, futuros truncados.  Y cada mañana, ella se cruza en nuestro camino hacia el centro de la ciudad, hacia su universidad, hacia su río, hacia sus paseos.
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Placa de Leontine
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Una mujer de San Sebastián que ha acudido hasta allí para visitar a su hijo, estudiante Erasmus, me dice que el alemán es un idioma mucho más duro que el euskera, lo asegura tajante, mucho más áspero, remata sin asomo de duda. Y me viene a la cabeza una hermosa canción mientras la mujer sigue hablando sin sospechar que me alejé de ella: "Im wunderschönen Monat Mai…" (en el maravilloso mes de mayo…) ¿puede haber algo más poético que esa música de Schumann que se expresa en alemán? ¿Más suave y conmovedor? ¿Más humano y grande al mismo tiempo? Nos movemos por prejuicios, los japoneses son cuadriculados, masculla el responsable del negocio de alquiler de bicicletas, dando rienda suelta a su enfado mientras nosotros no nos atrevemos ni a mirarnos. Una turista norteamericana, de origen oriental, lo ha sacado de sus casillas y el discurso sobre la manera de ser nipona ha enfurecido al hombre que ahora explica con gestos bruscos cómo ese pueblo lejano es incapaz de improvisar y que es ese el motivo, y no otro, de que no hayan sido capaces de resolver de forma más eficaz el incidente de Fukuyima. No como nosotros, los alemanes, continúa, que somos flexibles, nos adaptamos, improvisamos. Salimos por fin del negocio de alquileres con nuestras bicis, ese medio de transporte que domina las calles alemanas, incluso estas montañosas de Heidelberg, e iniciamos un largo recorrido por la orilla del Neckar que nos lleva hasta el hermoso pueblo cercano de Ladenburg, lugar que podría ser el escenario de uno de esos cuentos que los hermanos Grimm recopilaron pacientemente. Por el camino, grandes praderas que los alemanes aprovechan sin tapujos, parques inimaginables en España en los que los niños, con una libertad primigenia cercana al salvajismo, pueden jugar con el agua, saltar y correr descalzos por areneros, subir a todo tipo de columpios y fuertes sin miedo a que algún adulto irresponsable haya dejado caer allí una botella, una chapa, una aguja que los dañe. Mis hijos corren rodeados de cabezas rubias, pelirrojas y negras, se escuchan llamadas, exclamaciones, órdenes y canciones en varios idiomas y en distintas variantes y los niños, misteriosamente, se entienden. No anidan los prejuicios todavía en ellos.
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Los parques de agua y los hijos de la autora jugando
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* María Castro nos cuenta de sí misma lo siguiente: "nací en Madrid en 1969, ciudad en la que vivo y trabajo".
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lunes, 19 de septiembre de 2011

Ship of Fools en Nueva York

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Nuria Mendoza, a quienes los visitantes de este blog recordarán por los microrrelatos que aparecieron aquí, se ha ido a vivir a Nueva York, ella sabrá por qué. Paseando por su barrio, el Lower East Side, ha encontrado una galería de arte que comparte título con esta bitácora. La foto que nos manda me gusta verla como un autorretrato casi velado, tan clásico como extraordinario, en el que Nuria aparece reflejada en el escaparate, y como fondo el edificio de ladrillo rojo de la acera de enfrente, mientras que en el interior de la galería parece intuirse la presencia de una escultura -digamos- moderna, o -perdón- posmoderna. Me alegra mucho que quien publicó sus primeros y excelentes microrrelatos en este blog se presente a sí misma subiéndose al escaparate de esa Ship of Fools neoyorquina.
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domingo, 18 de septiembre de 2011

La ceremonia del saber

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El viernes pasado estuve en Valencia formando parte del tribunal de la tesis doctoral de Maria Rosell, sobre La dimensión apócrifa de la Modernidad: la escritura de Max Aub, dirigida por el profesor Joan Oleza. El trabajo da mucho más de lo que el título anuncia, pues empieza proporcionándonos una historia de los falsos, y no solo en la literatura, puesto que también tiene en cuenta la pintura y el cine. Aclara conceptos como apócrifo, heterónimo, pseudónimo, falso, pastiche o canular, que no siempre se usan con la precisión y el rigor necesarios. Sin olvidarse nunca de la dimensión internacional de este tema, se centra en autores tan importantes como Fernando Pessoa, Antonio Machado, Eugenio D'Ors y Max Aub, con alusiones a obras de Joan Perucho o el apócrifo Sabino Ordas. Dada la calidad del trabajo, debería publicarse en uno o varios libros. 
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Esta tesis, además, tenía la categoría de doctorado europeo, por lo que debía incluir un resumen en inglés y, entre los componentes del tribunal, haber al menos un investigador de otro país. En este caso era la profesora italiana Rosa Maria Grillo. El resto del tribunal estaba compuesto por Dolores Fernández, Xelo Candel y Joaquín Álvarez Barrientos.
   
