miércoles, 29 de junio de 2011

Ignacio Salvat y el cineclub de los jesuitas

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Trae la prensa la noticia de la muerte, a los 80 años, del jesuita Ignacio Salvat. No voy a contaros que fue un hombre clave de la Compañía de Jesús en Cataluña durante estas últimas décadas, ni su destacada trayectoria en la orden, o su complicidad con el Padre Arrupe, “la persona que ha construido mi historia”, sino en qué momento lo conocí y por qué. Debió de suceder a finales de 1973, o comienzos de 1974, cuando yo empezaba la carrera universitaria en la Universidad Autónoma de Barcelona y vivía en Sant Cugat, en una residencia de Misioneros del Espiritu Santo. Los espiritanos tenían relación con el Centre Borja de Sant Cugat del Vallès, regentado por la Compañía de Jesús y en alguna ocasión vinieron los jesuitas a darnos alguna charla, quizá para mostrarnos que había una cierta iglesia que no estaba alejada de las inquietudes de los jóvenes de entonces, mayoritariamente antifranquistas. A quien más recuerdo es al padre Salvat, quizá porque regentaba el cineforum de la Facultad de Teología, situada en el centro Borja.     

Ahora me acabo de enterar de que el padre Ignacio Salvat fue pionero "en el diálogo entre la fe y el cine, especialmente en la perspectiva social". Parece ser que su formación, en esta faceta concreta, entre sus múltiples saberes, provenía del magisterio de Nazareno Taddei. Con él aprendió las técnicas del análisis cinematográfico, al que unió su pasión por la justicia social y la dedicación educativa y evangelizadora. Me imagino que su formación religiosa, intelectual, se produjo al calor de los cambios que trajo consigo el Concilio Vaticano II. Así, en 1965 se trasladó a Roma, realizando el doctorado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana. Al regresar a Cataluña, en 1969, empieza a ejercer como profesor de Moral y Derecho Canónico. Durante la dictadura franquista estuvo comprometido con la causa obrera, especialmente desde la parroquia de Tarrasa en la cual colaboraba como sacerdote. Cuando yo había acabado la carrera, en 1978, era nombrado Superior Provincial de la Compañía de Jesús, es decir, máximo responsable de los jesuitas de Cataluña.


En ese cineclub de los jesuitas, hacia el que un puñado de aspirantes a misioneros y estudiantes nos encaminábamos dando un paseo, cuando ya había caído la noche, y atravesando por entonces unos lugares compuestos, en su mayoría, por campos de labranza, hoy llenos de casas adosadas, me aficioné al mejor cine, esto es, el de Renoir, Rossellini, Ingmar Bergman o Pasolini. Pero recuerdo, sobre todo, quizá por lo insólito que resultaba entonces, un ciclo dedicado a Eisenstein y otro al cine japonés, con películas de Ozu, Mizoguchi y Kurosawa. A veces nos quedábamos al debate, pero creo recordar que en la mayoría de las ocasiones comentábamos las películas mientras regresábamos de camino a la residencia. Ahora pienso que quizá fue en aquel cineclub de Sant Cugat, y en las conversaciones con mis compañeros de entonces (Juan Ramón, José Manuel, Juan Carlos, Pedro Pablo, José Luis, Carlitos o Juan) donde quedé inoculado para siempre con el veneno del cine.   



* El último mono tiene ya una entrada en la Wikipedia, pero no hay ninguna dedicada a Ignacio Salvat. Dicen que ya no existen jerarquías, quizá porque estamos en la época del poscamabalache, en la que, como en el tango de Discépolo: "Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor,/ ignorante, sabio o chorro,/ generoso o estafador.../ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un burro/ que un gran profesor./ No hay aplazaos ni escalafón,/ los ignorantes nos han igualao./ Si uno vive en la impostura/ y otro roba en su ambición,/ da lo mismo que sea cura,/ colchonero, Rey de Bastos,/ caradura o polizón".

martes, 28 de junio de 2011

SARA GUTIÉRREZ HERANCE



CONDENA
Ella quitó la soga que apretaba mi cuello. Mi respiración fue tan profunda que me tragué todo el aire de la ciudad en un segundo. Tú te asfixiaste.



LA PROCESIÓN DE GREGOR SAMSA

Nunca quise ir, pero las perseguía desde las ventanas de la casa. Todas aquellas mujeres con pañuelos negros, blusas negras y faldas negras, caminando descalzas o de rodillas. Mujeres que nunca había visto por el pueblo y que el resto del año no vería, porque al acabar la procesión correrían a sus habitaciones para encerrarse. Nunca quise ir, pero desde las ventanas, deseaba aplastarlas una a una.
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ENEMIGOS
La guerra fue especialmente dura ese día. Primero besé a mi hermano. Después tuve que matarlo.
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EN UNA BANDEJA DE POREXPAN Y UNA TARRINA

Cada noche esperábamos a padre en el lugar que nos había asignado: la nevera. Madre era un trozo de carne. Yo su postre. Él nos devoraba.
Un día no cerró del todo nuestra puerta y nos escapamos. Antes de irnos, para entrar en calor, quemamos la casa.
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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA WIKIPEDIA
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Sonaba Vivaldi. Vivaldi fue un compositor y músico del Barroco. Se acercaron hasta besarse. Un beso es el acto de tocar algo con los labios, generalmente a otra persona. Se declararon su amor. Amor es un sentimiento relacionado con el afecto y el apego. Y fueron felices. Feliz es un municipio brasileño del estado de Rio Grande do Sul que ocupa una superficie de 256,9 km2.
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..EL DÍA MÁS FELIZ PARA TU MADRE
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Después de tu boda no podía parar de vomitar. Tuvo que ser aquel olor: todo apestaba a dinero. Fue como ir a tu entierro.

