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* La caricatura es de LPO. En la segunda foto aparece con su editor, Jorge Herralde.
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Literatura y más...
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con las prácticas y los rituales de la intimidad humana: el discurso no eufemístico sobre las funciones y sensaciones corporales (ingesta, deyección, sexo); el discurso festivo ligado al ocio, con inclusión de chistes picarescos y anécdotas zumbonas; el intercambio gratuito de pullas y pseudo insultos que caracteriza a los juegos, típicamente masculinos, de competencia verbal escatológica. Estas formas del discurso no están orientadas a la demarcación de niveles socio-culturales entre los personajes o entre éstos y el narrador; esta función la desempeñan recursos ya legitimados en el paradigma literario de producción, como la transcripción fonomimética y el pastiche burlesco. Pero la franca incorporación del lenguaje de lo bajo corporal constituye, en las novelas de Filloy de la década de los treinta, un nuevo instrumento de producción textual que sólo sería puesto en juego en la novela a partir de la década de los cuarenta con Leopoldo Marechal, y legitimado por el sistema mucho después.
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Elvirus, el mordaz protagonista masculino de la atípica novela filloyana L’Ambigú (1982) sentenció que una de las facultades de los críticos literarios era la de ser “proveedores de olvidos absolutos”. Si bien no puede decirse que Filloy -de quien el mencionado personaje constituye un indisimulado alter ego- haya padecido semejante flagelo, es innegable que hubo una injustificable demora por parte de la crítica académica en reconocer el valor de su legado y que aún hoy resulta insuficiente la atención dedicada a su universo creativo.
Con el propósito de contribuir a la revalorización de su obra, hacia finales de los noventa realizamos un estudio sistemático, con especial atención a los textos narrativos publicados en la década de los treinta, en los que a nuestro juicio se concentran sus mayores innovaciones temáticas, expresivas y narratológicas. Nos complace recordar que en su oportunidad el proyecto contó con el beneplácito de Filloy, con quien tuvimos la dicha de compartir nuestros avances iniciales aunque no así –lamentablemente- los resultados finales expuestos en Juan Filloy: libertad de palabra. Textos críticos y antología (Fundación Ross, Rosario, 2000), ya que nuestro volumen vio la luz poco tiempo después de su fallecimiento, acaecido el 15 de julio de 2000. De esa época guardamos entrañables recuerdos, fraguados al calor de un fructífero intercambio epistolar y de una entrevista inolvidable en la que nos deslumbró con la jovialidad y sabiduría exhibidas en el tramo final de su “vejentud dichosa”, como gustaba llamar a esa etapa de su vida.
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Al cumplirse el décimo aniversario de su partida queremos recordar con renovada admiración a este escritor libérrimo y excepcionalmente fecundo; no sólo para desmentir a Elvirus, sino porque la relevancia de su aporte lo merece. Queremos compartir con ustedes nuestra apreciación acerca de los valores literarios de la obra filloyana, así como también una pequeña muestra de sus textos más breves, idóneos para su difusión desde este medio. Pero antes de adentrarnos en su mundo ficcional nos parece oportuno transcribir unos pasajes del discurso que pronunciara en 1989 con motivo de la recepción del Doctorado Honoris Causa, en la Universidad Nacional de Río Cuarto (Argentina), donde ha quedado plasmada una interesante faceta del perfil humano de este pródigo creador:
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Tengo la impresión de que estoy curvándome. Hacia la tierra, por cierto; hacia el polvo póstumo. Y me duele porque siempre aspiré a la gloria minúscula de ser un Coloso de Rodas diminuto, bien implantado sobre dos blocks de almanaque... En esa ciega impresión, mi plomada interna me decepciona. No se porta bien. Oscila, deriva. Se desvía y me desplaza. Caminando ahora, extraño la franqueza de mi tranco y la elasticidad de mi cintura. El despojo y aplomo de antes. ¿Adónde se ha ido aquella misteriosa vertical subjetiva que patrocinaba la rectitud de mi cuerpo? ¿Adónde el recinto iluminado y su columna ideal de alternativos capiteles de emoción y recogimiento? (…)
Prefiero alimentarme con la nostalgia de haber sido un álamo que anda, un gajo itinerante de la selva selvadia que es la vida de relación. Y dejar nomás que un otoño profundo decolore el ramaje que descuajará el invierno. Todo – ¡Oh sarcasmo! – mientras mi alma y mi carne en conjunción y cenestesia viven su postrimer bonanza. (…)
Para concluir, opino que es urgente despatetizar la estampa de ser vetusto. Se ha hecho del viejo, del anciano, el personaje que imanta la piedad y la simpatía, o las dos cosas juntas. La senectud bien llevada no necesita lástima de nadie. Respeto, sí. Y de modo especial para quienes en su decrepitud exhiben retrocesos hacia la infancia, se pierden en el laberinto de la amnesia o viven en el oscuro dominio de la alienación (…)
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* En la foto, Ricardo Piglia.
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* En las fotos, Alan Pauls y Pola Oloixarac.
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Esther Andradi, escritora argentina que vive en Berlín, recuerda en el prólogo que una parte de la literatura hispanoamericana se está escribiendo en Londres, Lausana, Roma o Barcelona. Más allá de las circunstancias que motivaron el extrañamiento, los autores permanecen en el país que los acogió y tienen en común la continuidad de la escritura en la lengua materna, ejercicio que suelen combinar en parte con la lengua aprendida. La escritura, comenta Esther Andradi, es el ancla con la que tejen el vínculo con el país lejano, una suerte de istmo en el mar de otro idioma. Sumergidos en la vida en otra lengua, arrasadas la jerga, el habla cotidiana, el sonido de lo insustancial, las interjecciones, y todo aquello que es el sedimento de lo literario, estos escritores cultivan la lengua original con la persistencia de la grama, que cuanto más se la arranca, con más fuerza crece. Matas salvajes de un territorio indomable.