Tras acabar la licenciatura, los investigadores más brillantes suelen conseguir una beca que los vincula a un proyecto colectivo de investigación. Tras cuatro años de duro trabajo, de múltiples lecturas, visita a bibliotecas y hemerotecas, el estudiante concluye su tesis que, tras el visto bueno del director, es juzgada por un tribunal de especialistas en la materia. Si todo este proceso se cumple, como ha ocurrido en este caso, el Departamento universitario ha hecho bien su trabajo, y el Estado, una inversión que debe rentabilizar, lo que solo puede conseguir concediéndole un puesto de trabajo remunerado a la persona, a fin de que esta, a su vez, pueda transmitir a otros estudiantes los conocimientos adquiridos, y no se quiebre la cadena del saber. Todo ese proceso, decía, culmina, pero también empieza, con la lectura de la tesis doctoral, uno de los ritos de paso más importantes en la vida del investigador, y como nos recordaba Oleza, una fiesta del conocimiento y del saber, y una ceremonia emotiva. Así las cosas, una vez la Universidad, los estudiantes y los profesores han cumplido con su obligación, el Estado no debería de incumplir con la suya. En los últimos tiempos, lamentablemente,  el gobierno no siempre ha asumido su responsabilidad, malbaratando de este modo no solo la inversión hecha en la investigación, sino también un activo humano que ve de pronto su formación sin proyección de futuro. Es un pésimo camino que nos aleja, una vez más, de los países civilizados, de la Europa de la cultura.
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* En las fotos, Maria Rosell y Joan Oleza.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Jordi Dauder sale de escena

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El viernes, nada más llegar a Valencia, donde había quedado a comer con Alfons y Pepe Cervera, me cuentan que ha muerto el actor Jordi Dauder (Barcelona, 1938-Madrid, 2011). La memoria se pone en ebullición y mientras Alfons, amigo del fallecido, prepara el viaje a Madrid para asistir al entierro, pienso en que no lo había visto nunca en esas series de moda de la televisión, y aunque debí de ver algunas de las películas que interpretó (ni siquiera me constaba que hubiera ganado un Goya en el 2009), tampoco dejaron en mí demasiada huella. Sí lo recuerdo, en cambio, prestándole su voz a Gregory Peck, Rod Steiger, Nick Nolte, o Richard Harris, nada menos, o bien recitando o leyendo textos, y sobre todo en numerosas interpretaciones teatrales, en donde nunca decepcionaba.    
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Ahora mismo lo recuerdo en El lector por horas, de Sanchis Sinisterra, y sobre todo en la última obra que le ví, Después de mí, el diluvio, de Lluïsa Cunillé, en donde mantenía un mano a mano con Vichy Peña, dirigidos por Carlota Subirós. Estuve a punto de comentarla en el blog, pero en aquel momento no dispuse de tiempo para escribir una reseña, a pesar de que había leído el texto y comentado la obra en mi clase de `Teoría e historia de la representación teatral´. Rescato ahora los fragmentos de aquella crítica inacabada, como modesto homenaje a un gran actor, muy vinculado, además, como yo, a las empresas editoriales de Miguel Riera, la editorial Montesinos y las revistas El Viejo Topo y Quimera, aunque nunca llegara a conocerlo. 
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¿Puede funcionar una obra que arranca con dos chistes malos? En suma, lo que se narra es la visita de un campesino congoleño a un hombre de negocios francés (negocia con el coltán), afincado en Sudáfrica (Jordi Dauder), para pedirle que se haga cargo de su hijo de 19 años, y que le busque un equipo de fútbol en Europa, o que se lo lleve consigo para que le enseñe su oficio, para que trabaje con él, como guardaespaldas.
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La obra trata de este toma y daca, pues, entre el padre que insiste, por un lado, y el negociante que se resiste, por otro. El primero le ataca por todos los flancos, con todo tipo de argumentos y a pesar de que el blanco tiene fama de habilidoso en los negocios, de convencer a los demás con sus razonamientos, de lo que presume y se ufana todo el rato, el nativo acabará derrotándolo, encontrando su punto flaco. Dado que ambos están enfermos, les queda poca vida, por lo que el padre le ofrece al hombre los servicios del hijo para que lo ayude a morir, con el objetivo de que éste alivie su desenlace. Entonces, por fin, acepta llevárselo con él, momento en el que el padre le cuenta que el hijo, en realidad, no existe, pues murió hace tiempo.  
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Lo que sólo sabremos en el desenlace es que el supuesto hijo no existe, que murió con 3 años, que lo que el padre desea es que alguien lo recuerde para que perdure en la memoria.
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La acción en Kinshasa, la capital del Congo, en la habitación de un hotel de lujo. Un hombre de negocios contrata a una intérprete, una mujer madura, divorciada, a la que somete a un extraño interrogatorio (Vicky Peña). Esta mujer irá asumiendo, poco a poco, la voz y el espíritu del anciano congoleño hasta suplantarlo del todo. Así, en realidad, sólo aparecen en escena dos actores, puesto que la intérprete engulle al anciano congoleño...
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* P.S. También ha llegado a las esquelas la posmodernidad y el colegueo. La AADPC (Asociación de actores y directores profesionales de Cataluña. Organización sindical) en la esquela que publica en La Vanguardia, tras el nombre del autor, en el que al menos han prescindido de la artificial "i" entre los apellidos, recoge la siguiente frase, que no parece necesario traducir: "Gràcies per tot i bon viatge, company". Es imposible reunir más tópicos, y más desgana, en menos palabras.     

* En las fotos, Vichy Peña y Jordi Dauder en Después de mí, el diluvio, de Lluïsa Cunillé.
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viernes, 16 de septiembre de 2011

BEATRIZ ALONSO ARANZÁBAL

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SHOPPING
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Mientras pagaba en unos grandes almacenes, un hombre le susurró algo tan bajo que sólo captó las palabras “pay” y “drink”. Cogió sus bolsas y salió sin volver la vista. Que no me siga, que no me siga. En el trayecto hasta el hotel se hizo de noche y las calles quedaron vacías. Se preguntaba por qué se había empeñado en viajar sola, dejando en casa a su marido y a sus tres hijos. Cuando al fin se sintió a salvo en la habitación llamó para decirles cuánto los echaba de menos. Ya en el avión, empezó a encontrarle la gracia a lo sucedido, y al día siguiente presumió ante sus compañeras de oficina.
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Ahora, sin embargo, no puede dejar de pensar qué habría ocurrido de haber aceptado aquella bebida.

