lunes, 16 de abril de 2012

De la mejor Filología: Blecua, Rico y Mainer

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Con la jubilación de Alberto Blecua (1941), Francisco Rico (1942) y José-Carlos Mainer (1944), quienes han ocupado cátedras de Filología Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, aunque todos ellos seguirán vinculados a la institución, se completa una época afortunada de los estudios filológicos españoles. Los tres se formaron en la Universidad de Barcelona, donde fueron discípulos de Martín de Riquer y de José Manuel Blecua, y a su vez dejan buenos descendientes, casi todos ellos ya veteranos investigadores, con una obra también importante en su haber, como en los casos de José María Micó, Juan Rodríguez, Bienvenido Morros, Nil Santiáñez, Guillermo Serés, Pere Ballart, Ramón Valdés, Domingo Ródenas de Moya, Jordi Gracia, Gonzalo Pontón y el más joven Xavier Tubau. Pero también quiero recordar aquí a cuatro editores notables: Pilar Beltrán, de Edicions 62; Paco Antón, de Vicens Vives; Daniel Fernández, de Edhasa y Castalia; y Juan Cerezo, de Tusquets. No resultaría difícil ampliar la lista con otros profesores de la Autónoma, la Pompeu Fabra, la Universidad de Gerona o procedentes de numerosos institutos de bachillerato, donde no pocos se sienten discípulos de estos maestros, continuando una larga tradición que pasa por filólogos de tanta entidad como Ramón Menéndez Pidal, Rafael Lapesa, Dámaso Alonso o Fernando Lázaro Carreter.   
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Aquella Universidad en la que me formé –la Autónoma de Barcelona, durante los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia, era un modelo de exigencia y rigor y disfrutaba de un sensato plan de estudios-, estaba plagada de profesores tan jóvenes y entusiastas como sabios. El tiempo ha venido a confirmar aquella impresión juvenil. Hoy, en la Universidad, las cosas han cambiado, y me temo que no para bien. La burocratización innecesaria, las estadísticas y el papeleo gratuito, a la boloñesa, se llevan un tiempo y unos afanes que deberían dedicarse a la docencia, la lectura y la investigación.
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No trato de  recordar aquí la trayectoria de estos tres filólogos e historiadores de la literatura, tan importantes que, sin sus trabajos, la historia literaria española, tal y como hoy la conocemos, sería distinta y peor. A Alberto Blecua, el más querido entre los admirados, le debemos un impagable Manual de crítica textual, que data de 1983, donde tantos hemos aprendido a editar textos, pero también la mejor edición del Libro de Buen Amor y una muy recomendable del Quijote. Francisco Rico es quizás el más peculiar, no en vano habiendo nacido en Barcelona, en la calle Balmes, ha sido siempre de la castellana Salamanca. Como experto en la literatura románica medieval y en el Siglo de Oro, sus estudios sobre Petrarca, el Lazarillo, cuando todavía éramos casi unos pipiolos, nos enseñaron cómo se lee una novela, mientras que su edición del Quijote y las diversas colecciones de ensayos y de clásicos que ha dirigido, lo convierten en un romanista de prestigio europeo. La importantísima contribución de Mainer se circunscribe, sobre todo, a la historia literaria y cultural de los últimos ciento cincuenta años, con trabajos recientes tan destacados como Modernidad y nacionalismo (1900-1939) y La escritura desatada. El mundo de las novelas, un perfecto ejemplo, este último, de rigurosa y amena divulgación....... 
De los tres aprendimos que la exigencia, la erudición y el trabajo bien hecho no deben estar reñidos con la amenidad, para lo cual se han valido de una prosa más ensayística que, digamos, académica. Todos los que a lo largo de estas cuatro décadas, estudiantes y lectores interesados, hemos comprendido y disfrutado mejor de nuestra historia literaria, solo podemos estar agradecidos, considerarnos afortunados y mostrarles nuestro aprecio y respeto. 
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* Este artículo apareció ayer domingo en el diario La Vanguardia, 15 de abril del 2012. La foto de Francisco Rico es de Mané Espinosa, y la de Alberto Blecua de Llibert Teixidó.
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4 comentarios:

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Sin duda tres profesores magistrales, cuyos trabajos también leemos otros filólogos. De Francisco Rico, mucho de lo suyo sobre el Renacimiento (me gustó especialmente su ensayo "El sueño del Humanismo: de Petrarca a Erasmo"); de Blecua también he utilizado (y utilizo aún) su "Manual de crítica textual". Y sí, Fernando, la universidad que nos dejan adolece de excesiva burocracia, dirigentes torpes y un nefasto plan de estudios que afea el nombre de una bella ciudad italiana. Un abrazo.

Francisco Fuster Garcia dijo...

Querido Fernando: como podràs imaginar, suscribo plenamente lo que dices en tu artículo. Sobre esa burocratización universitaria de la que hablas nos dice algo Mainer en la entrevista que le hicimos Justo Serna y yo para el monográfico sobre Baroja incluido en el último número de la revista "Pasajes". Por cierto, supongo que te llegó en su día el ejemplar que te envié a la UAB; espero que te haya gustado el dossier barojiana. Un abrazo.

Anónimo dijo...

"Todos los que a lo largo de estas cuatro décadas, estudiantes y lectores interesados, hemos comprendido y disfrutado mejor de nuestra historia literaria, solo podemos estar agradecidos, considerarnos afortunados y mostrarles nuestro aprecio y respeto."
Como profesora, filóloga, y lectora me sumo a esta frase. Muchas de mis lecturas no hubieran sido las mismas sin su inestimable guía.

Pilar

Manuel Rebollar Barro dijo...

Poco más que decir. Aunque formado en la Complutense de Madrid, muchas de mis lecturas no habrían sido posible sin estas tres figuras irreemplazables. También he tenido la suerte de acudir a algún que otro congreso donde he disfrutado de la peculiaridad forma de ser del señor Rico, siempre fascinante. Un vacío difícil de llenar, pero estoy seguro de que seguirán investigando y publicando para nuestro deleite.

Un saludote