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* Esther Andradi (Ataliva, Argentina) estudió Ciencias de la Comunicación. En 1975 emigró a Lima donde trabajó como periodista. En 1981 viajó a Berlín, al sector occidental, escribiendo guiones y reportajes para la radio y televisión alemanas. En 1995 regresó a Argentina y vivió en Buenos Aires siete años. Desde 2003 reside nuevamente en Berlín. Escribe columnas y entrevistas para diferentes medios de Europa y América. Ha cultivado el cuento, la poesía, el ensayo y la novela. Sus obras han sido traducidas al alemán y al inglés. En Argentina acaba de aparecer la segunda edición de su novela Berlín es un cuento (2007).
P. S. Me acaba de llegar la siguiente información que completa la entrada. La Asociación Cultural Arthostal y El Laberinto de Ariadna presentan el pliego de poesía número 19, dedicado a los poetas argentinos que residen en Cataluña, como son Laura Frucella, Marta Binetti, Hugo García Saritzu, Ana Becciu, Antonio Tello, Mario Satz, Dante Bertini, Osias Stutman, Neus Aguado y Janio González.
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No menos aleccionadora es la dificultad que encontró Paz para que sus libros aparecieran en Francia con una cierta celeridad, de ahí las constantes quejas sobre la tardanza de su aparición. O las dudas que confiesa sobre la entidad de su obra poética ("casi nada de lo que he escrito me satisface, ni siquiera medianamente", le comenta en 1955, p. 79); a diferencia de lo que ocurre con sus ensayos, de los que suele sentirse más satisfecho. Aunque para Paz, prosa y poesía sean vías paralelas, como él mismo confiesa (p. 200). Otro tema que descubrimos son las correspondientes relaciones sentimentales, aunque lleguemos a saber más de Lambert, de las varias crisis con su primera mujer, que de la tormentosa relación de Paz con Helena Garro, quien fuera su primera esposa. .
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Me ha llamado la atención también las referencias, hasta en cuatro ocasiones, al escritor catalán Josep Palau i Fabre. Y el aprecio que muestra por la actriz María Casares, Luis Buñuel o Fernando Arrabal. Confiesa Paz detestar las comas, y le recuerda a su interlocutor el deseo de Fourier de inventar nuevos signos de puntuación. Le da cuenta, e intenta vincularlo, a sus empresas como publicista, como la fundación de la revista Plural, según el mexicano, siguiendo el modelo de The New York Review Books o el T.L.S., de Londes, "pero más abierta al mundo exterior y con mayor interés en las artes plásticas y en los movimientos de vanguardia", aunque "también se ocupa de política, economía , historia". Pronto sabremos que cuando sólo han salido los tres primeros números, están tirando ya 25.000 ejemplares y han alcanzado los 5.000 suscriptores (pp. 213, 216 y 219). En 1971 le comenta el intento de fundar un partido político, con Carlos Fuentes, entre otros muchos, ya que se encuentran "entre la espada del PRI y los muros del PC" (p. 215). En 1972 le da la noticia de su definitiva instalación en México, en donde tiene la sensación de ser un auténtico actor y no sólo un mero espectador (p. 74), como le sucede cuando vive en el extranjero, y un año después, se muestra convencido de que vivimos en una época postmoderna (p. 220), lo que debe ser, en el mundo hispano, dado lo temprano de la fecha, una de las primeras veces que se tiene conciencia de tal cosa.
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No puede pasar inadvertida la crítica a Sartre; sus opiniones sobre el amor y la amistad, su aprecio por la conversación, su fascinación por los jardines (el jardín y la conversación -explicará- son las dos artes supremas de la civilización); los comentarios sobre Cernuda y el fracaso de su traducción al francés; la autobiografía sintética que nos proporciona, en 1952, o el balance que hace de la literatura mexicana, a la altura de 1963; los comentarios sobre la India, Japón, Suiza, Estados Unidos y, por supuesto, México; o lo que le comenta sobre la importancia del azar en la poesía ("verdadero tema de la poesía contemporánea", p. 173), inducido por la música de John Cage. Y, por último, esta correspondencia interesará mucho también a todos aquellos que aprecien al Paz traductor, o sientan curiosidad por la historia menuda de sus traducciones al francés.
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Creo que a las gentes de mi generación, aunque sea arriesgado generalizar al respecto, los que accedimos a la cultura en los setenta, durante los años de prosperidad del boom, nos interesó más el Paz ensayista, el autor de El arco y la lira (1956), Cuadrivio (1965) o Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982). Al poeta -generalizar es inútil, insisto- lo leímos más tarde, aunque casi con tanta devoción, si bien algo menor que la que le tributaron Pere Gimferrer, Juan Luis Panero o Andrés Sánchez Robayna, quizá sus mayores valedores en España. En este sentido, el libro que nos dio a conocer su lírica fue Las peras del olmo (Seix Barral, 1971), cuya edición mexicana databa de 1957. En estas cartas, en suma, Octavio Paz se muestra tan lúcido e independiente como lo fue, casi siempre, a lo largo de toda su existencia, sin caer, como tantos otros escritores e intelectuales, en los numerosos espejismos pseudorrevolucionarios que se encontraron en su trayectoria vital. .
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* Octavio Paz, Jardines errantes. Cartas a J.C. Lambert 1952-1992, Seix Barral, Barcelona, 2008.