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PENELÓPEZ
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“No sé para qué compramos la casa de Torrevieja” se quejó la mujer, mientras vertía las gotas adelgazantes en el vaso de agua, “si nunca tienes tiempo para que vayamos”. Estaban cenando frente al televisor, y su marido le aseguró que en cuanto terminara de arreglar el jardín, ordenar la colección de filatelia y colocar por autores todos los libros de la casa se irían para allá una buena temporada.
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Luego, como cada noche, bajó desde el dormitorio sigilosamente y cambió de lugar varios montones de libros, sacudió un álbum de sellos dejando que se esparcieran por el estudio, y salió al jardín a pisotear las flores y estropear la valla que estaba montando. Volvió a la cama satisfecho y besó a su mujer, que dormía plácidamente bajo el efecto hipnótico de aquellas gotitas. Tenía más trabajo que nunca.
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Beatriz Alonso Aranzábal (Madrid, 1963) es psicóloga y actualmente dirige un Centro de día para personas con enfermedades mentales. Ha publicado microrrelatos en las tres antologías que Alfaguara ha editado de Relatos en Cadena. Es realizadora además de varios cortometrajes, el último, Papiroflexia, ha sido emitido en TVE. Desde que su microrrelato “En el Museo del Prado” fuera premiado en 2003 en el programa de radio “La ventana de Millás”, no ha dejado de escribir en este formato. Estos textos son inéditos.

* El cuadro es de Dis Berlin.

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jueves, 15 de septiembre de 2011

Cunqueriana, 2

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Hoy, jueves, día 15, a las 7 de la tarde, Pere Gimferrer, Basilio Losada, Jordi Gracia y yo le rendiremos cumplido homenaje al gran escritor gallego ÁLVARO CUNQUEIRO, con motivo del centenario de su nacimiento. El acto tendrá lugar en la Sala Prat de la Riba del Institut d´Estudis Catalans (c/ del Carme, 48, Barcelona). 
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miércoles, 14 de septiembre de 2011

En la muerte de un gran escritor de cuentos: Vicente Soto

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El escritor Vicente Soto (Valencia, 1919) ha fallecido a los 92 años. Combatió en el bando republicano, estudio Derecho y se exilió en 1954, viviendo gran parte de su vida en Londres, donde trabajó como traductor y profesor de español. En alguna ocasión comentó que se tuvo que ir de España porque aquí apenas si podía hacer nada. En 1966 obtuvo el Premio Nadal con su novela La zancada, quizás el mayor reconocimiento literario que obtuvo. Pero acaso sea como autor de narrativa breve donde haya cosechado un mayor reconocimiento por parte de la crítica y de los historiadores de la literatura; no en vano, en 1968, ganó el Premio Gabriel Miró, con "La prueba"; en 1973, en Casicuentos de Londres, el Premio Novelas y Cuentos; y en 1975, el Premio de cuentos Hucha de Oro por "El girasol". Muchos antes había aparecido uno de sus mejores libros de narraciones, Vidas humildes, cuentos humildes (1948). En la necrológica que le ha dedicado Luis Suñén, con razón tacha de obra maestra su relato "Que no cante Mamma Rosie", o al menos así permanece también en mi recuerdo. Es autor, además, de libros como Cuentos del tiempo de nunca acabar (1977), Tres pesetas en la Historia (1983), Una canción para un loco (1986), Pasos de nadie (1991) y Luna creciente, luna menguante (1993). Hasta donde yo sé, su última obra, la novela Mambrú no volverá, con la que consiguió el Premio de la Crítica valenciana, apareció en el 2002. Vicente Soto se consideraba un perdedor de la Guerra Civil y de la postguerra. Entre sus autores preferidos solía nombrar a Proust, Faulkner y Juan Rulfo, y entre los españoles destacaba a Azorín y Gabriel Miró. Casos como el de Vicente Soto, de quien los actuales autores de relatos apenas saben nada, me ratifica en que urge escribir una historia del cuento español de la segunda mitad del siglo XX, para que se sepa, a ciencia cierta, el lugar que ocupa un escritor como Vicente Soto. No sé si es prudente anunciar que desde hace años ando en ello y que espero tener fuerzas para acabarla.
  

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿A quién se dirige el escritor?

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PARA UNA MICROHISTORIA 
DE LA POESÍA ESPAÑOLA
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"A la inmensa minoría", Juan Ramón Jiménez
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"A la inmensa mayoría", Blas de Otero
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"A la minoría inmensa", José Ángel Valente
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* El cuadro es de Francesco Clemente.
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domingo, 11 de septiembre de 2011