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MÁS
Te amé tanto como se puede amar. Para ti nunca fue suficiente. Te odié tanto como se puede odiar. Para mí nunca será suficiente.
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*Nací el 17 de enero de 1973 en Badalona (Barcelona). Después de aquel día, el resto no es muy importante. 
*La foto es de Annie Leibovitz.
                       

domingo, 26 de junio de 2011

San Juan, sin petardos: cine y música

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Nos vamos a comer a Beceite, a la Antigua Posada Roda. La comida es excelente y el precio más que razonable. De primero tomo puding de calabacín, y de segundo, jabalí. No parece que haya muchos sitios en donde pueda comerse jabalí. De postre me tomo unas cerezas de aspecto descolorido, pero sabrosas. Del vino y del agua no merece la pena hablar. ¿Inconvenientes? El ruido del local era el único. Después, al salir, y puesto que caía un sol de justicia, tras atravesar el puente y observar las pozas, una tentación para bañarse, nos refugiamos bajo un porche con sombra y algo de fresco, pero pronto nos encaminamos hacia el embalse de Pena. Aunque el sol nos achicharraba, el paisaje resultaba muy hermoso a lo largo de todo el paraje, con las viñas en primer término y los olivos al fondo. Una vez bordeado el embalse, atravesamos un túnel y desembocamos en una fuente natural que había tras él, donde paramos un instante a beber agua fresca y para refrescarnos, a espaldas de la casa de Mariano, el guarda del embalse.
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Por la noche, Asunción Claro y Lars nos habían invitado a cenar a su casa, con los mismos comensales que el día anterior. Han transformado una vieja vivienda, casi en ruinas, en una vivienda amplia, cómoda y luminosa, con una terraza espectacular, con vistas al Moncayo, desde donde contemplamos, como nuevos adoradores de Eknaton, el atardecer, la puesta de sol, con sus impresionantes vistas, cuando los vencejos volaban más bajos, casi rozándonos.
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Pero tras la cena en la terraza, bajamos al salón de la casa para ver un par de cortos de Alfonso y oír la grabación de un concierto de arpa de Asunción, toca una pieza de Hindemith, así como la música electrónica que compone Lars y algunos conciertos de flauta, entre ellos recuerdo uno de Ravel. De arpas no sé nada, pero ella, respondiendo a mis pesquisas me contó que suele trabajar con las americanas, de muy buena calidad. La suya está hecha en Chicago y tiene, comenta, unos cien años. Le pregunto cuánto tiempo necesita para dejar el arpa a punto antes de un concierto, y me cuenta que con unas pocas horas es suficiente, pero que en alguna ocasión se ha ido una semana antes para familiarizarse con un instrumento que no conocía bien. No sé cómo, la conversación deriva hacia Trosky y la familia Mercader, las novelas de Leonardo Padura (El hombre que amaba a los perros, Tusquets) y de Jorge Semprún (La segunda muerte de Ramón Mercader), y la excelente película de Rioyo y López Linares, Asaltar los cielos
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El grupo se disolvió, con besos, abrazos y promesas de volver a vernos, y todos llegamos a casa sanos y salvos, excepto un par que tuvieron por el camino un encuentro desafortunado. A la una y media de la noche Calaceite se tranformó en el pueblo de Amanece que no es poco  pues se encontraron por las solitarias calles a un conocido independentista catalán, a quien se le ocurrió ponerse a hablar de política, dando por hecho que mis amigos eran partidarios de la independencia de Cataluña, y que sólo había que animarse, que decidirse a llevarla a cabo, que si patatín, que si patapán, rataplán, plan, plan... En fin, a esas horas, ya es mala suerte dar con el individuo más plasta del pueblo, que debe vagar como un alma en pena, dando la murga a la buena gente. A ver si se lo lleva la Santa Compaña...  
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*  En la penúltima foto aparecen Lars y Asunción y en la última, de izqda. a dcha., FV, Sira y Pilar. Las fotos son de GP.
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sábado, 25 de junio de 2011

San Juan, sin petardos: la cena

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Costó llegar a Calaceite. Si el jueves es San Juan y el viernes es fiesta, como ocurre en Cataluña, el fin de semana aleja a la gente de la ciudad. Son esos pocos días en que se puede estar bien en Barcelona, con medio millón de personas menos, con la consiguiente merma de ruido y la humanidad un poco más esponjada.
Pero llegamos, Sira, Gemma, Juanjo y yo, y nos esperaba la cena, con Pilar, Asunción y Lars: un par de ensaladas, aceitunas y queso de la tierra. De plato fuerte, Pilar sacó un bacalao a la portuguesa, regado con albariño, Martín Codax.
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Receta: se pone en la sartén con aceite caliente el bacalao desmigado y una cantidad equivalente de cebolla cortada en rodajas finas. Hasta que la cebolla se licue y todo quede dorado. Se fríen unas patatas, tipo paja, y se baten unos huevos. Y se mezcla todo, como si de un revuelto se tratara. Debe servirse inmediatamente.
El bacalao estaba en su punto, perfecto, pero todavía quedaba el postre que en una noche como esa sólo podía ser coca, de chicharrones y de crema, con cava, para el que le guste, que por el gas no es mi caso. ¿Es necesario añadir que las cocas de can Mauri, como lo llamaba el abuelo de Gemma, eran insuperables?
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A los postres se presentó Alfonso De Lucas Buñuel, sobrino del célebre cineasta. Alfonso es un tímido escondido en un gigante patagón, de voz tronante y opiniones a menudo contundentes, lo más parecido posible al gran don Luis. Hasta el punto de que va a rodarse una película, contando la biografía del cineasta y Alfonso va a hacer el papel de su abuelo. Esto no me lo ha contado él, que no le gusta darse pisto de Buñuel, sino amigos comunes.
Durante años fue profesor de literatura en el instituto de bachillerato del Verdún o Prosperidad (ahora Nou Barris en el lenguaje edulcorado que utilizan los socialistas catalanes en la ciudad), y nos contó unos episodios protagonizados por los comisarios políticos de la Generalitat, para implantar el monolingüismo, que ponían los pelos de punta, por no usar palabras más fuertes. Pura tortura china. Quizá porque el caso que nos relató se ejercía sobre una emigrante de aquel país, a la que acabaron desterrando a las llamadas aulas de acogida. Parece que todo está contado, al respecto, pero siempre queda un horror más; eso sí, disfrazado de legalidad y alegato a favor de la convivencia lingüística, que nos recuerdan prácticas fascistoides.
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Alfonso, que nos dejó sin habla, monopolizó la conversación, sin apenas dejarnos meter cuchara, se ha jubilado, pero recuerda con mucho cariño aquellos años del Verdún, antes de que aparecieran los nacionalistas, los tecnócratas del monolingüismo, a joder aún más a estos olvidados. A mí no me molesta nada escuchar que alguien lleve la voz cantante, si lo que relata tiene interés y lo cuenta con pasión, como era el caso. Alfonso es un ciclón, puro Buñuel. Creo que don Luis se lo hubiera llevado con él a hacer cine seguro, alentando una fascinación que justo ahora está empezando a poder cultivar.

