¿Es Bob Dylan un poeta, y Tom Waits; lo es acaso Joaquín Sabina? La respuesta afirmativa se viene repitiendo con insistencia en los últimos tiempos. Sin ánimo de llevar la contraria, a mí la verdad es que no me lo parece; al menos, si entendemos por poesía, como entiendo yo, lo que escriben Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Wislawa Szymborska. Aunque la poesía pueda ser de muy distintas clases, funciona por otros procedimientos y mecanismos, persiguiendo efectos diferentes.
.En medio de estas disquisiciones, no inútiles del todo, me llega la sugestiva recopilación de Silvia Grijalba, en cuyo prólogo se describe el conjunto como una "antología de poetas del rock español". Y todo ello, a pesar de que el título y el subtítulo del volumen se ajustan más a la estricta realidad: Palabras de rock. Antología de letristas españoles, publicado por la Fundación José Manuel Lara, de Sevilla, en la colección Vandalia, dedicada a la poesía.
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..No acabo de entender, quizá porque apenas nada sé de rock, de ahí que vaya a intentar moverme con cautela dentro de este casi ignoto territorio, el motivo por el que, mientras la literatura está a punto de desaparecer, tal y como la hemos entendido hasta ahora -según diversos agoreros, desde Vicente Verdú a los mutantes de diverso pelaje-, todos quieran apropiarse del concepto de literatura, desde los autores de tebeos (a los que tampoco la palabra comics les resulta ya suficiente) hasta los letristas de rock.
.El caso es que, entre las letras de esta antología, incluidas las de un autor tan estimable como Luis Alberto de Cuenca (sin el énfasis, las muecas y la música de Gurruchaga y Loquillo se quedan casi en nada, si es que hablamos de poesía), apenas hallamos restos de lírica alguna, ni tiene por qué haberla. Estas letras sólo están escritas para ser cantadas, o dichas, siempre acompañadas por la música correspondiente, no para ser leídas. Por tanto, sin la melodía ("la letra con música entra", afirma Alfredo Taján en el epílogo) ni la puesta en escena, en caso de que prescindiéramos de la atmósfera peculiar que se genera en un concierto, me parece que estos textos literariamente valen más bien poco. De la misma forma que los guiones de las películas, con escasísimas excepciones, no tienen peso literario, se pongan algunos como se pongan. En ambos ejemplos, su función es otra, y su sentido pleno lo alcanzan al complementarse con el conjunto del espectáculo del que son un elemento más, importante y significativo, pero a fin de cuentas una pieza más de esa obra de arte total, póngamonos pomposos recordando los sueños de Wagner, que puede llegar a ser un concierto.
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Silvia Grijalba, en una de las interesantes presentaciones que dedica a cada uno de estos autores, afirma que "la letra de canción es un género en sí mismo", y que "las canciones de Radio Futura y Juan Perro son alta literatura". Pero a mí me parece que si la letra de canción es un género, no es de la estirpe de lo literario, porque en ese territorio no tienen nada que ganar, y sí mucho que perder. ¿A qué se refiere con canciones, a la letra y música interpretadas, a la conjunción de letra y melodía? ¿Son, acaso, alta literatura? ¡Qué manía con meter por medio a la literatura, como si ello proporcionara a las letras un cierto pedigrí cultural! Me temo que, en todo caso, serían gran música, ¿no os parece? Sea como fuere, considero un gran acierto la publicación de este libro, pues nos sirve de contraste y nos invita a pensar acerca de las diversas semejanzas y diferencias existentes entre la literatura y los otros géneros vecinos. Acaso su mayor acierto estribe en conseguir despertarnos la curiosidad y las ganas de volver a escuchar muchas de las canciones que la autora elogia.
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No me resisto a concluir sin recordar alguna estrofa -poco inspirada, pero singular- de Astrud, los creadores del electro pop del absurdo, de "Nuestros poetas", que reza:
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"Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
[...]
Quevedo el putero y Góngora el lameculos,
Garcilaso el usurero y Rosalía la ludópata,
el maricón de Lorca y Bécquer,
que era un poco mariquita también.
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Ferrater el desgraciado,
Gimferrer el pervertido,
los hermanos Machado,
el drogadicto y el maltratador.
San Juan de la Cruz
y Santa Teresa de Jesús".
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