Por el Tweed de Walter Scott, de Teresa Barjau

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Pasamos agosto en tierras de frontera, entre Northumberland y los Scottish Borders. Northumberland, en la costa del mar del Norte, es un lugar tranquilo de extensas playas vírgenes y páramos cubiertos de brezo, ahora morado. Turismo interior de familias con niños y tercera edad. Basta, sin embargo, con cruzar a los Scottish Borders para toparse con catalanes que, por una insondable afinidad electiva, regresan de los Highlands. Los Borders son, de todos modos, lugar poco turístico. Son tierras de Walter Scott, quien había nacido allí y además fue Sheriff-Depute por Selkirkshire. Ahora, sus antaño revolucionarios best sellers, han sido eclipsados por el culto a Dan Brown. Visítese, simplemente, al sur de Edimburgo, la joya templaria de la Rosslyn Chapel, más recordada por el desenlace del Código da Vinci que por la balada de Scott que narra el prodigio del incendio sin combustión cada vez que muere un St.Clair, a quienes estuvo vinculada la capilla desde sus orígenes... Recorremos un poco al azar tierras de Scott de este a oeste, siguiendo el curso del Tweed y sin respetar cronología alguna. En Dryburgh Abbey, una de las cuatro grandes abadías góticas en ruinas de los Borders, visitamos su tumba casi a la intemperie en el ala norte del transepto. Junto a Walter Scott yace el Mariscal de Campo y Comandante en Jefe de las Fuerzas Británicas durante la Gran Guerra, Douglas Haig, cuya incompetencia llevó a la muerte a más de 400.000 de sus hombres en la batalla del Somme. El duque de Buchan, que había fundado la Society of Antiquaries of Scotland en 1780, compró Dryburgh Abbey a finales del siglo XVIII e hizo de ella un lugar pintoresco aménagé. Junto a las ruinas construyó una mansión, que es ahora un hotel de lujo. La abadía sigue siendo propiedad privada. La cripta se alquila para bodas. Allí asistimos a una de esas farsas en que los hombres se visten con kilts. Poco postín y música enlatada, como la cerveza que se servía en la recepción.
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A pocos kilómetros de Dryburgh está Abbotsford, la soberbia mansión que se hizo construir Scott en 1817-1819 en el antiguo emplazamiento de una granja. Su interés por la arquitectura y el paisajismo lo llevaron a participar activamente en el proyecto. La mole del edificio, con torreones y ventanales góticos, tiene algo de impostura, como suele suceder en todo el historicismo romántico. Las orillas del Tweed y el walled garden -un jardín colocado en una terraza que estalla polícromo bajo el plomizo cielo de lluvia- y los interiores de madera –los 7.000 volúmenes de la biblioteca están ahora en un almacén, pues Abotsford va a permanecer cerrada por obras hasta 2013- desmienten, sin embargo, lo que el exterior de la casa tiene de decorado.
 
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En la entrada de Abbotsford nos llama la atención un grabado de gran calidad, “The meeting of Burns and Scott in Sciennes House, Edimburgh”, realizado a partir de una pintura regular de C.M. Hardie, que días más tarde, veremos en la Lady Stair’s House and Writer’s Museum de Edimburgo. Se trata de una escena doméstica, una conversation piece, en casa del profesor Adam Ferguson, quien, sentado en actitud patriarcal a la izquierda del espectador, tiende a distraernos de la escena principal, que se desarrolla un poco más a la derecha. Allí, de pie, el poeta Robert Burns, sobriamente vestido de negro, contempla vagamente al rubio adolescente Walter Scott, que ha abandonado hace poco el nido familiar para integrarse en el gran mundo. En el grupo de la derecha está representado, entre otros, Adam Smith. El cuadro es una calculada obra programática. La escena doméstica tiene algo de mesiánico. Scott parece Jesús entre los doctores del templo y su interacción con Burns nos hace pensar en una prosaica vocación de san Mateo. Burns pasa a Scott la antorcha de la “escocesidad”. Los románticos parecen tomar el relevo del grupo de ilustrados edimburgueses que estaban cambiando el mundo. Frente a Adam Smith, en la mente ahora mismo de tantos think tanks, Scott puede parecernos a estas alturas una figura un tanto desdibujada.
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Al oeste de Abbostford, siempre siguiendo el curso del río, están los escenarios de la infancia de Scott, los que dejaba atrás cuando Adam Ferguson lo admitió en sus salones. Cerca de Kelso está Sandyknowe, la granja de sus abuelos, donde se crió solitario y enfermizo y donde escuchó las baladas que narraban la vida de los Reivers, los bandidos de los Borders. Por familia, Scott tuvo desde pequeño estrechas relaciones con los grandes señores de la zona, cuyas mansiones conoció bien. A orillas del Tweed está la interesante Traquair de los Stuart, donde María Estuardo pasó su última noche escocesa. La casa, que se remodeló en el siglo XVI, inspiró en parte la Tully-Veolan de Waverley or ‘tis sixty years since (1814), el best seller sobre la rebelión jacobita de 1745 que lanzó a Scott a la fama. Ganó más dinero con Waverley que Jane Austen con toda su obra. Como Traquair, Tully-Veolan había sido construida en una época “en que los castillos ya no eran necesarios, pero los arquitectos escoceses todavía no habían aprendido el arte de diseñar residencias domésticas”.
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De regreso, en Kelso, cenamos temprano en Oscar’s. El steak de angus de Aberdeen con black pudding es redondo. Merece la pena recorrer Northumberland y los Scottish Borders y detenerse en las butcheries locales. Algunas soportan una tradición de casi tres siglos. Allí se vende la espléndida materia prima que luego cocinan algunos de los pequeños restaurants de la zona. Allí se confeccionan extraordinarias meat pies, que es aconsejable ingerir acompañadas de una bitter ale espesa. Nosotros, como Scott, somos grandes aficionados a la cerveza oscura. Mientras cenamos, recordamos a Néstor Luján. Siempre prefirió la cocina inglesa a la italiana.
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* Teresa Barjau (Barcelona, 1957) es catedrática de Lengua y Literatura Española en el IES Icària de Barcelona. Ha trabajado sobre narrativa de los siglos XVIII y XIX. Es autora de la web sobre novela europea del siglo XIX, Herois de novel-la representants del nostre temps, www.narrativaseglexix.com. Junto con el profesor Joaquín Parellada, ha publicado en los últimos años dos ediciones de Tormento, de Pérez Galdós (Crítica, 2007; Vicens Vives, 2010).
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sábado, 10 de septiembre de 2011