* En la primera foto aparece Alfonso De Lucas Buñuel junto al escritor Juan José Flores; en las restantes se les puede ver, en la terraza de la casa de Asunción y Lars, contemplando la puesta de sol. Las fotos son de GP.
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jueves, 23 de junio de 2011

San Juan, sin petardos

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Esta tarde me voy a Calaceite para pasar la verbena lejos del ruido de los petardos... Calaceite es un pueblo de Teruel, cerca de Alcañiz, en la Franja, donde convive en armonía el catalán y el castellano, como debía ser siempre. En este pueblo vivió José Donoso, la pintora Maria Girona y su marido, el también pintor Rafols Casamada, entre otros ilustres poetas y artistas. Yo llegué a Calaceite de la mano de Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, y en su casa he vivido siempre que he ido al pueblo, y allí nos visitó en más de una ocasión el gran Carlos Edmundo de Ory. Nunca faltan buenos amigos con quienes compartir comida, paseos y conversación: Sira, Edith, Pilar o Natacha, Juanjo, Toni y Fernando. Esta noche parece que nos espera una sorpresa en la cena: la presencia de la música Asunción Claro, de quien tanto he oído hablar, a otros propósitos juveniles, en un lejano Madrid, pero a la que aun no tengo el gusto de conocer.   


* El cuadro es de Ángel Mateo Charris.
    

miércoles, 22 de junio de 2011

La fiesta de Seix Barral

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Chuches, lo que se dice chuches no hubo, ¿son chuches los chupa-chups?, me parece que sí, pero lo qie sí había era croquetas, muy ricas, chistorra, un poco indigesta para mi delicado estómago, tortilla de patatas y unas hamburguesitas, más bien filetes rusos, que no estaban nada mal. De la tarta nada supe... Y una vista impagable sobre la montaña de Montjuïch que imagino que pondría un poco melancólico a Marsé. Y bebida, toda la que quisieras, según la capacidad de cada cual; a destacar el vino blanco. Whisky con hielo, me parece que sólo lo tomó el autor de Últimas tardes con Teresa
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De todas formas, a los cronistas de salones, al menos a los atípicos, como un servidor, lo que les gusta de estas cuchipandas es encontrarse con los amigotes y charlar. Sobre fútbol, por ejemplo, el Barça y Mourinho, cómo no, con Gonzalo Suárez, Vila-Matas, Masoliver, Turpin y Marsé. Con Sònia Hernández y Robert Saladrigas, que ya me parece que ha empezado a trabajar en un libro que le he encargado para Menoscuarto. Y con Ricardo Menéndez Salmón, a quien hacía un par de años que no veía. Anoche le presenté a Cristina Fernández Cubas, por lo que siempre podré presumir, a falta de otros méritos más sólidos, de haberlo relacionado nada menos que con Zúñiga y Cristina: dos de los mejores autores de cuentos españoles vivos. También andaba por allí Javier Tomeo, carrasposo y con bastón, los editores Daniel Fernández y Juan Cerezo, los críticos literarios Ayala-Dip y Javier Aparicio, y los escritores Carme Riera, Pere Gimferrer, Martínez de Pisón, muy solicitado en Alemania, Kirmen Uribe (con quien siempre recuerdo a nuestro querido Jon Kortazar), Enrique de Hériz, Álvaro Colomer, Sergi Bellver, Gabi Martínez..., además de agentes literarios varios, jóvenes editores, periodistas y fotógrafos del ramo, etc. (ni largo ni corto, simplemente etc.).
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¿A quién eché de menos? Al maestro Alberto Blecua, a Alejandro Duque Amusco, que antes solía aparecer por estas cuchipandas, a Teresa Barjau y a Joaquín Parellada, y a Gonzalo Pontón, hijo, que vaya usted a saber por dónde andaría... Hoy seguro que están de resaca en Seix Barral. Y es que sí hay empresas que duran 100 años.  