Fútbol y literatura


La literatura y el deporte han estado a veces estrechamente relacionados. El joven colombiano Luis Alejandro Díaz acaba de publicar en su país una antología de cuentos, titulada  El fútbol se lee, que tiene como tema el llamado deporte rey, en el que aparecen relatos de Darío Jaramillo Agudelo, Mario Mendoza, el mexicano Guillermo Samperio, Daniel Samper Pizano, Óscar Collazos, la argentina Luisa Valenzuela, muy apreciada en este blog, como sabéis, Laura Restrepo y Roberto Fontanarrosa, entre otros. El volumen forma parte de una campaña de fomento de la lectura llevada a cabo por diversos organismos oficiales en Bogotá. En el breve prólogo se plantea la relación entre literatura y fútbol, sin olvidar que este tipo de libros va dirigido a un público mayoritario, explicando el por qué de la elección de los autores y su ubicación en el libro, como si se tratara de jugadores dentro de un campo de fútbol. 

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El caso es que desde el 2004 se han venido publicando mensualmente una serie de libros de literatura, desde clásicos de la literatura universal (Shakespeare, Molière, Dickens, Poe, Tolstoi, Stevenson, Melville, Lewis Carrol, Maupassant, Conrad, Verne, Chéjov, Andersen, Lovecraft, Saramago) y autores latinoamericanos (José Martí, Alfonso Reyes, Horacio Quiroga, Cortázar) a escritores colombianos (García Márquez) o españoles (Cervantes, Calderón, Miguel Hernández), para ser distribuidos gratuitamente entre el público en las plazas de los mercados, hospitales, comedores comunitarios, Paraderos Paralibros Para Parques (PPP), Bibloestaciones del sistema Transmilenio (el tranvía de la ciudad), clubes de lectores, colegios y cárceles.

De cada volumen se publican entre 25.000 y 100.000 ejemplares de libros, lo que hasta el momento suman más de cuatro millones de volúmenes distribuidos gratuitamente por toda la ciudad, de 70 títulos diferentes. El libro sobre fútbol tuvo una tirada de 40.000 ejemplares. Lo sorprendente es que figura como coautor de la antología un individuo que, me consta, no ha participado en su confección. ¿Por qué?

viernes, 9 de septiembre de 2011

Gratis en el tren

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En el afán de poner orden que han traído los nuevos gobernantes en Barcelona y Cataluña parece que les ha tocado el turno a los metros y trenes de cercanías que siempre han sido un coladero... Hasta ahora, a ratos, solía haber vigilantes en la entrada, armados con un perro de aspecto fiero, aunque todos debían de estar ciegos pues la gente solía colarse delante de sus narices y no decían ni mu. Hace unos años, andaba una tarde acompañado por una chica que trabajaba conmigo cuando entramos en el metro. Yo pagué mi billete y ella se coló, pero con tan mala suerte que la pillaron. Pensé yo entonces en que mi acompañante, convertida hoy en autora de éxito mediático, si bien de novelas mediocres, iba a disculparse, mostrarse amable al menos con el vigilante para intentar que no la multaran. Craso error, el mío. No sólo se encaró con el individuo, y con el perro, sino que les soltó tal bronca que estuvo en un tris de condenar al desdichado individuo a galeras y de mandar al perro a la perrera, por siempre jamás. Ante semejante escena sentí bochorno y únicamente se me ocurrió decirle que la próxima vez que cogiéramos el tren y no pensara pagar, que me avisara, que yo la invitaba con mucho gusto. 
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Hace un par de días me subí al tren de cercanías, camino de Bellaterra, para ir a la Universidad, y ante mi sorpresa, aparecieron en el tren unos revisores. Si hubiera llegado un ángel, o la mismísima Charlize Teron, me hubiera extrañado menos. Creo que hacía como veinte años que no los veía y eso que cojo ese tren dos veces por semana, ida y vuelta. El caso es que una estudiante universitaria llevaba billete pero, al parecer, no lo había validado. El revisor, demasiado amable para mi gusto, le dijo que se bajara y que marcara el billete. ¿Sabéís lo que le respondió la moza? Que se bajara él y se lo picara, porque de lo contrario, perdería el tren. ¿Qué pasó después? El revisor, ¡albricias!, se olvidó del buenismo tontorrón y no le hizo caso, la joven salíó enfurruñada a legalizar su billete y, claro, perdió el tren. Cosa que, lo reconozco, me alegró. Me sentí, modestamente, como cuando el protagonista de los Soprano chuleaba a alguno de esos horteras que llevan la gorra con la visera en el cogote, mientras iba pensando en ese extraordinario dicho aragonés: "¡matala sería poco!".
       