martes, 21 de junio de 2011

Seix Barral cumple 100 años

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Hoy, martes, se inicia el verano atmósférico y concluye el literario con la tradicional fiesta de Seix Barral, que este año cumple 100 añitos. El festejo, que marca el cierre de la temporada, tendrá lugar en la terraza del Museo de Historia de Cataluña  (Palau de Mar, Plaza Pau Vila, 3), a partir de las 8 de la noche. Como dice Nahir Gutiérrez, la eficacísima jefa de prensa de la editorial: ¡hay muchas velas que soplar y habrá chuches!
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La auténtica Seix Barral, la editorial literaria que hoy conocemos, empezó realmente en 1950, con la incorporación de Carlos Barral a la empresa familiar, completando un trío que será fundamental en el desarrollo posterior de su andadura, junto a Víctor Seix, gerente desde 1957, y Joan Petit, a quien Laureano Bonet denominó "maestro oculto", el cual se incorporó a la empresa en 1939, tras ser represaliado por los vencedores en la guerra. En el momento en que también se sume a ellos Jaime Salinas, tendremos en juego a todos los actores de la no sólo más importante editorial literaria española entre 1955, cuando aperece el primer volumen de la Biblioteca Breve, y 1970, sino también la que adquiere una dimensión más internacional, sólo igualada posteriormente por la Anagrama de Jorge Herralde.
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En el volumen no venal, editado para celebrar la conmemoración, Seix Barral. Nuestra historia (1911-2011), destaca el trabajo de Manuel Llanas, quien cuenta los orígenes de la casa, mal conocidos hatas ahora, que empezó siendo un taller de artes gráficas, hasta su refundación, aunque en medio de su relato -sin venir mucho a cuento, como aprovechando la oportunidad para hacer patria (pp. 12-15)- nos cuente la historia del libro infantil y juvenil catalán, menos mal que de forma resumida. Tiene razón Llanas, en cambio, cuando le reprocha a Carlos Barral la escasa generosidad que muestra cuando juzga a sus antecesores, puesto que como se pone de manifiesto en su trabajo, la labor que llevaron a cabo fue muy importante, al contar con colaboradores tan significativos como el geógrafo Pau Vila, el periodista Gaziel, el pedagogo Lorenzo Luzuriaga, los filólogos Manuel de Montoliu y Martín de Riquer, el escritor Luys Santa Marina, el antropólogo Julio Caro Baroja, el historiador del arte Alexandre Cirici Pellicer o el ya citado Petit. 
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La segunda parte del volumen, en cambio, la que tendría que haber resultado más atractiva, me ha parecido un poco decepcionante, por su tono meramente periodístico y demasiado complaciente. Lo que no se entiende, pues existen trabajos de enjundia sobre los mejores años de Seix Barral, tales como la tesis de Burhard Pohl, traducida parcialmente al castellano. En fin.
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El resto de las fechas y hechos significativos podrían ser los siguientes: la concesión en 1958 del primer Premio Biblioteca Breve a Las afueras, de Luis Goytisolo, con la consiguiente polémica, sobre si el libro era una novela realmente o un libro de cuentos, aunque hoy lo tacharíamos seguramente de ciclo de cuentos; en los años posteriores, también obtendrán el premio  La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé y Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante; la celebración, en 1961, del primero de los Encuentros de Formentor, con la concesión del Premio Internacional de Literatura a Beckett y Borges, y del Premio Formentor a Juan García Hortelano, por Tormenta de verano; la concesión del Premio Formentor a El largo viaje, de Jorge Semprún, prohibida por la censura; la muerte en 1964 y 1967, respectivamente, primero de Petit y luego de Víctor Seix, y en esta última fecha abandona la editorial Salinas, principio del fin de esta década dorada; en 1970 abandona la editorial Carlos Barral, y a partir de entonces ocuparán el cargo Joan Ferraté, Josep Maria Carandell, Mario Mucknich y a partir de 1982, cuando la compre Planeta, Mario Lacruz (entre 1983 y 1999), Basilio Baltasar, Adolfo García Ortega y Elena Ramírez; en 1970 se incorporá a la editorial Pere Gimferrer, personaje fundamental, en su inconcreto papel de asesor o director literario; en 1999, Basilio Baltasar rescata el desaparecido Premio Biblioteca Breve, que obtiene ese primer año el mexicano Jorge Volpi, pero de trayectoria literariamente errática desde entonces.        
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Los lectores curiosos, todos deberíamos serlo, se enterarán por el libro, además, de los varios cambios de nombre de la casa, de las relaciones comerciales entre los Seix y los Barral, así como de la historia del célebre arquero, anagrama de la editorial, que parece ser que encontró Carlos Barral nada menos que en Altamira, y cómo fue censurado por la ridículamente pacata censura franquista. Pero quizás el esplendor de la editorial se entienda por su lujoso comité de lectura, del que formaron parte Jaime Gil de Biedma, Gabriel Ferraté, José María Valverde, Salvador Clotas y José Agustín Goytislo, por no hacer la lista interminable.
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Los que nos iniciamos en la lectura durante los últimos sesenta y primeros setenta, nunca olvidaremos los libros de Seix Barral de los que allí tuvimos noticia por primera vez, o aquellas cubiertas en blanco y negro de Oriol Maspons o Xavier Miserachs, de la narrativa española (de Zúñiga a Luis Martín-Santos, Juan Benet, Caballero Bonald y Carmen Martín Gaite) y latinoamericana (Alejo Carpentier, Guimaraes Rosa, Cabrera Infante, José Donoso o Manuel Puig), pero también italianos (Vittorini, Pavese o Svevo), alemanes (Robert Musil, Böll y Max Frisch), ingleses (T.S. Eliot o Carson McCullers) e incluso franceses, aunque la verdad es que nunca me interesó demasiado el nouveau roman. Después llegó Octavio Paz, Alberti, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Ángel Crespo, Ernesto Sabato, Pablo Neruda, Cela o Eduardo Mendoza e incluso Roberto Bolaño, incomprensiblemente perdido, pero esa ya es una historia mucho más conocida. 
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Del catálogo actual me quedo con Enrique Vila-Matas, Juan José Millás, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Ignacio Martínez de Pisón, Julio Llamazares, Adolfo García Ortega, Hipólito G Navarro, Isaac Rosa y Ricardo Menéndez Salmón, o los internacionales Don DeLillo y Lorrie Moore. ¡Y vaya estopa que le sueltan a Basilio Baltasar quienes lo sucedieron en el cargo! En fin, sólo queda por decir que no puede hacerse la historia de la literatura española, ni de la edición, de la segunda mitad del siglo XX, sin tener en cuenta este extraordinario catálogo. ¡Felicidades amigos!   
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lunes, 20 de junio de 2011

Indignado y más...

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Hacia las 8 de la tarde, la manifestación de los indignados en Barcelona ocupaba toda la Vía Layetana, desde la plaza de Urquinaona hasta Correos, extendiéndose hasta el Pla del Palau. Los periódicos dicen hoy que había cerca de 100.000 personas. El caso es que la gente, jóvenes, mayores y niños, cantaban, bailaban y gritaban (en catalán y en castellano) contra los abusos del sistema financiero (Botín se lleva la palma), los políticos, incapaces y corruptos (“¡Que no, que no, que no nos representan!”), y la manipuladora TV3, la televisión catalana al servicio siempre de los políticos que gobiernan. Y todo ello sin banderas (había alguna anarquista y republicana, y muy pocas catalanas), ni presencia alguna de los partidos políticos, que deben de pensar que todo esto no va con ellos... Lo que se pedía, en suma, es la reforma real del sistema, no los amagos que se han hecho hasta ahora, y que paguen la crisis quienes la han generado, a la manera islandesa. Y todo ello se llevó a cabo en paz, de manera festiva, sin violencia alguna.
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Frente a lo que viene comentando la mayoría de los colaboradores de los medios de comunicación, el discurso no puede ser más claro y las peticiones más concretas: la exigencia de un presente y un futuro dignos, en una sociedad auténticamente democrática, sin poner en cuestión las instituciones. Cuando en toda España se manifiestan en paz el mismo día, con consignas y peticiones similares, tal cantidad de gente, los políticos, si fuesen un poco más sensatos y tuvieran más cintura, deberían tomárselo en serio y oír lo que la gente dice. Pero no parece probable tal reacción.




Los indignados tienen razón en sus peticiones y en sus acciones (por ejemplo, impidiendo el desahucio judicial de las viviendas), pero el problema estriba en cómo canalizarlas y llevarlas a la práctica y qué hacer para que este frente se mantenga vigente, vivo, al margen de los partidos actuales, que no se cansan de demostrarnos su incapacidad para sacarnos del atolladero en que, en parte, nos han metido por su impericia y corrupción, y por su sumisión a la avaricia del sistema financiero.         




Y aunque en la manifestación predominaba la gente joven, cuando la medrosa clase media, más o menos establecida, se una a las protestas, estallarán las alarmas y los políticos no tendrán más remedio que tomarse en serio las reivindicaciones. Puesto que a la pequeña burguesía me parece que también le afecta la crisis, tanto el paro (casi 5 millones de personas) como los recortes sociales (sanidad, educación y prestaciones sociales diversas), y debieran compartir el desencanto y la frustración, a ver cuánto tardan en unirse a las demandas del resto de los trabajadores. 
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  * Las fotos son de Gemma Pellicer. Se amplían si pincháis sobre ellas.
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domingo, 19 de junio de 2011

Los primeros 20 años de Calambur

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En mayo de 1991 aparecieron los primeros títulos de la editorial Calambur. Veinte años después, y aunque ha editado también prosa, se ha convertido, sobre todo, en un referente imprescidible dentro de la poesía española contemporánea, tanto por los títulos de su catálogo como por su peculiar y cuidado diseño. Así, en estos últimos años, en el 2009 y el 2010, han conseguido el Premio Nacional de Poesía: La casa roja, de Juan Carlos Mestre, y Cuadernos (2000-2009), de José María Millares Sall.


Según la misma editorial, tres han sido las líneas que han sostenido su andadura:
1. La independencia, puesto que no responde a ninguna corriente estética determinada, sino que permanece atenta, desde el rigor que cultiva en la búsqueda de la calidad, a la amplitud del panorama poético español contemporáneo. Por esta atención a la diversidad, han destinado el número 100 de su colección de poesía a la antología Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia, realizada por el prestigioso crítico Ángel L. Prieto de Paula.

 

2. El cuidado tipográfico y editorial. Desde el diálogo y el respeto por las obras y los lectores, Calambur se ha esforzado en cuidar los aspectos editoriales y tipográficos de cada libro, en un juego que busca la variedad en el diseño, dentro de unas líneas que marcan la estética de la editorial. Así, el lector tiene entre sus manos un libro que pertenece a una editorial, pero al tiempo un objeto único (como lo es la obra), hermoso y grato de leer.


3. Un catálogo abierto y riguroso. Calambur ha tratado de construir un catálogo libre y heterodoxo, pero, al mismo tiempo, atento a la calidad y la excelencia. El núcleo de nuestro catálogo, nos dicen, lo constituyen las novedades de autores contemporáneos, cuya obra haya significado una renovación de la poesía actual, como Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero, Jorge Riechmann, José Luis Puerto o Eduardo Moga. También hemos editado obras completas o amplias antologías: Francisca Aguirre, Antonio Pereira y J.H. Tundidor; y algún rescate que se ha convertido en acontecimiento, como el de José María Millares Sall. Además, hemos editado textos inéditos de clásicos del siglo XX, como M. Altolaguirre y E. Prados; junto a grandes poetas, de la talla de Blas de Otero, C. E. Ory, Antonio Gamoneda, Rafael Pérez Estrada o Antonio Colinas. 



Con motivo de esta celebración, ha aparecido la colección Calambur 20 años, en la que se reeditan obras de Blas de Otero, Carlos Edmundo de Ory, Antonio Pereira, Francisca Aguirre y Rafael Pérez Estrada.

sábado, 18 de junio de 2011

RAMÓN GIL

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Morfología
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Soy incapaz de poner orden en mis vértebras. Son imposibles. Creo que entre ellas luchan. Sé que sudan. Alguna lee, yo soy su libro.
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Me preocupa especialmente la cuarta, se aburre y está flaca y se masturba, es una gran masturbadora.
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También la quinta, la más salvaje, me desvela. Está seriamente enferma y en su delirio teoriza sobre la naturaleza del arte. A mi riñón llegan sus notas, la última esta: “entiende: la poesía es una técnica de caza”. Si no fuese por el dolor me daría ternura, pero me da dolor.
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De la octava apenas puedo decir nada, es alegre y asume una empresa titánica: estar en silencio siempre.
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Las demás son místicas, buenas conversadoras. La más atareada escribe un manual para clasificar la luz de las linternas. Pero no avanza en su búsqueda de la belleza formal.
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Y así estoy yo, viejo, encorvado, esperando al rifle de la quinta. Su disparo.