jueves, 8 de septiembre de 2011

MANUEL ESPADA

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COLECCIONABLES
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Con el primer número de septiembre, el periódico traía el bracito rosado de un bebé. Me propuse acabar el coleccionable. Quería ser madre. “Nancy, no eres constante, nunca acabas nada, igual que mamá”, me dije a mí misma. El año pasado, mi madre empezó a encajar las piezas de un galeón, pero dejaron de editar la revista y tuvo que dejar el barco a mitad de hacer. Lo quemó. Ahora, su esqueleto carbonizado flota en la piscina. El año anterior intentó compilar todas las selecciones nacionales de fútbol del mundo, pero nos destrozaban el mobiliario con el balón y decidió cortarles los pies. Hace años tiró la toalla con la colección de árboles de la Amazonía. Se dejó llevar por la desidia, y taló los más importantes, aunque dejó algunas especies raras en las macetas. En el jardín ya había plantado a aquellos asquerosos zombis en cuyos brazos colgó, a modo de frutos, la colección de cabezas reducidas. Yo tengo la intención de construir mi bebé al completo. Ya le he colocado las piezas de la columna vertebral, le he puesto el otro bracito, el hígado, los pulmones y una pierna. Me hizo mucha ilusión encajar el cerebro en el cráneo y enroscar su cabeza pelona en el cuellito. Mi mamá decía que yo no tenía cerebro. “Cabeza hueca”, me llamaba. Pero yo nunca abandonaré a mi hijo en un armario, como hizo ella. Tuve que dispararle con uno de los tanques de la colección de la Segunda Guerra Mundial que había empezado el abuelo. Deberían haberla enterrado en un ataúd coleccionable, un féretro de piezas blancas ensambladas a mano cada domingo. Mañana llega el sexo de mi bebé con el suplemento de la prensa dominical. Si es niña, pintaré de rosa el sótano. Si es niño, pintaré el garaje de azul. Y viviremos felices aquí, en esta casa de muñecas inacabada, inconclusa, incompleta, como los fascículos de un coleccionable de septiembre.
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EL JEFE 
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Helen, este mes me leen en el “Tennessee Express” que vendes “El Este del Edén”. Me quedé verde, del revés. Me desesperé. Ése es el césped en el que te besé. “¡Que le den!”, pensé. “¿Qué se cree? ¿Qué te crees?” Es él. Sé que es él. Es Peter, el que ejerce de bedel en el Wester Herst. Sé que ese demente te enternece. ¿Qué ves en ese pelele, en ese mequetrefe, en ese percebe? ¡Qué estrechez de mente! ¡Qué memez! Te desmerece. Me encelé de ese repelente, de ese vehemente, de ese ser que te empequeñece. Llegué. Le esperé brevemente. Me peleé. Le encerré en el Mercedes. Le pegué de leches, de frente. Le quebré tres veces en el vergel en el que te besé. Le meé.  Eché éter en ese germen. Le quemé. ¿Te estremece? ¡Excelente! ¿Crees que te perderé, que cederé? Me mereces. Me perteneces. Ven… ¡Bebe este detergente!


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*  Manuel Espada (Salamanca, 1974), es Licenciado en Periodismo y Máster en Radio. Lleva catorce años de guionista en programas de entretenimiento y ficción de RNE, TVE, Antena 3, Telemadrid y Telecinco, donde trabaja actualmente. Ha publicado la obra de teatro El tercer día, el libro de humor Un poquito de por favor (Temas de hoy), los libros de relatos El desguace (premio Editorial Grupobúho), Fuera de temario (Talentura), y el libro de microrrelatos Zoom. Ciento y pico novelas a escala (Paréntesis). Ha ganado el II certamen de “Relatos en Cadena” de la SER y el II certamen de microrrelatos de la Revista Eñe, entre otros premios. Actualmente trabaja en su próximo libro y escribe en su blog, La espada oxidada
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* El cuadro es de J.M. Sicilia.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011

De nuevo en Barcelona


Un calor insoportable, las calles llenas de gente, la selección de baloncesto algo atascada, pero qué ricos están los melocotones de viña, y los helados de jijona de Mauri, o el gusto por reencontrarse con mi quiosquero Manel, un argentino afincado en Barcelona, mientras que el Ayuntamiento de la ciudad, presidido por el nacionalista católico Trias, como por lo visto no tiene nada serio de qué ocuparse, ha abierto un expediente informativo a la librería La Central, en la estela reaccionaria del Tea Party, por vender unas chapas (pines para los snob, a dos euros cada una) que "promueven actividades incívicas". El grave delito se ha cometido en la librería del Museo de Historia de Barcelona, un centro municipal. Los burócratas del Instituto de Cultura llaman a la librería "equipamiento", de ahí el delito: en un equipamiento municipal no pueden venderse chapas que "promuevan actividades incívicas". Por lo visto, la basura que todos los días sale en la prensa, la radio y la televisión es mejor tenerla escondida debajo de la alfombra. Si lo que andaban buscando era retirarle la concesión de esta librería a La Central, podían habérseles ocurrido otros argumentos un poco más sutiles para llevar a cabo la tropelía. Cuánta razón tenía Sánchez Ferlosio: vendrán años malos y nos harán más ciegos... Ya están aquí, y me temo que para quedarse. 

martes, 6 de septiembre de 2011

HIPÓLITO G. NAVARRO

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                                       BALANCE


A un tigre, así sea albino, nunca le da por contar sus rayas. Tener algunas de más o de menos sobre la piel es asunto que le trae bastante al fresco.