La cuchara

Siempre a la hora de comer mi madre venía a buscarme con una cuchara en la mano. Yo me escondía y mamá fingía no encontrarme y enfadarse. Ya me había visto y, muy seria, me llamaba pajarito y preguntaba:
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Dónde está tu niño, pajarito?
Y yo respondía: miau!

Vamos, vamos, decía mamá, que hoy hay galletas, barquillos, chocolates azules.

Pero dónde están las galletas?
maullaba el gatito.
Las galletas no caben en las cucharas. Una.

Pero dónde están los barquillos?
Los barquillos se los comieron las cucharas
porque el niño no estaba. Dos.

Pero dónde están los chocolates azules?
Los chocolates azules no esperan a los niños que se esconden]
y comen pajaritos. Tres.

Así, una, dos, tres,
me daba mamá todas las huellas de su duna.

Pero un día mi gatito se hizo gato
y a mi pájaro le cayeron las alas.

Aquel día la cuchara dejó de morderme los labios,
fue el primer día que comí mi miedo
solo.


* Ramón Gil (La Coruña, 1964) es profesor de Filosofía, con destino en el IES Monte das Moas, de Carballo, pero desde hace ocho años trabaja como Asesor de Servicios Informáticos de la Consellería de Educación para la zona de El Ferrol. Sus cuentos y poemas aparecen en la página http://textosocasionales.blogspot.com

* El cuadro es de Dis Berlin.

viernes, 17 de junio de 2011

Zacarías se jubila


Cuando llegué a Bellaterra, a la Universidad Autónoma de Barcelona, con 19 años, a empezar la carrera de Filología Hispánica, ya estaban allí Zacarias y Pablo, quizá los dos bedeles con más pedigrí que he conocido. Pablo, que hacía quinielas con Rico, se jubiló hace ya mucho años... Ahora le toca el turno a Zacarías, tras 38 años trabajando en la Autónoma, en las facultades de Letras y Psicología. Tal y como están las cosas en la Universidad, su jubilación sólo me produce envidia. En fin. 
Sus compañeros, PAS y profesores, le dedican hoy una fiesta de despedida en el bar de la facultad y allí habrá que estar, jaleándolo como se merece por su bonhomía, viéndolo disfrutar de los regalos.
Yo, desde luego, voy a echarlo de menos. Me gustaba verlo por las tardes, apostado tras la vidriera, sentado en su taburete, poder despedirme de él, tras finalizar la jornada de trabajo, antes de regresar a mi casa. Me proporcionaba tranquilidad su saludo. Zaca, como le llaman sus compañeros, nos deja, y con él me parece que se acaba una época de la Autónoma en la que todos éramos más jóvenes, el edificio se había encogido menos, los estudiantes era un poco más aplicados y curiosos, y el capitalismo salvaje andaba todavía lejos de la Universidad.

     


jueves, 16 de junio de 2011

LOLI RIVAS, y 2


Historia de un valiente
Hoy se va de vacaciones. Con Sara. Es su primer viaje desde que viven juntos, y él se pregunta si encontrará el momento de confesarle lo que siente. Juntos esperan hasta que aparece Paula, la amiga de Sara, con su Golf azul. A él le toca el asiento de atrás, el volante no es lo suyo. Durante el primer tramo conduce Sara, y horas más tarde las chicas cambian de sitio. Sara abre la puerta trasera y se tumba a su lado. Mientras va quedándose dormida, él siente un amor tan profundo, tan devastador, tan animal, que no puede evitar arriesgarse. Salta hasta el extremo del asiento, donde descansa la cabeza de Sara, y la besa suavemente en los labios. Luego se desliza hasta la curva de su cuello. Empieza a costarle respirar, pero no se preocupa, dónde va a estar mejor que allí, con Sara… Lo último que piensa es que ha valido la pena salir de la pecera.

 
La voluntad

Señoras y señores buenas tardes y disculpen las molestias. Para mí es muy triste tener que pedir pero más triste es encontrarme en esta situación en los tiempos que corren. Esto le puede pasar a cualquiera y de verdad que no se lo deseo a nadie verse así. Sólo necesito una pequeña ayuda para seguir adelante y se la tengo que pedir a ustedes porque no quiero tener que robarle a nadie y copiar lo que no es mío. Dentro de un mes perderé la ilusión que me queda si no envío un relato al concurso del metro y el autobús que ven ustedes aquí anunciado y no se me ocurre nada que contar desgraciadamente. Yo estaba seguro de que siempre tendría buenas historias pero ya ven llegó esta maldita crisis de inspiración y me quedé sin nada que contar de la noche a la mañana y aunque he buscado otras historias sin parar no he tenido suerte de momento. No me dan la prestación de la primera frase porque no llevo acumulado bastante miedo a la página en blanco así que me he quedado sin nada. Estoy desesperado y sólo espero que me ayuden si no es molestia con lo que puedan con la voluntad. Agradezco cualquier pequeña cosa que me cuenten de sus viajes aquí en el metro o en el autobús o me hablan si quieren de sus cosas recuerdos pensamientos un mal día confesiones cuentos de hadas mentiras culpas cotilleos miradas sueños algo raro que les pasó una vez casualidades secretos conversaciones que escucharon sin querer sus mejores momentos lo que pasó aquel día que decidieron seguir a alguien su destino su risa sus miedos sus manías sus amores un instante un latido en castellano o català me da lo mismo. Ante todo les pido que me disculpen las molestias y les deseo buen viaje y buena suerte para todos muchas gracias.