Al domador tampoco le apesadumbra tener que encargar a un ebanista una bonita caja de teca forrada de terciopelo para guardar en ella parte de su anatomía. Son los riesgos de su oficio y no se puede decir que los desconozca o los desprecie.
El buen artífice de la madera, por su lado, suele ostentar también como trofeo de la profesión, además de un aura de finísimas partículas de palisandro o de caoba, alguna que otra extremidad más o menos incompleta, desmochada. Tampoco pierde tiempo el artista en contabilizar su merma, consciente tan sólo de que un ebanista que gesticule con sobreabundancia de dedos al aire siempre será un ebanista sospechoso.
El tigre, el ebanista, pues, hacen oídos sordos a todo lo que no sea su arte de arañar la carne o la madera. Construyen su obra desbastando materia, restando nudos y nervios, huesos e imperfecciones, sin detenerse a contar sus dedos o sus rayas.

El domador, por su parte, calla y otorga. Deposita sin pena su oreja ya disecada en el estuche de teca a la vez que intuye que el tigre, el ebanista, él mismo, podrían ser sordos incluso, individuos que poseen la asombrosa capacidad de cerrar oídos, ensimismados como están con su arte, tanto a los sonidos necios como a los otros.




* Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) reside en Sevilla. Su obra narrativa está recogida en Los últimos percances (Seix Barral, 2005), con el que obtuvo el Premio Mario Vargas Llosa NH, pero puede verse una selección en El pez volador (Páginas de Espuma, 2008). Aparece en numerosas antologías, entre ellas: Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera (Montesinos, 2005) y Siglo XXI. Los nuevos nombres de cuento español, actual (Menoscuarto, 2010). Este microrrelato es inédito. La foto es de Mordzinski.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Finalistas del Tigre Juan


La asociación Tribuna Ciudadana presentó la XXXIII edición del premio literario Tigre Juan. El jurado, formado por Catarina Valdés, 
Conchita Quirós, Jon Bilbao (ganador del año pasado), Javier Gámez y José Luis García Martín, anunció las cuatro obras finalistas: Diarios, de Iñaki Uriarte; El ciclista de Chernóbil, de Javier Sebastián; Pampanitos verdes, de Óscar Esquivias, y La nueva taxidermia, de Mercedes Cebrián. El premio se falla el próximo 6 de octubre. El jurado ha señalado que pretende "premiar la novedad" e "impulsar a los escritores noveles". Nos alegra mucho, pues así debería ser siempre, con lo que nos evitaríamos infinidad de novelas anacrónicas y previsibles. En este caso, el jurado ha destacado cuatro libros  excelentes, al margen de modas pasajeras y posmodernidades exhibicionistas, a menudo huecas.


* En la foto, Jon Bilbao, ganador de la convocatoria anterior.

domingo, 4 de septiembre de 2011

El Angliru, de TONI QUERO

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Asciende penosamente,
tuerce el gesto, revisa el cadenaje,
hunde la mirada en el asfalto. 
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Como un ave zancuda sostenida en equilibrio
contempla el cielo, las ramas nudosas
y el paisaje lunar que le sucede. 
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Se eleva. Danza de nuevo,
cegado por el salitre que mana de la sien
se tambalea inexperto como un marinero en cubierta. 
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El ábrego agita los zarcillos.
La cima moteada de pastos y brezo
se atisba en el pliegue de las cunetas. 
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Los vítores cimbrean los tubulares.
La sombra del Pirata y Ocaña, pájaros solares
que nunca hollaron sus faldas, humedece las calzadas. 
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Las salvas galvanizan las rampas,
electrizada la tribu contempla la belleza
de la figura del Chava emergiendo entre la niebla. 
      (Angliru)
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Toni Quero (1978) es licenciado en Filología Hispánica y trabaja de editor. Su primer libro, Los adolescentes furtivos, obtuvo en Collioure el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado 2009. Prologado por Pere Gimferrer, el libro ha sido traducido al francés y ha tenido buena acogida crítica. El poema “Angliru” es inédito y pertenece a su próximo libro de poemas. Su página web es www.toniquero.com
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* En la foto aparece Luis Ocaña.
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sábado, 3 de septiembre de 2011

Microrrelatos cortos y microrrelatos breves

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En una anotación del diario de José Ángel Valente, con fecha del 21 de junio de 1983, que aparecerá publicado en Galaxia Gutenberg, pero que adelantaba el viernes El Cultural, el escritor distingue entre el poema corto y el poema breve, pues, insiste, "no hay que confundir la duración con la extensión". Así, explica que "un haiku es un poema breve de larga, a veces enorme, duración. Hay poemas extensos cuya duración es manifiestamente escasa". Y en el mismo sentido, nos recuerda una frase de La colina de los chopos, de Juan Ramón Jiménez: "El arte puede ser muy rápido, a condición de que sea muy lento". 
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Esta anotación de Valente me lleva a pensar en el microrrelato, en su imprescindible duración, claro, pero también en su necesaria profundidad, características necesarias para que sea completo y no corto. Para que ningún lector pueda pensar que el texto se ha quedado corto, en el mismo sentido que se usa coloquialmente en castellano, pues implica carencia, no haber cumplido todo el cometido y no haber apurado toda la sustancia.
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Pienso ahora en los microrrelatos de Los males menores, de Luis Mateo Díez, y me parecen  breves, nunca cortos, aunque sí duraderos y profundos. Como hubiera dicho Juan Ramón Jiménez, tienen "la abundancia justa". De eso se trata, en esencia. 