Asesinato en el Gatwick Express
No era un fantasma quien surgió entre la niebla y subió al Gatwick Express, pero yo iba a convertirle en uno. No me malinterpretes, no soy un asesino. Aquel hombre necesitaba morir: una y mil veces quiso aniquilarme con nóminas, ascensos, trajes caros y buen juicio. Aquella mañana me había encerrado en un ejecutivo que iba a firmar un contrato con una gran empresa. No podía permitírselo, porque entonces él me mataría a mí, al escritor que sigue guardando su sueño a buen recaudo, manteniéndolo vivo contra todo pronóstico, contra la mismísima realidad. No soy un asesino, sólo alguien dispuesto a todo por lo poco que valen mis palabras, tan poco que ya no me daban para vivir, pero no tengo excusa. No puedo justificar la cobardía de aceptar convertirme en él. Conseguí desabrocharle las entrañas y escapar. Murió en el acto. Como epitafio le dediqué las primeras palabras que vi al bajar del tren: Estación Victoria.

* Los cuadros son de Guillermo Pérez Villalta.

miércoles, 15 de junio de 2011

Piglia en Barcelona

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Pasó Ricardo Piglia por Barcelona y llenó el salón de Casa América (¿por qué no Casa de América, como parecería lo correcto?). Acaba de ganar el Premio Rómulo Gallegos por su última y excelente novela Blanco nocturno (Anagrama), que ya había recibido el Premio de la Crítica española.
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En mayo de 1995, cuando en España apenas nada sabíamos de su obra, coincidí con Piglia en una mesa redonda sobre el cuento, celebrada en la Universidad de Buenos Aires. Entonces me interesaron mucho no sólo sus argumentos, sino también la manera de exponerlos y sustentarlos, el conocimiento profundo del género que demostraba, por lo que me traje a España todos los libros suyos que encontré, entre ellos la novela Respiración artificial. Por aquel entonces, ni Lengua de Trapo, ni Anagrama, que tomó el relevo en la difusión de sus obras entre nosotros, lo habían dado a conocer aún en España.
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Piglia habló ayer de los últimos cien años de la novela latinoamericana, y haciendo honor al título citó también a Guimaraes Rosa e incluso aludió a los escritores nacidos en Latinoamérica que escriben en inglés, y que en cierta forma deberíamos considerar como nuestros. Se centró en la literatura caribeña, de donde surge lo real maravilloso, según lo denominó Alejo Carpentier, y como contraste, en aquella otra, de tradición borgiana, que se gestó en el Río de la Plata, de la que él mismo forma parte. Pero para el ensayista y narrador argentino, ni que decir tiene que no se puede hablar de la narrativa en español sin tener en cuenta la gran literatura internacional, la que se da en cualquier otra lengua, y que abarca desde los grandes maestros del siglo XIX hasta los renovadores de la narrativa del XX, con Proust y Joyce a la cabeza, sin olvidar la novela policiaca, que tanto pesa en su obra. Además, reivindicó la necesidad de integrar en las diversas literaturas nacionales, si es que tal ente sigue teniendo vigencia, las lecturas traducidas, pues también ellas determinan, y no en menor medida, la narrativa de un país. Tampoco olvidó la responsabilidad que tiene el escritor de cada época, y de nuevo recurrió a Borges como ejemplo paradigmático, de rescatar a los autores que una literatura precisa incorporar para ser debidamente comprendida. Así, contó, el propio Borges se dedicó a traducir y por tanto a rescatar a una serie de escritores considerados en su momento menores (los narradores fantásticos del XIX, Conrad, Stevenson…), con el fin de que su obra dejara de compararse con Dostoyevski, Tolstoi y demás figuras canónicas indiscutibles, pero que no iban a servirle para que su literatura se entendiera cabalmente.
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El caso es que Piglia recorrió el siglo aclarando cuestiones disputadas, planteando problemas apasionantes, que en una sociedad normal hubieran dado paso al debate público. No era el lugar para hacerlo. Piglia es un excelente conferenciante que complementa sus conocimientos profundos de la materia con un discreto sentido del humor, que oxigena su discurso, y con la cadencia adecuada para ir exponiéndolo, enfatizando aquí o allá, y echando mano constantemente de esa muletilla argentina que es: `¿no es cierto?´; e incluso moviendo las manos y los dedos sin parar, con gestos en el aire, alrededor de su cabeza, sobre todo; o llevándose los dos dedos índices a las sienes, como si con ello le diera aliento al discurso o se pinchara las neuronas para activarlas aún mas. Con los años ha perdido esa aureola de pelo que le coronaba la cabeza, pero ha conseguido barajar a la perfección el peso de la historia, el humor, lo paródico y las dosis justas de experimentación, la mejor prueba de ello es su reciente Blanco nocturno, junto con una claridad, lucidez y espontaneidad en la construcción del relato que me parece que no tenían sus obras anteriores. En definitiva, creo que el narrador de esta novela le ha ganado, por fin, la partida al ensayista, al profundo conocedor que es de la historia literaria.
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De Piglia siempre se aprende, de su claridad expositiva, pero también de su capacidad de síntesis, de sus brillantes ideas y, a veces, atrevidos juicios. Pero lo más sugerente es que te alienta a reflexionar, a ir más allá, a responder a planteamientos novedosos y atrevidos; te obliga, en suma, a volver a pensar lo que ya creías saber y dabas por establecido. En ese sentido, Piglia es como un médico sabio que te saca de vicios y te señala nuevas sendas para poder entender y disfrutar mejor de las obras literarias.
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Sí, me lo he pasado de rechupete oyendo a Piglia y me hubiera gustado poder decírselo. Me alegró mucho haber podido contribuir con mi voto a que se le concediera el Premio de la Crítica. Espero que no tarde en presentarse la oportunidad de volver a escucharlo. 
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* La caricatura es de LPO. En la segunda foto aparece con su editor, Jorge Herralde. 
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lunes, 13 de junio de 2011