* La foto de Valente, en el despacho de su casa de Almería, es de Luis Matilla
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viernes, 2 de septiembre de 2011

Pasado & Presente, de Gonzalo Pontón


Tras cumplirse los dos años de alejamiento del mundo editorial que le exigiera su antiguo socio, Planeta, Gonzalo Pontón ha fundado una nueva editorial, PASADO & PRESENTE, con la que continuará su trabajo. Como el mismo editor escribe: "mala hierba nunca muere". Pontón pertenece a esa especie casi extingida de los editores ilustrados, que por fortuna parece resurgir entre los jóvenes, cuyo catálogo responde a un proyecto ideológico e intelectual, compuesto por libros de aspecto atractivo, pero rigurosos y amenos para el lector más exigente. 

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Así, en la carta que me manda, anuncia Pontón que "pretende convertirse en referente del libro de reflexión rigurosa sobre los aspectos de nuestro pasado (histórico, científico y cultural) y al mismo tiempo intervenir, con espíritu crítico y curioso, en el debate intelectual y moral del presente, sin alejarnos de la voluntad divulgativa ni del aspecto comercial que debe tener todo proyecto editorial que quiera incidir en la opinión del lector. Y para ello, como bien sabéis, el trabajo del librero y su confianza en nuestro proyecto serán imprescindibles".
Hace 35 años, Gonzalo Pontón fundó la Editorial Crítica, donde llegaron a aparecer unos 1.500 títulos. Tuve la inmensa fortuna de publicar en la editorial un libro, La realidad inventada. Análisis crítico de la novela española actual, y dos ediciones, de Juan Marsé (Ronda del Guinardó) y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa). De los tres me siento razonablemente satisfecho, e inmensamente feliz por formar parte de tan ambiciosa empresa editorial.
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Los primeros títulos son:
Lepanto: la batalla de los tres imperios, de  Alessandro Barbero.
La historia oculta de los Estados Unidos, de Tariq Alí Oliver Stone.
Tratado de la barbarie de los pueblos civilizados, de Diderot. 
La era Obama, de Noam Chomsky.
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Respecto al futuro, podemos adelantar, de muy buena fuente, que se publicarán unos 15 títulos al año y que el próximo volumen, que saldrá en noviembre, es un libro del gran historiador Josep Fontana, todavía sin título, aunque constituye una historia del mundo desde 1945. Entre los próximos títulos también hay un libro de David Jou, sobre el mundo cuántico; el proyecto para realizar un diccionario histórico-crítico sobre la guerra civil y el franquismo, dirigido por Ángel Viñas, hecha en colaboración con los mejores expertos en la materia, entre otros, Santos Juliá, Julián Casanova o José-Carlos Mainer, y que quizá sea una réplica a los conocidos desbarajustes del Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia; y un libro peculiar de Francisco Rico, quien por fortuna regresa a una casa que nunca debía de haber abandonado, en donde se ocupa de su iniciación a la poesía y sus primeras lecturas de poetas. 
Se trata, en suma, de las clásicas líneas que como editor siempre ha mantendido Gonzalo Pontón, aunque en esta nueva etapa vayan a aparecer combinadas con autores diferentes,  nuevos analistas sociales, políticos y económicos progresistas, y otras perspectivas dentro del ámbito del ensayo. Lo irrenunciable, como ha sido siempre en esta casa, es que sean libros de alto nivel sobre asuntos de indiscutible interés. No libros elitistas, sino responsables, críticos y combativos. Como me sopla Gonzalo Pontón hijo, esta nueva editorial pretende con sus libros que sigamos pensando en todo aquellos asuntos sobre los cuales hemos olvidado  cómo reflexionar. 
Querido Gonzalo:
Bienvenido de nuevo al campo de batalla con esta nueva PASADO & PRESENTE.
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jueves, 1 de septiembre de 2011

ANA MARÍA SHUA

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VENTAJAS FEMENINAS
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Quién si no las mujeres, siempre dispuestas a doblarnos (los hombres son tan derechos), con nuestro estilo complicado y retorcido (los hombres son tan simples), con nuestras articulaciones laxas (las de los hombres son tan rígidas), quién si no las mujeres y las serpientes para contorsionistas, empecinadas en ese nudo obsceno, tentador, reprobable, que sin embargo nos exigen, nos aplauden.
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TROUPES ETNOLÓGICAS

Fue Louis Dejean, el genial director de circo francés, el primero en presentar troupes etnológicas formadas por etnias poco conocidas. Auténticos nubios, hotentotes, innuits (entonces llamados esquimales), indios sioux, desfilaron en el siglo XIX por pistas y vodeviles de Europa. Una de estas troupes, proveniente de la Atlántida, el continente hundido, hizo las delicias del público durante una sola noche mágica, antes de extinguirse por culpa del coreógrafo, que tuvo la mala idea de hacerlos saludar fuera del agua.
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* Ana María Shua (Buenos Aires, 1951) ha cultivado el cuento, la novela y el microrrelato. Entre sus libros destacan La sueñera (1984), Casa de geishas (1992), Botánica del caos (2000) y Temporada de fantasmas (2004), que han sido recogidos en Cazadores de letras (2009), sus microrrelatos completos. Estas piezas, todavía inéditas, forman parte del libro Fenómenos de circo, de inminente aparición en Páginas de Espuma.
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Septiembre


Vamos a empezar la nueva temporada a buen ritmo, con microrrelatos inéditos de Ana María Shua e Hipólito G. Navarro, a los que seguirán otros de Beatriz Alonso Aranzábal y Manu Espada. Seguimos con las crónicas de viajes, la siguiente que publicaré es de Teresa Barjau. Y antes de regresar a Barcelona, el 6 de septiembre, intentaré sacar alguna entrada más sobre Berlín. A ver, de todo lo prometido, qué puedo cumplir.