LOLI RIVAS, 1


De apocalipsis ná
El mundo se derrumba y yo no puedo apartar mis ojos de ti en la cola de embarque del Exodus 747 destino Tierra-bis. Colocas tu equipaje en las bandejas. Pasas por el arco de seguridad. Pitas. Te registran. Encuentran una bolsita de tela. No la abran, pero la abren. Sacan recuerdos, saludos cordiales, besos de película, sonrisas y lágrimas, días de lluvia, una piedra verde, la primavera del 98 y hasta el principio de Billy Jean. ¿Pero cómo se te ocurre? Es material sensible, no puedes llevártelo, no quieren más problemas. Suspiras. Sonríes. Vuelves a meterlo todo en la bolsita, coges tu equipaje y regresas a la terminal. ¡Te quedas! Y decido seguirte. Será porque sonríes, o será porque llevo dos sobres de caricias metidos en el sujetador, pero algo me dice que mañana será otro día, que sólo es un simulacro, que de apocalipsis ná.

Divertimento
En seis vueltas ocurrió todo. Aquello era un adefesio de autobús, minúsculo, estrecho, con dos filas de cuatro asientos, el techo a un palmo de mi cabeza y un conductor de plástico con gorra de azafata de vuelo.  Si aquello no volcaba era sólo por los raíles. Subió una princesa con bolsito de mimbre y me encantó. Bajamos del autobús y aún necesité cinco vueltas más para conquistarla. Del autobús la seguí hasta la moto con sidecar, de la moto al caballo azul, del caballo a la carroza y entonces, al fin, accedió a girar conmigo en la olla caníbal. Salimos del tiovivo agarrados de la manita. Lástima que tuviera que soltarla tan rápido. Para vomitar.
Luego me entró hambre y mamá me compró un cucurucho de sorpresas. De tres bolas. Qué bueno estaba, me zamparía uno ahora mismo, pero ya no hacen sorpresas como las de antes.


Loli Rivas (Barcelona, 1974) es licenciada en Periodismo y diplomada en Dirección Estratégica de la Comunicación por ESADE. Ha trabajado en diversas agencias de comunicación. Escribe cuentos y microrrelatos.

La crítica literaria, ¿para qué?

sábado, 11 de junio de 2011

Cubiertas con el título a sangre




Como uno nunca ha seguido moda alguna, por prescripción médica, las modas me producen urticaria, nunca estuve a la moda; a cambio, tampoco me he sentido démodé. Acabo de enterarme de que, entre las últimas tendencias del diseño gráfico, parece ser que el último grito consiste en poner el título a sangre, o sea, con el texto cortado a propósito. A mí, con perdón, no me agradan, pero me gustaría saber qué opináis vosotros que sois mucho más modernos y molonguis que yo. 

ALEX OVIEDO


EL ARQUERO
Cuando lo vio salir del portal se dijo que era un buen objetivo. Preparó una flecha, tensó su arco y disparó. No se dio cuenta de que el pecho de aquel hombre albergaba ya demasiadas heridas.


LA AUSENCIA
La echó de menos nada más despedirse. También al levantarse esa mañana y avanzar hacia el trabajo. Tenía la sensación de que aquel no sería un día más. Cada escaparate le traía su recuerdo, identificaba a lo lejos su silueta aunque no fuera la de ella. Creía verla en las calles, sonriendo a otro hombre, hablando a una amiga, levantando el brazo para pedir un taxi. Se le había quedado aquel recuerdo grabado al verla marchar. Al igual que el aroma de su cabello recién lavado, y la imagen de dos pequeñas gotas de sudor dibujadas en su frente. Pero lo que más lamentó fue que durante aquella noche juntos ni siquiera le hubiera preguntado su nombre.

EL CASO
Lo curioso, apuntó el policía, es que nadie hubiera oído los gritos. Como si el crimen se hubiera cometido en silencio. O como si nada de lo que le había pasado a aquel hombre importara. Tal vez, se dijo, por eso vivía solo. Quizás, quién podía saberlo, no era más que otro caso de suicidio. Había visto ya escenarios como ese, en los que las pruebas se mezclaban y costaba dilucidar si se trataba de un crimen o de alguien que se había quitado voluntariamente la vida.
Aunque pensándolo bien, a él aquel asunto tampoco le importaba demasiado.

OLFATO ANIMAL
Es ya de madrugada. En el ático, la vecina se deja mecer, anclada a su butaca, por las imágenes del televisor. El volumen del noticiario se cuela entre las persianas de los pisos. Un perro aúlla a la oscuridad. Ha sido el primero en ventear la muerte.

* Alex Oviedo (Bilbao, 1968) es periodista, escritor y diseñador gráfico. Colabora en el suplemento cultural Pérgola del periódico Bilbao. Ha publicado tres novelas: Hektorren agenda (2001), traducida al euskera, El unicornio azul (2005) y Las hermanas Alba (2009). Es secretario de la Asociación de Escritores de Euskadi. Desde 2007 lleva la web literaria www.escritoresvascos.com.
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* El autor de la foto es Borja Agudo. 
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jueves, 9 de junio de 2011

Miguel A. Zapata presenta...

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Mañana viernes, 10 de junio, a las 20h., la librería Tres rosas amarillas, de Madrid (c/ San Vicente Ferrer, 34), y la Editorial Menoscuarto tienen el placer de invitarte a la presentación de Esquina inferior del cuadro, de Miguel A. Zapata. Además del autor, intervendrán también José Ángel Zapatero, director editorial de Menoscuarto, y Fernando Valls, crítico literario, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y director de la colección Reloj de arena.
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